A la pelotita. Hoy: Telstar

Poco se habla de ella, pero es igual de protagonista que los 22 energúmenos que corren atrás de ella (?). El autor de este “post piloto” prometió que si le va a bien con esta entrega reseñará más balones. ¡Desde acá lo bancamos!

Por Arquero Bipolar

Hay cosas que traemos de arrastre y uno no sabe muy bien por qué o de dónde carajo proviene. Algunos son herencias genéticas, otras construcciones sociales, otros recuerdos traumáticos reprimidos para seguir adelante en la vida y no volarte la sabiola con un chumbo (?), lo cierto es que hay ciertos elementos de nuestra personalidad que tenemos o ciertas acciones que hacemos casi inconscientes de las cuales no sabemos por qué carajo las hacemos así, pero así nos salen.

Por ejemplo, supongamos que soy un psicólogo que te está haciendo dibujar para pasar el psicotécnico para que puedas fritar papitas y saltear hamburguesas de gusano como un campeón. Ya te hice dibujar la casa y me hiciste un rancho deprimente, te pedí el árbol y me hiciste un palo borracho todo doblado con un tipo colgado con una remera de All Boys, te pedí el tipo debajo de la lluvia y me dibujaste un hincha de Colón (?) Como veo que lo tuyo es el limitado y los otros candidatos se corchearon antes de salir, te pido que me dibujes a un pibe jugando a la pelota. ¿Ya lo tenés?

¿Es zurdo o derecho? ¿La está pateando o la está corriendo? ¿Tres dedos o todo empeine? ¿Tiene camiseta puesta? Si tiene varias es Romero Y lo más importante: ¿A la pelota, cómo la hiciste?

Lo más seguro que tu respuesta sea esta:

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¿Adiviné? Decime que si, sino voy a saber lo que siente el Mago Sin Dientes (?). ¿Qué te lleva a dibujar así a la pelota? No me vengas con mucho tiempo en La Finadita, pero algo de eso hay.

Ese modelo de balón, que supiera ser el mejor amigo del autista de Oliver, es el más reconocido y el más asociado cuando de hablar de fútbol se trata y tiene una historia bastante particular. Cuando la lean, se van a dar cuenta.

¿Ya googlearon? ¿Qué, les tengo que contar yo? Bueh, pero que sea la última vez.

Para llegar a esta bocha, primero hay que volver en el tiempo, cuando técnicamente este post no podría existir porque Internet estaba saltando de un huevo al otro de un muchacho de Harvard (?). Los 60: Lisergia, liberación, sustancia, todo lo que le gusta a lo pibe de hoy pero sin selfies boludas. Guerra Fría. Carrera Espacial. Quién la tenía más larga en el espacio (cuando todos sabemos que es Iorio y está esperando que alguien con labio leporino haga su gracia). Satélites, esas cosas que flotan en la estratosfera y que suelen chocar con la pelota de Higuaín y no podés ver Venus History Channel.

Bueh, cuestión, que después que los rusos y los yankis se pusieran a tirar cosas para arriba de la estratosfera (para envidia del Carlo (?)), como vieron que esas pelotudeces servían para algo, vinieron los capitalistas y en 1962 pusieron en órbita el primer satélite privado: El TelStar.

Mirtha Legrand dándole la bendición al satélite
Mirtha Legrand dándole la bendición al satélite

Como venía diciendo, al Telstar lo bancó AT&T, la empresa con nombre de robot de Star Wars. Mirando bien al bicho, tiene la misma forma y rasgos característicos que la Estrella de la Muerte. George, alto ladri resultaste. (?)

Separados al explotar nacer (?)
Separados al explotar nacer (?)

Bueno, el satélite este fue toda una innovación porque marcó una revolución, porque permitía transmitir datos a nivel global a una velocidad que tu Nokia 1100 envidiaría, pero por la que tu smartphone se le cagaría de risa. Y mientras funcionó, todos fuimos felices (?) pero, al igual que el Huracán de Cappa o cualquier equipo de Cúper, en un momento tenía que caer. Y cayó cerca de una fábrica de un tipo al que las cosas redondas le traían buena suerte: Don Adi Dassler.

Se venía el Mundial del 70, los satélites ya eran cosa seria y las transmisiones de los Mundiales por TV, si bien habían arrancado en 1954, estaban siendo más masivas y llegando a más hogares, en blanco y negro. Y el Mundial por venir, traía una innovación: un brasilero bufarra la televisación a color. Y una cosa había quedado comprobada con la transmisión del Mundial del 66: Todo muy lindo ver a esos señores corriendo en la cancha, pero lo que no se ve es LA PELOTA. El diseño, té con leche ponele, dificultaba bocha visualizar la ídem (?), por lo que la FIFA pensó que era hora de rosquearla y sacar ganancia innovar para beneficio del espectáculo.

Fue así que salió Adidas a primerear a todos y presentó la Telstar, la primer pelota con gajos hexagonales y pentagonales, esas 32 benecitas que eran algo más que un elemento decorativo y representaron todo un hito, tal es así que ese es el diseño que sigue arraigado en nuestras febriles mentes cuando se habla de una bocha.

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Habiendo debutado en 1968 en la Copa Europa, el balón presentaba varias ventajas de los modelos anteriores. Fue diseñada por Richard Buckminster Füller un científico experimental Nazi un arquitecto que, inspirado en el satélite, se dio cuenta que distribuyendo el cuero en forma de icosaedro truncado (no es un equipo de los post de Neon, está chequeado (?)) se abarcaba mucho mejor la circunferencia y el esférico ganaba en redondez, comparada con el sistema de costura de cesárea (?) que tenían los balones antiguamente.

La distribución de los gajos en blancos y negros (20 de los primeros, 12 de los segundos, porque cuanto menos negros, mejor (?)) servía también como referencia, tanto a los jugadores en la cancha como a los telexpectadores, dado que la pelota resultaba mucho más visible y reconocible en el campo de juego que antes. Y fue tan exitoso ese diseño que fue el que primó, por lo menos hasta bien entrado el siglo XXI donde otro alemán rompepelotas impuso un nuevo diseño, mientras que otro nos la puso sabroso en cuartos. (?)

Esta fue una breve reseña de la historia de la pelota con la que crecimos todos, salvo uno que otro posteador que jugaba pateando tatús carreta o rocas con forma circular. Ahora sabés toda la verdad sobre tu verdadero primer amor.

Bueh, toda no, tu seño de primer grado se llamaba Roberto, ahora sí. (?)

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