Y el Vol II de II de La Guerra del Pacífico reloaded en los años 70 y 80 – Historias de Eliminatorias

Cerremos el recuento de los mortales (?) enfrentamientos entre Chile y Perú por eliminatorias en los 70 y 80, que iniciamos por acá

Eliminatorias al Mundial de 1978: la revancha de Perú (al fin…)

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Los fracasados (?) de la selección chilena de 1977. El cuarto de arriba es Elías Figueroa, el quinto Alberto Quintano. El tercero de abajo es “Pata Bendita” (!!) Castro, ídolo  en el fútbol mexicano de la época que jugaba Enrique Borja

Después de su impensada y humillante eliminación a manos de los chilenos en 1973, Perú se puso las huevas por una maldita vez (?) y se desquitó enseguida: ganó la Copa América de 1975 dándose el gustico además de eliminar a sus enemigos del sur en primera fase (empate en Santiago a un gol y victoria del local en Lima 3-1). Triunfazo que le dio una muy merecida gloria ad aeternum a cracks como Julio Meléndez, Chumpitaz, Gerónimo Barbadillo, “Cholo” Sotil, Cubillas y Juan Carlos Oblitas, entre otros. Y para mantener viva la mala leche, el maldito y rocambolesco azar quiso que se encontraran de nuevo en eliminatorias para Argentina 78, compartiendo grupo con Ecuador (un invitado de circunstancias por esos tiempos), por un cupo al Triangular final que se jugaría en Cali para definir los dos clasificados directos por Sudamérica (ese que mencionamos acá).

Ahora, si el ambiente en los partidos entre Chile y Perú era generalmente más denso que el “Pornography” de The Cure, para 1977 estaba cargado como el carajo. Pasa que desde 1975 abundaban los rumores de una inminente guerra entre ambos países; el dictador Juan Velasco Alvarado al parecer quería conmemorar el inminente centenario de la Guerra del Pacífico con unos actos que incluían una reocupación por parte del ejército de los territorios perdidos con los chilenos; incluso se había gastado un buen billete comprándole montón de armamento a la Unión Soviética. Los chilenos en cabeza del hijo de puta de Pin*ch*t estaban más que todo a la expectativa, y al parecer no tenían muchas ganas de meterse en una guerra en la que se veían inferiores en recursos; por eso hasta hablaron con la joya de Henry Kiss*nger para que ver si les daban una manito y así atacar a Perú de manera preventiva (Kiss*nger les dijo tajantemente que no). Total que la segunda mitad de los 70 en la pelada y desértica costa Pacífica de Sudamérica hubo rumores de invasión, movimientos de tropas de ambos países de lado y lado de la frontera y las ciudades limítrofes en alerta.

Bajo este ambiente tan festivo inició el grupo de Eliminatorias con el partido entre Ecuador y Perú en Quito, el 20 de Febrero de 1977. Los peruanos comenzaron ganando con gol de un enchufado Juan Carlos Oblitas, pero el árbitro dio un penal más sospechoso que DNI de futbolista africano sub 20 y los locales terminaron empatando el partido. Resultado que les ardió en el alma a los peruanos, más aún cuando en la segunda fecha les tocó a los chilenos visitar a Ecuador y se llevaron la victoria por 1-0, con lo que quedaban con toda la ventaja en caso de igualdad en los enfrentamientos mutuos. O sea que para el siguiente partido que los enfrentaba a ambos en Santiago el 6 de Marzo, los chilenos tenían la oportunidad casi de sentenciar el grupo, porque en caso de ganar solo necesitaban después derrotar a Ecuador en casa para ya asegurar su clasificación, sin importar lo que pasara en el último partido con los peruanos en Lima. La tenían peluda los peruanos, pero para esta vez, a diferencia de 1973, estaban más preparados. Comenzando porque en el banco contaban desde hace un par de años con un zorro del fútbol peruano, Marcos “El Chueco” Calderón, entrenador del equipo peruano campeón de América de 1975 y unánimemente respetado por jugadores – es sabido que manejar a futbolistas peruanos es más difícil que un blanco gane la prueba de 100 m en los JJOO – e hinchada. Y además porque el equipo era la misma base que alcanzó la gloria en 1975: Chumpitaz, José Velásquez, Cubillas, Sotil, Oblitas, Muñante, Percy Rojas, Barbadillo, entre otras glorias. (Nota: Le pedimos amablemente a los lectores peruanos que se abstengan de compararlos con los de hoy so riesgo de cortarse las bolas. Gracias).

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La selección peruana de 1977. Los cuatro primeros son Ramón Quiroga, Juan Carlos Oblitas, Sotil y Cubillas. El sexto es el inmenso José Velásquez, Muñante el antepenúltimo y Chumpitaz el penúltimo. COM BA ZO.

Los chilenos por su parte estaban dirigidos por un tal Caupolicán Peña (no puede negar la nacionalidad con ese nombre el hijueputa), técnico respetado en el país que hasta esa fecha había conseguido la cantidad de, déjame contar….mmjá, sí: cero títulos. Y a diferencia de sus rivales, Chile sí tenia vergueros internos: el legendario delantero Carlos Caszely fue vetado de la selección para disputar esas eliminatorias. Al pobre Caszely se la tenían montada fuertemente los militares en el poder por el asunto de su conocida filiación izquierdista, dándole como a cajón mal cerrado desde los medios oficialistas, que solo lo mencionaban cuando la cagaba y en cambio se la pasaban dándole pantalla al afín al regimen Elías Figueroa. A pesar de esto y de un desinterés total de los dirigentes por él, el gran Caszely comía callado y seguía poniéndole ganas a su selección, incluso llegando a pagarse él mismo los pasajes aéreos en varios encuentros (!). Pero llegó el punto en que las indirectas no funcionaron y el baneo fue directo: las autoridades milicas le ordenaron al entrenador de la selección no llamar a Caszely para las eliminatorias, y don Caupo (?) no fue capaz de oponerse. Así que el gran delantero no fue y esto le quitó un referente de ataque a la Roja para lo que se venía.

Como era de esperar el ambiente para el partido en Santiago estaba caldeadito, con miles de chilenos bramando por la victoria y confiados en la supremacía del pueblo mapuchino (?). Pero al parecer los visitantes eran más mañosos: cuenta la leyenda que cuando los peruanos salieron a calentar a la cancha se encontraron con los chilenos haciendo lo mismo, a pesar que ya estaban estipulados los horarios para ambos. Pero en vez de devolverse o entrar en el manoseo de la discusión inútil y el yo te dije que iba a estar a esta hora y no tú no me dijiste y que sí y que no y qué hacemos, el gran Marcos Calderón se azaró todo y le ordenó a sus jugadores a gritos: “Entren carajo, entren, que estos chilenos no nos van a bajar la moral”, lo que remató braveando al pobre Caupolicán Peña con un “¡Tú no me conoces, huevón a mí no me vas a ganar con cojudeces!”. Y ell técnico chileno se fue masnamente con los suyos de la cancha, deshaciéndose en disculpas y dejándole el campo a los peruanos para calentar. Un grosso, Calderón. Y su selección metió el mismo carácter en el partido, que comenzaron perdiendo 1-0 – gol de Ahumada a punto de terminar el primer tiempo – y empataron con un tiro desde fuera del área direccionado con GPS por Juan José Muñante a los 25 del ST. El resultado se quedó así y Perú emparejó el andar en la eliminatoria.

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El gran Neil deGrasse Tyson Marcos Calderón (a la derecha) con el Cholo Sotil, en medio de una celebración

Con las previsibles victorias de chilenos y peruanos de locales ante Ecuador, el asunto se definía en el encuentro entre ambos en la última fecha, el 26 de Marzo de 1977 en un Nacional de Lima que estaba hasta las tetas de gente enfervorizada y con ganas de terminar el cotejo invadiendo Arica (?). Al respecto declaró años después el jugador chileno Rodolfo Dubó: “Siempre ha sucedido que cuando se viaja a Perú la selección chilena no es recibida muy cordialmente. Y aquella vez no fue una excepción”, Gracias, Rodolfo. O como dijo el central Alberto QuintanoEn Eliminatorias, Chile y Perú tienen toda una historia. En algunos momentos se generó una situación conflictiva porque entre los dos países, al margen de la parte deportiva, se vivían otro tipo de animosidades en lo político. Y los partidos no eran sólo la consecuencia de los 90 minutos sino que también influían las posiciones gubernamentales de cada país”. Cómo rompen el cassette para declarar estos manes…. A Perú solo le servía ganar, y tal vez por eso los nervios le jugaron en contra en un primer tiempo en el que no encontraron claridad ante unos chilenos todos con el culo pegado a su arquero Vallejos. Pero todo se resolvió a los 4 minutos del ST, cuando Muñante manda un centro por la derecha al área chilena, que es cabeceado a gol por los 1.67 m de altura del Cholo Sotil en medio de los dos altos centrales Figueroa y Quintano (!). 1-0 y el delirio en un Nacional que estaba ya hecho un aquelarre (?) de euforia. Y solo cinco minutos después se terminó de hundir el buque chileno con el segundo gol local a cargo de Oblitas: 2-0.

Resultado que no se movió más y que implicó la clasificación peruana en un estadio doblemente despelucado con la locura de la clasificación y de la eliminación de los odiados chilenos. Con el pitazo final el público se dejó llevar e invadió la cancha, en una marea feliz que paseaba en hombros a los gozosos jugadores, la prensa entre reportando y celebrando, y aficionados metidos en medio de todo, todos eufóricos y llorosos, muchos ondeando furiosamente banderas peruanas y cantando el himno. Ah, y también al dictador peruano Francisco Morales Bermúdez, que había reemplazado en el cargo a su colega Velasco dos años atrás. El presidente peruano bajó de su palco en el que se había visto el encuentro, entró a la cancha y fue a donde el gran Julio Meléndez a pedirle la camiseta, reportedly (?) con la frase “Dame la camiseta que ahora la quiero sudar”. El capitán peruano se quitó su camiseta y así toda sudada se la enfundió al dictador, que acto seguido se puso a cantar a grito pelado el himno del Perú a dúo con un confuso Meléndez, a los que al final se les uniría el DT Marcos Calderón. La hinchada aprovechó el momento para pedir a coro la suspensión del toque de queda para esa noche, para así poder celebrar sin peros; el dictador aceptó bonachonamente y el pueblo volvió a estallar. Me hubiesen puesto a inventar todo esto y no lo saco ni en 125 años.

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El dictador Morales Bermúdez, a la izquierda con la camiseta olorosa a grajo (?) de Julio Meléndez (al centro) y Marcos Calderón (derecha), entonando el himno peruano post partido de clasificación en Lima. ¡La cara de “¿!Cómo mierda hago para irme de acá!?” de Meléndez!

Perú terminó clasificando al Mundial junto con Brasil en el triangular de Cali, jugado en julio de ese mismo año. Marcos Calderón dirigiría a su selección en el Mundial de 1978, en el que hicieron un muy buen papel en primera ronda y se desfondaron en segunda con transacciones comerciales de containers de trigo incluidas. Luego de ese Mundial, Calderón dejó la selección y se mantuvo vigente en el fútbol local, ganando campeonatos con Universitario, Sport Boys y Sporting Cristal entre 1979 y 1985. Murió en 1987 en el accidente aéreo del avión de Alianza Lima. Por su parte, los chilenos no asimilaron la derrota y echaron al carajo a Caupolicán Peña: lo reemplazaron con Luis Santibañez, con el que les fue mejor…

Y eso es todo. ¡Ah, no, momento! Hace poco un periodista chileno develó que los servicios de INTELIGENCIA chilenos aprovecharon la coyuntura de la eliminación a su favor, y tomando nota que todo el Perú estaba enfarrado, bebiendo o culeando, enviaron aviones Hawker Hunter a espiar una base aérea camuflada en la región sureña de Arequipa. Sí: sobrevolando directamente el territorio peruano sin que nadie en ese país se diera cuenta… según esta historia, el ejército chilenazi tenía esto previsto de antemano, por lo que apenas consumada la eliminación enviaron los aviones espía. Qué manes tan vivos..

Eliminatorias al Mundial de 1986: pasa Chile pero ambos quedaron fuera…

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El portero Eusebio Acasuzo, el gran protagonista de esta eliminatoria

El Clásico del Pacífico no se repitió en 1982, pues tanto peruanos como chilenos clasificaron al mundial jugando en grupos distintos; los primeros se bajaron a Uruguay y Colombia, los segundos a Ecuador y Paraguay. Tampoco se vieron las carátulas en la Copa América de 1983, en la que Chile quedó fuera en primera ronda al pechear feo en el último partido en Venezuela – clasificaban a semis ganando por cualquier marcador pero no pasaron del empate a cero -, y Perú llegó hasta semifinales en donde fue apeado (?) por Uruguay, a la postre campeón. Y en las Eliminatorias de 1985 también fueron agrupados en zonas distintas, en una clasificatoria que tenía un cambio en el formato: los tres ganadores de grupo pasaban directo al Mundial de México, mientras que los segundos de los grupos de a tres y el segundo y tercero del grupo de a cuatro se enfrentarían en un repechaje para definir el cuarto cupo por la Conmebol.

A Perú le tocó contra Argentina, Colombia y Venezuela, en un grupo en el que los de la franja cruzada exhibieron grandes momentos de fútbol junto con lagunas inexplicables ante rivales fáciles. Los peruanos tenían aún un equipazo impresionante, con veteranos gloriosos como Oblitas, Barbadillo, José Velásquez o César Cueto junto con otros más recientes como Jorge Olaechea, Franco Navarro, Eduardo Malásquez y Julio César Uribe, con los que le pelearon de tú a tú (?) la clasificación a Argentina. Pero al final los puntos perdidos contra una gris Colombia en Bogotá y Lima los condenaron a tener sí o sí que ganar en el último partido en el Monumental. Y fue una exhibición casi gloriosa de fútbol,clase, garra y huevos de los peruanos – tal vez la última en toda su historia hasta la fecha -, remontando el 1-0 de Pasculli a los 10 minutos con dos pepas de José Velásquez y Gerónimo Barbadillo en el primer tiempo, sobreponiéndose a la lesión del gran Franco Navarro por la criminal patada del burro de Julián Camino y aguantando con toque y muchas ganas el partido hasta los 80 minutos, cuando vino el gol de Gareca ayudado por la, ehhhhh, ¿marcación estricta? de Pasculli a Chirinos. Por estico y con todo en contra, Perú casi le quita el cupo a Argentina en un Monumental extrañamente mudo (?); pero no pudo ser y se fueron (junto con Colombia que quedó tercera) al repechaje.

Chile por su lado tampoco pudo ganar su grupo: el empate a un gol en su debut en Quito fue más letal que vaticinio favorable de cierto comentarista español habitual de esta página (?), porque al final fue la diferencia que impidió superar a los uruguayos – que sí ganaron en Ecuador – en puntaje. Los chilenos tenían algunos nombres respetables: el gran portero Roberto “Cóndor” Rojas, Jorge “El Mortero” Aravena, Patricio Yáñez y Juan Carlos Letelier, que salvo un par de nombres no eran ¡qué bruuutoooo, qué sinfonía tienen estos cuates!, pero podían hacer bulto. El otro convidado a la repesca fue Paraguay, segunda del grupo de Brasil con una victoria (a Bolivia), dos empates y una derrota.

Total que el sorteo quiso que se repitiera, otra vez, el Clásico del Pacífico en un mata-mata por Eliminatorias, y me pinto a los peruanos frotándose las manos con fruición pensando en cómo se la iban a guardar a los rústicos y voluntariosos shraidores. Por jugadores Perú le llevaba una cordillera de ventaja a Chile, pero por nivel actual estaban parejitos: aquellos derrochaban más magia en sus botas pero eran más irregulares, estos no tenían mucha calidad pero eran más sólidos. Por lo que la ida fue en Santiago, el 27 de Octubre de 1985, se presagiaba un partido parejísimo, con los chilenos intentando romper la defensa peruana con los bombazos del “Mortero” Aravena y los visitantes manejando el balón y tocando con su estilo para lastimar el arco local. Sí, se veía parejísimo…. peeeero… pasa que en el pórtico peruano estaba Eusebio Acasuzo, veterano arquero en ese momento en el Bolívar paceño, que agarró ya viejo la titularidad de su selección y al que el mundo en general solo conocía del álbum de Panini en España 82. En este partido de Santiago alcanzó la fama mundial, pero por el enojoso detalle de haber sido por causa de una de las actuaciones más horribles que se recuerden de un arquero en un partido internacional. A los 6 minutos un tiro libre bien dirigido pero bastante atajable de Aravena se convirtió en el primer gol. Dos minutos después, un tiritititititito (?) de Hugo Rubio se le escurrió ominosamente entre las manitos de nena para el 2-0 parcial. Y a los 15, un bombazo de Alejandro Hisis – este sí más difícil – fue el 3-0. Retomo: a los 15 minutos del partido de la ida, ya Chile iba ganando 3-0.

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En el gol de Rubio Acasuzo tuvo menos reacción que Gustavo Cerati

¡Imagínate! Ni el chileno más fumado se le hubiese ocurrido estar con esta situación apenas comenado el partido.Mientras, los peruanos se pasaron mirando entre ellos a ver qué putas hacían, porque ya tenían que mandar toda previsión al carajo para ver si al menos descontaban algo y hacían alcanzable la vuelta en Lima. El pobre Acasuzo siguió unos minutos más en cancha pero en mode-Javi-García-en-Boca-2008, derrochando por todos los poros una sensación de balón merodeando-ocasión de gol que no se la podía quitar de encima. Tanto que a los 25 minutos, el DT Roberto Challe (mundialista en 1970, y entrenador de la selección desde la cuarta fecha de estas eliminatorias) no aguantó más y decidió reemplazarlo por el aún más veterano Ramón Quiroga. ¿Incinerada? Naaaa, peor era dejarlo. Con el incómodo asunto del arquero resuelto, Perú apretó y descontó con Franco Navarro casi para terminar el primer tiempo, emparejó las acciones pero un penal de Aravena en el ST y otro gol de Navarro dejaron el asunto en 4-2, más o menos remontable. Pero el peso de la diferencia y la cagada en Santiago fueron muy fuertes para los peruanos, que en la vuelta en Lima -con Quiroga en el arco – el 3 de Noviembre no vieron media y perdieron 1-0 con gol de Aravena. Así que pasó Chile al playoff final contra Paraguay (que bajó a Colombia sin muchos problemas), pero la albirroja se los comió cruditos: 3-0 en Asunción y 2-2 en Santiago.

Ese repechaje marcó oficialmente el fin del fútbol peruano como potencia sudamericana. Sea por falta de recambio generacional o porque se les acabó la mecha, lo cierto es que desde ahi Perú no ha conseguido más que triunfos morales y victorias sin efecto práctico. Al que también le cambió todo fue a Acasuzo, que fue recibido en Lima con muestras de especial cariño por los aficionados locales: lo agredieron físicamente, lo acusaron de vendido, le recalcaron su condición de muerto… años después declaró en una entrevistaDesde ese partido, la gente me miró con otros ojos, todos se olvidaron de mis triunfos con la ‘U’, con Bolívar, con la selección, pasé a ser un apestado y nunca más me llamaron a una selección“. Qué hijos de puta ingratos, ¡cómo recordarle su gran cagada en la selección y olvidar sus grandes triunfos en el fútbol boliviano!

 

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