Desde el futón: Payasadas III

Por lo visto, las sustancias que consume Yosapa no lo han privado de recordar que nuestro mail es baldosaredonderil@hotmail.com y sigue mandando estos posts que un día serán juzgados como geniales o una perdida de vaiosos bits (?). Guest Star: CASI, from Uruwhy.

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Por Yosapa y CASI

El ser humano en tan sólo algunas decenas de milenios ha evolucionado de tal forma que ha afectado su entorno para siempre, pero pensar que sólo la selección natural intervino en este desarrollo, además de una herejía, nos saca emoción al relato y acá no queremos tener problemas con el opus. No señores, el ser humano desde su concepción trae consigo un componente fundamental para su desempeño en la vida: el deseo de superación.

Cuadro comparativo de la evolución confirmando que estamos jodidos.
Cuadro comparativo de la evolución confirmando que estamos jodidos.

 

Así es, este deseo que hunde sus raíces en la mismísima pulsión de vida, es lo que nos diferencia del resto del universo, por lo menos hasta que seamos invadidos por entes superiores con la cara de Rotchen, que sometan y sodomicen a la humanidad y ahí te quiero ver. Hoy amigos les traemos una historia de superación que hará que la piel se erice, las entrañas se estrujen y nos den unas ganas locas de golpearnos las cabezas contra una pared.¿Están listos?

El nombre de Mehtías Jorge Wayinton Alravez Reescoba no nos trae reminiscencias de ningún partido trascendente, ni siquiera el vago recuerdo de alguna formación perdida en nuestra mente; quizá sólo a los más memoriosos o aquellos que atesoran en sus cerebros incontables escuadras futbolísticas (en lugar de hacer algún aporte real y útil a la sociedad) ese nombre no les será del todo ajeno. ¿Pero qué pasa si decimos que nos referimos a “Porpoco, el yorugua sin suerte”? Es claro que de inmediato cada uno de nosotros sufre una avalancha de recuerdos que nos tapa las cañerías mentales con innumerables sucesos que nos llegan al alma y nos fruncen el upite.

Efectivamente, hoy vamos a evocar a este héroe de la superación, que no permitió que múltiples hechos fortuitos sucedidos unos tras otros desde su mismo nacimiento, hagan mella en su ser, como por ejemplo:

-Ser el menor de ocho hermanos siameses imposibilitados de trabajar por siomeses, durante seimeses

-Perder a su novia, Ana Flo Jadeabajo, en circunstancias trágicas cuando subidos al trencito de la alegría de Montevideo, el mismo toma una curva cerrada a gran velocidad provocando que ella se atragante con un choto y muera por asfixia

-Enterrarla con una sonrisa imborrable en su rostro

-Que el mate le dé acidéz

-Nacer uruguayo

“TheGM me dijo que con así me vuelvo más aerodinámico”
“TheGM me dijo que con así me vuelvo más aerodinámico”

Porpoco nace en el humilde barrio de Villa Angustia, de la piojosa localidad de San Náusea, en el inmundo Carmelo, Uruguay. Desde su llegada al mundo supo que toda su vida sería una constante de lucha y esfuerzo al pedo, por lo que de muy joven intentó cortar camino hacia el éxito a través del fútbol y se inscribió con 11 añitos, en la escuelita de fútbol “los desdentados” del barrio que lo acogía. Por supuesto que allí se daban cita todos los chicos del barrio que, como Porpoco, soñaban con trocar su dura realidad por un pasar mejor, con 2 comidas por día, en lugar de por semana,  o casas con cartón de doble corrugado en lugar de simple, o vehículos que no sean tracción a sangre, por lo que la competencia, sin lugar a dudas, sería ardua.

Dueño de una contextura física inmirable, su metro ochenta permitió que fuese elegido como centrodelantero, mas que nada porque su peso (que llegaba a los 21 kilos con ropa prestada y un reloj) no dejaba que el tipo se moviese con libertad en la cancha, sobretodo porque cuando había mucho viento, el flamear de su camiseta lo terminaba remontando algunos metros.

El club servía como catapulta para aquellos que se destacaran por sobre el resto, dado que tenía un convenio con los grandes clubes de fútbol del país, como Peña-Hoy, Manubrio, Riversinb, etc, y durante 4 años este combativo de la adversidad, intentó e intentó superarse a sí mismo, para llegar a alguna prueba que lo depositara en el fútbol de verdad: el argentino, sin ninguna fortuna, claro.

No le importó que fuese señalado como el “heredero del teniente dan” por la hinchada… NO.

No flaqueó aún cuando el director técnico le dijo sollozando que largue el fútbol y se ponga a vender la solidaria que él tenía un contacto y todo… NO.

No lo amedrentó el secuestro de su madre a manos del negro “manguera rugosa” (capo de la barra) aún cuando éste exigía el abandono de toda actividad que tenga relación con una pelota bajo la amenaza de someterla, pero que al recibir una nota firmada por su madre donde decía “NO AFLOJES, QUE MANGUERA TAMPOCO”, decidió no dar un paso atrás… NO

El apoyo familiar a Porpoco
El apoyo familiar a Porpoco

Pero en definitiva, Porpoco es un ser humano, falible, endeble, poco hombre, enclenque, bueno, bueno, se entiende. La cosa es que a todos nos llega nuestro taperwer… waterpolo… eso que nos tumba, y este luchador no fue la excepción.

El quinto año en la escuelita fue el punto de inflexión para nuestro héroe cuando ingresó a la misma un muchacho de menor edad que él, pero con un hambre también de gloria que lo transformaba en alguien de temer. No importaba que acusase tan sólo un metro veintiséis de estatura y la cara de un bicho canasto. Tenía calidad, excelente técnica, voz de mando y casi toda la dentadura por lo que inmediatamente, se transformó en líder. Con sus gambetas impredecibles, su técnica depurada, su visión del juego y la voz de alf comandó al equipo hacia una serie de victorias que llegaron a oídos de las autoridades de los clubes grandes quienes sin perder tiempo, pusieron fecha y hora para un partido que les permitiese conocer de cerca de este prodigio del balón.

¿Y Porpoco? Desde la llegada del mesías más pobre al equipo había comenzado a sentir cómo todo el esfuerzo que durante años había realizado (totalmente en vano) ahora se volvía en su contra, por ejemplo, sus compañeros se hincharon tanto los huevos que ya no le decían nada y casi ni se percataban que el tipo seguía jugando para ellos, pero este iluminado había reavivado la llama del odio hacia él por parte del equipo, la hinchada, su familia y el perro: ser el líder induscitudo del equipo le permitía denostar a nuestro héroe cada vez que podía, (claro que Porpoco con lo muerto que es tampoco ayudaba un carajo) sobrándolo delante de todos exigiéndole goles, cuando éste gracias que se podía llegar a atar los cordones sin ayuda. Las constantes humillaciones a las que era sometido nuestro homenajeado comenzaban a socavar el sueño mismo de Porpoco de algún día vestir alguna camiseta que no estuviese apolillada, pero esto, esto se estaba por terminar para siempre.

Llegó el día de la prueba y grandes personalidades del deporte uruguayo se hicieron presentes como el dt Oscar “el repitente“ Lincoln Taradez, abotonado a una dama con disfraz de dama antigua con plumero y hasta el recordado Menzo Francellascoli (quien se la pasó repartiendo petacas de Manaos). Claro, nadie quería perderse esta oportunidad para descubrir a los nuevos valores que tendrían el privilegio de pertenecer a la élite de una de las menos mirables y miradas ligas del mundo, pero con una historia riquísima que poco a poco se pierde porque los que se acuerdan de algo de ella, se van muriendo.

Habían transcurrido 43 minutos del PT y el enano forro y habilidoso ya se había metido en el bolsillo a toda la concurrencia con su destreza sin par y por supuesto, había también puesto de culo a Porpoco dejando en evidencia a viva voz una y otra vez la ineficacia del mismo, ya que para esta altura se comió no menos de 8 goles claros abajo del arco, arrancando puteadas generalizadas en diferentes idiomas por parte de la tribuna. Pero justo antes de ir al descanso, todo cambiaría para siempre: el enano elude magistralmente a 3 defensas, encara al arquero, con un quiebre de cintura le rompe los ligamentos y aprovecha que está cayendo para meterle un rodillazo en los dientes mostrando toda su urugayéz, garra y falta de códigos y ahí suelta el cuero al área chica donde nuestro héroe aguardaba para errarlo sin dudas nuevamente, pero el petizo bribón suelta un “lo errás y te vas a tener que buscar un trabajo denserio mientras yo disfruto con mujerzuelas tomando vino en botella y teniendo seguro dental, bo”… para qué…

A lo largo de los 5 años en la escuelita, Porpoco tuvo que soportar el escarnio en forma de improperios de diferente calibre: “MUERTO”, “MATE LAVADO”, “GHANDI CON HAMBRE”, “DONATE A LA CIENCIA COMO ESQUELETO”, pero nunca le habían sugerido siquiera que se buscase un laburo, “éste enano la va a pagar”, se escuchó por fin su voz, parecida a la de Witney Houston pasada de ron. Porpoco se acercó al petiso de manera amenazante, mientras éste riendo y sacando pecho (como todo enano forro que piensa que así es más alto) le decía “y ahora qué va a hacer, bo? tratar de embocarme una piña o patada con tus antecedentes, bo tero?” y si bien Porpoco falló durante los primeros 10 minutos los manotazos, puñetazos y rodillazos, en un momento le calzó un jab digno del mejor Tyson merqueado de los noventa, que le abre el marulo en dos derribando al enano (igual estaba cerquita del piso) casi fulminado y una vez en tierra le parte una gamba, la zazona y la arroja a la hinchada donde se encontraba Luis Suárez que agradece el gesto deglutiendo el trofeo de un sólo mordisco. Acto seguido, se quita la pechera y la arroja enérgicamente contra al piso, fallando nuevamente.

Desde aquel memorable día, al petiso bravucón se le ha perdido la huella y su destino es incierto, algunos aseguran haberlo visto afanando carteras a viejecillas indefensas, otros afirman que se mudó a la Argentina y se dedica al rubro sexual, ofreciendo sus servicios en diarios con títulos prometedores como:

  • “Soy petiso y me la piso”
  • “Mario, te muestro el canario y te someto a un clavario”.
  • “Uruguayo, te da y te da hasta el desmayo”
  • “Albañil, te lo rompo y te lo vuelvo a hacer”

Y hay quienes aseveran que a pesar de haber perdido el 83% de su masa encefálica logró reponerse y si bien sólo responde ante premisas cortas como “vení”, “andá” o “sit”, el tipo pudo regresar a su gran amor (el fútbol) jugando incluso en uno de los grandes de Argentina, el más geronte de hecho, ése de incontables títulos en papiros, luego de un flojo paso por Peñarol.

Por supuesto que Porpoco se retiró de la práctica del fútbol para siempre y hoy se dedica a la desocupación y parasitismo full time, pero fuentes cercanas nos informan que está ahorrando el dinero que gana por reciclar de Conaprole para abrir su propio negocio en el rubro farmacéutico y así llenarse de guita vendiendo marihuana, o al menos divertirse si no lo logra.

La historia de Porpoco es REAL y quizá no sea la nuestra (Dios no lo permita) o de algún conocido, ni siquiera se la deseamos a nuestro peor enemigo, pero es una historia real, una que nos demuestra que la vida es una mierda, pero que para algunos encima, viene líquida y sin papel a mano.

Nota: El presente relato es una coproducción argento-uruguaya, realizada íntegramente en escenarios naturales y se ha ajustado en un porcentaje a la realidad transmitida por su protagonista, a quien se le ha modificado el nombre para preservar su identidad. Si todavía no sabés quién es, tené cuidado, porque algún día te van a reventar el baúl y dar chapa chapa y vas a pensar que te están enseñando la maniobra heimlich.

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