Pintaba para crack: Special Edition

En este envio sin precedentes, La Refundación les acerca nueve jugadores que bien pudieron trascender en el mundo del fútbol y que sin embargo quedaron en el alzheimer del olvido. Quizá sus trayectorias sean tan cortas que ni siquiera den para un informe completo, pero las curiosidades que rondan sus historias son merecedoras de ser conocidas. Hasta ayer eran unidos por el anonimato. Hoy los une este post.

 "¿Ves Freddy? Aquí en La Refundación todos tienen una historia para contar, sólo que no hay tiempo para oírlas a todas" (?)
“¿Ves Freddy? Aquí en La Refundación todos tienen una historia para contar, sólo que no hay tiempo para oírlas a todas” (?)

 

James Will
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El Mundial Sub 16 de 1989 de Escocia se salió completamente de los carriles de la normalidad: cinco jugadores se consagraron goleadores del torneo (!) con tan sólo tres goles, incluso uno de ellos marcó todos de penal. Una semifinal la jugarían Bahrein y Arabia Saudita (!!!) donde éstos últimos saldrían victoriosos. La final la disputaron los asiáticos y los locales, quienes a pesar del apoyo de los 50.000 espectadores que colmaron Hampden Park, perderían por penales tras empatar 2 a 2 en el tiempo reglamentario.

A pesar que la figura de la final sería (DE PIE) Mohammed Al Deayea (PUEDEN SENTARSE) deteniendo dos penales en la definición desde el punto penal, la FIFA contra todo pronóstico le daba el Balón de Oro a James Will, el arquero escocés. La decisión ya estaba tomada desde antes de la final, ya que sus actuaciones fueron descollantes, dejando la sensación de no parecer un chico de 16 años sino un arquero con experiencia y sobriedad. Así lo demuestra su performance anterior a la definición frente a los saudíes: sólo un gol recibido en los cinco partidos anteriores. “Yo no sabía que demonios era el Balón de Oro hasta que lo gané” afirmaría el propio Will en una entrevista para el libro “The Football Men” de Simon Kuper. Por ese entonces, el joven escocés pertenecía a las divisiones inferiores del Arsenal y soñaba con poder pararse bajo los palos en Highbury Park. Sin embargo, sus sueños empezarían a verse truncados un año después con el arribo de David Seaman procedente del QPR.

Pasaría cuatro años sin siquiera ir al banco una sola vez. Ya con 22 años, el equipo londinense le dio el olivo y el volvió a sus pagos, más precisamente al Dunfermline de la First Division. Allí solamente disputaría seis partidos, pero sería el lugar donde descubriría la oscuridad del mundo del fútbol. “Me desilusioné. Si no le caes bien a una o dos personas, eso puede afectar tu salario”. Eso sí, se hace cargo de la parte que le corresponde: “Es una pena que a los 17 no tuviera la cabeza como ahora. Uno da por sentado un montón de cosas a esa edad y no tenés idea lo que realmente está pasando a tu alrededor”. Largó todo al carajo y se fue a jugar al Turriff United -el equipo de su ciudad natal- que militaba en la Highland Football League (una categoría semi profesional, algo así como el Torneo Argentino C). Fue así como desapareció de los primeros planos para siempre. Allí se retiró como arquero, pero tras eso decidió reforzar las filas de… la policía local (!). Sí, como leen: se hizo cobani. “No me arrepiento de nada. Si no hubiera tomado la decisión que tomé, hoy no estaría casado con la mujer de mi vida ni tendría dos maravillosos hijos”. Claro que si, campeón. Eso debe ser mejor que atajar en un Mundial, sin duda.

Niccolò Galli
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Muchas historias se han visto truncadas por las lesiones o mismo la muerte. En nuestra anterior edición conocimos a Wayne Harrison, un inglés que tuvo varias desgracias y no llegó a debutar en el equipo de sus amores. El caso de este chico muestra lo cínica que puede ser la parca.

Niccolò no era uno de esos chicos que descubre el fútbol porque lo practicó en el colegio o vio Los Super Campeones (bah, en Italia era Holly e Benji). Era hijo de Giovanni Galli, ex arquero de Fiorentina, Milan y la selección de su país. Como suele pasar en la mayoría de los casos, la familia acompaña al futbolista al lugar donde le toque jugar. Il Signore Galli (?) los últimos dos años de carrera los pasó en el Torino y en el Parma. Allí su hijo daría sus primeros pasos en el fútbol, jugando en las divisiones infantiles de ambos clubes. Cuando su padre colgó los guantes decidió volver a la tranquilidad de Firenze, su ciudad natal. Y como era de esperarse por ser el hijo de, Niccolò fue acomodado comenzó a jugar en la Fiorentina, tal como su padre. Allí destacaría hasta llegar a la Sub-16 de Italia. Su rendimiento fue tan bueno que tras un torneo juvenil internacional, los ojeadores del Arsenal quedaron encantados con él. Luego de algunas tratativas con Don Satur Giovanni, el pibe se mudó a Londres.

A pesar de ser el primer año en la entidad inglesa, Galli se adaptó bien y se ganó un lugar en el equipo titular del Sub 17, obteniendo el campeonato local y la FA Cup de la categoría. Sin embargo, la distancia con sus seres queridos lo llevó a pedirle a los dirigentes del Arsenal que le permitieran retornar a Italia. Le dieron el visto bueno y tras una rápida negociación, se incorporaría al Bologna. Allí sería compañero de históricos como Pagliuca, Signori… y bueno, también de Julio Cruz. Su temporada en el equipo rossoblu no podía iniciar mejor: ya en el primer partido iría al banco de suplentes. ¿El rival? Una pavadita: la Roma de Totti, Batistuta, Samuel, Cafú y una serie de grosos importantes. Si bien el partido terminó con derrota 2 a 0 en el Olímpico, la tarde para el joven Galli fue completa: debutaría en la Serie A haciendo su ingreso a los 37′ del segundo tiempo en reemplazo de Max Tonetto. Lamentablemente sería debut y despedida.

Tras su primera aparición, ocupó el banco de suplentes en nueve oportunidades más pero sin ingresar. Sin embargo, era un fijo en las convocatorias de la Sub-19 azzurra. Con todo el futuro por delante, la desgracia se cruzaría en su camino. El 9 de Febrero de 2001 fallecería en un accidente al perder el control de su scooter: al caer su cuerpo fue a dar contra una banquina en reparación, donde sobresalía un tubo de acero con el que impactó de lleno. Tenía 17 años.

La investigación del accidente derivó casi en causa nacional, dada la edad y el apellido que portaba. Tras seis años, la justicia condenó por homicidio culposo a un funcionario de la empresa encargada de la reparación, como así también un capataz y un técnico de la obra. Sin embargo, el tiempo de reclusión nunca se hizo efectiva y la causa prescribió en 2011.

A pesar de su casi nula trayectoria, el número 27 fue retirado en Bologna y el predio de entrenamiento juvenil lleva su nombre. Fabio Quagliarella, ex jugador de la Juventus y la Selección, usa ese dorsal en homenaje a Galli, con quien compartió divisiones inferiores en el Torino. Una muerte que lloró toda Italia y que de no haber ocurrido -quién te dice- quizás nos hubiera privado de ver ésta imagen. La parca seguro lo recibió con los brazos abiertos y diciéndole “no te quejes, al menos debutaste en Primera” (?).

Carlos Roldan

 

 

 

 

 

 

 

No hay mala leche, es la foto que hay. Porque aunque esté tratando de embambinarse a un compañero con ropa de entrenamiento, preferimos recordarlo así: como un jugador de Selección. La carrera del Carlos Roldán prometía una barbaridad. Nacido el 12 de Septiembre de 1979 en La Rioja, se vino para Buenos Aires con el fin de probarse en el fútbol grande. Su hermano ya estaba en Racing, pero quedó libre y cuando parecía que se volvía, decidió intentar una vez mas. Ambos se probaron en Lanús y quedaron.

En 1995, cuando parecía que se volvía de tanto extrañar a los suyos, al Negro le llegó una inesperada noticia: José Pekerman lo convocaba para disputar el Mundial Sub 17 de Ecuador. Roldán no tenía 16 años cumplidos siquiera. No fue el único que tenía esa particularidad: Pablo Aimar también fue con 15 años, mientras que el arquero suplente Mariano Curieses Esteban Cambiasso fueron con 14 y cumplieron años en plena competencia. Roldán fue titular como lateral derecho en cinco de los seis partidos (sólo no jugo en la victoria por 3 a 0 frente a Costa Rica) y fue una grata revelación, aunque muy pocos recuerdan su actuación ya que los ojos del mundo futbolero quedaron embobados con la calidad de César La Paglia, la gambeta del Payasito y la prestancia del Cuchu a pesar de su corta edad. Tras este torneo, el juvenil granate entendió que su futuro estaba en el fútbol.

Tras ese Mundial, desapareció un poco de los primeros planos: no participó del proceso correspondiente a su categoría que terminaría obteniendo tanto el Sudamericano como el Mundial Sub 20 en 1997. Era lógico: tenía sólo 17 años. Pekerman optó por llevar a ese torneo a Juan José Serrizuela como titular, teniendo como potenciales reemplazantes a Fabián Cubero o incluso Lionel Scaloni. 1998 fue un buen año para él: fue titular en Reserva y a fin de año lo subieron a Primera, donde debutaría el 30 de Octubre por la 13º fecha en un empate a dos frente a Independiente. Pekerman le demostraría que no se había olvidado de él y lo convocaría para el Sudamericano Sub 20 de 1999. El Negro fue titular indiscutido, jugando incluso de central tanto con línea de tres como de cuatro en el fondo. Su lugar en boca de todos se lo ganaría ese torneo, cuando la rompió en la victoria 2 a 1 frente a Brasil. Ese equipazo terminaría siendo campeón, con un Luciano Galletti intratable y grandes rendimientos como el de Gabriel Milito, Aldo Duscher o Pirulo Rivarola. Aquel año también disputaría el Mundial Juvenil en Nigeria, donde el seleccionado tendría un opaco rendimiento y quedaría eliminado por México con una derrota 4 a 1. Recién en el Apertura se acomodaría como titular tras la partida de JJ al Mallorca, siendo titular en 15 partidos. En el Clausura 2000 se perdería algunos partidos por lesión y su lugar sería ocupado por otro juvenil, el pelado Cristian Alvarez (sí, el mismo que está hoy en Argentinos Juniors). Para la temporada siguiente volvería a disputar una buena cantidad de partidos, hasta que en el Clausura 2001 y tras el empate 1 a 1 frente a Racing en Avellaneda, comenzaría a sentir molestias en la rodilla izquierda. Sería el inicio de un calvario.

Tras hacerse los estudios correspondientes, el diagnóstico fue duro: Osteocondritis en la rodilla, una de las lesiones mas hijas de puta que hay y la misma por la que estaba atravesando su compañero de equipo y selecciones juveniles Luis Zubeldía. Ambos vivieron un calvario con el tratamiento y la rehabilitación, sobre todo el rubio volante que tuvo que pasar tres veces por el quirófano en poco tiempo, algo que El Negro no pudo evitar. Tras irse a Quilmes a fin de 2004 -con otra operación mediante- su rodilla dijo no va más y con 25 años se retiró del fútbol. Una pena para alguien que tanto la luchó para ser el tercer riojano mas famoso llegar a Primera y que, según las propias palabras de Pekerman, “nada tiene que envidiarle a Hugo Ibarra”.

Paul Lake
Football - Stock - 1990 Paul Lake - England U21 Mandatory Credit: Action Images / Sporting Pictures CONTRACT CLIENTS PLEASE NOTE: ADDITIONAL FEES MAY APPLY - PLEASE CONTACT YOUR ACCOUNT MANAGER

 

 

 

 

 

 

Otro de los ingleses que no pudo llegar lejos gracias a la dureza con la cual se jugaba en la Premier League. Nacido el 28 de Octubre 1968, ya de pequeño simpatizaba por el Manchester City, el equipo más debil de la ciudad donde la madre decidió parirlo (?). Siempre corriendo tras una pelota con sus otros cuatro hermanos, parecía que el destino le guiñaba un ojo desde pibe gracias a unas papas fritas, sin (?): Smiths Crisps, una marca de snacks, realizaba anualmente un campeonato infantil donde podían participar colegios de todo el país. ¿El premio? Ni idea, pero jugar la final ya era todo un golazo, ya que se realizaba en Wembley. Para un pibe de 12 años que piensa que el mundo es redondo y con gajos, jugar ahí era lo mejor que te podía pasar en la vida hasta que la ponga y descubra la droga. Con su colegio ganarían dicho torneo y él marcaría el gol ganador. Ganar con tus amigos, levantar una copa en el Templo del Fútbol… ¿algo más? Sí: un ojeador de los Citizen observó su rendimiento allí y le ofreció integrarse a las divisiones inferiores del equipo. Mejor, imposible.

Tras pasar por cada una de las categorías juveniles desempeñandose como lateral por derecha, en la temporada 1985/86 se dio un gustazo por triplicado: ganó la Liga de Reservas, la Liga Regional y la Youth FA Cup, ésta última nada menos que frente al eterno rival, el Manchester United. Tras su triplete personal, firmo su primer contrato profesional y dio el salto al primer equipo. Haría su debut profesional el 24 de enero de 1987, en un 0 a 0 como visitante frente al Wimbledon. Esa temporada jugaría tres partidos más, incluso llegando a anotar un gol en el 1 a 1 frente al Luton. No sería un año completamente feliz, ya que el City descendería de categoría. La siguiente temporada sería la de consolidación: tras la lesión de Kenny Clements, el entrenador Gastón Mel Machin lo colocó como volante por derecha y no salió más. Esa temporada jugaría 43 partidos y marcaría cinco goles, además de ser convocado en cinco oportunidades al Sub-21 de su país. Su rendimiento no sería suficiente para volver a la First Division, ya que su equipo terminaría 9º, muy lejos de los puestos de ascenso.

La 88/89 sería pilar fundamental para el retorno a la máxima categoría, obteniendo el subcampeonato detrás del Chelsea. Pero no piensen que le saldría tan barato. El 11 de Marzo de 1989, el Manchester City recibía al Leicester. A poco de comenzar el partido, Lake chocaría su cabeza con un rival y caería seco en el cesped. Cuadro tremendo: la vía respiratoria se le cerró y comenzó a tener convulsiones. Los médicos del club lograron salvarle la vida tras ingresar al campo. Y cuando digo “ingresar al campo”, es literal: a partir de este hecho, la FA modificó el reglamento, obligando a que los médicos estén al pie del campo o en el banco de suplentes (!). A Fabrice Muamba le gusta esto (?).

En su vuelta a la First Division, el City logró la permanencia con holgura, terminando en el 14º puesto. Además de eso, lograrían incluso endosarle un avergonzante 5 a 1 a su eterno rival el United. Lake volvería a demostrar su valía en el equipo, jugando 39 partidos y marcando un gol. Su consistencia y sentido de pertenencia tendría premio: para la siguiente temporada sería elegido capitán. Ya se especulaba con su convocatoria a la Selección (llegó a estar en la lista de 30 preseleccionados para el Mundial de Italia) ávida de recambio, pero una lesión y un mal diagnóstico se cruzarían en su vida.

Tras caer lesionado en Septiembre de 1990 tras la victoria por 2 a 1 frente al Aston Villa, los médicos le realizan los estudios pertinentes y descartan lesión ósea, diagnosticando sólo un esguince de rodilla. Sin embargo, tras treinta días inactivo y con la rehabilitación pertinente de acuerdo a dicho diagnóstico, en el primer ejercicio formal del entrenamiento Lake siente que la rodilla no le responde. Le vuelven a realizar estudios y sí, tenía el ligamento cruzado anterior completamente roto hacía dos meses (!). Obviamente fue operado de urgencia, pero el daño ya estaba hecho. Los meniscos y el resto de los ligamentos habían sufrido un desgaste importante al compensar la ausencia del cruzado anterior. Para Marzo de 1991 estaba en condiciones de volver a entrenar, pero la rodilla no aguantaba. Otra vez a cirugía y cuatro meses más sin actividad. Intentó por tercera vez, pero el dolor seguía. Los médicos creyeron que era el ligamento operado, por lo cual volvieron a hacerle un injerto allí. Pasó toda la temporada 91/92 tratando de recuperarse, pero aquellos dos meses de diagnóstico errado provocaron un daño irreparable en el resto de la articulación.

Su tozudez lo llevaron a lograr su objetivo, los médicos le dieron cianuro el visto bueno y tras un año retornó para jugar el primer partido de la temporada frente al Middlesbrough. Sin embargo, en el minuto 75 sintió molestias y pidió el cambio. No le dio importancia, pensó que era cansancio. El siguiente partido le demostraría lo equivocado que estaba: a los ocho minutos volvería a romperse los cruzados. Ya sin esperanzas, voló a Estados Unidos para ver a un especialista. Esto traería un enfrentamiento entre el jugador y el presidente del club, quien no quiso pagarle ni el sueldo, ni el seguro… ni siquiera los pasajes de la novia de Lake para acompañarlo. El jugador estuvo sólo un tiempo largo, hasta que sus compañeros se solidarizaron y decidieron bajarse entre todos pagarle los viajes a la novia y colaborar económicamente con él. El colmo de todo fue cuando volvió a Inglaterra: el hecho de viajar incómodo en Turista le provocó un coágulo en su rodilla recién intervenida, mientras que los médicos y el fisioterapeuta viajaban en Business (!!!!). Linda manera de tratar al capitán.

Lo intentó con todo. Agua bendita, acupuntura, fe (?)… nada se pudo hacer. El jugador cayó en una larga depresión, con abuso de medicamentos incluido. Tras varias operaciones y la necesidad de tomar analgésicos diariamente, el jugador declaró su retiro oficial en 1996. En 1997 se jugó un partido testimonial (organizado para homenajear al jugador y donarle lo recaudado), donde Lake jugó como pudo. Tras su retiro, en 1997 se dedicó a estudiar… kinesiología. Durante varios años fue parte del cuerpo médico del Burnley, luego del Oldham y del Bolton, hasta que en 2013 el Manchester City lo nombraría representante del club para la Federación. Una recompensa para un One Man Club sin suerte.

Sergei Scherbakov
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Si habría que hacer una película sobre este jugador, el título debería ser “El último crack soviético”. Nacido en Donetsk el 15 de Agosto de 1971, este jugador fue una de las últimas estrellas que generó el fútbol de la Unión Soviética mientras ésta existió. Formado en las inferiores del Shakhtar Donetsk, sus condiciones de jugador dinámico y con panorama eran notables para su corta edad. Fue así que con 16 años y 10 meses hizo su debut en el primer equipo del Shakhtar, en la victoria por 3 a 1 frente al Kairat Almaty de Kazakhstán. La siguiente temporada de a poco fue ganandose un lugar dentro de la formación titular y dando muestras de su calidad, a pesar que el conjunto de la actual Ucrania no tenía ni remotamente el poderío actual y merodeaba la mitad de tabla. Sus actuaciones no pasarían desapercibidas para Gennady Kostylev, entrenador del Sub 20 de la Unión Soviética, quién convocaría a Scherbakov para disputar el Mundial Juvenil a disputarse en Portugal.

Si uno repasa aquel equipo soviético que disputó ese torneo, no hay ningún nombre que haya pasado a la historia, como pudo ocurrir con Oleg Salenko o Viktor Onopko, por dar ejemplos. La decadencia del fútbol iba de la mano con la de la propia URSS, mal que nos pese a todos (?). Sin embargo, ese seleccionado alcanzaría un meritorio tercer puesto en aquel mundial recordado por el quilombo que armó el equipo argentino en la derrota 3 a 0 frente al anfitrión, lo que le costaría la suspensión para disputar la siguiente edición. La nota más alta del torneo fue sin dudas Scherbakov, quien fue premiado con el Botín de Oro por ser el goleador del certamen al convertir cinco goles en seis partidos. Su desempeño dejó boquiabiertos a propios y extraños, pero mas que nada a muchos directivos de clubes portugueses, que a partir de la disolución de la URSS en diciembre de ese año aprovecharon el quilombo para intentar llevarse a la joven figura pagando lo menos posible. La pugna entre el Porto y el Sporting Lisboa se terminó decantando para el equipo de la capital lusa, ya que su DT Bobby Robson pidió su contratación y sabía que realmente sería tenido en cuenta. Mientras tanto, Scherbakov era elegido mejor jugador de la incipiente liga ucraniana y ya había debutado para la Selección. 21 años y un futuro enorme por delante.

A su llegada a Lisboa, no quedaron dudas de la debilidad que tenía Robson por él. Lo colocó inmediatamente como titular y lo juntó con otros dos cracks como Krassimir Balakov y Luis Figo. No obstante, la adaptación en el primer año no fue fácil y jugó solo 17 partidos, anotando cuatro goles. El Sporting quedaría segundo apenas dos puntos por detrás del campeón Porto. La segunda temporada pintaba bien de verdad, hasta la eliminación de la Copa UEFA. Habiendo ganado 2 a 0 como local al Casino Salzburg, en la vuelta en Austria perdieron 3 a 0 en tiempo suplementario. La pronta salida de la competición europea propició el despido del entrenador, quien además de ser muy apreciado por Scherbakov por haber confiado en él, también era muy querido por los referentes del equipo y por los hinchas. Fue así como el 14 de diciembre de 1993, le realizarían una cena de despedida para homenajearlo. Pero no terminaría nada bien.

Regresando de dicha cena y con unas copas de mas como todo buen ruso, Scherbakov se la pegó contra un auto y un poste tras -aparentemente- pasarse un semáforo en rojo a alta velocidad. Si bien los médicos lograron salvar su vida, el parte médico era desgarrador: fractura de cráneo y triple fractura en la espina dorsal. Su carrera como futbolista se había terminado abruptamente con tan sólo 22 años. No pasaron dos días de su accidente que ya varios medios daban por sentado la afición por el alcohol y la noche que tenía el jugador ucraniano. Se ve que el periosidismo viene desde hace rato y no nos dimos cuenta. La cuestión es que por mucho que lo intentó, Scherbakov ni siquiera pudo volver a caminar. Ahora dedica su tiempo a realizar eventos para recaudar fondos y mejorar el desarrollo de los diversos deportes en silla de ruedas. Esperamos que estos dos ególatras al menos hayan aportado su milloncito (?) a cambio de la foto.

 

Billy Kenny
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La aparición fulgurante de Wayne Rooney allá por el 2002 sorprendía a propios y extraños. Un jovencito de apenas 16 años se salía de los típicos parámetros del futbolista inglés mostrando picardía, descaro y gambeta, sumado a un físico poco usual para un adolescente. No tardaron nada en compararlo con Paul Gascoigne, lo cual también empujó al fanático de los Pross a rezar para que no termine como él. Sin embargo, para los hinchas de Everton, el primer nombre que se venía a la mente no era el de Gazza, sino el de una promesa de los Toffees que quedó en la nada: Billy Kenny.

Desde su nacimiento allá por Septiembre de 1973, el pequeño Kenny viviría rodeado e influenciado por el fútbol, ya que en aquel entonces su padre jugaba en el Everton. Tras desarrollar su carrera sin mucho éxito en el Tranmere Rovers y en el incipiente fútbol norteamericano, la familia retornó en 1979 a Liverpool para asentarse definitivamente en la ciudad. Kenny Senior -fanático del Everton- quiso que su hijo siguiera sus pasos y lo anotó en el equipo infantil del club, donde Junior demostraría que tenía condiciones, que era distinto a los demas. Fue así como tras toda una vida jugando en las inferiores, le llegó la hora de dar el salto al primer equipo en 1992.

La fecha 11 de la temporada 92/93 de la Premier League mostraba una tabla de posiciones loca: Blackburn puntero, seguido del Norwich. Manchester United y Arsenal a más de siete unidades del líder. Los dos equipos de Merseyside a dos puntos de los puestos de descenso, siendo dos de ellos ocupados por Tottenham y Nottingham Forest. El mundo del revés. En búsqueda de salir del pozo, el entrenador del Everton Howard Kendall decidió mandarlo a la cancha como titular en el partido frente al Coventry, como un revulsivo ante tanta apatía ofensiva (sólo 10 goles en 11 fechas, el tercer ataque menos eficaz del torneo). En su primer partido fue elegido Man of the Match. Con Kenny en el equipo, el funcionamiento del equipo cambiaba completamente: era un jugador de toda la cancha, habilidoso y encarador, pero que no temía ensuciarse la pilcha para raspar. Así lo demuestra el cruce que tuvo con el enorme (DE PIE, PERO PONGANSE CANILLERAS) Vinnie Jones (PUEDEN SENTARSE): tras una dura entrada de Jones, Kenny se levantó, pasó por al lado y le mostró el número en su espalda. “Remember this number” le dijo al pasar. En el siguiente ataque, fue Kenny quien no dudó en revolearlo por los aires. Habilidoso y guapo, su compañero Peter Beardsley lo apodó “The Goodison Gazza”, en referencia al estadio del Everton. Aunque también agregaría que “tiene la energía y vehemencia de Roy Keane. Un verdadero todoterreno.

La carrera en pleno ascenso de Kenny llegaría a su techo tras la victoria en el Derby frente al Liverpool por 2 a 1. Ese día no hubo quien pudiera con él. En su primer clásico fue elegido figura de la cancha. No paso desapercibido su rendimiento y fue convocado para el Sub-21, donde llegaría a disputar un encuentro. Esa temporada disputaría 17 partidos y marcaría un gol (al Chelsea, en una derrota 2 a 1). Su aporte terminó siendo fundamental para que el Everton lograra evitar el descenso. La temporada siguiente pintaba ser prometedora. Pero quedaría sólo en eso.

En el transcurso de la pretemporada, Kenny comenzó a sentir dolores en sus piernas producto de los exigentes entrenamientos. El problema pasaba por su desapego por la recuperación: no elongaba ni realizaba correctamente los ejercicios de rehabilitación muscular. Eso llevó a que poco antes de comenzar la temporada sufriera un desgarro importante que lo llevaría a estar tres meses sin jugar. Sería la inactividad la que lo hundiría. Kenny entraría en un espiral de depresión por no poder entrar en una cancha que seguiría con consumo de alcohol y terminaría en una fuerte adicción a la cocaína. El propio jugador lo contaría en una entrevista al periódico The Guardian: “Mi adicción era tal que me levantaba a las cuatro o cinco de la mañana, me tomaba una raya y me iba a dormir de vuelta una hora más. Luego iba a entrenar, pero era un chiste: a veces ni siquiera veía la pelota”. Para cuando se encontró totalmente recuperado, habían pasado seis meses y él no lo había notado. “Me encontré lesionado y no sabía qué hacer, estaba aburrido. Me empecé a juntar con gente que se aprovechaba de mi porque era futbolista y no terminó nada bien. Llegó un punto en el cual ni siquiera me importaba si el equipo había ganado o perdido, me daba igual”. La cocaína se había hecho dueño de su vida. Kendall -el entrenador que lo había puesto en Primera- le dio la chance de recuperarse, pero ni con una suspensión de dos semanas ni con rehabilitación pudo despegarse de la droga. El asunto fue que a Kendall lo rajaron por el presente deportivo del equipo y su sucesor, Mike Walker, no tendría la misma paciencia con el jugador y a la primera de cambio, cuando Kenny cometió un nuevo acto de indisciplina, el club le dejó libre.

En pos de intentar recuperar su nivel, el Oldham Athletic le abrió las puertas a pedido de su DT Graeme Sharp, quien lo conocía de su paso como jugador por el Everton. Pero no hubo caso: Kenny siguió sumergido en la cocaína. Su contrato duró un suspiro y fue echado nuevamente por indisciplina. Sólo llegaría a disputar cuatro partidos, en los cuales alcanzaría a marcar un gol… en contra (!). De esta manera, Kenny se retiraría a los 21 años, continuando su derrotero de mala vida y sustancias durante varios años, hasta que pisando los 30 se puso las pilas y pudo salir. A esa altura, su carrera profesional era un mero recuerdo. Y se hace cargo: “Podría echarle la culpa a millones de personas, pero fue todo responsabilidad mia”.

 

Mohammed Oladimeji
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Chueco. Desdentado. Con la cabeza deforme. Asi como lo ven, este muchacho nacido en Ibadan (Nigeria) el 24 de Julio de 1971 pudo haber sido recordado como el primer africano en jugar en el Real Madrid, mucho antes de la llegada de Freddy Rincón Makelele o los Diarra. Bilardo alguna vez dijo que el día que los africanos sean disciplinados serían potencia. Este es el claro ejemplo que le da la razón.

Como la mayoría de los jugadores nigerianos, su carrera comenzó en un equipo universitario. Allí destacó como un velocísimo puntero derecho, encarador como pocos y sobre todo resistente a toda clase de patadas desleales. Su rendimiento no pasó desapercibido para quienes se encargaban de dirigir las selecciones juveniles, quienes decidieron citarlo para el Mundial Sub-16 de 1987 a disputarse en Canadá, donde Nigeria llegaba como campeón defensor tras el éxito en China en 1985. Allí, Oladimeji dejó perplejo hasta al mismísimo Pel*: según cuenta la leyenda (?) en la final frente a la Unión Soviética, Oladimeji arrancó por derecha y empezó a gambetear rivales. Cuanto más avanzaba, más desleales eran las patadas. Casi entrando al área grande, el último defensor soviético logró tocarlo, pero aún así logró posicionarse frente al arquero. Y cuando estaba a punto de patear… el referí cobró tiro libre (!). La gente comenzó a chiflar estruendosamente y los nigerianos se sintieron robados, algo que a la postre sería decisivo ya que perderían la final por penales tras el 1 a 1 en tiempo reglamentario. El propio O’Rei Solchaga se mostraría indignado cuando se tiró arriba de los micrófonos de los periosidas pidieron su opinión al finalizar el encuentro: “Es una vergüenza, una injusticia. No me importa que sea el árbitro sea mi compatriota: lo que ha ocurrido aquí es racismo“. El juez de ese encuentro sería José Roberto Ramiz Wright, el mismo que tres años después le mostraría la amarilla a Paul Gascoigne en la semifinal frente a Alemania, dejándolo afuera de la final en caso de ganar. Veredicto: sobrevalorado sorete vestido de luto y antipibe (?). La imagen de ese chiquilin desgarbado llorando ante tamaño robo mientras los soviéticos daban la vuelta quedó grabada en la mente de todos los que vieron ese partido. Así, Oladimeji se presentaba al mundo.

Dos años después, The Golden Eaglets (así le dicen a los equipos juveniles nigerianos) volverían a la carga para obtener el Mundial Sub-20 que se disputaba en Arabia Saudita. Volverían a quedarse en la puerta del título, ya que caerían en la final con Portugal. Aquí no sólo destacaría Oladimeji sino toda esa selección juvenil, a quien hemos recordado en este post tras lo que sería recordado como “El milagro de Dammam”. Al retornar a su país, apenas pisó el aeropuerto internacional de Lagos se encontró con una sorpresa: el Real Madrid lo había contratado. Lo acompañarían otros dos integrantes de esa selección: Christopher Ohen y Adepoju Mutiu. Para potenciarlos decidieron mandarlo a jugar al equipo filial, que militaba en Segunda. Allí tendría una experiencia enriquecedora, siendo dirigido por un joven Vicente del Bosque y compartiendo equipo con futuras figuras como Cañizares, Alfonso y Urzaiz. Si bien comenzó siendo titular su rendimiento fue bajando fecha tras fecha, hasta que una lesión lo alejó varias semanas y perdio la titularidad. Para cuando la recuperó, el equipo estaba seriamente comprometido con el descenso, situación de la cual finalmente no pudo escapar. Oladimeji completaría un total de 24 partidos jugados (quince como titular) sin goles y con una expulsión. Aún así, pudo debutar en la selección mayor, en un 3 a 0 frente a Togo en un partido clasificatorio a la Copa de Africa. En aquel partido comenzó como suplente, pero tras su ingreso el equipo mejoro: dio la asistencia del segundo gol y convirtió el tercero. Todo lindo hasta ahí, pero había que volver a España.

Con el equipo ya en Segunda B, el amigo Oladimeji perdería su lugar como extranjero con la llegada de Juan Esnaider y prontamente le darían el olivo. ¿Lo vino a buscar otro equipo de Primera? ¿Lo recomendaron para ir a Francia? Ni cerca. Su próximo destino fue el KV Kortrijk de la poderosa Segunda División de Bélgica (!), recomendado por otro nigeriano que jugaba alli, Augustine Eguavoen. A partir de aquí es donde su historia se pone difusa acerca de porqué su figura no prosperó.

En una reciente entrevista al portal Isoccerng, el protagonista asegura: “tras dos años en el club, comencé a tener lesiones continuamente, las cuales hicieron que quede afuera del Mundial de Estados Unidos. Tras diferentes análisis y variados diagnósticos, los médicos del club determinaron que mis constantes problemas físicos se debían al clima frío de Bélgica (!), por lo tanto me recomendaban ir a jugar a un país donde la temperatura sea más alta”. Fue así como los europeos lo prestaron al Hellenic de Sudáfrica durante los últimos seis meses de 1994. Cuando regresó le rescindieron el contrato y el jugador, con sus lesiones a cuestas, retornó a su país para jugar en el BCC Lions. Allí permanecería dos temporadas, obteniendo un subcampeonato el primer año. Sus ultimos años los pasó en el Shooting Stars de su ciudad natal, donde jugaría cinco años y sería amado, odiado y amado nuevamente (?). ¿Por qué? Porque en 1998 se consagrarían campeones y al año siguiente descenderían (!). Obviamente, Oladimeji no se bajó y se quedó para pelearla como Almeyda, como el Rolfi y volver a la máxima categoría. Le tomó unos cuantos años: recién en el 2003 lograrían el ascenso. Allí el jugador daría por cumplido su cometido y se retiraría. Pero tal como señalamos más arriba, hay otra versión sobre su ocaso y posterior desaparición de los primeros planos.

Un ex jugador nigeriano que supo compartir los primeros pasos de Oladimeji como futbolista asegura que la principal causa de su fracaso fue la indisciplina. “Recuerdo que cuando venía a jugar con la selección o a visitar Ibadan, él y sus amigos se paseaban en tres Mercedes Benz convertibles que tenían como patente la palabra KABONGO 1, KABONGO 2 y KABONGO 3 (N. de la R.: Kabongo sería el apodo con el que se lo conocía sólo en Nigeria) con la música a todo volumen, llamando la atención de todos. En el 1 iba él, en el 2 sus amigos y en el 3 las mujeres que lo acompañaban, que precisamente no eran su esposa ni la de sus amigos. Si no sos lo suficientemente profesional, la probabilidad de recuperarse de lesiones es cercana a cero”.

Si bien el hecho de haber trabajado vendiendo autos -sin (?)- puede dar una pauta de cuan mal cuidó sus finanzas, Oladimeji con el tiempo pudo recuperar su espacio en el fútbol, convirtiéndose en representante de jugadores. Pero mejor dejamos elegir al lector a quien le cree: si a un ex jugador que decidió no dar su nombre para darle con un palo, o al propio Oladimeji que afirma “yo era mejor jugador que Cristiano Ronaldo” (!!!).

 

Vitaly Kutuzov
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Todo futbolista que comienza su carrera sueña con que alguna vez su nombre esté en boca de una rica modelo bien puta mientras le rompe el culo un equipo grande como posible refuerzo. Llegás a Primera, haces tu primer gol, te convocan a las juveniles, la rompes, empezás a sonar para jugar en la Selección, tu valor supera las siete cifras… es un largo camino. Pero a veces un sorteo, una tarde inspirada y un equipo grande enfrente te pueden acortar el camino y que crean que sos la reencarnación de Garrincha (?). Mas o menos así fue lo que ocurrio con Vitaly Kutuzov.

Si bien nació en la antigua Unión Soviética, comenzó a jugar al fútbol cuando ésta ya había dejado de existir y su ciudad natal, Pinsk, formaba parte de Bielorrusia. Debutó con tan sólo 15 años en el RUOR Minsk de la Tercera División, allá por 1995. Este equipo funcionaba como una especie de filial del Slavia Mozyr, campeón de la Primera División ese año. Allí jugó dos temporadas marcando 29 goles en 52 partidos, un promedio altísimo para un pibito. Para ese entonces ya había debutado en la Sub- 17. Sus actuaciones llamaron la atención de un equipo que había dejado de existir en 1984, en 1996 fue refundado y a base de aportes económicos (guiño guiño) en dos años paso de Tercera a Primera. Estamos hablando del BATE Borisov. Kutuzov arribaría al equipo auriazul en abril de 1998, coincidiendo con el comienzo de la hegemonía que marcaría de allí en adelante. Allí se coronaría subcampeón en 1998 y 2000 y campeón en 1999, marcando 41 goles en 82 partidos. Al comenzar la temporada 2001, el estado de gracia del bueno de Vitaly era tremendo: 14 goles en 17 partidos. Encima, ese año el equipo se había dado el gusto de avanzar a la Segunda Ronda de la Copa UEFA, tras eliminar al Dinamo Tbilisi de Georgia. La suerte quiso que el sorteo deparara como rival al poderoso AC Milan. Ahí comenzaría a cambiar todo.

El pequeño equipo resurgido de las cenizas se enfrentaba a otro multimillonario y multicampeón repleto de figuras. Aquel rossonero era dirigido por Fatih Terim y tenía un equipazo: Abbiati; Contra, Costacurta, Kaladze y Maldini; Gattuso, Albertini, Serginho y Rui Costa; Inzaghi y Shevchenko. Y pensar que en ese equipo no era titular Andrea Pirlo (!). En la ida, el equipo italiano impuso su jerarquía y se llevo un 2 a 0 que prácticamente sentenciaba la llave, certificando el pase a la siguiente ronda con un categórico 4 a 0. Además del resultado a favor, los lombardos se llevaron una grata sorpresa por la actuación de Kutuzov, que a pesar de la derrota fue un dolor de cabeza para la defensa rival. Berlusconi buscaba sangre joven que sirva como reemplazo para la delantera titular, ya que las actuaciones de Javi Moreno y José Mari no eran convincentes y Marco Simone ya estaba algo viejo. Fue así como sólo dos días después de terminar el partido de vuelta, Berlusca sacó 3,5 millones de euros, se los puso arriba de la mesa al presidente del BATE y le dijo “me llevo todas las putas habidas y por haber en Bielorrusia (?)” “me llevo a Kutuzov”.

La apuesta por parte del Milan era clara: proyectar al futuro Shevchenko. Si bien al ucraniano lo habían pagado mucho más caro y ya era una realidad, la idea era llevarlo de a poco, con Sheva oficiando como una especie de tutor. Haría su debut el 13 de Noviembre de 2001 en la victoria por 3 a 0 frente al Perugia por Coppa Italia. Esa temporada no tendría muchas oportunidades más: sólo dos veces más entrando como suplente por Liga y una por Coppa. Aún creyendo que tenía potencial para ser un buen recambio, y ante el arribo de jugadores como Rivaldo y Seedorf, la siguiente temporada optaron por cederlo al Sporting Lisboa con la idea que allí pueda explotar todo lo que prometía. Allí sería compañero de un jovencísimo Cristiano Ronaldo, como también de otros nombres importantes como Paulo Bento, Joao Pinto, Sa Pinto o Jardel. Utilizado como jugador de rotación, disputó 24 partidos y anotó 3 goles. Si bien tuvo un rendimiento aceptable y se rumoreó con que el Sporting lo compre, el bielorruso fue victima del manoseo que suelen hacer los representantes y dirigentes: la verdadera intención del Milan era mostrarlo en Portugal para ofrecerlo como moneda de cambio para comprar a Mantorras, jugador del Benfica. Pero entre que el presidente de Las Aguilas lo tasó en 90 millones de euros y que además se había roto toda la rodilla, todo el trámite fue al pedo. Había que volver a Milan.

Al retornar a Italia, se encontró con un panorama complicadísimo para jugar. Ante la falta de alternativas, optó por irse nuevamente a préstamo al Avellino de la Serie B. Fue el mejor de su equipo a lo largo del torneo, marcando 15 goles en 42 encuentros, pero no fue suficiente para evitar el descenso a la C1. Con un torneo completo como titular pensó que podría tener oportunidades, pero la llegada de Hernán Crespo echó por tierra toda posibilidad. Ancelotti le confirmó que no lo iba a tener en cuenta. El sueño de Kutuzov de triunfar allí se esfumaba. No obstante tendría otra oportunidad.

La Sampdoria pondría un millón y medio de euros para reforzar su delantera. Allí permanecería dos temporadas, marcando 7 goles en 62 partidos. Si bien practicamente jugó todos los partidos, en ambas temporadas lograría la titularidad sólamente en la segunda mitad del torneo, con lo cual no tuvo la regularidad necesaria. Tanto los dirigentes genoveses como el DT Novellino vieron que no iba ni para atras ni para adelante y decidieron venderlo ante la primera oferta razonable. Fue el Parma que en uno de sus últimos intentos para lavar guita como sea por recuperar protagonismo lo compró en 2 millones de euros. Kutuzov sabía que era su última chance para demostrar su valía. Sin embargo, apenas pudo jugar nueve encuentros (sólo uno como titular) y no fue tenido en cuenta ni por Stefano Pioli ni por Claudio Ranieri. No le quedó otra que marchar.

Sin lugar en el equipo, la entidad gialloblù lo cedería al Pisa de la Serie B, evidenciando así que su carrera ya estaba torcida (?), aunque a decir verdad esa temporada anduvo bastante derecho. 10 goles en 37 partidos fueron fundamentales para que el equipo toscano alcance el sexto puesto en la tabla, clasificando para el play-off por el ascenso donde caerían frente a Lecce. Al siguiente año volvería al Parma, que había descendido y buscaba retornar a la Serie A lo antes posible. Kutuzov creyó que podía ser parte importante, pero otra vez no fue tenido en cuenta y apenas disputó cuatro partidos como titular y siete entrando desde el banco. Ya era prácticamente un fantasma.

Sus últimos cartuchos en el fútbol los gastó en el Bari, donde disputaría tres temporadas. Las dos primeras en Serie A, aportando poco y nada (25 partidos y dos goles), mientras que la última fue en Serie B, donde el equipo mitadtableó tranquilamente y él apenas jugó 16 partidos convirtiendo cinco goles. Poco quedaba de aquel demonio rubio que supo sorprender a Berlusconi y que pretendía ser el nuevo Shevchenko. Con 32 años decidió colgar los botines, pero sentía que todavía tenía mucho para darle al deporte.

Tras su retiro del fútbol, emprendió el camino de su otra pasión: el hockey sobre hielo (!). Kutuzov se incorporó al Diavoli Rossoneri, un equipo de la ciudad de Milan. ¿Como delantero/atacante/como chota se diga? Ni cerca: ¡como arquero!. Así lo explica en una nota que dio al portal Tuttomercato: “Llevo el deporte en la sangre. El hecho de ser futbolista me quitó la posibilidad de hacerlo antes y me quedó ese sabor amargo en la boca. Así que ahora que tengo tiempo decidi lanzarme al hockey. Solía practicarlo cuando en Bielorrusia bajaba la nieve y salíamos a jugar. Estoy descubriendo un mundo nuevo, completamente diferente al del fútbol”.

Sobre su paso por el Calcio dejó estas declaraciones: “Llegué al Milan muy joven, no estaba preparado mentalmente para jugar a ese nivel. El hecho de irme a préstamo al Sporting empeoró las cosas. El tiempo que perdí allí lo recuperé en el Avellino con Zdenek Zeman. Con el aprendí en un año lo que se aprende en cinco. En Sampdoria me hubiera gustado quedarme más tiempo. En Pisa tuve mi mejor epoca y en Bari nunca me faltó nada. ¿Parma? No me ha dejado nada que merezca recordar”.

Del fútbol al hockey sobre hielo. ¿Se puede caer mas bajo? Si, Kutuzov lo hizo y por partida doble: el equipo donde ataja está en la Serie C. Todo un ganador.

 

Branislav Kubala
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¿Cuantas veces hemos escuchado en la tribuna “ojo con este eh, es el hijo de“? ¿Y cuantas “en el banco este hijo de puta puso a su hijo”? Pero el fanático del fútbol no es boludo. Si el nombre del pibe aparece ya mucho antes de debutar, es porque promete. Pero si aparece de buenas a primeras, es porque lo acomodaron y es un tronco. Casos así hay miles: Junior Ischia o el hijo del Turu Flores son casos recientes. Pero cuando debutas con 15 años y tu viejo es uno de los mejores jugadores del mundo, no hay chance de evitar que tu nombre esté en boca de todos. Así paso con el hijo del enorme Ladislao Kubala.

Nacido el 10 de enero de 1949 en Sahy (Checoslovaquia), el pequeño Branislav la pasó mal de entrada: su padre no lo pudo ver nacer ya que el régimen que gobernaba por aquel entonces le impidió salir del país. De hecho, la leyenda cuenta que su madre cruzó el Danubio a nado para escapar, mientras que su hijo fue llevado a Hungría gracias a un contrabandista pagado por su padre. Tras pasar hambre jodido y llegar a Barcelona, su padre se volvió idolo indiscutido haciendo goles de todos los colores. Era común ver a Kubalita (?) correr por la cancha tras los entrenamientos, a tal punto que los compañeros de su padre se quedaban a jugar con él. Algunos de ellos le auguraban que pronto podría jugar en el club blaugrana.

Ya con 14 años, y tras pasar brevemente por las juveniles del Betis, fue uno de los primeros en pertenecer a la escuela de fútbol del Barcelona, creada según dicen a pedido del propio Kubala, quien creía fundamental formar jovenes jugadores. Sin embargo, Ladi (?) decidió que si el pibe quería seguir sus pasos lo mejor era que esté bajo la tutela de otros, ya que no quería que crean que estaba acomodado. Fue por eso que tras hablar con algunos dirigentes del Milan, el club lombardo decidió incorporarlo a las filas de sus divisiones juveniles, que estaban a cargo de un ídolo de la institución como Nils Liedholm. Incluso llegaría a disputar algunos minutos con el primer equipo en partidos amistosos, alcanzando a jugar con monstruos como Dino Sani, Gianni Rivera, Giovanni Trapattoni, Altafini y Amarildo.

Tras su paso por Italia retornaría a la Ciudad Condal. ¿Al Barcelona? Ni a palos: se incorporaría al Espanyol, el clásico rival. ¿Porqué? Allí dirigía su padre, que tras haber sido echado del Barcelona en su paso como entrenador se calentó y en venganza se cruzó de vereda. Cuando parecía que su debut debía esperar, Ladislao decidió darse un gustito. Con su equipo ya salvado del descenso, en la antepenúltima fecha de la temporada 64/65 decidió alinear a su hijo como titular en la visita al Athletic Bilbao, en lo que sería derrota por 2 a 1. De esta manera, Branislav Kubala se transformaba en el extranjero más joven en debutar en Primera División, con tan sólo 16 años y 83 días, record que aún todavía conserva. Jugaría un partido más -esta vez en condición de local- que también sería caída frente al Sevilla por 2 a 0. En su paso por el conjunto periquito se daría un lujazo: en un amistoso frente al Figueres llegaría a formar delantera con su padre y con Alfredo Di Stéfano, que había firmado con el club tras su salida del Real Madrid. El sueño del pibe se cumplía, pero no pasaría de eso.

Tras un paso por el Sabadell donde demostró su valía y que podía ser un jugador competitivo de Primera División, tomó una decisión que cuesta creer aún hoy en día: como a su padre le había salido la posibilidad de terminar su carrera en el Toronto Falcons de Canadá, él decidió seguir sus pasos y se fue a jugar allí. Una locura que sólo se entiende por la tentación del dinero, ya que el equipo iba a participar de la incipiente liga de Estados Unidos. Al menos podemos decir que se dio el gustazo de jugar todo un año al lado de su padre, que luego se retiraría para ser entrenador. Además de jugar en los Falcons, pasó por los Dallas Tornado y por los St. Louis Stars, hasta que en 1968 el gobierno español lo citó para cumplir el Servicio Militar (había adquirido la nacionalidad poco después de su debut profesional), lo que le provocó que los yankis le iniciaran un juicio por incumplimiento de contrato.

Tras tres años enrolado en el ejército y con 22 años, en 1971 comenzó a buscar equipo y fue el Cartagena quien le abrió las puertas. El equipo murciano se encontraba en Tercera y luchaba por el ascenso con el Xerez y el Recreativo de Huelva. La llegada del hijo del mítico Kubala fue una revolución: el club hizo 200 nuevos socios de un saque y el bueno de Branislav no tardó nada en vender un poco de humo: “Según mi padre, a mi edad él no era tan bueno como yo”, tiró. No me imagino la horda de dirigentes de clubes grandes corriendo detrás de él para que firme un contrato (?). Sin embargo, al joven jugador se le notaba la falta de ritmo en los entrenamientos y el entrenador decidió no tocar ni el equipo ni los suplentes. Apenas pudo disputar un par de amistosos sin mucho éxito y con alguna que otra silbatina. Hasta hubo un dirigente que se animó a decir lo que nadie se animaba: “no le da el nivel ni para Tercera, pero le dejamos firmar porque era hijo de un mito y porque necesitabamos el dinero”. Aún así, Kubala decidió acompañar al plantel hasta el final de temporada, donde llegaría a disputar la final por el ascenso frente al Logroñes, que finalmente sería quien lograse subir a Segunda. Medio drapie el hijo de Ladislao, ¿no?

La última oportunidad se le apareció en el Sant Andreu, un conjunto que dirigía Luis Aloy. ¿Quién era este tipo? Un ex compañero de su padre en el Barcelona multicampeón en la década del 50. El acomodo le sirvió de poco porque al tiempo de integrarse al plantel una lesión lo marginó varios meses. Sólo fue al banco de suplentes una vez allá por febrero de 1972, pero no ingresó. El club lo dejó libre a mitad de año. Lo intentó en el Atlético Malagueño, pero tras un partido se dio cuenta que no daba la talla y con 24 años decidió retirarse. Nunca se supo bien porqué su figura cayó tan rápidamente. Algunos lo atribuyen a su obsesión por querer ser como el padre, otros a que desde la propia familia lo presionaban y hasta incluso llegó a decirse que su bajón fue producto del alejamiento de sus padres. Lo cierto es que Branislav Kubala no estuvo ni cerca de igualar a su viejo, pero aún conserva un record que ni Messi pudo superar. En tu cara, Emiliano Díaz (?).

Llega a su fin este post, con la tranquilidad de saber que estos nombres jamas volverán a ser olvidados. ¿Si habrá más historias por contar? Seguro que si, y sin dudas serán tan jugosas como éstas. Lo que si nos quedará siempre flotando es la siguiente pregunta:

¿Qué tan hijo de puta puede ser ese Oladimeji para creerse mejor que Cristiano Ronaldo?

 

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