Historias de eliminatorias – La Guerra del Pacífico reloaded en los años 70 y 80 (Vol I)

¿Hablábamos de rivalidades futbolísticas fogoneadas en eliminatorias? Bueno, acá les tenemos la de Chile vs Perú, países que se odian con una pasión ya apestosa a naftalina, y que se enfrentaron varias veces seguidas por eliminatorias en los años 70 y 80. Pase, siga y sientese.

No sé quién eran los que organizaban los torneos de la FIFA en las décadas del 70 y 80, pero ¡qué malparidos tan morbosos!. Lo digo porque lo que la otra vez reseñamos que pasó entre Holanda y Bélgica por cuatro eliminatorias sucesivas no fue la única historia similar vivida por esos años, pues algo muy parecido pasó acá mismito por la misma época. Pero si en Europa los enfrentamientos fueron entre dos rivales que se llevaban saña pero no odio, acá los protagonistas se llevan una carga de mala vibra (?) que tiene más de 120 años de acumularse. Hablamos de Chile y Perú, aka, “El Clásico del Pacífico“, partido que normalmente es una especie de apéndice del odio profesado entre ambos países, y que vivió un pico de voltaje máximo cuando les tocó enfrentarse en un furioso mata-mata en las eliminatorias de 1974, 1978 y 1986. ¿Resultado? Lean, putos.

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El segundo gol de los chilenos en el partido de desempate de 1973 en Montevideo. La cara del portero peruano es de “¡Hijueputa, la cagué!

Antecedentes históricos: el por qué se odian estos dos

Como países vecinos Perú y Chile comparten varios aspectos comunes: la calidez del pisco, la majestuosidad de sus montañas, la inmensidad de su costa desértica, la belleza de sus mujeres (?). Las cosas que los separan son muchas – como en todos lados-, pero la más notoria y ácida es la vieja rencilla derivada de la Guerra del Pacífico entre 1879 y 1883, en la que ambas naciones se enfrascaron en una áspera guerra que terminó en goleada de visitante y robo de trapos a favor de los chilenos. Lo más jodido/patético/penoso es que Perú se involucró en esta guerra por sapo (?): el conflicto originalmente se generó entre chilenos y bolivianos por causa de los impuestos y las restricciones que el gobierno de La Paz impuso al comercio del salitre (dirigido por compañías chilenas). Ante la negativa de los del Altiplano en revisar este tema, el gobierno de Chile invadió territorio boliviano – de hecho ocupó la en ese entonces boliviana Antofagasta – y Perú, que aparte de tener un tratado secreto de defensa mutua con Bolivia no tenía ni mierda que ver en el asunto, movilizó su ejército en su apoyo. Ahí jueque Chile le declaró la guerra a ambos, los atacó y venció en batallas sucesivas –  al final solo a Perú porque Bolivia abandonob miserablemente después del primer año de derrotas – y terminó ocupando Lima en 1881 en medio de desmanes, saqueos y abusos de los soldados chilenos a la población civil, local y extranjera por igual.

El ejército de los sísmicos ocupó Lima hasta 1883, año en el que se firmó un tratado que terminó con la cesión definitiva de los peruanos a los chilenos de la región de Tarapacá (donde está la ciudad de Iquique), y temporal de las regiones de Arica y Tacna, hasta la realización de un plebiscito en el que la población definiera si se iba para el lado shraidor o para el lado peruano. Al fin los chilenos se hicieron los maricas con el plebiscito, y fue apenas hasta 1929 que Tacna se devolvió a Perú mientras Arica se quedó para Chile. También fue gracias a esta guerra que surgieron esos dichos de “Menos costa que Bolivia“, “Más falso que atún boliviano“, o “Más mala que la Armada boliviana” que tanto contribuyen a decorar de maldad nuestras conversaciones, y es por eso también que Antofagasta hoy es una ciudad próspera y no un cagadero invivible (?).

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Oficiales bolivianos posando coquetamente para la lente en la Guerra del Pacífico…. con razón perdieron la guerra…

Total que para los peruanos la guerra no solo fue un trauma sino que dejó el consiguiente afán revanchista, exacerbado además por la pérdida de territorio y por la proverbial capacidad chilena para caerle mal al resto del mundo: los abusos y saqueos de los chilenos durante la guerra (no solo a la población en general, por ejemplo, en Chile terminaron un montón de libros y obras de arte peruanas) dejaron huella en la memoria colectiva. La historiografía oficial peruana se ha encargado de mantener a la población azarada desde el colegio con ese sentimiento de revancha, y por eso es que uno va por las calles de Lima y otras ciudades de Perú y las ve casi todas llamadas con los nombres de un montón de héroes y de batallas de esa guerra. Todos héroes derrotados y todas batallas perdidas, pero, ajá, no entremos en muchos detalles sensibles… pero sí, la cosa es tan exagerada que solo falta llegar a Lima y cruzar por la Avenida Pupi Zanetti. A los chilenos en Perú no los miran con cariño, y a los peruanos en Chile los otean con desprecio, abundan las historias cotidianas de ciudadanos de un país maltratados en el otro, y aunque en general no se llega a extremos violentos, la rivalidad existe a todo nivel.

Y en el fútbol también, claro. Desde la primera vez en que se enfrentaron (en la Copa América de 1935, victoria peruana 1-0) los partidos entre ambas selecciones se juegan con un fervor algo más áspero que lo normal y abundan en historias de todo tipo. Por ejemplo, como la del arquero ochento-noventoso Miguel Miranda, habitué de la selección de la franja roja por esos años, del cual le preguntas a un peruano promedio qué tal era y te dice invariablemente “Era medio malaaazo (?)… ¡pero contra los chilenos atajaba de tooodoo!“. Pero son consuelos maricas a fin de cuentas, porque como para seguir manteniendo la tirria el historial favorece ampliamente a los chilenos: 44 victorias de los del país de Camila contra 21 del de Verónica y 14 empates. La cosa en los últimos años ha sido ya con metida de dedo y todo: Chile ganó 11 de los últimos 12 encuentros entre ambos (!) – seis de ellos oficiales. Una diferencia muy amplia que no tiene cara de voltearse, a pesar de Pizzi.

Pero vamos a lo que nos ocupa en este post: los partidos en particular que jugaron entre sí ambas selecciones entre 1973 y 1985, por las eliminatorias a tres mundiales, en donde el perdedor quedaba eliminado.

Eliminatorias al Mundial de 1974: pasó Chile

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Peruanos y chilenos en el partido de ida en Lima (Fuente)

Con la participación de Brasil y Alemania Federal ya asegurada al Mundial de 1974 – el uno por campeón vigente y el otro por país sede -, y con tres cupos asignados cada uno a la Concacaf, África y Asia-Oceanía, la FIFA se encontró con la coyuntura de cómo repartir los once puestos restantes entre la Conmebol y la UEFA sin que ambas sintieran que les estaban tocando el culo con los cupos. La tibia (?) solución fue la consabida repesca intercontinental, en la que el ganador del Grupo 9 europeo pelearía con el del 3 sudamericano por la clasificación al mundial.

Y el Grupo 3 sudamericano agrupó, precisamente, a los protagonistas de nuestro post: Chile y Perú, junto con Venezuela. Era la primera vez que se enfrentaban los viejos enemigos por eliminatorias mundialistas, después de cuatro participaciones chilenas (de las que clasificó solo en una, en 1966: los mundiales de 1930 y 1950 los jugó sin disputar eliminatorias y el de 1962 por ser sede) y peruanas. En el papel los que mejor venían eran los de la banda cruzada, que por primera vez en su añejísima historia futbolística llena de derrotas dignas, tenían un equipo con jugadores de talla continental y hasta mundial: Teófilo Cubillas, Hugo Sotil, Héctor Chumpitaz, Juan José Muñante, Ramón Mifflin y Roberto Challe, entre otros, derrochaban calidad y clase con la banda cruzada que no ha descendido (?). Los peruanos habían alcanzado cuartos de final en el Mundial anterior, al que llegaron después de – como de pronto ustedes sabrán – eliminar a Argentina en la propia Buenos Aires. Los chilenos, en cambio, habían faltado a México 70 al ser eliminados por Uruguay, resultado que probablemente reflejaba más que todo el recambio posterior a la generación de los mundiales de 1962 y 1966. Pero para estas eliminatorias se las traían (?) con varios que hoy son leyendas históricas del fútbol telúrico, como los centrales Elías Figueroa, por esos días en Internacional de Porto Alegre – donde era ídolo – y Alberto Quintano, los delanteros Carlos Caszely, Osvaldo “Pata Bendita (!) Castro Sergio Ahumada. Pero por aquellos tiempos en los que las noticias internacionales se conocían por telefaxes, pocos fuera de Chile tenían idea real del nivel del equipo.

Y resultó que Venezuela fue bajada por la FIFA debido a líos entre la Federación y la liga profesional – en otros lados lee uno que ellos mismos renunciaron, pero no parece probable -, lo que dejó el grupo convertido en la práctica en un Clásico del Pácifico a ida y vuelta en plenas eliminatorias. ¡Trrrremendo!. Los peruanos estaban confiados en el nivel de sus jugadores, pero afrontaron las cosas con seriedad: tanto que tiraron la casa por la ventana al contratar al prestigioso entrenador húngaro Lajos Baróti. El magyar había sido el director técnico de la selección de su país, a la que clasificó a los mundiales de 1958 , 1962 y 1966 y con la que ganó la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de 1964; un palmarés impresionante para esos días (hoy un Checho Batista te gana el ORO y aún así no suena ni para el Atlético Bucaramanga). Un entrenador serio y prestigioso + un grupo de jugadores de alta calidad…. ¿qué podía malir sal? Ah, momento: nos olvidamos de la proverbial histeria y huachafería (?) del periosidismo y el aficionado peruanos. Bajo el mando del húngaro la selección peruana se fue de gira preparatoria por América y Europa entre Abril y Junio de 1972, en la que perdió contra México, Escocia, Holanda y Unión Soviética, y empató contra Colombia, Rumania y un combinado del Magreb (Argelia y Marruecos). En fin: cero victorias y cuatro derrotas, en un balance que por los números fue negativo pero que, ajá, salvo la vergüenza de perder contra México (?) fueron resultados esperables contra seleccionados de buen nivel. Pero pronto circularon rumores que Baróti – literalmente – nunca se hizo entender de sus jugadores, y eso sumado a que la vara de los aficionadas estaba muy alta, llevó a que la FPF eyectase al húngaro del cargo en Septiembre de 1972.

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Como que no le entendían mucho los jugadores peruanos a Lajos Baróti (Fuente)

Su reemplazante fue el uruguayo Roberto Scarone – no, NO es el campeón mundial de 1930, ese se llamaba Héctor – , entrenador con un palmarés muy importante a pesar del lastre de comenzar su carrera dirigiendo a Gimnasia y Esgrima de La Plata y a Deportivo Cali: dos Libertadores y una Intercontinental con Peñarol, un subcampeonato con Universitario de Deportes – el de la tercera copa de Independiente -, más varios títulos de liga en Perú y Uruguay adornaban su CV de manera tranquilizadora para el respetable. Scarone comenzó mal (en su debut perdió 0-2 contra Argentina en Lima) pero poco a poco recompuso el camino ayudado por una seguidilla de victorias en amistosos y JJBB (o sea, Juegos Bolivarianos (?)), lo que le dio a la afición tranquilidad para lo que se venía. Un panorama ES PEC TA CU LAAAAR, aunque falta mencionar que sus rivales derrotados en ese paseo triunfal fueron del calibre de Guatemala, Panamá, Bolivia, ColombiaParaguay y hasta clubes como San Lorenzo de Almagro… ¿Los chilenos? Confiaron su destino al producto local: el veterano Luis “El Zorro” Álamos, multicampeón en la liga de su país y que que ya había clasificado a su selección al Mundial de 1966. Bajo su mando los de La Roja jugaron algunos amistosos por su lado y esperaron.

La ida se jugó en el Estadio Nacional de Lima un 29 de Abril de 1973, en una tarde en que, dicen las crónicas, “…hasta brilló el sol (…) en ese recordado marco la gente en las tribunas cantaba “Perú Campeón”, al son de los acordes de la banda de la Benemérita Guardia Republicana (…). Un director de barras, en los prolegómenos del juego, se animó a bailar una marinera con una guapa muchacha.”. Impactante (?). Perú saltó a la cancha con Manuel “Chicho” Uribe; Jorge Navarro, Rodolfo Manzo, Héctor Chumpitaz, Julio Luna, Manuel Mayorga, Roberto Challe, Alfredo Quesada, Teófilo Cubillas, Hugo “Cholo” Sotil, Oswaldo Ramírez. Chile salió con Adolfo Nef; Juan Machuca, Leonel Herrera, Alberto Quintano, Antonio Arias; Francisco Valdés Alfonso Lara, Sergio Messen; Carlos Caszely, Sergio Ahumada. Los locales ganaron 2-0 con goles ambos del gran “Cholo” Sotil (el primero jugadón previo entre él y Cubillas, el segundo un fierrazo) que rompieron el planteamiento ultradefensivo de los chilenos. 2-0, el peor resultado posible (?) pero iban con ventaja a la vuelta.

El resultado al parecer – según las crónicas de la época – llenó de confianza excesiva a unos y bajoneó bastante a otros. Para la vuelta el 13 de Mayo de 1973, en una Santiago enrarecida por el ambiente de los últimos meses de Salvador Allende, los peruanos estaban más confiados que arquero en mano a mano con el Pipita Higuaín en una final, y repitieron nómina y planteamiento. Los locales, obviamente urgidos por el resultado de ida, se mandaron con tres delanteros de entrada para torcer el asunto. Pero casi no les resulta, porque ante un muy bien plantado abajo y arriba equipo peruano, los de rojo cagaron ácido muriático hasta el minuto 23 del ST, en el que el ingresado Julio Crisosto aprovechó un jugadón de Sergio Ahumada y las manitos de mantequilla del portero peruano Uribe para poner el 1-0. Y enseguida, el golpe final: tres minutos después el mismo Ahumada se fabricó él solito la jugada con la que puso el 2-0 que no se movió más. Todo igualado y a desempatar en terreno neutral.

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La nómina chilena que ganó en la vuelta en Santiago. El primero de abajo a la izquierda es el famoso Carlos Cszely

El partido de desempate se programó para el 5 de Agosto de 1973 – ¡casi tres meses después! – en el Centenario de Montevideo. Una infinidad de tiempo que los peruanos aprovecharon de manera muy diligente para autocuestionarse su ethos (?) y llenarse de dudas. Sobre todo su técnico, que fue duramente criticado por la florida (?) prensa local por sus decisiones en el partido de vuelta, particularmente por haber reemplazado al crack Teófilo Cubillas a los 12 del ST con el marcador aún en cero. Para rematar al propio Cubillas la prensa le estaba dando garrote, acusándolo de estar pensando más en su inminente paso al fútbol europeo (al Basel suizo) que en la selección. Total que para el partido en el Centenario Scarone decidió incluir a cinco jugadores que no estaban en el partido de Santiago: Orlando de la Torre, Carlos Carbonell, Ramón Mifflin, Juan José Muñante y el delantero Héctor “Atómico” Bailetti, este último reemplazando a… Teófilo Cubillas, al que una (abro comillas con los dedos indice y medio de cada mano, agito varias veces) lesión (ídem) le impidió estar en la convocatoria. Al menos esa era la versión oficial: lo que se decía a sotto voce (?) era que el DT Scarone y el crack peruano no se podían ni ver, y por eso no fue llevadoo a Montevideo. El caso es que el mismo Cubillas confirmó en ese momento lo de su lesión y hasta públicamente apareció vendado y con bastón – aunque años después desmintió él mismo en una entrevista que estuviese lesionado (!!).

La otra fuente de dudas era por el lado de la portería: el titular en la eliminatoria era Manuel “Chicho” Uribe, portero de Defensor Lima, que había debutado con su selección en la mencionada gira internacional de 1972 de Lajos Baróti. Pero parece que el hombre en cada partido exhibía menos seguridad que el Microsoft Security Essentials, y comenzó a flotar en el aire la necesidad de contar con un arquero más confiable. Ante el fracaso de la propuesta de nacionalizar al arquero argentino Horacio Ballesteros – la idea fue rechazada por un sector de la prensa y vetada por el propio presidente del país -, surgió el nombre de – pon atención – Ottorino Sartor, aka “El Blindado de Chancay” (!!!!!!), que alternó algunos partidos amistosos bajo Scarone pero al que no convenció del todo. Sartor después fue el titular durante todos los juegos que Perú disputó en la Copa América de 1975, en la que fueron campeones, y hoy es considerado el último gran arquero nacido en el país. Pero para Scarone el titular fijo, a pesar de las dudas, era Uribe, que precisamente en ese momento había perdido la titularidad en su club – (estaba ya como tercer arquero (!!) -, y que además – o por causa de – estaba con menos ritmo que gringo bailando vallenatos y con visible sobrepeso.

OTORINO SARTOR CON ATLETICO CHALACO
Ottorino Sartor, aka “El Blindado de Chancay”. Con ese nombre y apodo tan grossos, y con esa carátula,,,

Pero del nivel del portero o del merequetengue de Cubillas casi nadie se acordaba cuando Perú iba ganando 1-0 ya a punto de terminar el primer tiempo en Montevideo. El partido había sido intenso y parejo, con ocasiones de gol para ambos equipos en medio de una respetable afluencia de gente al estadio. El gol peruano fue obra de Bailetti a los 40 minutos del PT, después de una jugada de Roberto Challe coronada con un ramalazo del delantero al ángulo, y con esa ventaja el equipo peruano se iba al descanso pensando en cómo aguantar para lograr la clas… ah, no, momento: en tiempo de compensación del primer tiempo vino el infortunio, la cagada, la pecheada, o las tres juntas. A los 45 min y monedas hay falta a favor de Chile, y cuando los peruanos aún estaban acomodándose en la barrera cobró a traición (?) Francisco “Chamaco” Valdés; el portero Uribe reaccionó a destiempo por estar acomodando la barrera (!) y chaz, gol y 1-1 al descanso. Eso no fue todo, porque a los 13 del ST vino la cereza del pastel de mierda: un chileno manda un ollazo como desde 800 m al área peruana, el portero Uribe que sale como niña (?), el defensor Navarro se queda y desde atrás aparece el chileno Rogelio Farías, que medio roza el balón antes que este picase en el césped. El rebote o la acción del chileno o la duda metódica aturdieron al portero “Chicho” Uribe y esto lo mató, porque el rebote se lo comió vivito y el balón terminó entrando casi como con vergüenza a su arco. 2-1, y Perú pasó de tener medio tiquete a Alemania 74 a tener que remontar patas arriba para no quedar fuera de todo.

El resto del partido los peruanos se fueron para arriba a buscar el empate, ante lo cual los chilenos asumieron la consigna de jugar al toque corto y a circular el balón, para así aprovecharse de un medio peruano con mucha calidad pero con menos marca que la ropa de Once. Con eso controlaron los embates de la banda cruzada, pero también fueron ayudados por las decisiones del técnico Scarone, que por ejemplo, reemplazó a una gloria como el Cholo” Sotil por un debutante Juan Carlos Oblitas cuando más quemaban las papas. A pesar de esto, Perú tuvo varias opciones pero el marcador no se movió: clasificó Chile al repechaje intercontinental.

Lo que pasó con los chilenos después todos lo sabemos: clasificaron al mundial tras el vergonzoso play-off contra la URSS en una Santiago mancillada por las botas asesinas de los hijos de puta de uniforme. El DT Álamos no pudo dirigir a su selección en el Mundial por motivos de salud (una diabetes que se lo terminó llevando en 1983) y fue reemplazado en Alemania por su ayudante; pero la gloria de haber llevado a su selección a dos mundiales nadie se la ha quitado hasta el momento. Por el lado inca el golpe fue durísimo, porque no solo habían perdido teniendo mejores jugadores, sino que precisamente el rival de toda la vida les volvió a tocar el culo. Consumada la eliminación se generó la tradicional ronda de repartija de culpas y acusaciones entre periodistas, dirigentes, políticos y demás escoria; el principal señalado fue el técnico Scarone por sus decisiones – o falta de ellas – y por el manejo turbio con el Teófilo que no amenaza con balear a sus compañeros (?). Muchos incluían en las culpas no solo al uruguayo sino a sus asistentes, el en ese entonces desconocido Claudio Coutinho – futuro entrenador de la selección brasileña en Argentina ´78 – y el local José Chiarella, a los que se acusó de intentar “robotizar” al jugador peruano con sus métodos fuertemente basados en el trabajo físico…. quién sabe qué tanto fue cierto esto, o si fue más bien un intento de meterle seriedad al trabajo físico que fue resistido por los propios jugadores, ya a estas alturas es jodido saber. Probablemente, y de acuerdo a los que se dice del fallecido Coutinho, pudo ser más bien que este influenciara a Scarone en los cambios o en sus preferencias o antipatías por ciertos jugadores. Total que Scarone fue echado del cargo tras el fracaso, volvió a dirigir al Universitario y poco después cayó a San Lorenzo. Lajos Baróti retornó a la dirección técnica de la selección de su país dos años después, y los clasificó al Mundial de 1978.

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Caricatura aparecida en un diario peruano después de la eliminación. Parece que no quedaron estimando mucho a Scarone

Pero el que peor quedó fue el portero peruano Chicho” Uribe, que quedó con la carga de sus cagadas en los dos goles en Montevideo. La prensa y afición lo fustigaron tanto por su actuación que unos años después terminó tomando la decisión más horrible de todas: irse a un club de  la liga ecuatoriana de fútbol (?). El partido de Montevideo fue el último que jugó con su selección.

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El gran Cubillas con la camiseta de Basel

(Continuará)

 

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