Historias de semivirgos y debutadores solitarios en Mundiales – Vol I: Cuba en el Mundial de 1938

Imagínate si la vida fuera como el fútbol, en el que hay unos pocos ganadores – a menudo inmerecidos – y favorecidos por la fortuna que la pasan poniendo. Y que miran por encima del hombro al pelotón en el que estamos los que la ponemos tan poco, que cuando lo hacemos lo celebramos como si fuera el título del mundo. Y sí, así es. Todos sabemos las aventuras y desventuras de los poderosos Brasil, Alemania, Argentina, Italia y México (?), pero relativamente poco de esas naciones cuyo máximo logro histórico es “la vez que fuimos al Mundial“. En esta serie que inauguramos hoy, recordaremos a aquellas selecciones que por alguna casualidad o por un lechazo bien puesto del destino pueden decir que jugaron una fase final de un Mundial de Fútbol, y que por esto pueden darse el lujo de espetarle con toda autoridad “clasificá primero y después hablamos, amargo” a Venezuela, Finlandia o Panamá. Comenzaremos esta saga (?) hablando de…

Cuba en el Mundial de 1938

Uno oye de Cuba en la fase final de los Mundiales de Fútbol y cree que le están hablando de historias de la preguerra. Será porque, en efecto, el mundial en el que participó sí fue en la preguerra (?), pero además el asociar a Cuba con algo tan, eh, futbolístico como un Mundial (ustedes me entienden) es más forzado que “Mil Maneras de Morir”. Uno también pensaría que el fútbol en Cuba existe como campeonato formalizado desde hace unos pocos años, y solo como parte de las actividades lúdico-deportivas que organiza el gobierno para que la gente no piense practique el deporte. Pero mira este dato: el primer campeonato oficial de fútbol en Cuba se jugó en 1912. Repito: mil-no-ve-cientos-do-ce, bastante antes que en muchos países latinoamericanos de una supuesta mayor tradición. El fútbol cubano desde sus inicios se sostuvo principalmente en los clubes formados por la abundante colonia española del país (acordémonos que Cuba recién se independizó de España en 1898), y eso se hace evidente al repasar el listado de los equipos campeones de la época pre-revolución castrista: Hispano América, Real Iberia, Juventud Asturiana, Deportivo Español, DC Gallego, Deportivo Puentes Grandes (con ese nombre apuesto una hueva a que era español…).

Como selección Cuba debutó en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1930, en los que GANÓ EL ORO. Y hasta se dio el lujo de disputar las eliminatorias al Mundial de 1934, al que no clasificó pero, eh, hizo un digno papel: pasó sobre Haití en los tres juegos disputados en Port-au-Prince con dos victorias y un empate, y quedó eliminado con 3 PJ- 0 PG – 0 PE – 3 PP ante México en la capital azteca (¿por qué jugaban de a tres partidos? Misterio). Para el Mundial de 1938 los cubanos lograron la clasificación al mundial sin encajar un solo tanto en contra: pasa que todos sus rivales en eliminatorias renunciaron (?) en protesta por la promesa incumplida de la FIFA de alternar la sede mundialista entre América y Europa. Los cubanos después de una – queremos creer – exhaustiva revisión de conciencia no encontraron motivos para renunciar al Mundial.

Para Francia partió una delegación compuesta por 15 jugadores (otras fuentes dicen que 16) bajo la dirección del español José Tapia. Su máxima figura era Juan “Romperredes” Tuñas, delantero del Juventud Asturiana nacido de padres españoles en La Habana. Su apodo le vino por un partido en el que chutó con tantas ganas al gol que su tiro traspasó la red. Mira lo que son las cosas: gracias a la mala calidad de la manufactura local le ponen a un tipo un apodo épico… Su carrera prosiguió después en el fútbol mexicano en donde fue campeón y figura del Real Club España (aún existe pero no como club de fútbol). Tuñas fue hasta 2011 y con 94 años, el último sobreviviente de la Concacaf en haber participado en un Mundial de la preguerra. Si no fuera porque se murió, muy probablemente lo seguiría siendo.

Ell histórico Juan Tuñas

Los demás integrantes de la delegación caribeña incluían a algunos veteranos de las eliminatorias del 34 (el arquero Juan Ayra, el delantero Héctor Socorro) y cuatro españoles. O sea, españoles-españoles, nacidos en España pero residentes en Cuba: el asturiano Joaquín Arias, el donostiarra Tomás Fernández y los gallegos Manuel Berges (de Vigo) y Manuel Chorens (de La Coruña).

El debut mundialista de Cuba fue un 5 de Junio de 1938 en el recién construído Stade Chapou de Toulouse, el mismo en el que jugó Argentina contra Japón en el 98). Al frente estaba Rumania, veterana poco exitosa de los dos mundiales anteriores y con menos cartel que el metal boliviano, pero que en los papeles estaba considerada por los europeos ignorantes (?) como la favorita. Los rumanos comenzaron anotando a los 38 minutos, pero el cubano Socorro apareció en ídem (?) de los cubanos tres minutos después. La sorpresa de los 7,000 ociosos que fueron esa tarde al estadio fue mayúscula cuando comenzando el segundo tiempo, los de la isla se adelantaron con gol de Magriñá. Pero los rumanos se aprovecharon del cagazo de la inexperiencia cubana y empataron al final del partido. En el tiempo extra otra vez se adelantaron los rumanos pero Cuba empató con gol de Tuñas. Final del partido 3-3, y de acuerdo con el sistema de ese campeonato les tocaba a ambos jugar partido de desempate para definir el clasificado a cuartos de final.
Saludo de los capitanes de Cuba y Rumania antes del desempate. Nota: el negro es el cubano.

Y en el desempate cuatro días después, pasaron los cubanos. Con un sorpresivo 2-1 (goles de Socorro y Tomás Fernández), los de la isla se aseguraron el cupo a cuartos de final. Fue la primera vez que una selección centroamericana pasaba de primera ronda en un Mundial, y la única hasta que México en 1970 logró lo mismo de local, con penales regalados y en segunda posición en un grupo que compartió con URSS, Bélgica y El Salvador (!). Una hazaña dadas las circunstancias. El rival en cuartos era Suecia en un partido que se presentaba más peludo que jabón en paseo familiar: los cubanos llegaban de una doble batalla en menos de una semana, mientras que los escandinavos llegaban descansados porque sus rivales en Octavos habian, eh, desaparecido (Austria había sido deglutida por el Reich alemán unos meses antes). Para complicar el panorama cubano, las crónicas dicen que el campo de juego del Stade du Fort Carré en Antibes era puro barro y trincheras. A los 9 minutos llegó el gol de Harry Anderssön (al que le quedó de recuerdo el apodo en su país de “Kuba-Harry” por este partido) y desde ahí los caribeños se fueron en mierda: terminó en culeada por 8-0. Fue tanto el baile que las crónicas mencionan al arquero cubano Carvajeles como uno de los destacados.

Vemos esta foto en donde hay menos negros que en serie de Nickelodeon, y nos damos cuenta que o a) los negros en Cuba se dedicaban – como hoy – al béisbol o b) el fútbol cubano solo aceptaba a blanquitos y/o españoles, o c) Todas las anteriores.

Y listo, hasta ahí llegó el paseo cubano por Europa. Los suecos pasaron a semifinales en donde fueron barridos por Hungría 5-1 (y luego por Brasil en el partido por el tercer puesto 4-2: ergo, Suecia quedó en el cuarto puesto de ese mundial con un partido ganado y dos perdidos…). Para Cuba la experiencia mundialista de 1938 fué única e irrepetible. De hecho, literalmente: jamás volvieron a acercarse ni medianamente a la posibilidad de clasificar a una fase final.

Fuentes 1, 2, 3

Próxima entrega: Otro (?)

Anuncios