¿El sistema es el problema?

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La final de Brasil 2014 caló hondo en el fútbol argentino, y ahora casi todos los equipos del fútbol local apuestan al esquema preferido de la Bundesliga, el 4-2-3-1. Pero el resultado no sería el mismo que en el fútbol teutón…

Pokemon GO, el kirchnerismo, los zapatos de plataforma. El argentino medio se sube rápidamente a las modas y el fútbol no es la excepción. Pero la incorporación del sistema táctico predilecto para los equipos del fútbol alemán no está dando como resultado mejoras sustanciales.

Disclaimer: este artículo fue escrito bajo la premisa que a los esquemas tácticos hay que ponerles nombres, porque son las características de los jugadores los que definen a los equipos. Es solo divagación táctico-estratégica.

La era post-post-moderna (?) iba necesariamente a traer cambios. El fútbol va camino a ser un deporte mas dinámico, aunque mucho mas lentamente que el rugby, el basquet o el hockey. Cambios en la preparación física, campos de juego mas uniformes, césped raso y húmedo y hasta avances tecnológicos en pelota y botines van haciendo evolucionar el deporte hacia un ritmo aún superior al de la década de los 2000. Las dicotomías Menotti-Bilardo o Martino-Falcioni (?), se van superando y dando lugar a nuevas formas de jugar con equipos que tengan mas y mejores recursos. Pero, ¿los tienen?

En un fútbol argentino hipercompetitivo, donde siempre se está buscando la forma de sacar la mas mínima ventaja, un cambio de esquema sorpresivo quizás pueda hacer la diferencia. A eso apostaron la mayoría de los entrenadores de primera, que adoptaron un sistema con doble cinco y tres volantes que cumplan la doble función defensa-ataque para acompañar al único centroforward. Pero eso no redundó en un juego mas vistoso ni tampoco mas efectivo como en la Bundes.

Los jugadores del fútbol argentino corren cada vez mas. Pero eso no significa que lo hagan de mejor manera. La acumulación de jugadores que brinden su esfuerzo en las transiciones no ayuda si estos luego toman malas decisiones o son imprecisos por culpa de ese ida y vuelta incesante. La reducción de espacios que cubrir en defensa si puede explicarse por la acumulación de jugadores, pero la misma no responde al cambio de táctica. Un equipo puede ser defensivo con un 4-4-2 o con un 4-3-3, y los espacios se pueden achicar comprimiendo las líneas, tengan estas los jugadores que tengan.

En cuanto al ataque, el 4-2-3-1 privilegia el vértigo y la aprovechamiento de los espacios en la transición, por sobre la tenencia y la ocupación del campo rival. Pero por lo visto hasta acá, los equipos que adaptan ese sistema no mejoraron sus contragolpes por tener un jugador en cada carril. Un gran porcentaje de las jugadas termina consistiendo en cuatro jugadores corriendo hacia adelante hasta chocar (?) con la defensa, rezando por que algún jugador quede con la pelota en sus pies dentro del área. La falta de cruces, de diagonales para arrastrar a los marcadores o generar distracciones y los errores en la toma de decisión son moneda corriente y hacen estéril el cambio de esquema, generando un ida y vuelta que impide el dominio general del balón por un equipo sobre el otro y haciendo mas volátiles los buenos momentos de un conjunto. El esquema originalmente es pensado para generar movilidad (los tres volantes intercambiando puntas para hacerle perder referencias al rival) pero sin embargo lo que sucede es que los jugadores se distribuyen los lugares sin rotar demasiado.

Otra cuestión clave que determina el andar de un equipo es el tan mentado doble cinco. La pareja de medios suele estar compuesta por un cinco de recuperación, con un perfil mas rústico, y otro híbrido que con un buen pase de salida y mantener la posición ya le alcanza. El panorama, el traslado, el remate desde lejos, la voluntad de pisar el área contraria son difíciles de encontrar en estos jugadores. Es por eso que se destaca cuando aparece alguno que reúna estas características (Martinez, ahora en Rosario Central). De este modo, dos jugadores se avienen a cumplir la función que antes realizaba uno solo, y se pierde el lugar para un enganche o un media punta dentro del once inicial.

La solución (no) está abajo

La cuestión también excede a veces a los entrenadores de turno, en un fútbol que vive cambiando de técnicos y de jugadores como si de ropa interior se tratase. Técnicos y managers suelen trabajar con “lo que tienen” mas que con “lo que quieren”. Pero si ponemos el foco en las formativas, el problema es similar. Por más que haya algunos clubes donde se juegue igual en todas las divisiones y otros que cambien de esquema entre una y otra (cuestión de otro debate), hay una clara grieta (?) entre los que juegan 4-2-3-1 y los que lo hacen con un 4-3-1-2 o un 4-3-3. Si bien este esquema favorece el surgimiento de extremos, impide la formación de volantes por afuera como los de antes (¿Camoranesi?), que luego se puedan reconvertir a otro sistema, y le genera dependencia al mediocampista en proyección, de otro jugador a su lado en vez de poder cumplir dicha función en solitario.

Veredicto (?)

El jugador argentino es unidimensional desde su formación, y el 4-2-3-1 impide aún mas su polifuncionalidad y forzándolo a correr mas pero no mejor. Para mejorar el fútbol doméstico hay que empezar a probar con otros aspectos del juego, como mejorar la capacidad técnica o buscar jugadores mas creativos que ordenados.

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