CONTRAPUNTO: Árbitros extranjeros, ¿sí o no?

Porque en La Refundación somos plurales y nos gusta debatir sobre todas esas cosas que en realidad no importan (?), dos de nuestros posteadores se ponen en veredas contrarias en cuanto a si los cruces de clubes de un mismo país por torneos internacionales deben ser dirigidos por árbitros locales o foráneos.

A FAVOR

Por el Gordo Cucu

Elegir a un árbitro extranjero para dirigir un partido como éste Boca-River podría ser una buena opción, que tendría grandes beneficios de cara al partido del jueves.

La primera gran ventaja es que disminuiría el nivel de suspicacia que se generó alrededor de este partido. Estado en el que entró gracias a un pésimo arbitraje de un argentino y con experiencia en el lomo. El referí extranjero no estaría contaminado por el circo mediático argento, lo que le generaría una cuota más de imparcialidad. Cualquier árbitro argentino designado para la serie encontraría un sinfín de peros, es más lo estamos viviendo en carne propia. No es menos este aspecto, en el estado actual de las cosas, el “ser y parecer” podrían ayudar a bajar el nerviosismo en los protagonistas, que quizás se sientan más cómodos con alguien que no estará tan condicionado.

¿Sería un golpe al referato argentino? Si. Si bajás la guardia, hiciste un mal movimiento y el otro te pegó una piña limpia, te cabe. También creo que en el conteo final, nuestro crédito local puede bien llevarse la pelea. Perder un round para tomar aire no está mal. Es preferible que gane el fútbol a que ganen las asociaciones de los árbitros argentinos ¿Qué el nivel del referato del resto de los países de América Latina es peor que el argentino? Puede ser. Pero llegamos a esta situación porque a uno de nuestros representantes lo sobrepasó la presión y uno o dos llamados de atención nunca están de más. Además, le estaríamos dando la chance a un hermano latinoamericano, de nuestra patria grande. Claro que esta posibilidad no cabe en las cabezas chauvinistas, ni en los que exacerbar un patriotismo miope que piensan que nuestros hermanos son seres inferiores, que el boliviano está para vendernos la verdura y el paraguayo para levantar nuestras paredes, mientras se leen un libro de Foucault (?).

El argumento de que los referís en la Copa Libertadores son localistas le caben a todos, sino pueden volver a ver el partido de River-Boca, con el arbitraje de Delfino. ¿Por qué no probar? El crédito está abierto y el que abrió la cuenta no fue ni más que el paupérrimo nivel del referato argentino.

EN CONTRA

 

Carlos Amarilla
Imaginate un Boca – River arbitrado por Carlitos, imaginátelo, oh si (?).

 

Por U Rola

La imagen de ese prohombre del referato bostero localista, de ese LOCO PABLO en cuyos Havannas se fabrica chipá (?), debería principiar cualquier consideración. Caso cerrado, diría Lionel Hutz, pero vamos a explayarnos con dos o tres argumentos.

El primero, es la horripilantez general del arbitraje sudamericano. Es verdad que nuestros referíes son horrendos, pero no tan horrendos como para que un peruano o un venezolano metan sus aún mas torpes manos -sin contar que jugaría la intencionalidad en caso de posible cruces de un equipo de su nacionalidad con los equipos que le toca arbitrar-.

El segundo, es que la sospecha cundiría bajo los mismos móviles que para un arbitraje local. Salvo para, otra vez, el LOCO PABLO -que es hincha (?)-, la sospecha de tráfico de influencias no se anularía con la nacionalidad del sorete de luto. Como diría el LOCO MALCOLM, money talks.

Y el tercero, es que las tensiones de partidos entre equipos de un mismo país no se solucionarían con un arbitraje extranjero, mas aún si lo que se juega es un clásico. Los partidos son tensos por muchas otras razones -entre las cuales no juega un papel menor la excesiva importancia dada, la sensación de que terminen como terminen no faltará quien lo considere un modo de salvar el año-. El problema de ver ciertos partidos mas como una derrota ajena que como una victoria propia, de buscar mas la crisis ajena que la oportunidad propia, es algo que sobrepasa y excede a cualquier medida arbitral.

Por último, cierro con esta reflexión: quien quiera la intromisión de sucias manos extranjeras en partidos ajenos, en el fondo es un vil y sorete cipayo, lacayo y adalid del imperialismo. Ayer bancó la Guerra Guazú, las cañoneras llenas de marines en el Caribe y los ingleses referando en nuestro país; hoy banca el referato extranjero, el Consenso de Washington, la invasión estadounidense a Irak y Afganistán y la celebración de forradas como Halloween y el Día de San Patricio (?).

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