Papi

El papi futbol, la puerta de entrada de nuestros pibes a las drogas blandas (?) al fútbol como deporte, a veces puede ser la peor carta de presentación que les podemos ofrecer. ¿Está bien que les enseñemos a competir desde tan pibes? ¿Qué tanto puede influir en un chico el que le griten cosas en una cancha desde los 7 años? Acérquese amigo a la ronda y súmese a la discusión.

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Hay una regla implícita en casa: No se putea, SALVO cuando papi mira los partidos. Porque uno entiende de la psicología, de criar al pibe como un ser sociable y de buenos modales, pero cuando ves al burro de Pablo Pérez ligando una amarilla a los 5 del primer tiempo, si no te sale una puteada, no tenés sangre (?). Y mi pibe a veces se engancha a mirar un ratito, otras (la mayoría) no y viene, con intermitencia, a preguntar cómo van, o a festejar un gol. Uno de esos días mira a la tele, me mira y me dice “Yo puedo jugar un partido un día?” Y ahí se me viene la memoria emotiva.

Ahí lo veo al Bipolarcito (?), con un buzo Nanque celeste que la vieja me regaló yendo para la Sociedad de Fomento Luz y Fuerza del barrio, de la mano de papá. Hoy nos toca jugar de locales contra La Carne y son partidos chivos. No tengo ni 10 años, hace menos de un año se me dio por anotarme en el club y estoy en el banco. No juego nunca porque soy malo los que están vienen jugando desde chiquitos y que haya cambio de arquero es más raro que un presidente jugando al basket. El tinglado de la cancha vibra de la cantidad de padres, hermanos, abuelos, que van a ver los partidos con canastos de mimbre con el termo, uno que otro sanguichito, el jugo para cuando el nene termine de jugar. Somos Categoría 80, la anteúltima, pero igual para la hora del partido la cosa está que arde. La Sociedad de Fomento es un griterío, los padres que alientan a los propios y le piden que hagan goles, que ganen, que PONGAN, lo normal. El tema es ese…¿es normal?

Salto unos años arriba, 9 más o menos, estoy viviendo la vida que espera todo pibe que termina el secundario con uno de los mejores promedios y abanderado: Laburando un domingo cortando el pasto en un campo de recreo a una hora en auto de tu casa. En ese campo, da la casualidad, el Pichi Escudero entrena a una filial de Boca (ahora hace lo mismo en Japón, nuestro segundo barrio papá (?)), pibes que ya dejaron el papi por edad y están haciendo sus primeras armas en cancha de 11. Los veo entrenar toda la semana, vienen temprano a la mañana y se quedan hasta el mediodía, después van al buffet y saquean lo que haya. Los pibes, porque los padres se quedan charlando con el técnico. Casualmente (?) estoy limpiando un baño cerca y escucho que uno le pedía que lo ponga al pibe porque “ya me estuvieron hablando de Vélez y sino lo llevo para allá”. El pibe, ajeno a todo eso, se estaba cagando de risa con los compañeros en el buffet y lo hacía toda la semana. No parecía con ganas de dejar a los amigos.

En el mismo lugar, unos días después, estoy cortando el pasto cuando veo a un padre sentado en un banco de plaza, justo atrás de uno de los arcos. Parece que es el padre del arquero, porque el pibe a cada rato gira la cabeza para donde está el padre. Córner en contra, el pibe tarda en salir, lo anticipan, gol de los contrarios. Mientras los compañeros encaran para la mitad de la cancha, el arquerito va a sacar la pelota de adentro y el padre, pegado al alambrado, le dice que esa pelota era suya, que no le podían cabecear así. Se lo sigue recordando durante el resto del partido, tanto esa jugada como otra donde, a su entender, tardó en salir, o un saque de arco que hizo desviado. Al parecer sus compañeros dieron vuelta el resultado porque al finalizar el partido están todos festejando. Todos menos el arquero que se queda recibiendo comentarios de su padre, hasta que, tarde, se suma al resto.

Otro salto temporal, más acá en el tiempo pero más lejos de casa, en Río Tercero, Córdoba. Por la Liga Infantil se enfrentan Casino con Club Atlético Río Tercero. En el medio del partido, la gente deja de ver lo que pasa adentro del campo de juego para ver a las gradas, se armó una pelea. Padres? No, madres (?). Una arremetió contra los pelos de la otra porque quería saber qué tintura usaba le había dicho a su hijo “ciego” luego de errarle a la pelota. El chico debe usar lentes desde su nacimiento. ¿Qué hace el resto? Se suma, como corresponde. Los nenes, desde adentro, miran. Me recuerda a un partido de papi de cuando era chico donde una madre entró a pegarle al referí porque había echado a su hijo y lo hizo llorar.

media-photo_57e6da1dd17589f27a53f7ed_640w_Pero que pelazo! Usás el de keratina o el de jalea real? (?)

Y hace unas semanas, se viralizó un video de un arquerito, Tobías, a quien los padres filman a la vuelta de un partido diciendo que no quería ser más arquero porque habían perdido por su culpa, que era “lo más aburrido del mundo” cosa que compartimos (?) y luego rompiendo en llanto al recordar que le habían hecho UN GOL de caño. No 5, no 10, no 20, UNO. Más allá de, en lo personal, pensar que ese tipo de cosas deben ser resueltas adentro de casa y no se debe exponer a un pibe de 6 años a la mirada pública, duele, como arquero y como padre, ver a un pibe tan desconsolado por una actuación. Tiene 6 años, uno más que mi hijo y se autoexige como si fuera de Primera, no será mucho? Influirá mucho que el padre suba videos de sus partidos a Youtube para que los vea todo el mundo? Vaya uno a saber.

Lo cierto es que todas esas cosas, pasadas y presentes, propias y ajenas, me hacen replantearme si seriamente el fútbol infantil cumple el rol de sociabilizar, de fomentar en los chicos el deporte y la amistad o si, por el contrario, desde temprana edad los estamos exponiendo a la mirada pública, a la presión innecesaria, a ser el foco de las frustraciones ya sea de sus padres o de los padres de sus compañeritos, que puede derivar en una batalla campal o incluso en un daño psicológico a una edad donde fortalecer la personalidad resulta fundamental para el resto de su vida. El fútbol, ese deporte que tanto amamos los que venimos por acá, lentamente lo vimos transformado de deporte a espectáculo, y de espectáculo a negocio y ese negocio, era posibilidad de “salvarse” con el pibe, parece arrancar cada vez más temprano. Porque el Kun debutó a los 16 así que hay que arrancar temprano, ¿o no? (?)

Desde las federaciones más convocantes, como FAFI (aunque no lo crean es la página oficial pero parece que la creó Compumundo Hipermegared(?)) y FEFI, se sigue apuntando a ese modelo competitivo, con los pibes arrancando a  los 7 años, pero existen alternativas como AEFI en donde se apunta a jugar por jugar, donde no hay tabla de posiciones, de goleadores, vencedores ni vencidos. Los chicos juegan contra otros chicos de otros clubes y al finalizar el encuentro disfrutan juntos del resto de la jornada y a fin de año se les entrega premios a todos, sin distinguir entre titulares y suplentes.

Vale la pena seguir fomentando este tipo de torneos o, por el contrario, deberíamos tratar de volver el deporte y el club mismo a sus orígenes, como un foco en donde cultivar la amistad? De dejar de ver al contrario, o incluso a un compañero, como un rival y verlo como otro chico más con quien poder compartir? Ya sabemos que en los clubes grandes es algo imposible, pero si arrancamos de chicos quién te dice que nos acordamos que además de un deporte, el fútbol es un juego. Porque lo importante es competir, divertirse, pero por sobre todas las cosas, no dejar de ser pibe. Y, en lo personal, quiero que mi hijo, en la medida de lo posible y por un tiempito, no deje de serlo.

 

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