Desde el futoncito (?): Cañón, vol. 1

Desde este espacio nos hemos esforzado por acercar historias de vida relacionadas con el fútbol, que de alguna manera nos muestren la cara más humana de un deporte que hoy por hoy es avasallado por los negocios y el rédito mediático.

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Historias que nos recuerden, que detrás de esos millonarios exitosos que pertenecen a los clubes más importantes del mundo y que deflexionan con sus selecciones, existen miles y miles que no han llegado, siendo abandonados a su suerte en las oscuras penumbras del olvido y han tenido que laburar en serio, o conseguirse algún currito relacionado al mundo del balón.

En ésta edición traemos no sólo el relato documental de un individuo que bien podría ser nuestro vecino, primo o amante, no señores, es una historia de vida y muerte, de condena y redención, de angustia y regocijo, de psoriasis y ceborrea, salpicada de engaños, amistad, corridas, tiros y cosha golda. Acompáñenos entonces para conocer a Gustavo “Cañon” Maligno, el suertudo al revés.

Qué linda la medicina y todas sus aplicaciones… habría que ver si la gente de Top Toys se copa y hace un jueguito igual, pero seguro las cabezas intercambiables te las venden por separado
Qué linda la medicina y todas sus aplicaciones… habría que ver si la gente de Top Toys se copa y hace un jueguito igual, pero seguro las cabezas intercambiables te las venden por separado.

Maligno no era un futbolista destacado, ni siquiera un buen deportista. No era dueño de una técnica depurada o delicadeza estética. Verlo rayaba el insulto al noble deporte del balón: su juego superaba la rusticidad ampliamente, lindando lo rupestre, pero todas sus carencias eran suplidas por un enorme corazón y bravura, sazonados con un pésimo carácter. Sin dudas, todo esto se vio influenciado por las manos del creador, que al nacer le otorgó un cuerpo macizo, grosero y negro conurbano, de ahí el apodo de Cañón.

Era hijo de inmigrantes en Groenlandia, es decir, sus padres eran argentinos pero por razones ergonómicas migraron a la gran isla blanca. Decíamos que por razones ergonómicas, ya que el padre de Cañón era arquitecto egresado de Academias Oli, filial Base Marambio, lamentablemente sólo sabía de diseños de iglúes y muñecos de nieve de 3 plantas, por lo que la familia mudóse a esas tierras, o nieves mejor dicho.

Cañón pasó su niñéz siendo blanco fácil de las cargadas de sus compañeritos de clase y vecindario, ya que la tonalidad de su tez (un negro en la nieve, imaginate) permitía ser descubierto fácilmente jugando a la escondida y los niños se saben crueles ante el diferente. Por eso grande fue su alegría al conocer que su padre le había conseguido una prueba en el club de fútbol Yamierdut Kusita FC, cuya traducción es “Los pingüinos con saquito”, el club más poderoso de la isla, porque el otro (el Athletic Baranda) no tiene agua caliente.

Su bravura y ordinariez con la pelota no pasaron desapercibidos e inmediatamente fue contratado por el club que veía en Cañón no sólo un recio defensor y una exótica incorporación, sino la posibilidad de vender alguna que otra camiseta en un destino fuera de la isla, porque los groenlandeses (medio parientes de los esquimales) no sólo tienen los mismos rasgos físicos que los chinos, sino que para los negocios también son rápidos. Sin embargo, la adaptación de Cañón al juego fue cuanto menos complicada, ya que a las dificultades de jugar sobre nieve o hielo, en lugar de césped, se sumaron que el peso del balón se multiplicaba exponencialmente dado que el frío y la humedad lo transformaban literalmente en una bala de cañón, ironías de la vida que le dicen. Todos recuerdan su frase “la pelota no dobla, no pica y te deja los dedos mochos”.

Cañón a la salida de la concentración firmando autógrafos a los niños, porque el tipo nunca dejó su humildad y siempre tuvo la cabeza y el culo fríos.
Cañón a la salida de la concentración firmando autógrafos a los niños, porque el tipo nunca dejó su humildad y siempre tuvo la cabeza y el culo fríos.

Pero con el correr de las temporadas (jugó 6 en total) su adaptación fue completa y terminó transformándose en una pieza fundamental para que el equipo se alce con dos Copas Trineo, una Copa Papanuel y cinco Copas Aldao que hurtaron de un barco que iba rumbo al continente americano. Sus números eran sorprendentes: 20 goles en 45 partidos (recordemos que era defensor), 9 pases gol, 5 asistencias a recitales del Cuarteto Imperial, 8 asados de foca y 4 multas por tocarse en la puerta de un geriátrico. Impactante. Era amado por grandes y pequeños y su ingreso a las gélidas canchas era precedido por una enorme ovación y los medios lo llamaban “el jugador INUIT” (van a tener que buscar el vocablo en gugle), pero la tragedia y la desgracia lo visitarían para enfiestárselo. Su padre muere mientras supervisaba la colocación de la membrana asfáltica en el techo de un fastuoso iglú de 4 plantas con quincho y pileta. Cuando el techo cede por acción del calor de la garrafa, cae los 4 pisos, atraviesa la delgada capa de hielo y es devorado por una orca, causando estupor en la familia Maligno y la cancelación del uso de membrana para reparación aérea por parte del Ministerio de Infraestructura. Mientras tanto, su madre no soportando el peso de la tragedia, se refugia en los brazos del dueño del club de fútbol, por lo que Cañón decide emprender el viaje de regreso a la Argentina en busca de nuevos horizontes anhelando un cambio en su suerte. Pobrecito.

Si bien Cañón tenía 8 añitos al dejar el humildísimo barrio de Villa Garzo junto a su familia, regresar once años después le daba la impresión que el tiempo se había detenido en ese terruño inmundo al que llamaba hogar. El almacén de Don Carolo, que siempre ponía algunas galletitas de más en el pedido a cambio de que te sientes en su regazo… La carnicería del Loco Jason, que gustaba de cortar las medias reses con una Stihl oxidada… y ella… la Yoli, la vecinita de enfrente, que ahora se había transformado en toda una mujer, con un gran corazón caritativo, que daba albergue a niños huérfanos en su hogar, niños eslavos de 20 a 25 años de edad. Poco tiempo pasó para que recordaran todas sus andanzas de pequeños y reavivaran la llamita del amor que guardaban dentro sí y que dio lugar a la pasión, pegándose tremendas revolcadas en la catrera de ella, mientras los eslavos puntuaban la performance de Cañón.

Cañón traía tras de sí una historia de gloria futbolera de un ignoto país, lo que le permitió acomodarse (gracias a su hábil representante) rápidamente en la primera del famosísimo club Hilodeagua Plate, cumpliendo como recio defensor 9 temporadas, hasta que las turras de tragedia y desgracia, deciden visitarlo nuevamente, pero esta vez, trayendo un maletín con chiches.

El gato negro que le se cruzó a la madre de Cañón cuando estaba embarazada de éste, en una noche de tormenta, luego de pasar debajo de una escalera, mientras llevaba un salero en su mano derecha a la casa de su suegra que era vitalicia de Racing. Cuenta la leyenda que el minimo luego se arrojó bajo un convoy en las vías del Belgano Norte en la estación Aristóbulo del Valle.
El gato negro que le se cruzó a la madre de Cañón cuando estaba embarazada de éste, en una noche de tormenta, luego de pasar debajo de una escalera, mientras llevaba un salero en su mano derecha a la casa de su suegra que era vitalicia de Racing. Cuenta la leyenda que el minino luego se arrojó bajo un convoy en las vías del Belgano Norte en la estación Aristóbulo del Valle.

El Hilodeagua venía con una malísima temporada, producto de una mala administración, pésimas incorporaciones, frialdad de sus hinchas y falta de renovación en la grifería. Por eso no era de extrañar que el ambiente en la última fecha del torneo y jugando de local, no fuese el mejor, para colmo la amenaza de un descenso de categoría se había transformado en una aterradora realidad y los hinchas estaban dispuestos a mostrar su descontento a todo el club, pero esa es otra historia. Cañón sabía todo lo que entraba en juego esa fría tarde, por lo que instó a sus compañeros a dejar todo en la cancha como nunca, pero jamás imaginó que su bravura le jugaría en contra.

A los 38 minutos del PT y con el partido empatado, el lateral contrario encara a Cañón con decisión, éste pierde la marca en velocidad y ya ingresando al área cruza su pierna con una vehemencia tal que su pierna se transforma en un yoyo bronco atado con tendón en lugar de hilo. Su grito de dolor no pudo acallar las puteadas que bajaron de todo el estadio acusándolo de irresponsable y forro por haber bajado al rival dentro del área, era un claro penal que sentenciaba el futuro del club, tal como la lesión sentenciaba la carrera futbolística de nuestro héroe. El club se desentendió de Cañón abandonándolo a su suerte, por lo que éste tuvo que buscar alternativas médicas económicas por no poder solventar ningún tipo de gasto. Así el curandero del barrio, el Pai Sano, a fuerza de un largo tratamiento que involucraban tiradas de cuerito, te de ruda y mejoralitos, brindó asistencia médica a Cañón que tuvo una larga y dolorosa recuperación.

Pero lo peor estaba por llegar: una tarde encuentra a la Yoli enfiestada con el curandero, 4 eslavos, el carnicero y un par de extras que no nombré, mientras el almacenero filmaba la escena. Otro duro golpe para Cañón, que raja a la descocada de su hogar, a los eslavos, no le paga la deuda al carnicero y le pide una copia del vhs a Don Carolo. Ahora debía enfrentar la vida él sólo criando a sus dos hijas adolescentes. Todo era negro y triste, hasta que golpeó a su puerta su gran amigo uruguayo Washington Casilda (el Casi), que no sólo era negro y triste, sino pobre y sin fortuna. Bingo.

Al Casi no lo veía desde hacía años, pero su férrea amistad no conocía de tiempos, por lo que rápidamente se pusieron al día con las andanzas de sus vidas, hasta que el uruguayo le contó a Cañón que tenía LA oportunidad para él: hacerse cargo de la primera división del Club Atletico Gónadas Anémicas Demasiado Ansiosas (C.A.G.A.D.A. FC), un club que milita en la última categoría del fútbol vernáculo y es conocido con el popular nombre de Los Gametos.

El Casi con toda su honestidad y uruguayez a flor de piel.
El Casi con toda su honestidad y uruguayez a flor de piel.

Resulta que el Casi descubrió al dueño del club, el acaudalado empresario del campo Martin Gorila Neuman (Don Martincho), entrando a un hotel alojamiento en su poderosa camioneta llevando en la caja al conocido travesti con hepatitis Adrián Veintiséisjota Once (Trencitas, como era conocido en la zona roja), dos enanos (uno identificado como el narigón Pipa, recordado sorete sin códigos quien inspirara la canción Ese Hombre, de Pimpinela) y un albañil vasco de mal carácter de nombre Onda txapeldun Gehiago, para dar rienda suelta a la más loca fiesta jamás conocida. El presidente al verse descubierto y luego de instar al uruguayo a participar del jolgorio y encontrando una férrea resistencia, creyendo que el Casi era o medio topu o del opus, prometióle la dirección técnica del club a cambio de su silencio.

¿Es que acaso el inicio de una remontada histórica en la asquerosa vida de Cañón? ¿Podrá girar el timón 360º a su mala suerte y quedar como un idiota? ¿Qué oscuros intereses trae detrás de sí el uruguayo? ¿Alguien llegó a leer hasta acá y aún no tomó las armas para dar fin inmediato a ésta idiotéz?

Bueno amigos, todos estos interrogantes y otros que ni ustedes imaginan serán revelados en la siguiente entrega de esta serie que hemos dado en llamar “Pasión alfalfa”

TheGM y Casigol

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