Corrupción, magia negra y la fiesta del fútbol (?): Haití en el Mundial 1974 / Historias de semivirgos y debutadores en Mundiales Vol V

Si, de hace unos años para acá el fútbol se parece cada vez más a un reporte de alfombra roja de E! Entertainment Television. Pero también toda la vida el fútbol ha sido protagonista de historias que harían palidecer de repulsión y miedo a los redactores de Crónica. La única clasificación de Haití a Mundiales de Fútbol en 1974, tiene tanta mugre y bizarrez encima y alrededor que vale la pena contarla (y leerla, putos), para conformar el Vol V de vuestra saga (?) Historias de Semivirgos y debutadores en Mundiales.

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El gran Manno Sanon saludando a Dino Zoff post debut mundialista de ambos en 1974

Hablen de Haití, sudamericanos putos

Nos informa nuestro datero John Jairo Svenssön que la selección de fútbol de Haití tiene sus años de historia: jugó su primer partido internacional en 1925 (derrota ante Jamaica) y hasta participó de las eliminatorias al Mundial de 1934 (donde fueron rápidamente borrados por Cuba). Esto como para que le den la trascendencia que se merece el amistoso de la selección del Diego contra ellos en 2010 (?). Luego de esa experiencia de 1934, volverían a disputar eliminatorias recién en 1954 (4 PJ – 0 PG – 0 PE – 4 PP) y de ahí otro hiato hasta volver a jugar en 1970. Fue en este último año en que por primera vez dejaron de dar tanta lástima y llegaron hasta la final continental: en primera ronda le tocó contra Guatemala, Trinidad y Tobago y eliminó a las tres (perdón). luego se bajó a Estados Unidos en la segunda y en la final por el otro cupo de la Concacaf al Mundial (además del local México) perdieron contra los muertos de El Salvador – que venían de eliminar a Honduras en la famosa serie que se identificó con la guerra entre ambos – en tres partidos. Muy cerca quedaron, pero nop.

Ahora, ¿qué pasó entre 1954 y 1970 que levantó el fútbol haitiano de manera tan notoria? Fundamentalmente dos cosas: 1) que apareció una buena generación de futbolistas en el país, algunos de los cuales serían la base del equipo del 74 y 2) Papa Doc. El país estaba gobernado desde 1957 por el siniestro François “Papa Doc” Duvalier, médico de formación (de ahí el apodo) y que mandaba a punta de sangre, terror, magia negra y corrupción en el país más pobre de América. Él fue el creador en 1959 de los temibles Tontons Macoutes (algo así como “Los Ropavejeros” o “Los viejos del saco“: eso con que amenazan las mamás a los hijos que se los van a llevar si se portan mal), una milicia paramilitar que torturaba, mataba y desaparecía a opositores y a la población en general, y que tenía como costumbre dejar las cabezas de sus víctimas primorosamente instaladas en sitios públicos. Papa Doc se autoproclamó “presidente vitalicio” en unas elecciones en 1964, en las que hubo 1´320.000 votos a favor y 3.000 en contra (!), y exaltó desde siempre el vudú como religión para los haitianos: tanto que no solo se proclamó hougan (sacerdote vudú), sino que usó para el público la imagen de una de las deidades de los muertos y de los cementerios. Un personaje…

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Papa Doc vestido a la usanza del Baron Samedi, una siniestra deidad del vudú. Quería que la gente lo relacionara con él. Y uno que se queja del presidente que le tocó! (Fuente)

En este punto se preguntarán qué putas tiene que ver Papa Doc con este post. Pasa que el tipo era humano y por ende seguidor fiel del fútbol mundial. Y cuando se dio cuenta del potencial de la nueva generación de futbolistas haitianos de finales de los 60, comenzó a apoyar al seleccionado (“apoyar” = “poner billete”). Lo cual le representaría “pan + circo” en su manejo con una población fustigada por la miseria y la represión (bue, lo del “pan” no) y aparte le ayudaría a tener una alegría sincera en su viejo corazón (?). Así fue que mejoraron las condiciones de entrenamiento, alimentación y viajes de la selección haitiana, lo que tuvo obviamente un efecto positivo en los jugadores. Aquí cedemos la palabra (?) al jugador de los 60 Roger St. Vil: “(…) dondequiera que jugáramos con un rival del Caribe, nos alojábamos en buenos hoteles y nos alimentábamos bien (uoffff, imagínate cómo vivían…). Muchos de nosotros veníamos de familias pobres, y Francois Duvalier trajo brillo a nuestras vidas. Para nosotros, él era el dador de vida, un rayo de esperanza y hubiéramos hecho cualquier cosa por él” (fuente). Gracias, Roger. Como sucedió en circunstancias similares, los jugadores o tenían el cerebro lavado, o preferían hacerse los pelotudos ante el lado siniestro de su benefactor.

El dictador se murió en 1971 sin ver cumplido su sueño de ver a su selección en un Mundial, y lo sucedió su hijo de 19 años, Jean-Claude Duvalier, apodado, con la misma imaginación de relator de fútbol, Bébé Doc. El nuevo dictador relajó un poco (un poco no más) el puño cerrado sobre la población local, tal vez temeroso que la CIA lo reemplazara por otro titere. Pero Bébé Doc también era seguidor de fútbol, y no solo continuó sino que incrementó el apoyo a la selección nacional: remodeló el viejo estadio Sylvio Cator de Port-Au Prince, construyó sedes olímpicas y apoyó económicamente a los jugadores de la selección. Todo en un ambiente cheverón (?) pero que en el fondo inspiraba el temor cerval de sentirse parte del entramado de terror del regimen; como dijo un jugador muchos años después: “Él tenía claro que era su equipo, y que era su dinero lo que nos tenía donde estábamos. (…) Algunos de les pibés (?) sentían que era muy peligroso tener tan cerca del equipo a Jean Claude. Aunque era joven, él era algo así como un padre protector de los de antes: que nos daba vida, pero que también nos podía castigar si quería”.

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Bébé Doc tratando de entender la regla del fuera de lugar

La eliminatoria de la Concacaf para el Mundial de Alemania (en esos tiempos el cupo al Mundial se otorgaba al campeón del torneo continental) comenzaría en 1972. Les Grenadiers tenía buena nómina al menos a nivel centroamericano en general, pero los dos que de verdá-verdá movían al equipo y alcanzaban una dimensión superior a los otros eran estos de abajo: Phillipe Vorbe, el único blanco del equipo (sí, nació en Haití), volante ofensivo de muchísima técnica, y sobre todo Emmanuel “Manno” Sanon, el mejor deportista haitiano de toda la historia y máximo goleador de su selección, un delantero potente y hábil que tranquilamente podía haber jugado en cualquier club europeo. Ambos se entendían bastante bien en el campo, y conformaban la esperanza de clasificar para la selección dirigida por el italiano Ettore Trevisan. La tuvieron fácil al comienzo, eliminando en Abril a Puerto Rico en doble partido 7-0 y 5-0 (Sanon metió seis goles en total). Y para más alegría, la Concacaf designó a Haití como la sede del Hexagonal Final a celebrarse en Noviembre y Diciembre de 1973, en la que iban a participar por el único cupo mundialista continental los locales, Trinidad y Tobago, Honduras, Guatemala, Antillas Holandesas (que clasificaron a la final por el retiro de Jamaica) y la ultrafavorita y poderosa continental México.

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Cracks

Siempre es lindo ver eliminados del mundial a los mexicanos… lástima que ya no pase…

El ambiente en Haití para la fase final del campeonato de la Concacaf en 1973 era una locura, una farra total, un carnaval de vivos y no-muertos (?). La población se olvidó de su miseria temporalmente para seguir con fervor a su selección; Jean Austin, un jugador de esa época recordó después que “esas tres semanas fueron las más increíbles que recuerdo en Port-Au-Prince. Después de cada victoria en el torneo había carnavales en las calles, y todo el país virtualmente se paralizó“. Con ese ambiente de expectativa y nervios y cagazo y putos mexicanos de mierda (?), comenzó el torneo un 29 de Noviembre en un estadio Sylvio Cator repleto con 30,000 locales hambrientos (no pun intended) de victoria que fustigaban constantemente al rival. Las crónicas hablan que el respetable en Port-Au-Prince era uno de los más ásperos del Caribe: todo el público se la pasaba los 90 minutos puteando, gritando con megáfonos, insultando, amenazando a rivales dentro y fuera del estadio, con brujos conjurando espíritus y tirándole hechizos al rival (en serio) y arrojando objetos de naturaleza indeterminada a la cancha. Para acabar de completar el aguante (?), en la tribuna habían esbirros del gobierno cuya única función era incitar al público a que gritara más y más; al que veían muy pasivo se le acercaban para sugerirle que se moviera y gritara, carajo, que esto es Haití. El ambiente era, utilizando palabras del gran Manno Sanon, tóxico.

La primera jornada se saldó con las previsibles victorias de Haití sobre Antillas Holandesas, Honduras sobre Trinidad y Tobago, y un sorpresivo empate a cero entre México y Guatemala. Casi todo normal. Pero el Haití – Trinidad y Tobago de la segunda fecha fue un atraco a mano armada: Haití ganó por 2-1 en un juego anómalo en el que entre el árbitro salvadoreño José Henríquez y el juez de línea canadiense James Higuet anularon cuatro goles (cua-tro) a Trinidad y Tobago, además de no concederle dos penales claros. Este episodio, que aún le duele feo a los aficionados triniteños, fue tan flagrantemente obvio que la FIFA suspendió de por vida a los dos delincuentes de negro. Un asunto demasiado sucio que apestaba fuertemente a sobornos por parte de la gente de Bébé Doc. Nada de eso les importó a los locales, que se aseguraron el cupo a Alemania 74 con otras dos victorias ante Honduras y Guatemala y no le importó perder en la última fecha contra la ya eliminada México. Clasificación lograda por el poder de la mejor generación de futbolistas haitianos de la historia y con la insuperable ayuda de Monsieur Le Billetin.

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La selección haitiana en un entrenamiento. Sanon es el negro.

Bueno, ¿y qué pasó con los todopoderosos mexicanos? Los recuerdos de ex-jugadores coinciden en señalar que aparte de desorganización administrativa, hubo un exceso de confianza en los manitos combinado con otros factores entre los cuales no se puede descartar la muertez de los jugadores. Viajaron a Haití con un plantel en el que sobresalía el famoso ídolo del Chavo Enrique Borja, además de otros créditos locales (?) como Octavio “Centavo” Mucino, Javier “Kalimán” (!!!!) Guzmán, Jose de Jesús “Cocodrilo (!!!) Valdez, Guillermo “Campeón (??) Hernández. Comenzaron el torneo más sobradores que porteño cuarentón en el extranjero ennoviado con una modelo (?), pero en las dos primera fechas se complicaron solitos la vida con dos impensados empates ante Guatemala y Honduras. En la tercera fecha se desquitaron con un 8-0 a Antillas Holandesas, lo que los colocaba en posición de clasificar al mundial si lograban dos victorias ante Trinidad y Tobago y Haití. Días antes del partido contra Trinidad y Tobago, los delegados haitianos invitaron a la delegación mexicana a un tour turístico que hizo énfasis en – INOCENTEMENTE, ¿¡EHHH!?, ¡AHH QUÉ CASUALIDAD! – varias destilerías de ron (!), de las cuales salió toda la delegación yanquilieber cargada de botellas y recuerdos etílicos. El resultado fue que unos días después encajaron un terrible 0-4 ante Trinidad y Tobago, que combinado con la victoria haitiana el día anterior los dejó eliminados de un mundial por primera vez desde 1934. La selección mexicana volvió a su casa en medio de la decepción y el puterío: los inspectores aduaneros del aeropuerto mexicano denunciaron que los jugadores venían cargados de paquetes y contrabando,”Parecen una delegación comercial y no un equipo de fútbol”, dijo amargamente un agente en la aduana. Me imagino que si hubieran clasificado ahí si se las celebraban: “Mira nada más cómo son de vivos estos cabrones! Viva México!”

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Un técnico recursivo hubiera puesto a los jugadores mexicanos a verse esta película

La aventura en el Mundial: otro con el rótulo “equipo digno”

La historia de Haití en el Mundial 74 es más conocida. A tierras alemanas llegaron con toda la ilusión y con nuevo técnico: al italiano Trevisan lo eyectaron (después alegaría que lo despidieron por blanco… ) y fue reemplazado por el DT local Antoine Tassy. El nuevo DT era un señor pintoresco que alguna vez, descontento por lo que interpretó como indiferencia de sus dirigidos en un partido preparatorio antes del Mundial, los recriminó en el vestuario reforzando sus argumentos con varios disparos sobre las cabezas de los jugadores (!!!!). En el debut contra los italianos aguantaron el vendaval azzurro del primer tiempo, y comenzando el segundo sorprendieron a todo el mundo con un golazo de Sanon a un pase pibevalderramesco de Vorbe (gol que le quitó un invicto internacional a Dino Zoff de más de 1,100 minutos). Después los italianos terminaron ganando 3-1, pero en general Les Granadiers dejaron buen sabor en el debut.

Pero todo se desdibujó antes del segundo partido: el volante Ernst Jean Joseph dio positivo en un control anti-doping convirtiéndose en el primer jugador expulsado por dicha razón en todos los mundiales. El pobre Joseph alegó inocencia (dijo que había tomado unas pastillas para el asma) pero no le sirvió: en medio de la concentración haitiana llegaron oficiales/delegados del regimen de Bébé Doc, lo sacaron a empellones delante de todo el equipo y se lo llevaron a rastras fuera de las instalaciones. De ahí se llevaron a Joseph de regreso a su país, en donde se dice que fue torturado por los Tonton Macoutes. ¡Imagínate cómo se sentirá uno viendo como se llevan a un compañero de equipo a rastras con la seguridad que iban a torturarlo! El defensor central de ese equipo, Fritz Plantin, declaró años después: “Recuerdo la mirada venenosa en un oficial que siempre había sido todo sonrisas antes de esto (…) Pasamos la noche en vela antes del partido contra Polonia, y para ser honesto, yo solo pensaba en Ernst, no en el juego”. Tal vez este suceso explique en parte el 7-0 que le empacaron los polacos a Hai7í, pero personalmente creo que con la diferencia entre ambos equipos (la delantera polaca tenía a Lato, Szarmach y Gadocha, con Deyna tirando magia más atrás) se explica solito el resultado. El cierre fue contra Argentina, previa llamada tranquilizadora de Ernst Jean Joseph a la delegación haitiana en Munich para informarles que estaba vivo (llamada ordenada por el propio Bébé Doc). Ante esta noticia tranquilizadora el equipo se motivó lo suficiente para perder solamente por 4-1 (…) (gol hecho otra vez por Sanon) y cerrar su única participación mundialista hasta hoy. Estuvieron cerca de clasificar en 1978 (quedaron segundos detrás de México en el Hexagonal Final) y desde el 82 se han convertido en The Walking Dead: ya hasta dejaron de producir buenos jugadores. Salvo, obviamente, Judelin Aveska (?).

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Los haitianos tratando con cariño a Quique Wolff, que solo atinó a gemir un “Uuuuuuh, tremeeeeeendo!”

 

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