El onceavo mandamiento

Desde hace ya unos cuantos años, el sólo hecho de ser jugador de fútbol le ha permitido a mucho de ellos disfrutar las mieles de la fama. Mujeres, salidas nocturnas, invitaciones varias y alguna que otra droga dando vuelta por ahi están a disposición con sólo marcar un número de teléfono. En contraposición, allá por los ’90 surgieron los famosos Atletas de Cristo, con el gran Paulo Silas a la cabeza. Remeras con inscripciones y señales al cielo se hicieron presentes en cada festejo de gol. Muy lindo todo, pero mucho bla bla bla. Acá les traemos la historia de un ñato que no sólo predicó con la palabra, sino también con los actos.

Corría el año 1994. Mientras todos estabamos pendientes del Mundial que se venía -ese que reuniría en un mismo equipo al Bati, al Cani, a Redondo y al mismísimo D10S- a San Lorenzo llegaba una figura que muchos desconocían. Ya el hecho de ser brasileño inspiraba respeto, pero la sorpresa fue saber que el tipo había jugado el Mundial de Italia llevando la 10 en su espalda y que también estuvo una temporada en la Sampdoria rodeado de estos fenómenos. Por supuesto, estamos hablando del enorme Paulo Silas.

El nacido en Campinas no tardó nada en demostrar su calidad: ya en su debut le clavaría este lindo gol a Boca. Sus actuaciones no pasaban desapercibidas para nadie y su nombre estaba en boca de todos. Lo que muchos desconocían era su devoción hacia Jesús Mendez, algo que comenzó a hacerse visible en algunos de sus festejos. Resulta que el tipo era Atleta de Cristo, movimiento creado en Brasil en 1979 por Alex Dias Ribeiro, ex piloto de Formula 1. Aprovechando el alcance mediático que tuvo su nombre, el propio Silas fundaría la sede en Argentina. El fútbol y la religión yendo de la mano. Bueno… de la mano no, a ver si pensaban que eran putitos (?).

Si bien el bueno de Silas era la cara visible del movimiento, detrás de él se encolumnaban jugadores como Jorge Vivaldo, Leonel Gancedo y Fabio Giménez, entre otros. La imagen que daban era divina: tipos alejados de los vicios, los enojos, siempre abrazados a la paloma de la paz (?). Hasta que un día, aquella luz divina que bajaba de los cielos fue tapada por un par de nubarrones bien oscuros y que tenían nombre y apellido: uno era Pedro Aguirrez, defensor de Gimnasia y Esgrima de Jujuy, que fuera de la cancha andaba siempre con la Biblia abajo del brazo pero que adentro te pegaba hasta por las dudas. De ello puede dar fe Nelson Vivas, a quien le dejó la tibia a la vista de todo el mundo tras un planchazo criminal. El otro era nada menos que Eduardo “El Balín” Bennett, que tenía un prontuario hermoso: en 1993 lo rompió todo al pibe Acevedo de Velez, tuvo encontronazos con el Ratón Ayala y con Cancelarich, en 1997 le metió un planchazo al Ñol Solano y en el 2001 le metió un codazo al Sifón Ubeda que dejó esa recordada imagen del jugador de Blanquiceleste S.A Racing con las manos juntas y diciéndole “le rezas a Dios pero sos un mala leche”. En fin, gente como uno (?). Con el paso del tiempo y el retiro de todos los jugadores anteriormente nombrados, la agrupación dejó de estar en los primeros planos de nuestro fútbol. No obstante, a lo largo y a lo ancho del mundo excepto en Chile, que es sólo a lo largo sigue habiendo Atletas de Cristo que llevan la palabra del traidor Señor: Radamel Falcao, Kaká y Diego Valeri por dar algunos nombres.

Usted del otro lado se preguntará el porqué de tanta perorata. Es que para presentar al actor principal de este post, primero era necesario saber que nada en este mundo se hizo hablando. Ya lo dice el refrán: “un hecho vale mas que mil palabras”. Mientras todos los Atletas de Cristo se calzan remeritas, hacen el nefasto corazoncito o señalan al cielo, hubo un NN que llevó mas allá su fanatismo religioso. Con ustedes, Goran Granic.

Linea de 4: Padre, Hijo, Espíritu Santo y Granic (?)
Linea de 4: Padre, Hijo, Espíritu Santo y Granic (?)

Goran Granic nació en la extinta Yugoslavia el 9 de Julio de 1975, más precisamente en Livno, una ciudad de 36.000 habitantes que hoy pertenece a Bosnia-Herzegovina y está a apenas 28 kilómetros de la frontera con Croacia. A diferencia de sus vecinos, los bosnios tienen una gran cantidad de habitantes musulmanes (actualmente poco más del 50%) y nuestro amigo Granic no escapaba a esa norma. Sin embargo, sus primeros pasos como jugador los dio en el NK Neretva Metkovic, un equipo croata que sólo estuvo en la máxima categoría en 1994 y que tiene como dato de color que su cancha se encuentra a tan sólo 15 cuadras del límite fronterizo. Un poroto al lado del Puente Zapiola de la cancha de Platense (?). Allí no llegaría a debutar y volvería a su tierra natal para jugar en el Troglav Livno, el equipo de su ciudad. En una temporada se pudo ver a un central muy rápido pero a la vez confiado, lo que derivaba en varias patadas a destiempo dignas del mejor Roberto Trotta. Aún así se notaba que le sobraba para una segunda categoría.

Tras sólo un año, la casualidad lo llevó a cruzar fronteras: el Rudar Velenje esloveno jugaría un amistoso de pretemporada frente al Troglav Livno, el DT Luis María Drago Kostanjsek lo vio y se lo llevó. A pesar de ser una liga más competitiva en comparación a la de su origen, a su llegada hizo saber a todo delantero que osase encararlo que no iba a dudar en revolearlo por el aire. En su primera temporada se convirtió en el patrón de la defensa, jugando casi todo el torneo (salvo los partidos que debió parar por suspensión) e incluso haciéndose cargo de patear los penales. Su equipo obtuvo un meritorio tercer puesto a diez puntos del Maribor, el equipo mas grande de Eslovenia. La segunda fue similar ya que también fueron terceros pero con una pequeña diferencia: el Maribor se pasó por la piedra a todos, ganando 25 de los 33 partidos de la temporada y obtuvo el tetracampeonato. Prácticamente eran imparables, pero apareció el otro grande, el Olimpija Ljubljana, que cansado de correr la coneja de atrás, en la siguiente temporada decidió reforzarse y ponerse a la par de su archirrival. La primera contratación fue la de Granic. Pero su estadía en el equipo de la capital no sería para nada exitosa: primero perderían la final de la Copa frente al HIT Gorica por un global de 4 a 3 y después la rematarían pecheandola en la última fecha, donde recibían al Maribor y si ganaban eran campeones. Pero apenas pudieron empatar y el visitante se dio el gusto de decirles petkratni prvak, na obrazu in v vašem sodišču (?). De esta manera Granic finalizaba su travesía por Eslovenia para seguir su carrera en Croacia, la liga más fuerte de la zona balcánica.

Su nuevo equipo fue el Varteks Varazdin, un equipo de segundo orden bastante hinchapelotas que de tanto en cuanto mete clasificación a copas europeas. Allí jugaría cuatro temporadas con cierto éxito, siendo la mejor de ellas la 2002/03 -donde conseguirían un tercer puesto- y alcanzando dos finales de Copa. Con un nombre ya hecho dentro de la liga croata (fue elegido mejor defensor de la temporada 03/04) y pisando los 30 años, le llegó la oportunidad de jugar en un grande como el Hajduk Split, el último campeón. Llegaste pibe, vas a jugar la Champions.

Granic jugando para el Dugopolje en el tramo final de su carrera. Encima de no llegar a la pelota, se come un lindo manotazo. ¿Habrá pensado "no importa, Dios castigará a mi infractor"?
Granic jugando para el Dugopolje en el tramo final de su carrera. Encima de no llegar a la pelota, se come un lindo manotazo. ¿Habrá pensado “no importa, Dios castigará a mi infractor”?

El arribo de Granic al Hajduk Split respondía a la partida al futbol coreano de Mato Neretljak, que dejó de lado el roce europeo (era asiduo convocado a la selección de Croacia, con la que participó en la Euro 2004) para llenarse los bolsillos de guita. La experiencia arrancó bien: le ganaron la Supercopa de Croacia al Rijeka por 1 a 0. No obstante, el desafío mas importante que tenian por delante era el ingreso a la máxima competición europea en cuanto a clubes se refiere, donde debían jugar la fase clasificatoria. El sorteo les fue bastante favorable: enfrentaban al Debrecen húngaro, con la supuesta ventaja que implica definir como local.

El partido de ida fue un verdadero palazo para las aspiraciones del equipo croata: un categórico 3 a 0 en favor de los locales, donde la defensa dio todo tipo de ventajas. Las críticas cayeron una atrás de otra durante toda la semana previa al partido revancha, aún cuando de por medio vencieron 3 a 1 al NK Zagreb por el torneo local. Tres días después de este partido tendrían la dura misión de dar vuelta un resultado más que complicado. Lo que pasó fue esto:

¡0-5 de local! Los querían matar a todos, especialmente al arquero que fue gran responsable de la abultada derrota. No obstante, también llamó la atención el rendimiento de Granic, más que nada su actitud. No había dado indicio alguno sobre la rudeza y capacidad de amedrentar a sus rivales que tanta fama le había hecho. Obviamente, primero se pensó que algunos jugadores -incluído el propio Granic- podrían estar involucrados directamente o no en una red de apuestas ilegales, pero el club tras algunas averiguaciones dio por tierra dichas versiones. El andar del férreo marcador central siguió su curso pero sin siquiera estar cerca del nivel mostrado en sus anteriores temporadas: el equipo perdía puntos ante rivales de poco fuste y la defensa era un verdadero flan. La cosa terminó de estallar a principios de Noviembre, cuando en la fecha 15 empataron 1 a 1 frente al Medimurje, el colista del campeonato. El equipo quedaba quinto a 15 puntos del líder, su archirrival el Dinamo Zagreb. Ahí se pudrió todo y la Torcida Split -la barrabrava del club- fue a pedir explicaciones. Y cuando todos decidieron hacer silencio, fue Goran Granic quien dio un paso al frente y explicó el porqué de su bajón futbolístico. No tiene desperdicio.

“Desde que arribé a Croacia descubrí el catolicismo y me hice devoto. Después de mucho tiempo aquí me di cuenta que no alcanza con los actos para llegar a Dios. Así que decidí dejar de hacer infracciones durante los partidos. Dios creó el fútbol para divertirse y relajarse, no le gustan los jugadores que cometen acciones violentas”

 

JAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!! IN-SO-LI-TO. Jamás visto. El tipo decidió cagarse en todo por amor a Dios. Pero ojo, esto no termina acá. Granic continuó tirandose tierra solito:“Pude haber salvado algunos goles importantes durante la temporada, incluyendo los de los partidos clasificatorios a la Champions League. Si, si hubiera cometido esas infracciones hubiera evitado que nos anoten”, afirmaría al periódico croata Slobodan Dalmacija. Imaginense la ira que envolvió a los dirigentes del Hajduk Split que dos semanas después lo dejaron libre (!). A Granic le chupó un huevo: dio las gracias, resignó el año y medio de contrato que le quedaba y se las tomó.

Tras jugar en el Dinamo Tirana de Albania un año, se retiró jugando para el NK Dugopolje de la Tercera División de Croacia, donde además oficiaba como consejero de las divisiones juveniles tal como hizo el padre Grassi. Tras colgar los botines, dedico su vida a predicar la palabra del señor, como lo indica esta nota que contiene la foto que da inicio a esta historia. La del defensor que sin un Monte Sinaí ni dos tablas en sus manos, escribió el onceavo mandamiento: NO GOLPEARAS AL DELANTERO RIVAL.

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