CONTRAPUNTO: ¿Aportan los clubes asiáticos, africanos, centroamericanos y oceánicos en Mundiales de clubes?

Dos de nuestros posteadores casi se van a las manos si no fuese por ese detalle que viven en países distintos (?). Los clubes integrados en el no tan nuevo Mundial de Clubes despiertan bostezos y polémica: ¿Sirven para algo? Ahora te dejamos votar y todo (?)

La Copa Mundial de Clubes: qué torneo tan emocionaZZZZZZZ

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En acción el Waikiki Cock Warriors vs el Al-Jharemondá en un partido de algún mundial de clubes

Por YSEC

Antes que salten a calificarme como racista, puto, snob, europeófilo, chupapija del imperio, nostálgico y cipayo, pónganse las manos en el corazón y háganse esta pregunta: el nivel del fútbol asiático, africano, oceánico o concacafino (?) ha mejorado debido a su participación en los Mundiales de Clubes de la FIFA® Inc? (veo dudas, ojos huidizos, miradas al piso…) Así es: ni mierda; al menos, a nivel tangible, nones. Y cuando digo “a nivel tangible” me refiero a esto: a que sea normal que los equipos de otras latitudes fuercen a los europeos o sudamericanos a apretar los dientes y el culo, a meterle ganas y a arrugar la cara al enfrentarse con ellos. A que no sea una sorpresa absoluta ni incremente la proliferación de memes (?) la eliminación de un europeo por el campeón africano o asiático. A que en un partido contra ellos, los jugadores del campeón de la UEFA o la Conmebol no muestren ese aburrimiento protocolar en la cancha, ese en el que se nota a leguas que están pensando “… puta, apenas 52 minutos, a qué horas termina este bodrio”, o “…ufa, tengo que kolgar en Instagram esa foto mía re ke me tomé frente al espejo…” (o en algún caso particular otro jugador estará pensando “…cinco millones novecientos cuarenta y dos mil doscientos uno, el pájaro que vi hace siete minutos con treinta segundos está a 4.68 Kms de distancia; cinco millones novecientos cuarenta y dos mil doscientos dos, cinco millones…”)

Díganme, carajo (?): ¿eso lo está logrando el mundial de clubes? Nones. El fútbol a nivel mundial no se desarrolla con un esporádico partido cada año entre los restos mediocres y baldoseros de quinto nivel de algún club ignoto, contra un megapoderoso que lo afronta con menos urgencia que el torneo de Verano “Maxisoya Sideral” de Junín. La FIFA nos quiere vender espejitos de colores a los agüevados del mundo, produciendo torneos en serie que supuestamente “aglutinan”, “integran”, “desarrollan” pero al final solo evidencian la pobreza del fútbol en muchas partes del mundo. Y que de últimas solo sirven para enriquecer a los diez jefazos de la FIFA que se llenan de aún más billete gracias a los contratos de derechos televisivos a sus amigotes.

Entonces, si es por el desarrollo del juego como tal, no pasa. ¿Y por emoción, por entretenimiento? Tampoco: esta copa aburre. Este torneo, al menos así diseñado, no solo no mejora el nivel de nadie sino que no emociona. Este coso de la FIFA es como verse un Mundial de Fútbol en el que las selecciones participantes fueran cinco de Europa, cinco de América del Sur, cinco de la Concacaf, cinco de Asia, cinco de África, cinco de Oceanía, más el país sede, más otro invitado que aporte derecho$. ¿Ecuánime? Si. ¿Emocionante? Tanto como ver secarse una pared recién pintada. Esta copa es una solución de compromiso: casi que cualquier alternativa al sistema actual no da, por el tema de los tiempos. Entonces la FIFA optó simplemente en inventarse este bodrio de compromiso en el que la emoción es mínima, la expectativa decrece y el torneo en sí pierde bastante validez. Y al final queda la sensación en el aire que lo que le interesa a esa gorda obsesiva y celosa – comedora compulsiva que es la FIFA, es darle un aire de legitimidad mundial al torneo y así justificar que sea ella misma la organizadora única e indiscutida del mismo.

Los mismos resultados de cada edición desacreditan el torneo. Año por año, salvo contadas excepciones, se repite el trámite de siempre: se pone a los pequeños matarse entre ellos primero, a ver cuáles se ganan el derecho de ser los sparring en semis de los virtuales finalistas. Los perdedores se devuelven a sus países eliminados pero con algo más de verdolagas en sus bolsillos, y sacando chapa de haber participado enunmundialdeclubespapáaaaa. Siguen en sus ligas genéricas y simplonas, a las que les falta mucho más que tener a su campeón jugando en el patio de atrás de la fiesta de los poderosos para subir su nivel. De las doce ediciones disputadas – contando esta – solamente dos veces la final no ha sido entre un europeo y un sudamericano: en 2010 el querible TP Mazembe (Congo) se bajó al Inter de Porto Alegre de Guiñazú, D´Alessandro, el Pato Abbondanzieri y Rafael Sobís en semis con un sorprendente 2-0. La segunda fue en 2013, cuando el Rajá de acá Casablanca se bajó al Atlético Mineiro de Ronaldinho. Ambos afortunados fueron orteados por los europeos 3-0 y 2-0 con una tranquilidad pasmosa, en la que se notó desde el minuto uno que podían seguir jugando tres días seguidos y no iba a cambiar el resultado.

Como suele suceder con las cosas que toca la FIFA, las potenciales buenas ideas terminan en bodrios insufribles disfrazados de nobles intenciones. ¿Qué de malo tenía la vieja Copa Intercontinental, que de hecho ni siquiera pretendía definir un campeón del mundo? (oficialmente se llamaba “Copa Europea-Sudamericana“). Ganas de cambiar lo que está funcionando bien, viejo…


Déjenlos jugar

Raja Casblanca Campeón del Mundo en 1998, según el criterio de YSEC (?)
Raja Casablanca Campeón del Mundo en 1998, según el criterio de YSEC (?)

Por Primo Cucu

Si bien este debate debería tenerlo con una persona que tenga una remota chance de jugar alguna vez un torneo de esta índole (?), YSEC tiene razón en que este torneo es un gran negocio. También tiene razón en que Sudamérica y Europa son las grandes potencias de este deporte y que, salvo casos contados, los finalistas serán de esas tierras. Sin embargo, esos casos contados son los que demuestran porque este torneo sirve. Si somos tan buenos y mucho más poderosos que ellos, ¿qué problema hay en ganarles? Detecto cierto cagazo (?).

Escondida en los anales de la historia, sin mucho roce ni prensa, ni grandes auspiciantes y el Diego empepado comentándola (?), hubo una vez una copa llamada Afro-asiática. Aunque suene a tag de Xvideos (?), este torneo constaba a una serie ida y vuelta entre los campeones de las Ligas de Campeones de Asia y Afríca. Usted dirá: es una boludez. Puede ser, pero esta boludez duró desde 1986 hasta 1998. Los grandes clubes africanos, como Raja Casablanca de Marruecos, Esperance de Túnez y Al-Ahly y Zamalek de Egipto la han jugado e incluso ganado. ¿Tenía legitimidad FIFA? Claro que no. Eso sí, la Intercontinental tampoco.

Que se haya extinguido la Copa Intercontinental para que la FIFA meta sus manos en el único negocio que le quedaba sin toquetear es aberrante. Pero el concepto de Mundial de Clubes no solo debe sostenerse, sino expandirse. Que entren los campeones de las segundas competencias internacionales, como Independiente Santa Fe por la Sudamericana y Sevilla por la Europa League. Este formato es corto y facilista, pero una competencia de roce, como un Masters de fin de año de Tenis, puede dar vuelta la balanza y darle el mayor atractivo que busca el gil de arriba (?).

Y ya que estamos pidiendo cosas (?), La Conmebol contribuye a esta imagen de Mundial, porque ganarlo cuesta un huevo para los equipos de acá. Las derrotas de Inter ante TP Mazembe y Atlético Mineiro ante Raja Casablanca son risibles, pero ganarle de pedo al Auckland City también. O que tu arquero sea figura ante Sanfrecce Hiroshima. Los argentinos no han fallado en cuanto al primer escarnio, pero exceptuando a Boca y Estudiantes, las actuaciones recientes rozan el papelón. Entonces, que los dos giles que quedan en Conmebol se aviven y concentren su calendario en este torneo, y ahí vamos a estar todos comprando despertadores (?).

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