Mercadería de Feria‏

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Estos pibes no creían en nada (o por lo menos no se lo notaba tan devotos que digamos) pero si tenían una religión era la del futbol: Lunes, 21Hs, la canchita de siempre. Unos con camiseta clara, los otros con oscura, para no confundir, los equipos armados de antemano, todo perfecto. Asomaba alguna camiseta del ascenso mezclada con uno que otro equipo europeo y la nunca bien ponderada remerita blanca random porque otra clara no tenía.

Y en medio de esa mezcla del deporte más lindo del mundo (el amiguismo) uno que rompe la esctructura, que desentona, que no rompe el molde porque es un molde en sí mismo: Un flaco, vestido de pies a cabeza con el uniforme de la Selección, lo más parecido a los muñequitos esos que todavía venden en los negocitos de boludeces de los shoppings, de los cuales sólo quedan Papa y  el Jonás pre quimio (?). El equipo lo completaba unas muñequeras y unos botines que bien podrían usar los barrenderos para que los vean de noche, de un brillo furioso, impúdico, terriblemente bochornoso.

Eso, de por sí mismo, es romper un código casi autoimpuesto, es tratar de sobresalir en un grupo de pares, es tener un cartel luminoso cargado como estandarte de coparsa que dice “pegame feo y llamame Toranzo”. Pero el tipo fue por más. Si, era de los que se compraban un CD del Teto Medina y lo escuchaba con auriculares, le cabían las cosas extremas(?): El flaco no fue sólo, sino que llevó a la novia.

El grupo de Neanderthales con el que comparto canchita y morfi después del doparti miraba la escena y no podía dar crédito de lo que estaba mirando: De un lado del alambrado, los flacos en la cancha peloteando o pelotudeando valga la redundancia, tirando chanzas. Del otro, el Kun Aguero de outlet con su princesita de saldo. Si no fuera porque saludaba a todos los que llegaban, uno podía pensar que el flaco no jugaba ahí, que había terminado de patear en la cancha de al lado y estaba destilando arrumacos, pero no, el flaco estaba por entrar a jugar y, en vez de compartir esa previa en comunión, estaba ahí, con la chica Koleston rubio claro claro ceniza.

El pibe entró segundos antes de que arranque el partido, no sin antes darle un besito a su fan (?), el resto de los jugadores ni siquiera lo gastaron, ni hicieron un grito aputasado como para recriminarlo, entró a jugar y el resto siguió en la suya. Creo que eso era el pico de la tristeza de la situación, dado que la falta de un chiste que sirviera de aviso daba a las claras la resignación del grupo respecto a la pérdida del muchacho que estaba ahí, con sus botincitos brillantes, pero que pese a eso no era parte de esa comunión.

Hojeamos algo del partido y sinceramente decir que el flaco era intrascendente es darle transcendencia, apenas si la tocó un par de veces, si esbozó algo parecido a una gambeta. La princesita no paró de mirar su celular, seguramente twitteando “En la #cancha viendo a #mikun jugando al futbol. #teamo!”, dudamos que entendiera siquiera qué carajo estaba haciendo su novio adentro de la cancha, apenas si entendía qué mierda estaba haciendo ella del lado de afuera.

En la mesa se reflexionó entre empanada y empanada sobre la situación (que a la postre era más entretenida que el partido que estaban jugando, del nuestro ya se había debatido) y no nos entraba en la cabeza cómo el pibe había logrado concatenar, en un sólo tiempo y espacio, tanta rotura de códigos. El Yeti, hombre sabio si los hay, tiró la sentencia: “Es un pelotudo”. La mesa no pudo más que asentir en unanimidad.

Pero en el fondo, ahí donde uno guarda los casettes de Cristian Castro (?), uno sentía algo de pena, porque este pobre cristiano quizá pensaba que obraba bien, que llevar a la novia ahí era “compartir tiempo juntos”, que así quedaba bien con todo el mundo, pero la verdad es que la mina se embolaba y los muchachos no se sienten a gusto cuando cae un ser de otra especie en su espacio personal. Todo tiene su momento y lugar, es como caer en un telo con la mina y con la monada para que te haga el aguante.

Le habrá faltado un amigo de verdad que lo ubique? Será tan terco que no puede ver más allá del pubis de su novia? Tendrá una negación total de la realidad? No lo sé, el tema es que me fui de la cancha con la idea de que ese flaco representaba todo lo que NO debía hacerse en un espacio sagrado como es el fulbito con los pibes, por eso me terminó dando eso que el Dié dice que no se le tiene a nadie.

Eso sí, si hacía un gol y tiraba corazoncito, de cajón, que terminaba internado. Fija.

 – Arquero Bipolar –
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