Batacazo

No, no es viernes pero elegimos “arrancar la semana” de una manera distinta y antes de sumergirnos en una vorágine de “un país hablando de fútbol” vamos a hablar un poco de la vida misma. Y antes de ir al texto de Arquero Bipolar les recordamos que pueden contactarse con cualquiera de los posteadores para enviarnos sus textos. 

imgo3A Beto leer el primer párrafo del mensaje de su amigo Diego lo hicieron cazar la campera y salir a la calle, le fue contestando en el pasillo. Mientras metía un brazo en la campera con la otra mano apretó el microfonito y le mandó un audio _Negro, en 10 nos vemos en el bar, venite que charlamos, va a estar todo bien, quedate tranquilo. Saludos a la polaca.

“Va a estar todo bien”, esa frase no hubiera pasado ni siquiera el detector de mentiras de Chiche Gelblung, Beto era consciente de eso pero, qué otra cosa iba a decir? Qué se dice en esos casos? “Me quiero matar boludo, que vida de mierda!” era una opción tranquilamente válida pero la idea de un amigo que te manda un mensaje de esos no es que le tires más paladas de tierra sino que le mandes una lucecita de esperanza, una mano, un centro. Uno siempre trata de tirar la primera boludez condescendiente que te sale, en esos momentos no suele tener a mano el manual de las respuestas perfectas en la guantera de la memoria. Esas siempre vienen dos horas después, más o menos.

Se bajó del bondi y llegó casi 10 minutos tarde así que fue apurando el paso y llegando al bar pudo ver desde la ventana a Diego, que miraba a través pero con esa expresión de no ver absolutamente nada. El que agitaba la mano de afuera podía ser él, Freddy Krugger, Michael Jackson o Riquelme que el tipo no lo iba a ver, así que intentó una vez y desistió enseguida, no valía la pena seguir gstanto energía, mejor guardarla para el partido de adentro.

Cuando abrazó a Diego, su amigo parecía esos muñequitos con el interior de elástico, esos que parecen rígidos pero los apretás la base y se doblan todos, bueno, era eso. Beto no recordaba a su amigo así, lo vio llorar como un nene en la despedida de Palermo pero esto era otra cosa. Lo sentó y sintió que Diego tenía 70, 80 años, tanto por lo que tardó su amigo en ocupar la silla como por lo vidrioso de los ojos que seguían ahí porque no tenían otro lugar para ir.

– Me querés contar?

Diego tiene la cabeza enterrada entre los hombros, no puede mirar a los ojos a su amigo, traga saliva y arranca -Venía todo bien, nos hicimos ese estudio porque era de rutina, viste? Y bueno, salió que tiene un síndrome genético. Edwards. Si te querés amargar googlealo.

-Che, tan malo es?

Ahí Diego levanta la cabeza y su amigo le clava esos ojos llenos de nada -Tienen una esperanza de vida del 6%, según leímos en Internet. La genetista dice que es “incompatible con la vida”. Podés creer que la mina nos dijo “Tienen una Trisomía 18”, ni el sexo nos dijo la hija de puta!

El Beto se quedó, no sabía qué decir a continuación. Es un pibe simple, no entiende demasiado de genética, ni siquiera de embarazos pero se quedó con un dato de los que le tiró el amigo. Le dio un golpe a la mesa que rompió la monotonía y dijo algo que no guardaba relación con la conversación que venían teniendo.

-Peor estuvo el Leicester amigo y ahí están ahora…

-Pero yo te estoy hablando que la beba que lleva mi señora en la panza es muy probable que se muera y vos me salís con el Leicester? Pero vos sos pelotudo Beto?

-Perá, perá, perá- Dijo Beto levantando las dos palmas -Vos sabés cuáles eran las probabilidades de que el Leicester salga campeón? 0,02%, CERO COMA CERO DOS POR CIENTO MACHO! Y ahora está ahí, a un partido del campeonato!

Diego hacía un esfuerzo sobrehumano por tratar de entender la lógica de su amigo- La verdad que no te sigo…

-Digo, que si el Leicester, con un porcentaje tan bajo, puede dar el batacazo, por qué tu nena no?

El rostro de Diego era una mezcla de indignación y bronca – Vos estás comparando a mi beba con un club de fútbol, todo lo relacionás con el fútbol vos, tan boludo podés ser Beto? Por qué no te vas un toque a cagar? Y manoteando la campera del respaldo de la silla, se levantó y se fue, no sé si llegó a escuchar el “pero pensalo, loco” que le tiró Beto al aire.

“Le hablo de  mi nena, tengo el corazón destrozado y el pelotudo este me habla de fútbol, no entiende una mierda de nada” los ojos le lagrimeaban, un poco por el viento, otro poco por esa mezcla de angustia, indignación, bronca que tenía por lo que le había tirado su amigo. Ni punto de comparación había. Ni un puto punto de comparación. Cuando llegó a su casa ni siquiera le comentó eso a su mujer, le dijo que el Beto le había tirado lo clásico, que “fuerza”, que “vas a ver que está todo bien” y se limitó a abrazarla y así se quedaron dormidos, con el pecho sobresaltado de vez en cuando por las resacas de tanto llanto junto.

Pasaron los días, y el lunes 2, cuando estaba en el laburo le llega un mensaje a su celular. Era Beto. Habían estado guardando un silencio mutuo entre los 2 desde aquella noche, así que se asombró un poco, pese a todo estaba contento de tener alguna noticia de su amigo. “Viste que al final el empate del Chelsea lo dejó campeón al Leicester? 132 años sin verle la cara a Dios y salen campeones! Es el año de los batacazos Diego! Vas a ver que a tu piba también se le va a dar”. Se quedó mirando el celular y por un instante hasta sopesó la posibilidad de que su amigo no estuviera errado, pero después lo dejó en el escritorio de vuelta y volvió a lo suyo. Beto estaba loco, eso pasaba, pobrecito.

Y se hicieron más frecuentes las visitas a los médicos, los estudios, las palabras raras que pasaron a formar parte del vocabulario diario: “síndrome”, “trisomía 18”, “genetista”, “sobrevida”, “edema”. Y siguió esa montaña rusa de estar esperanzados y de caer estrepitosamente a velocidades inusitadas y de vuelta a intentar remontar la cuesta arriba. Si hasta cuando intentaba despejarse viendo a Boca los de la Rivera se complicaban solos la serie, con el gol en contra del Cata, después empatando con Pavón y, al mismo tiempo, el pibe haciéndose echar. Terminaron pasando por penales, y en medio de tanto sufrimiento por una cosa tan ajena como una definición que a su vida no le daba más que un cachito de felicidad, soltó una que otra lágrima tirando “Por qué carajo tengo que sufrir tanto hasta en esto!”.

A los dos días, volvió a tener noticias de Beto, con otro mensaje, pese a que él nunca le contestó el que le había mandado “El Hibernian, de la Segunda División del Fútbol Escocés, salió campeón del la Copa Escocia por primera vez en 114 años! Otro batacazo Diego! Es el año, tené Fe!”. -Bueh, ahora ya manda cosas de Escocia…Dijo pero igual se quedó pensando, por ahí había sido un toque duro con Beto. No es fácil lidiar con algo como lo que le tocaba a ellos, imaginate a él que ni novia tiene. Es bueno, es buenísimo, pero tiene esas cosas, debe ser que la cabeza le funca por ese lado, ve señales donde puede.

Diego y su esposa entraban en Junio con una angustia gigante, porque empiezan a aparecer los primeros síntomas de la enfermedad, la beba se va retrasando en la edad madurativa y algunas ecografistas los asustan más de lo debido. Pero la panza crece, pasó las 24 semanas y la beba se deja sentir a pura patada y trompada limpia y eso es el faro que los hace seguir, es la zanahoria que los hace moverse para adelante. Es lo que le dicen que no aflojen, que ahí en el fondo hay una llamita de esperanza.

Y Beto volvió a mandarle mensajes, primero el 11 de Junio, por el ascenso de Excursionistas (Por primera vez campeón de la C y volviendo a Primera B después de 20 años) y después el 12 cuando Flandria por primera vez en 75 años salía campeón de la Primera B y ascendía al Nacional. Las dos veces cerró con el mismo mensaje: “Es el año de los batacazos Diego, a tu nena se le tiene que dar”. Y Diego, que a esa altura del partido estaba esperanzado con el crecimiento de su hija, ya no se molestaba con estos mensajes. Si su amigo veía señales buenas, por qué decirle que no?

Junio siguió igual y Beto seguía mandando mensajes, pero solamente para ver cómo andaban sus amigos. Sabía que era un sube y baja la cosa, que a veces iban a estar bien y otras no tanto, así que si ellos no querían que los viera, los dejaba tranquilos. Y la Copa América pasó sin batacazos (Para Beto haber perdido con Chile por segunda vez consecutiva una final no clasificaba como tal) por lo que no podía mandarles más que “Fuerza” y pedir que la beba siga creciendo como hasta ahora.

Y la beba seguía, pero los problemas también. Un ecocardiograma detectaba fallas coronarias y las nubes se iban acumulando, la tristeza tapaba cualquier atisbo de sol en la casa de Diego y su señora. Para colmo, Boca quedaba afuera de la Libertadores ante el ignoto Independiente del Valle de Ecuador, Beto le iba a decir que el 1-3 en la Bombonera clasificaba como “batacazo” de los ecuatorianos, pero la cosa venía compleja como para chicanear con eso.

Julio fue todo lo frío que podía ser, sumando los meses anteriores estuvimos más de 100 días sin pasar los 20 grados y el sol se veía muy de vez en cuando, por lo que el ambiente en la casa de Diego no desentonaba para nada con el clima habitual. Las ecografías mostraban que la beba seguía creciendo, sí, pero el ritmo ya no era el mismo, estando casi desfasada por 3 semanas, pero ahí estaban los puñitos, las piernitas, la carita redonda diciendo que todo iba bien, que ahí adentro la cosa seguía marchando.

Y vino Agosto y el frío no aflojaba, ni adentro ni afuera de la casa de Diego. La mujer empezó con problemas de presión y la beba, con 32 semanas, empezaba a tener problemas en el cordón umbilical, por lo que llegaba la hora de salir, casi un par de meses antes. Por más que no estuviera preparada, ni la beba ni el resto de la familia, había que salir igual a la cancha. Entre preparativos de bolsos y papeles, estaba la tele de fondo esa noche, habían arrancado los Olímpicos y Diego, así como al pasar, escuchó que Nigeria le había ganado a Japón 5 a 4, pero lo curioso era que el plantel africano había llegado 4 horas antes del partido a Río. Les tocó salir a jugar casi con la ropa del aeropuerto. En ese instante a Diego se le cruzó el Beto y sus paralelismos futboleros y pensó que en un momento así, cualquier señal era buena.

Abril, así se llamó la beba, salió con todos sus problemas a cuestas pero, así y todo, se las arregló para gritar, como le había pedido el padre, para que los médicos se dieran cuenta que estaba ahí, que estaba viva, que lo de la “incompatibilidad con la vida” era chamuyo de genetistas de laboratorio. Guapeó, chilló, hizo todo lo que su cuerpito que no llegaba a pesar un kilo le dejó hasta que pudo y entonces, cansada ya de Diego que no la dejó tranquila ni un ratito, se dejó ir cubierta de besos.

Esa tarde Beto fue para el sanatorio, se encontró con Diego, que estaba incluso peor que la última vez que se vieron. No se dijeron nada, dejaron que el abrazo y las lágrimas que le salían a los dos hablaran por ellos. Sentados ahí, en el pasillo del sanatorio, fue Beto el que inició la charla.

– La pudiste conocer?

– Si, fui el único que estuvo con ella, por lo menos mientras estuvo conciente, pobrecita… Era hermosa, mejor dicho ES hermosa. No le daban ni tres meses en la panza y vos la tenías que ver, salió gritando, GRITANDO entendés? Los huevos que le puso esa nena, por Dios!

– Bastante hicieron los tres Diego, no podías pedirle más…

– Pero sabés que pensaba que sí? Sabés que hace unos días me acordaba de vos y pensaba que iba a poder

– Por?

– Por lo de los batacazos… Se iban dando esos resultados contrarios a las estadísticas, a la historia, contrarios a todo…Que se yo, uno en momentos así como que se prende al primer tronco que ve dando vueltas, viste?

– Bueno, para mi fue una forma de tratar de ayudarte. Ya sé que el clásico hubiera sido “Está en las manos de Dios” pero…

– Estuviste bien, Beto, estuviste bien -Se queda mirando hacia la pared de enfrente- El otro día, Juegos Olímpicos, segunda fecha, México, que venía de empatar con Alemania, jugaba contra Fiji, que se había comido 8 de Corea, me enganché el primer tiempo con ese partido. Y cuando vi que Fiji le ganaba a México 1-0, hasta pudiendo ponerse 2-0 por un rato pensé que se podía, que se nos iba a dar…

– Pero México ganó 5-1 ese partido, era lo más lógico

– Yo ya sabía que iba a ganar México! Ahí está el tema: Yo ya sabía que no iban a ganar, sabía que era imposible de aguantar el resultado, si encima el gol fue de pedo, pero Beto, escuchame: Esos 45 minutos, esos 60 hasta que volvieron a la cancha y en dos minutos le empataron, esos muchachos estuvieron ganándole al Campeón Olímpico! Nadie le va a quitar esos minutos de gloria que tuvieron, que vivieron ahí, adentro de la cancha que estaba llena de gente de otro país, pero que hinchaban por ellos, un poco por la simpatía hacia el más débil, otro poco por antipatía al contrario. Ahí entendí todo, Beto: Si no íbamos a tener más gloria que esta, lo que importaba era disfrutar lo que durara, no pensar en que nos iban a terminar goleando, entendés?

Beto miró a su amigo, que a esta altura tenía los ojos hechos un fuego y brotando lágrimas, pero también vio una sonrisa, una sonrisa grande que hace mucho que no veía.

-Se le dio Beto, se le dio! No sabés el primer tiempo que jugó la nena Beto, no te das una idea lo que fue eso…Que manera de gritar ese gol, la puta madre!

Para Abril, la mejor prueba de que no hace falta estar demasiado en esta vida para ser eterno.

 – Arquero Bipolar –

Podés bajarte batacazo en .pdf

 

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