Magia Negra. La historia de Robert Mensah.


A algunos jugadores los llamamos “Mago”. Estos casi nunca son arqueros, por más buenos que sean. Por lo general son los que logran gracias a su habilidad que se los ubique en el pedestal donde se paran aquellos que, a pura técnica, hacen que lo que puedan generar con una pelota en los pies parezca una actividad mágica y elevada por sobre lo humano. Pues bien, en la historia de este arquero que vas a leer ahora hay magia. Pero no la que nace de alguien muy dúctil para lucirse con las piernas, tampoco simple ilusionismo de conejos y galeras. Aquí hay de la otra magia.

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Well, I stand up next to a mountain, 

And I chop it down with the edge of my hand.

Fragmento de Voodoo Child – Jimmy Hendrix.

Me paro al lado de una montaña y la corto con el borde de mi mano. Escuchamos la poética flashera de Hendrix y creemos que, montado en las alas negras del poder vudú, ese niño que pronuncia la estrofa lo puede todo. En Africa, hasta 1971, hubo uno que con sus manos cortaba también. Cortaba las ilusiones de gol de los rivales, cortaba la trayectoria del balón hacia su meta. Y también se valía de la magia negra para actuar, su mejor aliada era una llamativa gorra, de la cuál todos creían que tenía poderes mágicos, magia Amado vudú.

Robert Mensah nació en 1939, en la ciudad de Cape Coast, que además de ser la capital de Ghana Central, es reconocida por ser el sitio donde comenzó la actividad futbolera en la región Oeste de Africa. La carrera del guardavallas comenzó en una institución que en 1937 adoptó un nombre particular al haberle ganado un partido a un club llamado Winneba Dwarfs. En dicho match nadie sabía quienes eran aquellos jugadores que venían de Cape Coast, así que decidieron llamarse Misterious Dwarfs, lo que en nuestro idioma significa Enanos Misteriosos (?).

Los enanitos verdes.

Nuestro sujeto se caracterizó por sus reflejos, su coraje y, sobre todo, por su estilo provocador. Ya sabemos que para ser arquero hay que estar un poco loco. Y este hacía locuras. Vestía siempre de negro, como la célebre Araña Negra Lev Yashin, pero su forma de actuar, dentro y fuera de la cancha, no concordaba con la sobriedad de su atuendo. Le encantaba pedirle a los delanteros rivales que disparen, mientras él miraba para otro lado. Los descansaba verbal y gestualmente. Andá a tirarle un penal, cada uno que se paraba desde el punto de cal, para ejecutarlo con la pena máxima, tenía que sufrir el gaste y, por sobre todas las cosas, sufrir al saber el gran promedio de penales atajados que el golero registraba.

Era bastante díscolo, este tipo. Era alto y flaco, como un palo. Jodía en los entrenamientos y no le daba bola al técnico. Hacía boludeces mientras el técnico quería dar la charla técnica. Debía ser medio insoportable. La típica historia del vago talentoso que no le gusta entrenar, había días que se quedaba tomando algo en un bar o durmiendo en la casa y no se presentaba a la concentración. Y además, mujeriego. Algo que, posteriormente, le salió bastante caro…

Vos llevás la marca de la gorra.
Vos llevás la marca de la gorra.

Los personajes así habitualmente se hacen querer por los propios y odiar por los ajenos. En su país lo amaban. En 1968 Ghana fue protagonista de la Copa de Africa y, con Mensah en el arco, llegó a alcanzar el subcampeonato en dicha competencia. En ese mismo año, también formó parte de los participantes de los Juegos Olímpicos. Pero el alto nivel de nuestro personaje se evidenció cuando pasó al Asante Kotoko, equipo en el que en 1971 disputó la final de lo que hoy conocemos como la “Champions Africana”, enfrentando al TP Mazembe, aquel club que en 2015 participó del Mundial de Clubes de la FIFA, y venciéndolo. Con un poco de bidonismo y supuesta ayuda de la misteriosa Gorra Mágica.

No era su habilidad, su personalidad y su estilo provocador lo único que metía miedo en los rivales. Había algo más. Nunca le faltaba esa gorra a cuadros blancos y negros, que todos querían quitarle porque creían que tenía juju. Se la habría regalado su abuelo, que era brujo, mientras yacía esperando la muerte. Todos creían que su poder residía en el uso de esa gorra, que le protegía el arco.

Brujería, hice bru-je-ría (?)
Brujería, hice bru-je-ría (?)

Con lo cual era como una especie de Chilavert embrujado, una especie de atajador de penales tipo Goyco pero buen arquero vestido de negro. Era de lo mejor de Africa, jugando y provocando. Solía bostezarle exageradamente tanto a los jugadores como a la hinchada rival, cuando las llegadas eran exiguas. Y hacía su show favorito: Tenía siempre un diario a mano y hacía como que lo leía mientras la pelota estaba en campo de los oponentes.

Su gorra vudú tuvo sus minutos de máxima fama en dicha final Continental de 1971, en la cual ocurrió lo siguiente:

El partido de ida había resultado en empate 1 a 1. En la vuelta, Asante Kotoko FC, conocidos por el apodo de Porcupine Warriors (debido al emblema del reino de Ashanti, un puercoespín), arrancó ganando y después, a pesar de las buenas atajadas de nuestro protagonista, se lo empatan y se lo dan vuelta, 1 – 2. En los pasillos de la villa se comenta Africa se sabe que en ese partido los congoleños habían “adornado” al arbitro, porque el bombero vigilante (?) le cobra un penal inexistente a los locales. (Es de notar que el club congoleño contaba con un fuerte apoyo por parte del dictador Mobutu Sese Seko. Y que estos dos equipos ya se habían cruzado en la misma instancia de la copa 4 años antes y habían terminado en tablas tanto en la ida como en la vuelta, teniendo que jugar un tercer partido definitorio, al cual los ghaneses no pudieron acceder por las presiones del dictador, teniendo que abandonar el título).

Hubo protesta de todo el equipo del Asante Kotoko por el penal mal cobrado, fue tan injusta la decisión y tan obvia la bombeada que el técnico de los ghaneses les ordenó a los jugadores que se vayan de la cancha y dejar el partido en abandonob. A lo cual, nuestra estrella del arco, se negó. Frenó a sus compañeros porque le pareció que eso significaba que no creían que el pudiera frenar el penal. Volvieron, pero el clima se vuelve a poner heavy cuando el arbitro, sabiendo de la magia (?) de la gorra que el arquero usaba siempre, le pide que se la saque. Ahí se pudrió todo de nuevo. Luego de todo el escándalo, el delantero del Mazembe, Kakoko, se dispone a patear el penal. Estaba tan cagado influenciado por la mirada y las provocaciones de Mensah que el hecho que el arbitro haya decido dejar sin los poderes de la gorra al arquero parecía no ayudarlo. Previo al momento en que el portero se sacó la gorra, golpeó con ella el travesaño y los dos postes. Luego la arrojó fuera de los límites del campo, donde un soldado congoleño se encargó de hacerla mierda con su bayoneta. Pareciera que por un rato hubiera viajado a Africa el clima de violencia de las Libertadores de los setenta (?).

Sacate la gorra, guacho.
Sacate la gorra, guacho.

Kakoko va a patear. Toma carrera. Dispara… Afuera. Por arriba, varios metros por arriba del travesaño. Así el Asante Kotoko se proclamaba Campeón de Africa por primera vez. Y, su héroe, el arquero, pasaba a las páginas doradas del fútbol africano. Tanto es así que el estadio de su primer equipo, Misterious Dwarves, lleva su nombre y hasta hoy, es considerado uno de los mejores arqueros del continente, si no el mejor, gracias a su permanencia en la selección de Ghana, los denominados Black Stars, siendo siempre una fija en el puesto por esos años.

Aquí están, estos son.
Aquí están, estos son.

Pero sin la gorra se acabó la magia. Y tal vez la suerte. A finales de Octubre de 1971, Robert Mensah, al momento en que le correspondía estar concentrado con la selección de su país, siguió su destino de rebeldía y estaba en un bar de su ciudad natal. Allí se metió en una discusión fuerte (al parecer todo puede ser por una mujer) y terminó peleándose con un mecánico que, partiendo una botella como en las películas, lo hirió tan gravemente que días después terminó falleciendo, tenía sólo 32 años. Miles de ghaneses asistieron a su funeral. Esta muerte no parece obedecer a la lógica de cómo deben morir los ídolos. Que el mejor arquero de la historia de Africa (según opinan los más veteranos, que lo han visto jugar) haya muerto como cualquier gediento buscarroña en un bar, acribillado a botellazos por un mecánico y peleándose por una mina, hace pensar que Dios es un guionista bizarro o escribe en los comentarios de posts como este.

Mensah, después de esa muerte que pareciera no dar la talla para matar a un ídolo, entró al ámbito de las leyendas populares en Ghana, ya que en 1972 la popular banda Negro Kings (?) compuso una oda en su honor y existe una especie de poema-canción que cantan los niños en Ghana que es como una especie de relato de la vida del arquero, mencionando a su asesino como un villano o un tonto. Así de arraigada al pueblo quedó el alma del arquero, recordándolo con vigor (a pesar de no haber muchos más registros de su leyenda que el boca en boca) después de haber muerto hace casi 45 años.

Esta es la banda loca de los ashanti / la que lo sigue al porcu a todas partes (?)
Esta es la banda loca de los ashanti / la que lo sigue al porcu a todas partes (?)

Pareciera que la magia negra lo acompañó a Robert hasta la puerta, y lo abandonó. Cosas de hechicería desafortunada. De todos modos, donde esté, no va a necesitar su gorra mágica, porque para el pueblo futbolero de Ghana va a vivir por siempre.

La frase en dialecto ashanti que utiliza como lema el Asante Kotoko, y que fue en la que se apoyó Mensah para traer de vuelta a sus compañeros al campo de juego para seguir de pie en aquella mentada final de la Copa de Africa, es lo que deja un sabor más dulce para concluir esta historia trágica:

Kum apem a, apem beba

“Mata a mil, y mil más vendrán”.

Asante_Kotoko_SC_(logo)

 

 

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