La accidentada Copa América de 1953 en Lima / Escándalos y marrullas históricos – Vol IV

Sepultado entre las cientos de historias de tánganas, escándalos y marrullas famosas que se han dado en el fútbol mundial, hay muchas otras que no han sido muy divulgadas fuera del ámbito local de aquellos países abandonados por la buenaventura (?). Como por ejemplo la Copa América de 1953, torneo que representó la desvirgada histórica de Paraguay y cuyo desarrollo incluyó tánganas, agresiones a árbitros, partidos perdidos por escritoriazos y alguna pecheada de los participantes. Hoy hablaremos de ella en un capítulo más de nuestra serie de Escándalos y Marrullas, en este post en el que nos hicimos el firme propósito de no caer en mencionar la trillada frasecita de “Copas América eran las de antes“.

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Ah, bueee, la chupada de pija a los locales no es patrimonio de bolivianos ni es tan antigua… mira a ¡Brasil! lustrándosela al público peruano en el debut en la Copa América de 1953 (Fuente). Djalma Santos es el de la segunda V, Zizinho el de la P.

Copas América eran las de antes (?): el campeonato de 1953 en Lima

Para 1953 los cuatro flacos de traje de Zürich estaban dando las primeras puntadas para la apenas quinta edición de la Copa del Mundo de Fútbol. Pero ya por estos lares la gente estaba dándole vueltas a la vigésimo segunda edición de la Copa América – en esa época Campeonato Sudamericano de Naciones – que se iba a disputar en Lima (Perú) entre el 22 de febrero y el 1 de abril de ese año. Al certamen confirmaron su participación todas las selecciones del subcontinente (?) menos Colombia – supongo por temas organizativos/federativos/de billete -, Venezuela – no reunían aún once tipos que supieran jugar al fútbol – y la ausencia más rutilante, Argentina, la cual supongo que desistió de ir por el temita aquel de la emigración masiva de sus jugadores para participar de manera ilegal en la liga de cierto país sudamericano… eh… pero no perdamos el hilo del post. El torneo originalmente iba a ser realizado en Asunción, pero por las deficiencias logísticas de la capital paraguaya los dirigentes guaraníes – me imagino a un ya maduro Nicolás Leoz presidiendo marcialmente las reuniones – declinaron ser sede y cedieron el honor a la en ese entonces pueblerina Lima.

Con la ausencia de los argentinos los favoritos al título pasaban a ser, por puro default, los campeones sudamericano y mundial vigentes: Brasil y Uruguay. Los brasileños estaban en pleno proceso de reconstrucción y con una resaca más grande que la de Colombia después del Mundial de 1994 (?). Para su primer torneo importante después de la estrellada de 1950 asistieron con una mezcla de veteranos de esa famosa tarde de Rio (como el goleador Ademir, el mítico Zizinho, Danilo y hasta el señalado portero Barbosa) y recientes convocados, entre ellos algunos futuros campeones mundiales en 1958 y 1962 (Didí, Djalma Santos, Gilmar y Nilton Santos). Pero en general estaban en plena transición y con más interrogantes que los del 4-3 de Argentinos e Independiente en 2010; tanto que aún no se decidían a usar del todo su tradicional uniforme blanco – señalado como mufa después del Maracanazo – y jugaron todo de azul durante la mayoría de sus partidos: un año después adoptarían definitivamente la verdeamarelha. Los uruguayos venían debilitados por la ausencia en su convocatoria de los jugadores de Peñarol, base del seleccionado y del que hubieran llegado leyendas como Obdulio, Roque Máspoli, Juan Schiaffino Oscar “Cotorra” Míguez. Pero de todas maneras eran las máximas potencias del continente detrás de Argentina y tenían el favoritismo de la frondia prensa de esos años.

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Brasil en su partido ante Ecuador en la copa de 1953. El portero es Barbosa, el mismo del Maracanazo, en el primer partido que jugó con Brasil después de ese, que a su vez sería su último con la selección. Los brasileños jugaron todos de azul (Fuente)

Muy detrás de la opinión de la prensa, pero en el tope de las consideraciones de la pintoresca afición local estaba la selección peruana. Para la hinchada inca, desde esos tiempos igual de ilusionada fácil cual quinceañera fea que lo que es hoy, el equipo de la franja era el favorito a quedarse con el título por la presencia de jugadores como Alberto “Toto” Terry, Vides Mosquera, “Huaqui” Sánchez y “Tito” Drago. ¿Cómo así que ustedes no los conocen? Menos mal, pensaba que era solo yo (?). Pero en esos lejanos tiempos para la ingenua afición limeña contar con estos jugadores – figurones de Universitario, Alianza y otros grandes del país – era como tener a Paolo Guerrero Claudio Pizarro, pero la realidad era que estaban más cerca de comparaciones con Darío Muchotrigo y Luis Guadalupe.

Y ahí, calladitos, alejados de las luces y de los relámpagos de magnesio (?) de la prensa, estaba Paraguay, que venía de ser dos veces consecutivas subcampeones sudamericanos con muchos méritos: en 1947 detrás de Argentina y en 1949 de Brasil. Particularmente esta ultima edición fue dolorosa por la sensación de gesta inconclusa que se tuvo coronada por el bajonazo final: los paraguayos forzaron un playoff por el título contra Brasil al ganarles a ellos en la propia Rio de Janeiro en la última fecha del torneo, y así empatarlos en puntos (los locales con el empate eran campeones: comenzaron ganando el partido pero los visitantes le dieron vuelta en Rio… suena parecido a algo que pasó un año después…). Pero en el desempate los brasileños pusieron cara-de-hombre y aplastaron a los guaraníes por 7-0. Total que para 1953 los de la albirroja no eran ningunos aparecidos, y aunque no contaban con jugadores de talla mundial, conocían bastante del asunto como para amargarle el rato a cualquiera.

Pero la principal arma de los paraguayos la tenían en la banca con la mítica conducción de una leyenda del fútbol sudamericano de todos los tiempos: Manuel Fleitas Solich, protagonista con su selección desde exactamente el minuto cero de su participación en Copas América (hizo parte como jugador del debut de la albirroja en 1921) y con muchos años como su director técnico (comenzó a dirigir en la copa de 1922 y terminó en 1953 para un total de trece campeonatos y 57 partidos). Don Manuel sabía que los suyos eran buenos y tenían garra y voluntá pero no mejores técnicamente que los brasileños o uruguayos, por lo que desde tres meses antes del inicio del torneo se concentró con veintidós convocados en el estadio de Puerto Sajonia – el mismo que hoy conocemos como Defensores del Chaco – a matarlos a gimnasia y fútbol y correr y sacarse la bilis mañana y tarde, en medio de un calor de mierda que los obligaba a dormir en las noches en la cancha al aire libre (!). Todo un adelantado, Fleitas Solich, no solo en el sentido de sacarles la mierda a los jugadores (?) sino de darle la importancia debida al entrenamiento físico.

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Esta figura es don Manuel Fleitas Solich

Con estos participantes, más las habituales comparsas Ecuador, Bolivia y Chile (un genio el Tata Martino por eliminar de un plumazo cien años de historia de chistes sobre vírgenes) comenzó el torneo el 22 de Febrero en un renovado Estadio Nacional. Ese año el país sede estaba inmerso en plena dictadura del siniestro general Manuel Odría, que como suele suceder en casos así gastó su buen billete para que la gente se drogara con el fútbol y no pensara en la represión reinante, los presos políticos, la corrupción y otras nimiedades parecidas (?). En parte por esto la prensa escrita y radial se encargó de machacar sistemáticamente a la chusma (?) con diez millones de noticias del antes y durante el torneo, de tal modo que para el partido inaugural entre Perú y Bolivia la hinchada asistió masivamente al estadio y lo llenó hasta que no le cabía un grano de arroz parado. Pero el debut terminó en una sonora decepción para los futuros padres de los asistentes a “Laura en América” que vieron a los suyos perder 1-0 con la horrible selección del Altiplano. Tres días después debutaron tanto los paraguayos con victoria 3-0 ante Chile en el mismo estadio Nacional (que de hecho fue la sede de todos los partidos del torneo), como los uruguayos ganándole 2-0 a Bolivia. Brasil lo hizo recién el 1ro de Marzo ante la pobre Bolivia clavándole un vergazo en forma de 8-1.

Hablemos de la “Copa Tángana” 1953

El torneo transcurrió sin inconvenientes ni líderes categóricos, pues el que ganaba hoy en el siguiente partido cedía puntos y todos estaban arrejuntados en el mismo lote. Hasta que llegó el 8 de marzo y con él el partido entre Perú y Paraguay. Los locales después de la pifiada contra Bolivia le ganaron con muchísima hambre a Ecuador por 1-0 y empataron sin gloria ni goles ante Chile; los guaraníes después de su convincente victoria en el debut se habían desinflado inesperadamente con un 0-0 ante Ecuador. Así que ambos equipos venían con ganas de revertir la situación, pero sin duda los locales eran los que estaban más presionados por los resultados previos ante equipos tan cagados y por la necesidad de sumar precisamente ante los rivales más fuertes en los compromisos que le quedaban (Paraguay. Brasil y Uruguay). El público acompañó en masa a su selección a pesar de tanta decepción seguida…. pasa que uno en el fútbol y en el amor es así de masoquista, ¿vio?

Comenzó el partido y los locales se fueron encima buscando la ventaja, pero los guaraníes aguantaban bien imponiendo su físico sobre los ágiles pero blanditos peruanos. Antes de los 15 minutos el defensor guaraní Maciel sacudió feo al delantero peruano Alberto “Gringo” Terry, o como dicen literalmente las crónicas peruanas “el grandazo Maciel había samaqueado a Terry” (!!!), y ya el juego se empezó a poner más pesado y cortado. Aquí es cuando las versiones difieren depende de quién las cuenta: según las los paraguayos…el cuadro paraguayo fue miserablemente bombeado por el árbitro inglés que dirigió el partido, el tristemente célebre Robert Maddison“. Pero los peruanos no mencionan esto, sino que se centran en jugadas como “el fortachón Gavilán sorprendió al polluelo (!!) Terry y le aplicó un soberano cabezazo en la nuca”. Lo que interpretamos de ambas versiones es que los dos equipos se dedicaron a darse pata con saña y rigor y al vigilante de turno se le salió el partido de las manos; y fue así como se repitieron cada vez con más frecuencia las faltas no cobradas, los fuera de lugar mal aplicados y el exceso de rigor para alguno de los dos lados. Así iban las cosas cuando a los 22 minutos el peruano Terry puso el 1-0 y el público vibró de felicidá.

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El primer gol de los peruanos esa noche de Lima. Sufren los paraguayos y su portero extrañamente vestido con piyama

El partido continuó en medio de discusiones y la piernita levantada más de la cuenta, como contó muchos años después el jugador paraguayo.Robustiano Maciel “Nuestro equipo no podía jugar, [el árbitro] nos cobraba de todo: faltas inexistentes, posiciones adelantadas inventadas, amenazas que no entendíamos pero que por sus gestos suponíamos que nos iba a expulsar (…) terminaron por ponernos nerviosos e impotentes”. Quién sabe cómo sería exactamente el cuento, lo cierto es que promediando el primer tiempo se lesiona el portero visitante Riquelme en un fuerte choque contra el peruano Navarrete, por lo que es sustituído por el suplente Rubén Noceda. Momento, ¿cómo que reemplazado? ¿En esos tiempos se permitían sustituciones? No sé si ustedes sabían, pero mira lo que me desayuné desde hace poco: en la Copa América se permitían sustituciones desde la edición de 1935. No sabemos 100% cómo funcionaba el mecanismo (curiosamente es poco mencionado esto en los libros de historia), pero gracias al aporte de un historiador amigo muy cercano e íntimo (?) de nuestro gran posteador Gancedo se permitían los cambios de manera consensuada entre los capitanes de los equipos en liza (?), y después de algún modo se institucionalizó de manera formal en el reglamento de la competición. Para este torneo en particular eran tres las sustituciones máximas permitidas por equipo y por partido.

Con un ambiente en tensión creciente por las decisiones (o falta de) arbitrales, el guaraní Fernández empató antes de terminar el primer tiempo aprovechando que entre los defensores peruanos le hicieron el pasillo de honor a un balón cruzado en su propia área. Con la misma atmósfera cargada comenzó el segundo tiempo, y los ataques y contraataques iban y venían de ambos lados. Faltando 15 minutos el peruano Villamares pone el 2-1 que desató el choli-delirio (?) y ponía a los guaraníes contra la pared. Hasta que… faltando 10 minutos sobrevino el APOCALICSIS: los paraguayos se fueron arriba con todo buscando el empate, y en una de esas el delantero Rubén Fernández se inventó una jugada digna de Lio cuando juega con una camiseta sin rayas celestes y blancas; se sacó tres jugadores y al arquero peruano, y cuando iba a rematar en el arco vacío para el empate… suena el silbato del juez Maddison (inglés como todos los árbitros del torneo) cobrando no se sabe qué (parece que falta en ataque) e invalidando la jugada. ¡Y ahí se desató el mierdero! Todos los paraguayos se le fueron encima al juez Maddison, que todo aturullado trataba de protegerse de esos sudamericanos furibundos que le reclamaban/puteaban en español y guaraní, y qué iba a hacer el sapo de negro sino encerrarse en su decisión, si no entendía español, ahora guaraní…

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La selección paraguaya que a la postre desvirgó a su país de cualquier tipo de competición continental, incluyendo guerras transnacionales (?). Arriba, de izq a der: Robustiano Maciel, Riquelme, Cabrera, Gavilán, Leguizamón, Ireneo Hermosilla. Abajo: Ángel Berni, Atilio López, Rubén Fernández, Ángel Romero, Antonio Gómez (Fuente)

Y con la discusión en pleno furor, solo hacía falta la intervención de algún termo enajenado para terminar de mandar todo a la mierda. Como el delantero paraguayo Milner Ayala, que se pegó tremendo pique de 50 metros para coronarlo con una feroz patada sobre el árbitro inglés (!!). Lamentablemente no hay registro fílmico de la hazaña, pero lo que sabemos es que ante este aporte a  la sensatez se formó la inevitable tángana entre jugadores en el campo de juego. El público, mientras tanto, protestaba airadamente por el bochornoso espectáculo (?) y expresaba su descontento lanzándole a los jugadores guaraníes botellas vacías de gaseosa y cascotes varios de origen desconocido. Ante esta situación el defensor guaraní Alejandro “Arpa Forro” Arce decidió intervenir e hizo lo que consideró más adecuado para calmar a la gente: agarró una botella y se la tiró de regreso al público (!). Se formó una estampida (afortunadamente sin consecuencias) y se multiplicaron los pedidos de sangre guaraní. Un caos.

Mientras el juez inglés, molesto por la agresión había dado por terminado el partido y ya se había ido raudo a su vestuario. Las crónicas peruanas insisten en que “…había una realidad: los paraguayos se negaron a jugar y los peruanos se marcharon a su camarín a festejar el triunfo”; los paraguayos se saltan ese punto e insisten que el juez simplemente se fue a la mierda. El caso cierto es que los 25 cristianos dentro de la cancha se fueron al vestuario y hasta se ducharon, dando ya por concluída la historia con un 2-1 a favor de los incas. Pero de repente apareció de la nada un delegado de la selección peruana para convencer al árbitro inglés que reanudara el partido, y para obligar a los jugadores a volverse a cambiar y retornar a jugar los diez minutos restantes (!!!). Un genio hiperbólico el dirigente peruca, pero hay que decir también que el público del Nacional también presionó para que se jugara el resto del cotejo, coreando al unísono “otro gol, otro gol” (!!!!!!!!!!). Decirles zonzos es poco para estos agüevados, porque en la reanudación los paraguayos empataron – ayudados por un error del arquero local – y el marcador no se movió más. 2-2 y ahí sí terminó la historia.

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Los diarios peruanos y su lagrimeada (merecida)

¡O no!. Porque en medio del embole a los paraguayos se les escapó la tortugantary (?) con las sustituciones: en total cambiaron durante el partido al arquero; al futuro entrenador de Inter de Milan Heriberto Herrera por Gavilán; Alejandro Arce (el del botellazo al público) por Jorge Romero y a Mílner Ayala por Atilio López. En total cuatro: una más de las permitidas. Tan caótico fue el partido que nadie se dio cuenta: ni los paraguayos, ni los peruanos, ni el juez y ni siquiera los delegados, que en las actas oficiales del partido solo registraron tres cambios. Bueno, nadie salvo un periosida del diario “El Comercio“, que publicó dos días después la noticia en primera plana con el despiste paraguayo. La delegación de Perú se aferró a la ocasión al vuelo protestó ante la organización del torneo, que al final les dio la razón: decidió sancionar a Paraguay dándole el partido por perdido. Ah, y expulsaron de toda competición sudamericana al delantero karateka (?) Milner Ayala por tres años debido a la agresión al juez. Una ironía que un partido con tintes tan épicos se decidiera en el escritorio por una cagada administrativa.

Con este resultado, Perú quedaba de impensado líder transitorio con 5 puntos. Las siguientes dos fechas confirmaron la candidatura de Brasil al título con un 2-0 a Ecuador y un sufrido pero suficiente 1-0 ante Uruguay con gol de un tal Ipojucan ya terminando el cotejo. 6 de 6 para los brasileños (recordemos que eran dos puntos por victoria en esos lejanos tiempos), que en la cuarta fecha se enfrentaban contra los locales con la posibilidad de cuasi asegurar el título en caso de victoria. Los hinchas peruanos seguían con la ilusión intacta el andar de su equipo y el triunfo con la ayuda de su mejor jugador Víctor Escritorio ante Paraguay aumentó la expectativa por la posibilidad cercana del título.

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Los diarios limeños mostraban sin ambages estos momentos de eh, cercana y ardiente (?) intimidad de los jugadores peruanos en su concentración antes del partido contra Brasil. Nótese el probable modelo para el logo del diario “El Bocón” (Fuente)

¡Y otra vez el partido de los peruanos terminó en tángana! (!!!). Ante otro lleno total los locales se impusieron sorpresivamente por 1-0 con gol de Navarrete. Pero al parecer la actuación del árbitro inglés Charles McKenna fue cuestionada por los brasileños, que terminado el cotejo rodearon al juez para hacerle vehementemente una crítica constructiva (?). Acá pasó algo parecido a lo del encuentro anterior contra Paraguay, con la diferencia que esta vez los agresores mostraron su nacionalidad con golpes a montón y a traición: para reforzar los argumentos brasileños el perdedor del Maracanazo Danilo le metió un pelotazo en la cara al juez, y cuando este caía aturdido llegó el futuro histórico Djalma Santos a rematarlo con una patada en la nuca (!). Esta vez sí les tenemos un registro fílmico del hecho hermoooo… eh, perdón, del reprochable acto (?):

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El árbitro McKenna después de la agresión brasileña (Fuente). Ah, ni a Djalma Santos ni a Danilo les cayó una mísera sanción…
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(Fuente)

El asunto terminó sin más incidentes porque esta vez la policía se encargó de disolver todo amago de verguero evacuando a ambos equipos e imponiendo el orden en la tribuna. De todos modos los aficionados limeños estaban más ocupados en la celebración del histórico resultado (la primera victoria de su historia ante Brasil) y no pusieron atención a lo que pasaba con los indignados brasileños ni con el conmocionado juez británico. Porque aparte de la trascendencia del hecho en sí la selección peruana se colocaba a tiro de su segundo título sudamericano, que lograría en caso que le ganasen en la última fecha a Uruguay y se combinara esto con una derrota brasileña ante Paraguay… a propósito, ¿cómo iban los guaraníes? Después de la batalla contra Perú enfrentaron a Uruguay con un equipo disminuído por sanciones y lesiones (a propósito dice otra crónica paraguaya “El 12 de marzo enfrentamos a Uruguay. Fue uno de esos partidos de cincha y raja donde a causa de las patadas que nos dieron los peruanos ante la complacencia de un panzón árbitro inglés, hubo que recurrir a modificaciones radicales“… periodismo OBJETIVO). Paraguay empató con lo justo a dos goles con La Celeste y le ganaron días después 2-1 a Bolivia. Todo muy esforzado, muy sufrido, sin sobrarle mucho, pero ahí iban los guaraníes. Que llegaron a la última fecha con la lejana esperanza de ganarle a la ultrapoderosa Brasil (que había despachado 3-2 a Chile después de su derrota con Perú) y esperar una derrota de Perú ante la ya sin aspiraciones Uruguay, y así forzar un desempate ante los mismos brasileños. Si, igual que en la copa de 1949.

Y se les dio. Los peruanos pechearon miserablemente ante Uruguay perdiendo 3-0 y se despidieron del título. Y en un partido memorable la humilde y guerrera selección paraguaya derrotó 2-1 a Brasil, los igualó en puntos y obligó a programar un partido final de desempate por el título sudamericano. El héroe de la noche fue el delantero del Guaraní Pablo León, que entró por Atilio López faltando cinco minutos para terminar el cotejo y a los 89 metió el 2-1 definitivo. Mira como se construyen las leyendas a veces, en base a hechos notables y ciertos pero también en malos entendidos que resultan en versiones heroicas pero más falsas que Angeli$i: por ejemplo, es un hecho que esos cinco minutos de León fueron los únicos que jugó con la selección paraguaya. El delantero del Guaraní no volvió a jugar después con su selección, pero le bastó ese pequeño lapso de tiempo para convertirse en uno de los héroes del deporte de su país. Ahora, durante el torneo León cumplió el papel de “aguatero”: el compañero que le pasaba agua a los jugadores que estaban dentro del campo; y como el tiempo a veces es esa chica jodida que te cambia las cosas y te lava el cerebro haciéndote creer lo que no pasó nunca, con los años se deformó la historia a una versión más épica: que León no era jugador profesional sino, de verdad, el aguatero del equipo; y que Fleitas Solich lo metió a jugar esos cinco minutos solamente porque todos sus otros jugadores estaban lesionados (así lo contaron por acá, por ejemplo). Pero nones:la verdad es menos heróica aunque también tiene su dosis de gesta.

El desempate se jugó cuatro días después y a diferencia de 1949, y por fin a la tercera vez, los paraguayos ganaron y se coronaron campeones de Sudamérica. Pero como era ya costumbre lo hicieron con más sufrimiento que ser hincha de GELP: después de colocarse arriba en el primer tiempo 3-0 dejaron venir a los brasileños que se colocaron 3-2 faltando 25 minutos. Pero los de la albirroja apelaron a la mística, a los huevos y al espíritu de los defensores de Curupaytí y aguantaron hasta el final para coronarse por primera vez campeones sudamericanos.

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Para el final dejamos esta foto de una afición limeña luciendo un preocupante promedio de dientes per cápita celebrado con sus jugadores el triunfo ante Brasil.
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