Pintaba para crack – Carlos Marinelli (Primera Parte)

En un hecho sin precedentes, esta vez escuchamos al lector de esta sección y le damos un gustito. Sí, porque LRF! hace populismo (?). Les traemos uno que es recontra conocido y ya ha sido homenajeado en otros sitios, pero trataremos de mostrarles el lado B. Hemos ahondado en su pasado por el fútbol europeo, y gracias a nuestras capacidades como políglotas (?) les contaremos como fue que pasó de ser el jugador que sorprendió al mismísimo Paul Gascoigne a casi terminar su carrera futbolística como él.


La Asociación Atlética Argentinos Juniors, a pesar de su magro presente futbolístico e institucional, a lo largo de los últimos cuarenta años ha sabido dejar bien en alto su condición de Semillero del Mundo, aportando constantemente jugadores a selecciones juveniles y mayores. Me atrevo a hacer un once titular: Sanzotti (Si, Sanzotti); Pareja, el Negro Cáceres, Sorín; Biglia, Redondo, Cambiasso, Placente, Riquelme; Maradona y Borghi. Podría agregar unos cuantos más, incluso dejo afuera un campeón del mundo por odio visceral (?). Pero hay un nombre que no figura acá. Que no merece estar. Uno que ya era un fenómeno con 14 años. Uno que pasó por dos clubes de Primera antes de hacer su debut como profesional. Señores, con ustedes Carlos Ariel Marinelli.

Nacido el 14 de Mayo de 1982, el pequeño Carlos dio sus primeros pasos en el Club Mitre. Al cumplir la tierna edad de 10 años, el presidente de la institución decidió llevarlo a probarse al Club Parque, sabiendo del potencial dinero que agarraría futbolístico que tenía el pibe. No era moco de pavo caer ahí: cuna de grandes jugadores como Cambiasso, Sorín, Gago o Redondo, llegar ahí era un paso seguro para saltar al fútbol grande de nuestro país, ya que por aquel entonces todos los pibes que jugaban ahí pasaban a Argentinos Juniors. Allí solo jugaría en Novena división, hasta que en el año 1996 Boca Juniors se fijó en él. El club de La Paternal pasaba por un momento económico crítico (unos años antes había hecho de local en Mendoza a cambio de dinero) y cualquier ingreso era bien visto. Fue así como el club xeneize acercó una oferta de 3.000.000 de doláres por varios juveniles: Juan Roman Riquelme y Emanuel Ruiz, César La Paglia, Pablo Islas, Lucas Gatti, Fabricio Coloccini, Alejandro Lalli y nuestro homenajeado. De todos estos, sólo La Paglia había llegado a debutar con la camiseta del Bicho (jugaría tres partidos por la extinta Supercopa). El Bicho, apretado por su situación, vendió su patrimonio por chauchas. Chauchas que obviamente fueron en gran parte choreadas por Ricardo Bravo y sus secuaces (incluidos el ex presidente Luis Veiga), que hacen quedar a Segura como… como… bueno, no, dejá, son igual de soretes (?). Todos llegarían inmediatamente en 1996, a excepción de Coloccini y Marinelli, que lo harían en 1997, dado que al ser aún muy pibes no había prisa alguna. Una locura para un pibe que apenas pisaba los 15 años. Su paso como juvenil por Boca daba cuenta de un típico enganche habilidoso, con mucho panorama y buena media distancia, pero sobre todo destacaba su capacidad para anticipar la jugada. “A veces pareciera que no necesita parar la pelota para pensar y decidir. Ya sabe lo que va a hacer dos segundos antes”, afirmaba Ramón Maddoni, aquel gran entrenador de infantiles. Durante un año fue forjándose como futbolista en las inferiores del club con muy buen nivel, a tal punto que a mediados de 1998, Hugo Tocalli lo convocaría para participar del Mundialito Sub 17 de Salerno. Allí Argentina se consagraría campeón, tras vencer a Grecia por 2 a 1, a Hungría por 4 a 1 y en la final por 2 a 1 a Italia. En ese torneo algunos lo llegaron a calificar -como no podía ser de otra forma- como “el nuevo Maradona”. Su rendimiento tras la vuelta sigo siendo superlativo y a comienzos de 1999, Tocalli lo confirmaría entre los 18 convocados para disputar el Sudamericano Sub 17 a realizarse en Uruguay. Era hora que el país conozca a Marinelli.

La ciudad de Maldonado sería quien reciba a los pibes argentinos en busca de un nuevo título en la era Pekerman. Título que era esquivo para la menor de las categorías de nuestra selección: sólo había sido campeona sudamericana en 1985 (aquel equipo con Hugo Maradona y Redondo) y había cosechado dos terceros puestos en los mundiales de Italia ’91 y Ecuador ’95. Entre las figuras de ese equipo, además de Marinelli, se destacaban su compañero Coloccini, Nicolás Medina y tres delanteros que prometían: Lisandro Sacripanti, Pablo Calandria y Sergio Marclay. Ese equipo tenían otros nombres ilustres, como Germán Lux, Oscar Ahumada y Leonardo Ponzio, como así también algunos que pasaron al ostracismo como el arquerito suplente Sebastian Barrios (Boca Juniors) o José Perzán, de Ferro. En el debut vencieron a Perú por 2 a 0, en un debut que tuvo como figuras a Lux tapando un penal y Medina convirtiendo el que tuvo a favor Argentina. Marinelli tuvo un partido discreto, donde de acuerdo a las crónicas “no se entendió con Cristian Morales y nunca pudo conectarse con Calandria, siempre marcado por dos rivales”. El segundo partido, con Ecuador, fue una locura. Argentina ganaba cómodo 2 a 0 al finalizar el primer tiempo, con un doblete de Calandria (el segundo, con asistencia de Marinelli). Pero apenas iniciado el complemento, los ecuatorianos descontaron y nuestros pibes se julepearon, entre ellos Carlitos, al cual la bocha le pesaba un huevo y desapareció. Los ecuatorianos empataron y en el final pudo haber sido para cualquiera de los dos: Lux volvió a atajar otro penal y en el último córner March casi le da la victoria. La siguiente fecha la tuvieron libre y en la cuarta le tocaba la débil Venezuela. Tocalli quería cerrar la clasificación a la Semifinal y optó por un 4-3-3 sin Marinelli. Nico Medina de penal y Perzán de tiro libre pusieron distancia de dos goles antes de los diez minutos de juego. Cuando parecía que se venía la orgía de goles, los pibes bajaron dos cambios y el resultado quedó en 2 a 0. Clasificación sellada, pero quedaba un partido más: con el organizador de la competencia y nada menos que en el Centenario. Los yoruguas venían arrasando, siendo el equipo mas goleador del torneo y con la figura de Rubén “El Pollo” Olivera, pero los dirigidos por Tocalli bancaron la parada sostenidos por la solidez de Lux y la sobriedad de Coloccini, aún cuando jugaron más de una hora de partido con un jugador menos por la expulsión de Spinelli. Fue un 0 a 0 que sólo sirvió para mantener el invicto. ¿Marinelli? Ni jugó, si era un partido donde había que meter la patita (?).

Cristian Morales intenta agarrar a Meneses. Ambos tienen esta fotografía en sus casas para dar fe que alguna vez jugaron para una selección nacional.
Cristian Morales intenta agarrar a Meneses. Ambos tienen esta fotografía en sus respectivas casas para dar fe que alguna vez jugaron para una selección nacional.

En semis Argentina se enfrentaría con Brasil, campeón y verdugo en las últimas dos ediciones. Argentina tenía dificultad para armar el equipo, ya que Spinelli y Perzán eran bajas por sanción y Ahumada se había lesionado. Aún así, Tocalli optó por volver a dejar en el banco al 10. Argentina jugó mucho mejor el primer tiempo, creando varias situaciones de gol, pero como era de esperarse Brasil se fue 1 a 0 arriba al descanso. La Canarinha extendió la ventaja al minuto de juego y ahi si, el entrenador empezó a quemar las naves y mandó a Marinelli a la cancha en reemplazo de Emanuel Centurión. Siete minutos después de su ingreso, le puso un centro bárbaro en la cabeza a Ponzio, quien pondría el 2 a 1 para hacer renacer las esperanzas. Pero a los 32′, Leo Lima pondría el 3 a 1 definitivo. Quedaba el partido por el tercer puesto, pero esta vez no era ni de adorno ni al pedo: el rival era nuevamente Uruguay (derrotado por Paraguay) y el ganador clasificaba al Mundial a disputarse en Nueva Zelanda. Otra vez Marinelli comenzaría viendo las acciones desde el banco. Coloccini pondría en ventaja a nuestra selección y casi pisando la media hora Peralta empataría el partido. En el segundo tiempo la cosa se complicaría: a los 3′ Leguizamón daba vuelta la tortilla y a los 5′ el autor del gol argentino se iría expulsado. Tocalli buscó torcer la historia con los ingresos de Sacripanti y del pibe formado en La Paternal, que se entendía muy bien con Pablo Calandria. Y sería el 9 nomás quien empataría el partido con un derechazo bárbaro. La alegría le duraría poco a los nuestros, porque tres minutos después Olivera haría un golazo digno del fútbol charrúa, mezcla de potencia y habilidad. Argentina fue inmediatamente en busca del empate, pero el 10 de la Celeste estaba inspiradísimo y marcaría el cuarto y definitivo gol para enterrar cualquier atisbo de esperanza. 4 a 2 y a otra cosa. Por primera vez un seleccionado juvenil de Pekerman no participaría de un Mundial. Por primera vez Marinelli probaba el amargo sabor de la derrota. No sería la última.

Marinelli volvía a Boca para reintegrarse a los entrenamientos de su categoría, donde la seguiría rompiendo haciendo una dupla tremenda con Roberto Colautti. Ambos serían subidos a la Reserva para la temporada 99/00. Haría su debut por la primera fecha del torneo un 8 de agosto de 1999 frente a Independiente. El primer paso ya estaba dado. La ilusión de compartir una cancha con los monstruos de esas épocas estaba en marcha. Sin embargo, un hecho prácticamente inesperado daría por tierra esa idea. ¿Una lesión? ¿Un préstamo? No, nada de eso. Tres semanas antes del partido frente al Rojo, un equipo Sub-19 de Boca hizo una gira por Inglaterra y Carlitos la rompió toda, tomándose una pequeña revancha del Sudamericano. Lo que no sabía nadie (ni siquiera los dirigentes que viajaron con el plantel) es que Bryan Robson, entrenador del Middlesbrough, siguió su actuación a lo largo del torneo y quedó deslumbrado, a tal punto que entró pateando puertas al despacho del presidente del club ingles y le dijo “hagan lo que sea, pero comprenlo”. Claro, el “comprenlo” no significa que había que pagarle a Boca. ¿Por qué? Por aquella ley de la Patria Potestad, que ya había permitido que jugadores menores de edad como Esteban Cambiasso se rajaran a Europa sin dejarle un mango a sus clubes (aunque años después el Bicho recibiría una indemnizacón de 2 millones de dólares). Middlesbrough le ofrecía cuatro años de contrato y 25.000 dolares por mes, con un aumento del 20% del sueldo por cada año para equipararlo con la inflación (?). Claro, Marinelli no tenía contrato y esa guita era lo que ganaban varios jugadores del equipo de Bianchi. Además, Boca tenía sólo la mitad del pase en su poder. ¿Saben quien tenía la otra? El padre de Marinelli. En síntesis: a Boca no le convenía que el viejo se lo lleve por la Patria Potestad y al viejo no le convenía entregar al pibe gratis. Entonces el Boro peló 4 millones de dólares por el pibe: la mitad para el club presidido por Macri y la otra para el padre de la criatura. Un negoción redondo para todos.

Así anunciaban la llegada de Marinelli al fútbol inglés. A la derecha, Ardiles trata de aguantarse un pedo (?)
Así anunciaban la llegada de Marinelli al fútbol inglés. A la derecha, Ardiles trata de aguantarse un pedo (?)

La llegada al club de Teesside terminó de cerrarse casi a mediados de octubre, cuando el equipo inglés mandó el primer pago. Robson buscaba protegerlo de las comparaciones y decidió que lo mejor era llevarlo de a poco. Marinelli entrenaría con el primer equipo pero jugaría con los reservas, con el fin de ir agarrándole la mano a un fútbol muy distinto al nuestro. Y vaya si lo hizo. Ante la presencia de 10.000 espectadores (algo inusual para un partido de reserva), debutaría con un golazo de tiro libre y victoria frente al Barnsley por 1 a 0. En el segundo partido, también haría un gol en el empate 3 a 3 frente al Sheffield Wednesday. Los hinchas no veían la hora de verlo jugar en la Premier League, donde la irregularidad estaba a la orden del día, pero Robson quería llevarlo de a poco. Era lógico: un pibe de 17 años dando un salto enorme, de juveniles en Boca Juniors a enfrentar a equipos consagrados. Amagó con llevarlo al banco en un partido con el Arsenal, cuando ya llevaba seis goles y varias asistencias en ocho partidos con la reserva. Lo concentró pero finalmente no lo incluyó en el banco. Menos mal, porque los Gunners le espetaron un lapidario 5 a 1. Recién pudo ir al banco en la fecha 18, cuando vencieron 2 a 1 al Tottenham. El debut estaba cerca.

26 de diciembre de 1999. Boxing day en Inglaterra. Middelsbrough merodeaba en mitad de tabla con 27 puntos, pero más cerca de los puestos clasificatorios a copas europeas que del descenso. El equipo tenia nombres importantes y en su plenitud como futbolistas, como el enorme Juninho Paulista, que había regresado tras su paso accidentado por Atlético de Madrid o el alemán Christian Ziege, de irregular paso por el Milan. Pero también tenía una bandita de viejitos piolas: Paul Ince, Gary Pallister (que volvía para terminar su carrera en el club donde nació, tras 10 años en el United) y el mejor de todos: Paul Gascoigne, que con 32 años ya estaba en plena decadencia profesional. Sería el propio Gazza quien poco despues, ante la consulta de la prensa, diría que “es el único jugador en el mundo por el que pagaría una entrada para verlo jugar, sin ninguna duda”. Pavada de elogio, que suponemos que cuando lo dijo no estaba muy sobrio que digamos (?). Esa fría tarde de domingo visitaban en el tristemente célebre Hillsborough al Sheffield Wednesday, que venía último cómodo con 6 puntos, habiendo ganado un solo partido de los 18 disputados. Se suponía que podia ser un partido ideal para debutar… pero no. Al finalizar el primer tiempo, The Owls ganaban 1 a 0. Aún así, Robson lo mandó a la cancha en reemplazo de Armstrong. Poco pudo hacer en su debut, mezcla de nervios e inexperiencia. El marcador permaneció inamovible. Tras un pequeño receso por año nuevo, Marinelli retornaría a jugar con los reservas y allí empezaría las molestias en uno de sus tobillos, algo que sería recurrente en el futuro. No volvería a pisar el banco de suplentes hasta la fecha 37, en el último partido como local frente al Watford. Ingresaría en el segundo tiempo, nuevamente en reemplazo de Armstrong. Pero esta vez demostraría que lo que se decía sobre él era en serio:

Esa chance que dio en el palo poco antes de finalizar el partido, hubiera dado la victoria al equipo de Riverside. Sería un pequeño indicio de lo que vendría en el futuro. No obstante, seguía siendo tenido en cuenta por Pekerman para los amistosos con vistas al Sudamericano a disputarse en Ecuador. Si bien Argentina estaba clasificada por organizar el Mundial, al cuerpo técnico de las juveniles le interesaba mucho ir probando jugadores. Marinelli daba ventaja de edad, pero aún asi demostraba que estaba a la altura, incluso convirtiendo goles y dando asistencias.

Para la siguiente temporada, la dirigencia buscaba pelear los puestos de ingreso a las copas, objetivo que ni por asomo había ocurrido el año anterior. Las partidas de Juninho y Ziege diezmaban al equipo, que no reforzó esos puestos sino otros con las llegadas de Alen Boksic y Christian Karembeu. El equipo arrancó ganando en la primera fecha, pero Robson perdió la brújula y encadenó una serie de 6 partidos sin ganar. Para tratar de revertirlo, volvió a convocar a Marinelli para estar entre los suplentes. Carlitos ingresó varios partidos pero sin resultado positivo. En la fecha 15 el equipo ya estaba en zona de descenso y Robson, con su cargo en juego, decide morir con las botas puestas y apuesta a la titularidad de ese pibe que tanto lo dislumbró. Partido clave ante el Bradford, colista del campeonato. Marinelli responde a ese llamado y a la confianza de Robson… haciendose expulsar. No obstante, una de las crónicas que se pueden rescatar de aquel entonces afirma que “la tarjeta roja a Marinelli fue injusta. Sí, llega tarde al encuentro con su rival, pero no lo toca. A su vez, es empujado por otro jugador del Bradford que no recibe tarjeta. Aún expulsado, el público despidió con aplausos al joven argentino, ya que fue jugador más atrevido de un encuentro entre dos equipos pobres”. El partido siguiente Middlesbrough perdería 1 a 0 frente al West Ham y Robson sería despedido… a medias. En realidad conservó su cargo, pero estuvo secundado/controlado por Terry Venables, ex entrenador del Barcelona y la selección inglesa, quien tomaba el cargo de Manager del club. La situación deportiva del club era pésima. Para colmo de males, Marinelli cayó en un bajón tras su expulsión. Se sentía deprimido. Robson lo vio bajo incluso en los entrenamientos, así que prefirió mandarlo a jugar con los reservas para que recupere la confianza. Para colmo, el pibe se lesionaría nuevamente el tobillo y estaría casi dos meses parado, justo cuando Pekerman estaba por dar la lista de convocados para el Sudamericano. Era el momento ideal, ya que José iba a darle descanso a varios jugadores (Maxi Rodríguez, Romagnoli, Calandria, Lucho González). Para que se den una idea, a ese torneo fueron De Muner, Pérez Castro y Tiki Tiki Di Lorenzo. No le salía una al pobre Carlos. Volvió recién en febrero y disputó un puñado de partidos más, incluido el 1 a 1 con Bradford de la anteúltima fecha, en donde entró bien y que supuso la salvación del descenso. En la última fecha iría desde el arranque pero se volvería a lesionar. Una temporada que parecía arrancar con todo y fue de mayor a menor: 13 partidos jugados, de los cuales en los dos que fue titular, en uno lo echaron y en otro se lesionó. La magra fortuna se terminó de confirmar al quedar afuera del Mundial Juvenil que se disputó en nuestro país.

CONTINUARA…

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