Historias de Eliminatorias: la increíble noche que Jan Tomaszewski y el culo polaco eliminaron a Inglaterra del Mundial de 1974

¿Inglaterra fuera del Mundial? QUÉ COSA TAN INCREÍnaaaah, la verdad que si pasa hoy en día es un suceso de tinte más mediático que inesperado. Pero la primera vez que los Piratas quedaron fuera de un mundial fue todo un acontecimiento para el mundo del fútbol, y un shock tremendo para todo Inglaterra en todos los aspectos. Aquí les contamos como fue.

Con la mano en el corazón, ¿es Inglaterra una potencia del fútbol a nivel de selecciones? Por un lado, con los mediocres resultados alcanzados por los Lions en las grandes competiciones – la única final que han jugado de Euros y Mundiales fue la de 1966 – no peleas la definición de “Potencia” ni con los de “La Ley y el Orden“. Por otro, es muy alegre desconocer tantos años de historia, tanto aporte al juego que hoy nos desvela y nos hace putear, la altisima carga de mística de los nosécuantos clubes desde primera hasta regional que trasciende el mero deporte y casi que se mantiene firme desde – en muchos casos – mediados del siglo XIX. Entonces para este humilde escribidor de vainas la respuesta es un tibio NI: convengamos que por muy meh, disminuída y cheese-eater que estén sus selecciones, a Inglaterra uno le da cierto status en el panorama mundial, y aunque sea eliminado una y otra y otra y ooootra vez, el día que vuelva a quedar campeón de algo no será un sorpresón así como el de Portugal el año pasado o el de Grecia 2004. Incluso creo que sería menos, digámoslo así, novedoso que cuando España fue campeona en la Euro 2008.

Listo, dejemos la discusión para un contrapunto otro día. Ahora, y sin importar lo anterior: que Inglaterra sea eliminada en una fase clasificatoria a un Mundial sería una anomalía totalmente inesperada, en estos tiempos en los que a los grandes/famosos los zampan a un grupo con Gibraltar, Azerbaiyán, Altagracia, Felicidonia y la Soberana Orden Militar de Malta para pelear por dos puestos (y quién sabe si ahora con el calvo cabeza de verga de Infantino, por tres). Pero en otros tiempos la cosa no era tan fácil: con el formato existente en la UEFA pre-90, en el que había menos cupos para repartir y en donde competían dieciséis selecciones menos que hoy, la posibilidad de un famoso caído en desgracia estaba ahí mismito. Hablamos de grupos con tres o cuatro seleccionados peleando por un solo cupo, en los que porque no habían más donde acomodarlas, podía pasar que, por ejemplo, a España le tocaba matarse con una selección del calibre de Yugoslavia (pasó para 1974 y 1978), o a Italia con Inglaterra (1978), o a Francia con Bélgica y Holanda (1982). Entonces no veías esas largas giras triunfales que se ven hoy, en las que las selecciones conocidas de Europa viajan por todo el continente a cumplir el trámite de tirarle encima la camiseta a cualquier Moldavia, y así llenar el papeleo previo que implica ir una fase final de mundiales de fútbol.

El caso es que hace varias décadas el hecho de ver eliminada a la prestigiosa Inglaterra de los mundiales era un hecho que sonaba fuerte. A ver cómo fue…

You bloody losers bastards

¿Inglaterra potencia? ¿Cómo fue eso?

Antes ubiquémonos con un background (?) histórico. Entre mediados del Siglo XIX y hasta 1945 lo que es hoy el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte SÍ era una potencia económica y política a nivel mundial. Al que le podemos decir “Contigo comenzó todo” fue al rey de Inglaterra Enrique VII (1485 – 1509), que bajo su reinado implementó mejoras a la infraestructura marítima de su reino, todo buscando fomentar y facilitar el comercio allende (?) los mares. Esto al final derivó con los años en un flujo continuo de viajes a tierras desconocidas, que comenzaban como exploración y reconocimiento, seguían con el capitán de un barco diciéndole a un extasiado jefe nativo “I would like to exchange my very beautiful coloured mirrors with your gold, dear sir“, y terminaba con los ingleses como dueños del lugar. Así con esa metodología como bandera los de la isla de a poquito comenzaron a agarrar tierras fuera de su pedacito de.tierra original: primero se dedicaron a los territorios en América del Norte y las Antillas, luego se fueron hacia Oceanía y Asia y a finales del Siglo XIX tenían a gran parte de África agarrada de punta a punta, desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo. Así fue que tras el término de la Primera Guerra Mundial, el Imperio Británico era una imponente mole de tierras, recursos, poderío y prestigio, el más grande en extensión conocido por la humanidad (llegó a abarcar el 23.84% de la superficie continental), con posesiones, dominios y colonias tan majestuosas como la India (la joya del Imperio) o tan grandes como Australia o Canadá, y tan pequeñas y perdidas como…. eh, mejor sigamos….

La dicha les duró a los británicos hasta la Segunda Guerra Mundial. La Primera fue para ellos un golpe fortísimo para sus recursos económicos y humanos, pero siguieron firmes con la ayuda por su poderío militar y naval – aún de pie – y el comercio con sus posesiones y colonias. Pero después de la IIGM su prestigio quedó hecho mierda con las goleadas con baile que les metieron alemanes por un lado y japoneses por otro en casi todas sus canchas, lo que se complementó al final con la evidente colgada de tetas al ejército yanqui victorioso en Europa y el Pacífico. Con esto se fue desmoronando a pedazos la imagen del gran e invencible Imperio Británico, y la posguerra acentuó la situación. Cada vez era más complicado para los británicos sostener una aventura imperialista, porque en casa estaban físicamente sin billete debido al enorme esfuerzo de guerra, y si a eso le sumas el creciente nacionalismo de las colonias y dominios y la postura de los gringos en contra del colonialismo (al menos el de los demás), se explica cómo se fue desgranando el alguna vez poderoso imperio hasta quedar reducido a las islas británicas + unas cuantas posesiones perdidas y dispersas por el globo. La ironía de todo es que Alemania, vencido y arrasado en 1945,  era veinte años después un país próspero y estable en todos los sentidos; mientras, el victorioso Reino Unido sufrió en el mismo periodo una total decadencia económica y política, con privaciones para todos sus habitantes y con menos recursos que el Pipita Higuaín solo frente al arquero en una final. ¿Qué-fue-lo-que-pasó? De todo, pero se puede destacar que los británicos sufrieron las consecuencias a mediano y largo plazo, de ser manejados por unos burros sin visión que adoptaron unas horribles y anquilosadas (?) estrategias económicas, y que a eso se combinó el hecho paradójico que los gringos apoyaron económicamente con más entusiasmo a la Alemania derrotada para evitar que cayeran en manos del comunismo… Capitalism works in misterious ways…

La evolución de esa especie de Racing de la historia mundial llamada Imperio Británico

Total que para inicios de los años setenta el Reino Unido en general e Inglaterra en particular ya exhalaban un olor a rancio que apestaba de lejos. Y por esos días la vida era particularmente áspera para el sufrido pueblo inglés: una crisis económica creciente y sin pinta de ser controlada, conflictos sociales en efervescencia, una inflación en alza, una industria atrasada e ineficiente y mirándole las placas a las empresas de la CEE, el problema de Irlanda del Norte alborotado – con ataques terroristas en la propia Londres incluidos -, y para rematar, racionamientos de energía por el tema de la crisis mundial del petróleo (lo que llevó a que por un tiempo el gobierno obligó a que se trabajara solo tres días a la semana). En fin, todo tan tercermundista que creo nos hace agarrarle algo de cariño a los pobres ingleses…

Bueno, ¿y del fútbol qué?

Afortunadamente los seres humanos siempre tenemos a mano las drogquise decir el fútbol, jeje, para olvidar por un rato los problemas cotidianos. Y para cuando se avecinaba las Eliminatorias al Mundial de 1974 los hinchas ingleses andaban no se si sacando pecho, pero al menos mirando firme y a los ojos a los demás: es que al fin su selección había puesto cara-de-hombre después de décadas de fracasos y vergüenzas en Europa y el mundo. Recordemos que los de la selección de los Tres Leones hasta los años 40 fueron unánimemente considerados lejísimo´ los mejores del planeta, y eso a pesar que no se dignó a cumplir el enojoso trámite de demostrarlo en los campos de juego en los mundiales de 1930, 1934 y 1938.  Tanto era así que los italianos recién acabados de coronar campeones en 1934 concertaron un amistoso contra Inglaterra para ver quién de los dos era el mejor, de verdá – verdá. El ¿amistoso? se jugó en el Highbury Stadium de Arsenal un 14 de Noviembre de 1934, y fue tomado por ambas selecciones como “la verdadera final de la Copa del Mundo“; sobre todo por unos italianos ansiosos por validar su título y de paso por ganarse el Alfa Romeo que les prometió Mussol*ni a cada uno si ganaban el encuentro. Tanta motivación hizo que los muchachos se emocionaran hasta, eh, exagerar su vehemencia, y como resultado hubo abundantes expulsados y lesionados (por ejemplo) en lo que posteriormente se conoció como “La Batalla de Highbury“. ¿Quién ganó? Inglaterra por 3 a 2.

Pero precisamente en esos años en los que podían haber llenado sus vitrinas de trofeos, los ingleses se dedicaron concienzudamente a pelearse por maricadas con la FIFA, con lo que en la práctica se aislaron totalmente de la movida (?) mundial. Y entre su orgullosa sobradez y la pasión tan británica de seguir haciendo lo mismo por los siglos de los siglos, no cambiaron una mierda sus métodos de convocatoria, entrenamiento y manejo de la selección mientras las del continente sí buscaban superarse. Por ejemplo: hasta 1946 la selección de Inglaterra no tenía DT; las convocatorias a sus partidos y/o torneos eran hechas por un comité especial de la FA, y en el campo el que decidía y manejaba todo era el capitán. ¡imagínate! Fue recién en 1946, como digo, que la FA nombró a un DT – por insistencia del futuro Presidente de la FIFA Stanley Rous -; el elegido fue un tal Walter Winterbottom, ex-jugador recién retirado a sus 38 años y que con este cargo asumía su primera experiencia como entrenador (!!!). Aparte de novatón el nuevo DT no era muy brillante, y para rematar muchos aspectos deportivos aún eran decididos desde la FA. Así que no es de extrañar que el nivel de la selección bajase dramáticamente en la posguerra, y que el periodo del buen Walter como Manager de los Pross (1946 – 1962) fuera horriblemente gris: cero títulos, cero finales, ninguna semifinal y solo dos llegadas a cuartos de final en los cuatro mundiales en que fue el DT. En conclusión la tan esperada aparición de los ingleses en las competencias del fútbol mundial fue más mala que las Spice Girls, pero el DT seguía en el cargo y nadie lo sacaba: unos dicen que porque era el protegido de Stanley Rous (mmm. DOUBTS), otro que porque su cargo era más político que técnico, y eso contentaba a the four suited fat men de la FA.

Sir Walter Winterbottom en 1962, en el último mundial en el que iba a fracasar…
…después del cual asumió el gran Alf Ramsey, el más grande DT de la historia de las selecciones inglesas

Fue hasta 1962 que la FA se decidió a eyectarlo del cargo – apenas esperaron dieciséis años a que diese resultados… no dejan trabajar a la gente – y al año siguiente nombrar como DT de la selección a Alf Ramsey, este sí un técnico de experiencia y trayectoria que llevó en ocho años al Ipswich Town de pulular por la First B Metro (?) a ser campeón de Inglaterra. Ramsey era áspero, más ordinario que la costura que sostiene las huevas y de origen proletario, combinación que disgustaba a los petimetres (?) de la FA; pero se lo tuvieron que chupar después que, tras un mal inicio de ciclo en la Eurocopa de 1964, puso a su selección a pelear en todos lados por primera vez en la vida. Fue con Ramsey que Inglaterra ganó el título mundial en 1966 y un tercer puesto en la Euro 1968; a esto le siguieron dos llegadas sucesivas hasta Cuartos de Final en México 1970 y – con los restos de la generación campeona del mundo – en la Eurocopa de 1972 (¿Quién los eliminó en estas dos ocasiones? Alemania… ). O sea, los ingleses no eran las huestes de Atila The One, pero ya habían dejado de ser unos mediocres seriales para ser consistentemente candidatos en todos lados; para el inicio de las Eliminatorias al Mundial de 1974 Inglaterra era una de las selecciones top de Europa, y don Alf (nombrado caballero en 1967) era un personaje respetadísimo e incuestionado por todos dentro y fuera del país. .

A prayer for England

Después de la Euro 1972 se venía la Copa del Mundo de Alemania 1974, con sir Alf aún al mando de la selección. De la nómina titular del campeón del mundo de 1966 ya quedaban solo tres jugadores en vigencia para cuando rodó la bolita en esas eliminatorias: el multiusos Martin Peters (Spurs), el volante ofensivo Alan Ball (Arsenal) y el legendario capitán Bobby Moore (West Ham United), inamovible en la selección y al parecer aún en plena forma recién pasados los 31 años. Los demás ya no estaban por diversos motivos: Bobby Charlton se había retirado, el goleador por partida triple de la final Geoff Hurst estaba en bajo nivel en su club y el mítico portero Gordon Banks se jodió un ojo en un accidente automovilístico un mes antes del debut en eliminatorias (se terminaría retirando por esa lesión); esto sin mencionar a los demás laderos que los acompañaron (Jack Charlton, Cohen, Roger Hunt, Nobby Stiles) o retirados o en declive por la edad . El plantel que lucharía por un cupo a Alemania 74 olía a transición y venía de los clubes dominadores del durísimo fútbol inglés de la época: entre otros Norman Hunter, Paul Madeley y Allan Clarke del Leeds United, Ray Clemence, Emlyn Hughes y Kevin Keegan del Liverpool, Martin Chivers del Tottenham Hostpurs, Roy McFarland del Derby County o Mike Channon del Southampton. “Transición” no necesariamente era “juventud“: la mayoría ya se habían fogueado en el equipo de sir Alf en la Euro de 1972 o incluso algunos en México 70 (o en el caso de Norman Hunter, desde Inglaterra 1966 en donde no jugó), y varios de ellos fueron habituales en la titular que jugó la Euro 1972 y fue eliminada por los alemanes en Mayo de ese mismo año.

Probablemente no alcancen a leer el título de la foto: es de Inglaterra en 1973. El que aparece de último arriba es el asistente Harold Shepherdson: Alf Ramsey no salió, no se por qué

El sorteo para las eliminatorias europeas mandó a Inglaterra a pelear por un cupo a Alemania en un grupo con el viejo conocido Gales y con la incógnita Polonia; con los galeses la rivalidad era ancestral y se veían las caras casi que cada año en los hoy desaparecidos British Home Championships, así que no había mucho que inventar. En cambio a Polonia no la conocían ni el Almanaque Mundial por esos días; su historial mundialista consistía de un único partido jugado en Octavos de Final de 1938 – en el que perdieron 5-6 contra Brasil en Estrasburgo -, en Eurocopas ni siquiera habían aparecido en fases finales y no contaba – aún – con jugadores reconocidos a nivel continental. Su único logro así más o menos resaltable fue el ser campeones olímpicos en Munich 72, con una base que incluía a tipos como Deyna o Gadocha, pero esto no pesaba mucho a la hora de considerarlos como candidatos. Así que en teoría el grupo no era un paseo para los antiguos imperialistas pero sí muy accesible, tanto que la prensa y público ingleses estaban relajados y demasiado confiados en superar el obstáculo del vecino y del venido de las brumas de Europa del Este. Como años más tarde declaró el periodista de la BBC Barry Davies, que comentó en vivo para el país el partido final ante Polonia en Wembley “Esta era aún la época en los que todo el mundo sentía que teníamos un derecho adquirido de estar en las Copas del Mundo, por lo que simplemente era impensable que no estuviéramos allí”. ¡Ja!

El debut fue un muy esperanzador 1-0 ante Gales en el Ninian Park de Cardiff el 15 de Noviembre de 1972, con gol de Colin Bell. Ramsey mandó una nómina renovada respecto de la que fue eliminada seis meses antes por los alemanes en la Euro: afuera veteranos gloriosos como Banks (por los motivos de fuerza mayor mencionados arriba), Martin Peters, Geoff Hurst o Francis Lee, adentro recién llegados como Ray Clemence, Peter Storey, Kevin Keegan y Rodney Marsh. Y le funcionó porque esa noche se mostraron mucho mejor asentados que los locales, casi no pasaron sustos y hasta se comieron algún gol más. Lo mejor del partido para los Pross fue la defensa: Ray Clemence (debutante como internacional esa noche) no sintió un carajo el peso de reemplazar a un ídolo como Gordon Banks, y entre los centrales Bobby Moore y Roy McFarland y los laterales Emlyn “Caballo Loco” (!) Hughes y PeterEl Hacha” (!!!) Storey rechazaron los morteros locales lanzados consistente pero torpemente desde la media cancha. Adelante el juego no fue tan fluido, y ni Kevin Keegan, ni Martin Chivers o Rodney Marsh mostraron claridad: el posteriormente famoso Keegan por ejemplo – otro debutante en ese partido – se comió solito al final un gol que hubiese sido el 2-0. Pero en general la imagen fue positiva, y más importante: los ingleses se devolvieron a Londres con los dos puntos en las maletas y más contentos que cincuentón divorciado caminando en la calle con su novia veinteañera.

Dos meses después los ingleses tenían la chance de encaramarse bien arriba de todos en la tabla – y de paso echarle tierra encima tempranito a uno de los rivales de grupo – al recibir a los galeses en Wembley por el segundo partido del grupo, ante 62,000 aficionados seguramente todos en avanzado estado de ebriedad (?). Pero no pudieron: el partido quedó 1-1 y con esto los locales perdieron un poquito la ventaja que habían adquirido en la primera fecha. Sir Alf mandó al campo a los mismos once que derrotaron a sus rivales en Cardiff dos meses antes y ahí he fucked it up, porque sus características y disposición en el campo eran más para asegurarse atrás que para ir a buscar el gol. El medio de los Pross dominado por el áspero Norman Hunter, Colin Bell y Alan Ball era para ir a la guerra pero no para rodar la pelotica; y como resultado cada ataque de los locales en el primer tiempo era igual que cuando uno intenta levantarse una hembrita que no conoce en una discoteca en la que suena el volumen a full. Los galeses – casi todos en clubes de la liga de su rival – no fueron maricas y se pegaron todos atrás, mandaron al grandote John Benjamin Toshack (sí, el mismo viejo de mierda técnico de los 90) a escoriar la defensa rival y le dieron todas al muy hábil y culebra delatero Leighton James, que en solitario se bastaba para que los defensas locales se abstuvieran de subir por tenerle siempre un ojo encima. A los 25 minutos Toshack mete el 1-0, empataron los locales con un ramalazo de Norman Hunter antecito de terminar el PT, y el ST fue toda una oda a la impotencia inglesa para crear opciones: el marcador no se movió. El silbato final desató una tormenta de abucheos del respetable, coronados en la transmisión por televisión por el comentario final del narrador “[los jugadores] tienen que hacerlo excepcionalmente bien contra Polonia. Un empate contra Gales simplemente no es bueno para un equipo con los estándares de Inglaterra”.… ufff, sacadísimo estaba: leído así uno se imagina que lo dijo mientras tomaba el té sentado en la sala de la mansión de la Duquesa de York en Lincolnshire.

El debut de Polonia en esas eliminatorias fue el 28 de Marzo de 1973 en Cardiff, contra una Gales que afrontaba su tercer juego consecutivo en tres fechas jugadas del grupo (!). Los polacos lucieron varios nombres después ilustres pero que por esos días que no los conocía mamputas, como Jerzy Gorgon, Henryk Kasperczak o Robert Gadocha, y sobre todo dos futuras leyendas: el portero Jan Tomaszewski – en su tercera aparición en la selección mayor – y el media punta Kazimierz Deyna, este ya veterano de las eliminatorias anteriores. Esa noche ni se notaron porque los galeses consumaron su resucitada con una convincente victoria por 2-0, fundamentada bastante en el carácter y empuje y en su juego muy rudimentario de pelotazo va – pelotazo viene, – lluvia de centros pero que en ocasiones les resultaba. El primer gol fue por Leighton James recién comenzado el ST, tras cagada de Tomaszewski y un defensa, y el segundo vino faltando cinco minutos – con toda Polonia encima y haciendo figura al portero Gary Sprake del Leeds United – por medio de Trevor Hockey que celebró literalmente junto con medio estadio en la cancha (mira en el video que no hablo paja). La clasificación quedó con Inglaterra 3 puntos (2 PJ), Gales 3 puntos (3 PJ) y Polonia 0 (1 PJ). Gales seguía vivo y pendiente de lo que hiciera Inglaterra contra Polonia en Chorzów en Junio: una derrota inglesa les caía precisita para seguir con vida.

pol1973
Los polacos parece que se inspiraron en la piyama de Gomulka para su uniforme cuando viajaron a Cardiff

Con los galeses ahí pegaditos en la tabla a los ingleses no les quedaba otra que ir por la victoria, o al menos un empate en Chorzów ante los polacos para llegar tranquilos a su último encuentro en Wembley. Esta vez Sir Alf hizo cambios respecto del partido anterior: el portero Peter Shilton, el lateral Paul Madeley, el veterano Martin Peters y el delantero Allan Clarke jugaron en vez de Ray Clemence, Norman Hunter, Kevin Keegan y Rodney Marsh. El ingreso de Peters y Clarke fue para darle otro aire a una ofensiva muy plana en los dos primeros partidos; el cambio de porteros probablemente fue por tema de confianza de sir Alf en el más veterano Shilton. El ingreso de Paul Madeley fue para el puesto en la banda de Peter Storey, que a su vez se hizo en el puesto de Norman Hunter no sé si por decisión técnica o por lesión del titular. Por falta de marca no creo que haya sido, porque Hunter era una bestia que como central o como volante defensivo corría incansablemente hasta que o quitaba o quitaba el balón del rival, sin importar si en el proceso venía colateralmente incluida alguna tibia o peroné; en su país al jugador del Leeds United le decían de cariño (?) “Bites yer legs” (“Muerde tus piernas“), el apodo se lo puso el thermoking querible de Brian Clough (más adelante aparecerá por acá). Pero su reemplazante esa tarde Peter “El Hacha” Storey estaba un peldaño más arriba en la escala “Fuckin´ Animal“: el jugador del Arsenal tenía reputación de ser el más violento en una época del fútbol inglés llena de tipos violentos en todos los clubes. Este sería su último partido oficial con su selección; después de retirarse del fútbol Storey pasó varios años en la cárcel por regentar un prostíbulo y por falsificación (!).

Pero todo les salió como el culo a los paisanos de Kate Beckinsale en su visita a Polonia del 6 de Junio de 1973, que será recordada no solo por la sorpresiva derrota de los Pross – la primera en toda su historia por eliminatorias – , sino por haber sido el marco del triste fin de la carrera internacional del gran Bobby Moore. El mítico defensor tuvo una tarde horrible, que inauguró con un autogol a los 7 minutos (metió el pie tosca y huevonamente ante un tiro libre de costado polaco) y remachó al dejarse quitar el balón de Wlodzimierz Lubanski a los dos minutos de haber comenzado el ST. Sobre todo esta última jugada dejó en evidencia la decadencia de Moore, que recibió el balón solito en su lado y quiso gambetear a Lubanski con menos soltura que musulmán visitando las calles de Dallas. El 2-0 fue un mazazo para los ingleses – que esa noche lucieron un atípico uniforme amarillo con azul – porque aparte otra vez mostraron pocas ideas adelante y nula capacidad de reacción. Esto último fue sobre todo por la terquedad con visos de viejo gagá de Alf Ramsey que teniendo aún casi todo el segundo tiempo para buscar al menos el descuento no hizo un solo cambio en la nómina ni en la táctica. Durísima derrota y all their arses were filled by a lot of questions al ver la clasificación parcial: Inglaterra 3 puntos (3 PJ), Gales p 3 puntos (3 PJ) y Polonia 2 (2 PJ). Si los galeses vencían a los polacos de visita en su último partido obligaban a sus vecinos a ganar sí o sí en su última fecha para igualarlos en puntos, y a partir de ahí decidía el gol diferencia.

Sin embargo los de la isla respiraron con el 3-0 a favor de Polonia ante Gales en Septiembre (goles de Gadocha, Lato y Dumarski) que quitó de la ecuación a los del Dragón y dejó a los locales líderes del grupo por encima de Inglaterra. Así que el cupo a Alemania se iba a decidir entre los contendientes del último partido del grupo en Wembley: los ingleses tenían sí o sí que ganar, a los polacos les alcanzaba con un empate para dar el batacazo. Tarea dura pero muy alcanzable para los Tres Leones, cuya afición, jugadores y periodistas estaban totalmente confiados en la clasificación, y a los que un 7-0 a Austria en un amistoso previo al partido los insufló aún más de confianza. ¿Confianza? Es más exacto decir “seguridad“. Los mismos jugadores daban por hecho su superioridad, el propio DT Ramsey les decía a los suyos que sus contrincantes no eran de un nivel competitivo, y hasta la viperina prensa inglesa los minimizó e incluso trató a los visitantes como curiosidad de circo durante su estadía en Londres (se burlaban de sus peinados y bigotes anacrónicos y los ridiculizó en los medios). Por ejemplo, el veterano periodista Brian Glanville escribió “si Polonia clasifica a la Copa del Mundo no pueden pretender ser otra cosa que unos intrusos (…) Inglaterra, casi por derecho, debería estar entre los favoritos, el viejo caballo de guerra, eternamente respondiendo ante las trompetas. Como sin duda será esta noche”. Esto fue publicado en el programa oficial del partido (el librito que reparten en las canchas británicas con la programación y datos del juego) que se repartió en el Wembley en la antesala del cotejo ese 17 de Octubre de 1973. ¿Confiados? Nuuuuuuuuuu qué vaaaaa…

Black night

¡Y llegó el día del encuentro! Ramsey decidió alinear para el crucial partido a Peter Shilton; Paul Madeley, Norman Hunter, Roy McFarland, Emlyn Hughes; Colin Bell, Tony Currie, Martin Peters (capitán), Mick Channon; Martin Chivers, Allan Clarke. No sorprendía, pero chocaba, la ausencia del gran capitán Bobby Moore, del que se dice que al saber que no iba a jugar frenteó a sir Alf preguntándole si esto significaba que ya nunca más iba a contar con él (el DT supuestamente le respondió “Claro que no significa eso, te necesitaré como mi capitán el próximo año en la Copa del Mundo“). Los polacos saltaron con Jan Tomaszewski, Jerzy Gorgon, Miroslaw Bulzacki, Adam Musial, Antoni Szymanowski, Leslaw Cmikiewicz, Henryk Kasperczak, Kazimierz Deyna (capitán), Jan Domarski, Robert Gadocha, Grzegorz Lato, y desde antes de pisar la cancha se les notaba el monumental cagazo que llevaban. “Los polacos [en el túnel antes de salir a la cancha] parecían aterrorizados de nosotros” declaró posteriormente Allan Clarke, y remacha el portero Jan Tomaszewski: “Estábamos petrificados… nosotros quizás habíamos jugado 15 partidos internacionales y aún estábamos aprendiendo. Los jugadores ingleses estaban tan relajados, masticando chicle y con cara de estar pensando que nos harían tres en el primer tiempo, y en el segundo solo dejarían que pasen los minutos…”. En los actos protocolarios, lo esperable: el himno visitante abucheado y el “God save the Queen” cantado a grito pelado por los 91,000 asistentes con un fervor tan emocionado y patriótico que si en ese momento les hubiesen dado espadas, mosquetones y barcos se hacían todos a la mar y volvían a conquistar la India. “Nunca volví a escuchar un ruido tal como el rugido de la multitud cuando comenzó el himno” declaró Tomaszewski  años después. Los cantos emocionados y gritos de “England!” llenaban la noche londinense: los locales cumplieron desde el inicio con echarle encima a los pobres polacos toda su historia, mística y poderío a carretadas.

Varios de los titulares de los locales esa noche en Wembley, de izq a der: Colin Bell, Peter Shilton, Paul Madeley, Roy McFarland, Allan Clarke, Norman “Bites yer legs” Hunter, Mick Channon

Y desde el segundo cero punto uno, TODO el partido fue de los ingleses. To-do: conscientes que para ellos era The Glory or The Votto, los locales literalmente se le echaron encima a sus rivales desde que sonó el silbato, presionando con mucha saña a cada polaco que tenía el balón, y obligándolos o a rifar la pelota o a pasarla a las apuradas. Estos parecían que les hubiera dado La Garroterowszki, no atinaban a pasar de la mitad de su cancha, no sostenían el balón en su poder más de dos segundos, entregaban no solo mal sino a cualquier lado; se notaban azorados y estáticos, a cinco Km/hora menos que los locales y con la sensación que era una bola de fuego lo que tenían que controlar. Los piratas, en cambio, estaban como pasados de perico, y empujados por su gente y por la necesidá se mandaron a bombardear por todos lados la fortaleza visitante, que a duras penas lograba sacar los balones que le llegaban por arriba, por el centro, por los laterales, por cualquier lado. Te pinto como fue la cosa: a los 30 segundos ya hubo falta a favor de los ingleses, de costado y a unos 25 metros del arco de los de rojo; cobra Martin Peters bombeado pero el balón rebota en el área y es agarrado por Tomaszewski, que arroja enseguida el balón en el piso para salir jugando…. y al hacerlo casi se la entrega en los pies al delantero Allan Clarke (!), que estaba atento y por un pelito no le quitó la pelota para quedar solo frente al arco. En el choque con Clarke – tratando de proteger el balón – Tomaszewski se rompió un dedo y tuvo que ser atendido, pero siguió jugando. Todo esto antes de los 50 segundos de juego. Tremendo.

Los locales la tenían clarita: se mandaron con todo lo que podían y cuando podían arriba, lanzando oleada tras oleada de ataques como si estuviesen en el Somme, los cuales culminaban en un centro/pelotazo al área polaca. Entre Channon, Peters y Clarke se repartían la generación de juego local, pero en realidad TODOS los jugadores blancos se fueron por el gol: con frecuencia la jugada partía de los laterales Madeley y Hughes que desde su campo mandaban el ollazo para que pivoteara alguno de los de arriba en el área, o si no los del medio la distribuían a la lateral para que los volantes externos Currie y Peters rehicieran el ciclo zampando un obús al área. ¿Y los polacos? ¡Cagadísimos! No atinaban a agarrarla, sacaban con muchísimo parto los balones que aparecían cerca y casi que temblaban al tratar de pasársela a un compañero, perdiéndola generalmente en el proceso. El único que respondía alguito era el crack Kazimierz Deyna, ubicado bien al centro en una zona entre el medio campo y la media luna, que las pocas veces que agarraba la pelota intentaba pasarla con criterio; pero también se le notaba el cagazo general. Inglaterra llegaba y llegaba, el estadio bramaba y la visita sufría, y en el aire flotaba la certeza que el gol estaba madurito.

Mike Channon en uno de las 8726254 llegadas inglesas esa noche

Ahora, lo que le faltaba al equipo inglés para terminar de llevarse encima a los polacos era, precisamente, el detallito ese de la definición. Viendo el partido uno se asombra de la absoluta y descarada superioridad de los locales esa noche, tanto que hicieron parecer a los polacos como la Venezuela ochentosa jugando en el Maracaná. Ni por el hijueputa me voy a poner a contar tiempos, pero facilito la famosa POSESIÓN tuvo que ser de 90% local en el primer tiempo, sin exagerar una coma; y no fue la somnífera “te la paso a tí y tú me la pasas a mí y yo te la devuelvo” sino simplemente el reflejo del hecho que no le prestaban el malparido balón a los rivales y que estos se la dejaban quitar con conmovedora facilidad. Pero su pecado fue que abusaron de (o solo sabían hacer) la fórmula del pelotazo – centro – pivoteo – remate, y por eso, y aunque los polacos ni siquiera tenían el balón por más de dos segundos, por más que la pelota salía y volvía a entrar angustiosamente en el área polaca, por muchos disparos desviados a boca de jarro, no había casi remates directos al arco.

Recién a los 15 minutos los visitantes lograron mantener un poquito el balón en el campo pirata, pero la ilusión terminó tres minutos después con un tiro que Channon mandó desde el área chica al palo derecho de un vencido Tomaszewski. Iban 18 minutos y parecían 58 de la cantidad de cosas que habían pasado en tan poco tiempo, y me imagino en las casas en Varsovia, Cracovia, Katowice o Lodz a la gente al borde del infarto, rogándole a Dios o al espíritu del Camarada Gomulka (?) que de una vez les metieran el gol y acabara con tanto sufrimiento.

De todos modos a partir de ahí los polacos se animaron a llegar con algo más de frecuencia al campo rival, y aunque el vendaval local no amainó, al menos se ingeniaban para así sea por instantes ocupar a los defensas locales en algo más que en llegar a su propia área o mandar pelotazos. Y en esas tibias llegadas en las que el gran Deyna hacía de armador y Lato y Gadocha de, por así decirlo, preocupadores, se notó cierta endeblez de la defensa de blanco, complicada innecesariamente ante la presión rival. Pero los locales seguían llegando al arco polaco y botando los goles, desperdiciando el millón de llegadas que se fabricaban entre sus ganas y empuje, con frecuencia quitándole de los pies el balón a unos polacos asustados y más desbordados que en Septiembre de 1939. Y al minuto 38 apareció por primera vez el gran héroe de la noche: milésima llegada por la derecha de los ingleses, milésimo centro al área que es pivoteado por milésima vez por un delantero ante la impavidez de los defensas, el pivoteo lo agarra sin oposición Chivers que remata al arco pero rechaza el muro de camisetas rojas, el rebote lo toma un polaco, que intenta salir con la pelota en el área (!) pero por enésima vez le quitan el balón, este rebota por varias piernas, queda suelto y es rematado al borde del área con golpe seco, bajo y esquineado por Colin Bell; era gol seguro, pero no se sabe cómo putas apareció Jan Tomaszewski a estirarse como un gato, meter la mano y salvar el gol con una volada impresionante.

Es hora que hablemos del que sería el gran protagonista de esa noche londinense. Hasta ese momento el portero polaco se había mostrado menos seguro que el centro de Bogotá de noche, que se la pasó mandándose salidas rocambolescas ante centros de costado que ponían a parir a sus defensores, y generando cagadas como la jugadita del primer minuto que casi se la da a Clarke. Todo parecía darle la razón al gran Brian Clough, que haciendo de panelista en un programa de TV antes del encuentro (con apenas dos días de haber dimitido por problemas con los directivos del Derby County), había llamado “payaso” a Tomaszewski y afirmaba que Inglaterra iba a ganar fácilmente. Pero vino ese disparo venenoso de Bell y la grandísima atajada siguiente, y desde ahí comenzó a agigantarse la figura del grandote arquero polaco, cuestionado en su país, poco ortodoxo para atajar y con tendencia a abrumarse facilito si las cosas salían mal (el goleador Lato contó años después que en un partido de liga polaca que jugó contra el equipo de Tomaszewski, este regaló dos goles comenzando el cotejo y de un momento a otro se salió solito de la cancha, sin que nadie supiera a dónde se fue (!)). Pero esa noche estaba derechito, y cuando no las sacaba increíblemente la suerte y la impericia inglesa le dieron la manito. Antes de terminar el primer tiempo hizo de las suyas: se sacó dos cabezazos difíciles y acto seguido le dio tiempo de salir a agarrar la luna y las estrellas ante centros ingleses, dejando el balón muerto en su área…. dos veces. Pero no pasó a mayores: terminó el primer tiempo y no hubo goles.

tomaszewski
Jan Tomaszewski en una de sus mil atajadas de la noche

El entretiempo fue un alivio para los sufridos polacos, totalmente agotados por el esfuerzo de correr siempre detrás del rival, de gastarse la cabeza sacando centros, de ser superados por el oficio local, y sobre todo, de física angustia. El DT Kazimierz Gorski los alentaba “Solo faltan 45 minutos para que hagan historia”….¿solo? Para estos manes esos 45 minutos debían sentirlos como si los pasaran debajo del agua… El segundo tiempo fue exactamente la misma historia – los de casa bombardeando y polacos aguantando y rezando – hasta el minuto 57. Con casi todo el equipo local arriba buscando el gol de la clasificación, el extremo Currie intenta de nuevo desbordar por su banda pero esta vez se la quita limpiecita Henryk Kasperczak; este corre por la izquierda unos metros y le manda un pase al vacío y pegado a la raya a Grzegorz Lato, pero se va larga y cae primero Norman Hunter que la rechaz…. ¡ah, no! El defensor inglés al parecer – por exceso de confianza, por ganas que siguiera en juego el balón – quiso asegurarla pero no llegó muy firme, lo que aprovechó el gran Lato para sacarle el balón de los pies, correr como si estuviera quemándose por la banda, levantar la cabeza, hacer la diagonal por el centro, ver como llegaban como locomotoras Gadocha por el centro y Domarski por la derecha – ante dos defensas no más – , y mandarla precisa para este último, que ante la presión de Hugues disparó con ganas pero no muy fuerte… pero el balón se le fue por debajo del cuerpo a Peter Shilton (!!!) y entró. Gol polaco en su primer tiro al arco de todo el encuentro, después de ser invadidos por todos lados, y los locales más eliminados aún en medio del silencio ominoso del Wembley. Para darle más toques tragicómicos a la situación, los propios ingleses ayudaron al gol: Currie al perder el balón en campo rival (no fue tanto error pero suma), Hunter por dejársela quitar güevonamente (años después declaró que siempre lamentará “no haber mandado a la mierda ese balón hasta el palco real” – traducción libre (?) – y Shilton por sus manitos delicadas ante el tiro atajable de Domarski (también se lamentó posteriormente por no poner el cuerpo al disparo…. ya para qué hijueputas).

Los locales se fueron enseguida por el empate, se lo anularon  – mal – dos minutos después del 0-1 y al 63 lo obtuvieron gracias a un penal que olió a compensación. Faltaban 27 minutos para el pitazo final y los locales siguieron en la única que podían hacer: irse al frente con conmovedor amor propio e indeclinable convicción. Es que, ¿qué ibas a cambiar en la táctica? ¿Un partido en el que dominaste a placer, en el que el rival ni siquiera se vio, en el que solo por la puntería fallida no lo estabas ganando por 4 o 5 goles de ventaja? Algún cambio de hombre por hombre para refrescar y para intentar con alguien con menos piernas de madera – Martin Peters por ejemplotorpe y a destiempo estorbó con frecuencia el ataque local – hubiese resultado de otra manera, pero ya estamos especulando… sir Alf solo metió un cambio de hombre por hombre (el único en dos partidos clave…) faltando cinco minutos y nada cambió.

El resto del partido fue más de lo mismo, con los de blanco cargando sin parar y lloviendo balones al área rival, y los de rojo sacándolos con creciente angustia y desespero. Hubo en medio unos breves lapsos intermedios en los que Polonia intentaba tener y circular el balón , y por un momento lo lograron y hasta casi rematan con dos contragolpes de Lato – en una lo pararon con falta cuando encaraba solo frente a Shilton, en otra el portero se la sacó de los pies. Pero en general seguía siendo de los locales, que lo único que lograron fue desviar los disparos, convertir el área polaca en un pinball y en última instancia hacer héroe a un cada vez más confiado (no “más seguro“) Tomaszewski, que cortaba todo lo que le llegaba a riesgo de desfasarse y por momentos se pegaba algunas voladas milagrosas. Como una a quemarropa ante un disparo de Allan Clarke en el área chica, solo y frente a él faltando 10 minutos, y que recordó después el delantero del Leeds United: “Ni siquiera podía ver a su arquero, había muchos cuerpos (…) el balón lo mandé arriba y al ángulo y antes que toque la red yo me recuerdo haber pensado “listo, ya está” mientras me daba vuelta para celebrar (…)  y de repente vi aparecer de la nada este brazo amarillo [el color del buzo que usó Tomaszewski esa noche] y despejar el balón (…) no pudo haberla visto, tuvo que haber sacado su brazo por instinto (…) ahí fue que pensé “no va a suceder”. Y no: con varias atajadas y más goles increíbles perdidos (al final hubo un cabezazo tras un tiro de esquina que sacó apurado un defensor de la raya, previa salida horrible de Tomaszewski) terminó el partido empatado a un gol, y clasificó Polonia a la Copa del Mundo de Alemania 74 en medio del desconcierto general y el alivio más que alegría de los jugadores de rojo en el campo.

Contrastes

La vieja y orgullosa Inglaterra había sido eliminada en un partido absolutamente anómalo e irrepetible, que dominaron de una manera que muy rara vez se ve en competiciones internacionales. A estas alturas no podemos apreciar el impacto del momento, pero para el mundo del fútbol fue casi-casi como si quedase fuera Alemania de un Mundial. La eliminación dejó al país estupefacto, en un shock y trauma tan grandes que aún remece hoy. Toda la nación quedó – sin exagerar – devastada, anonadada por el hecho para ellos increíble de haber sido eliminadas por un equipo que consideraban inferior, y por no haber podido meter más de un gol en un encuentro que fácilmente podía haber quedado 6-1. Y es que de verdad, en parte por físico cagazo, en parte por el empuje y nivel de los locales y también un poquito por la experiencia entre ambas escuadras, Polonia esa noche no hizo una verga. Ni mierda, pareció tal cual un San Marino jugando contra una necesitada Alemania en Berlín. Entre la impericia inglesa, los reflejos de Tomaszewski en balones clave y en muy buena proporción en un orto que parecía ser una compensación de la vida ante tanta mala leche sufrida en su historia, Polonia se salvó esa noche de una culeada durísima. Pero les aprovechó: desde ahí la selección inició el periodo más brillante de su historia (les duró hasta 1982) que incluyó dos terceros puestos en los Mundiales de 1974 y 1982. Para Tomaszewski en particular la vida también le cambió esa noche: a partir de ahí le alcanzó para ser figura y titular de los suyos en dos mundiales.

Para los ingleses fue todo lo contrario: muchos consideran esa noche como la oportunidad perdida de consolidar la progresión que llevaban desde 1966, y el punto en el que volvieron a retroceder a niveles mediocres como selección. Sir Alf Ramsey fue despedido por la FA en una decisión cuestionada por sus mismos jugadores, y hasta ahí les duró la dicha: con el ex-Leeds United Don Revie a bordo quedaron fuera de la Eurocopa 1976 y del Mundial de 1978 (los eliminó Italia por diferencia de gol). Desde esa dramática e irreal noche de 1973 Inglaterra ha acumulado solo fracasos y, cada vez más, se labra a fuego su rol de segundón a nivel mundial. En fútbol también….

La caída del Imperio

 

Fuentes: 1, 2, 3, 4, 5, 6

 

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