PIPA International Soccer, Vol. I: Napoli vs. Inter

En este pequeño espacio que nos permite el verano, vamos a tratar de acercarles aquello que tanto nos venden como “lo mejor del mundo” y que acá tenemos que soportarlo con los relatos del Bambino Pons o los comentarios de Quique Wolff. En esta primera edición podrán sentir casi como si estuvieran allí (?) como se vive un partido en el mítico San Paolo, la segunda casa de Diego. Bienvenidos.

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En tiempos donde el término Marketing no era moneda corriente, el Ratón Rubén Ayala inmortalizó una frase que aún hoy sigue siendo usada, incluso por aquellos que ni siquiera saben el origen de la misma ni tampoco quien era Ayala. “En Europa no se consiguen”, eran las cinco palabras  que soltaba el delantero del Atlético Madrid. Hoy la realidad es distinta… o eso nos quieren hacer creer: que allá se juega mejor, que se corre más, que hay infraestructura completamente volcada al espectáculo, que no hay violencia, etcétera. Por suerte, quien escribe estas lineas tuvo la oportunidad de presenciar en vivo y en directo cuatro encuentros del fútbol europeo. Hoy comienza el repaso.

LA CIUDAD

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Las callecitas de Napoli tienen ese no se qué…

Nápoli es la ciudad más poblada del Sur de Italia y la tercer área metropolitana mas grande, detrás de Roma y Milan. Para darse cuenta, solo basta salir a caminar por la zona cercana a la Estación Central de trenes. El tránsito es caótico: las Vespa te aparecen por todos lados y para cruzar tenes que seguirle el paso a un local, si no sos boleta. Salvo las avenidas principales, el resto de sus calles son pequeñas y carentes de sentido. Y cuando digo esto me refiero que son mano y contramano de acuerdo a lo que le cantan los huevos a los conductores (?). A sus alrededores, pululan departamentos que sin duda evocan al barrio de La Boca, con ropa tendida al sol y viejas gritándose de un balcón a otro (?). Para completar el marco, las tiendas de árabes y africanos están a la orden del día, siendo estos últimos una inmensa mayoría. Algunos asentados y otros no tanto, tratando de ganarse la vida como manteros. En cuanto aparece la Policía, desaparecen como por arte de magia. Aún así, siguen dándole pelea a esa desigualdad que tanto duele.

Más allá de esto, es imposible separar a Nápoli del fútbol. Los italianos son pasionales, pero nada como los napolitanos. El amor a Diego se respira a cada paso. Podes caminar por cualquier calle que casi sin querer te topas con una pintura o una imagen dedicada a él. No caben dudas que son uno para el otro.

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Pero además del eterno amor a Diego, hoy con los napolitanos también nos une el odio a Gonzalo Higuaín. Así lo explicaba mas o menos Don Alfredo, el Mánager del Hostel Mancini, lugar donde me hospedé: “El problema con Higuaín es que se fue a la Juventus. Es un gran jugador, claro que sí, pero un verdadero campeón demuestra su valía luchando ante el poderoso. Mucho más cuando la Juventus es un club con dinero, que arregla árbitros y partidos con tal de ganar el Scudetto. ¿Te quieres ir por el dinero? Pues bien, vete al Inter, al PSG, al Bayern Munich… pero no a la Juventus. Ser campeón con Juventus es muy fácil. Por eso nosotros queremos tanto a Maradona y a nuestro capitán, Marek Hamsik”. Es Alfredo quien me explica como conseguir la entrada: hay que ir solamente a un Official Store del club, presentar tu identificación y listo. Las opciones mas baratas son, sin duda, las cabeceras locales: la Curva A y la Curva B, 20 euros. Las parcialidades que ocupan cada una están distanciadas una de otra, y no me refiero a una cuestión de espacios. Ambas están, por decirlo así, enemistadas. Mas adelante explicaremos porqué. Pregunto cual es la curva mas pasional y me responden que es la A. Ahí nos apostaremos para mezclarnos y ser un napuletano mas.

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EL DÍA DEL PARTIDO

Viernes 2 de Diciembre. Tras una buena pizza Margherita y una Peroni Nastro Azzurro, partimos raudamente hacia el Stadio San Paolo. Como suele suceder con muchos estadios en Europa, la cancha del Nápoli se encuentra en las afueras de la ciudad, donde los terrenos son mas baratos y el negocio inmobiliario no le interesa a nadie. Para arribar al estadio desde el centro de Nápoli, hay que tomarse el tren metropolitano desde la Estación Central hasta la estación Campi Flegrei. El tiempo estimado de viaje es comparable con el trayecto de Constitución a Gerli para ver a El Porvenir. A decir verdad, es un tren raro: dos de las estaciones las hace de manera subterránea y es, junto a la Circumvesuviana (el tren regional de la Campania), un tren de aspecto algo sucio y descuidado, pero que en cuanto a seguridad y puntualidad no tiene nada para reprochar.

Las seis estaciones se hacen en un ámbito silencioso. Me resulta extraño no ver tifosi en cantidades. Claro, después me entero al arribar al estadio: lo normal es llegar casi una hora antes. La razón es la cantidad de instancias previas al ingreso. Aún así, la venta callejera de alcohol delante de la policía es tremenda: desde cervezas hasta licores, lo que ustedes puedan imaginar. Primero, un cacheo standard para que no entres con nada que pueda matar a otra persona (?). Luego, un control para confirmar que los datos en tu entrada condicen con los de tu identificación. Tras eso, un tercer control de corte de ticket y por último, la colocación del resto de la entrada que contiene un código de barras que habilita el molinete para que puedas pasar. ¿Les suena? Sí, es el mismo sistema que el podrido AFA PLUS, que aquí no se pudo implementar debido a la corruptela en la que se vio envuelta el grupo Telecom y varios dirigentes K, como así también las constantes trabas que puso Mauricio Macri para ejecutar el plan en la Ciudad de Buenos Aires. Tras todo eso, derecho a la tribuna. Tengo fila y asiento designado, pero me chupa un huevo (?). Como cualquier hijo de vecino, me quedo de pie muy cerca del nucleo de ultras que llevan la voz cantante. El olor a hachís es penetrante y está buenísimo (?). Llego justo para el anuncio de las formaciones de los equipos y, por esas casualidad de la vida, al minuto de silencio por la tragedia del Chapecoense. Silencio respetuoso y aplauso cerrado.

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Frente a la muerte no hay ni colores ni naciones. Buen viaje campeones.

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El Nápoli viene en el lote de arriba, con buenos rendimientos individuales (Reina, Koulibaly, Mertens, por supuesto Hamsik). El Inter es una banda. Los chinos dueños del equipo rajaron a De Boer y trajeron a Pioli, que es como querer curar el SIDA con cáncer (?). Para que tengan dimensión de lo mal que andan, el lateral izquierdo titular es Ansaldi (!). A los 6′ minutos el Nápoli ya gana 2 a 0 con dos golazos de Zielinski y el propio Hamsik. La gente explota y no le da más la garganta para cantar. Uno trata de parar la oreja intentando entender qué cantan. Es imposible: el dialecto napolitano es cerrado y cortan palabras. No importa, se grita y se festeja. Lo mejor es la participación de la voz del estadio en cada gol:

Se nota a la legua que la Curva A es la mas ruidosa y canta en todo momento. A la Curva B se la puede oír, pero si se afina el oído caes en la cuenta que no están cantando la misma canción. Claramente hay una división fuerte entre ellas y la madre de la misma es, como no podía ser de otra manera, la violencia. ¿Cómo? ¿En el fútbol europeo de élite del Primer Mundo hay conatos de violencia? ¡Ayyyy, ayyy, resuciten a Nisman! (?). La cuestión es así: durante muchos años la Curva B fue la que llevo la batuta a la hora de alentar. La facción que allí se encontraba era el Commando Curva B, liderado por Gennaro Montuori. Era una verdadera banda que no solo se movía masivamente por toda Italia, sino que también trabajaban juntos en un periódico y en un programa de televisión creado por y para hinchas del Nápoli (!). La mejor época fue, obviamente, cuando Diego lideró al conjunto partenopeo a varios títulos. Si bien era una barra numerosa, no era violenta. Solían desplegar una pancarta que rezaba “La violenza ci divide, il tifo ci affratella” (“La violencia nos divide, el alentar nos une”), poniendo en evidencia a la Curva A, que eran menos en cuanto a cantidad pero mas buscarroña. Sin embargo, todo cambio cuando el hermano de Montuori murió trágicamente y el bueno de Gennaro dejó de ser el líder. Allí tomaron las riendas los Ultras Napoli -de la misma linea que el Commando Curva B- y los Fedayn, estos últimos mas alineados a la política de la Curva A. Incluso, los Ultras Napoli están bastante ajenos a la vida social del club.

Por su parte, la Curva A está compuesta por varios grupos de hinchas, resaltando como mas numerosos los Mastiffs y los Teste Matte (Los Atolondrados o Cabezas Locas, de acuerdo a traducción literal o no). Estos últimos pertenecientes al Quartiere Spagnoli, uno de los barrios mas marginales y conflictivos de Nápoli. Ellos han tomado la rienda de los cánticos y se nota. Apenas se escucha la Curva B, a la cual acusan de pacífica y poco ruidosa. Se llegó incluso a juntar las partes para tratar de llegar a un acuerdo, pero fue imposible. Cada tribuna en la suya.

El conjunto dirigido por Maurizio Sarri prácticamente baila al neroazzurro durante media hora, aunque en los últimos 15′ se relaja y le permite al visitante tener un par de chances claras que Reina desactiva con sendas tapadas. Nos vamos al entretiempo y se vuelve inevitable conocer dos lugares para comparar con nuestras canchas: los baños y los puestitos de morfi. Pasamos a visitar el biorsi y de movida, nos sentimos como en casa (?): el meadero tapado, el agua desbordada y las paredes pintadas con puteadas a los rivales y a la policía. Acto seguido nos dirigimos a ver qué onda el sucucho donde la gente se agolpa para comer y tomar algo. Observo que salen botellas verdes que a lo lejos parecen ser de agua mineral, pero no: es cerveza, a 3,5 euros cada una (aproximadamente 60 pesos). Me pido una mientras charlo con los dos vagos que atienden y concordamos en que “Diego Dio, Higuain Merda”. Me dan la birra abierta pero conservan la tapa, aunque ya de eso estaba advertido dado que los violentos iban al baño, llenaban la botellita, la tapaban y luego la arrojaban al campo o a la tribuna rival. Lo extraño es que la cerveza viene acompañada por un vaso de plástico súper grande el cual cubre completamente la botella. Yo la saco, pero uno de los pibes que atiende me advierte que no lo haga, que mantenga la botella cubierta al ir a la tribuna o bien, me sirva la birra en el vaso y descarte el envase. No pregunté porque, pero me llamó poderosamente la atención. Días después llegaría a la conclusión que probablemente sea por alguna de estas dos cosas: la birra que vendían no era la permitida (tema de sponsors y demás) o la manera de venderla no era la habilitada (en el resto de los estadios que fui conociendo la cerveza se vendía directamente tirada y no con envase). Mando la cerveza al vaso y retorno a la tribuna. Arranca el segundo tiempo y al toque, tercero del Nápoli gracias a Lorenzo Insigne, un enano que la rompe a base de pisadas y velocidad. Partido recontra liquidado.

Queda seguir disfrutando del ambiente y el hachís con la curva cantando en todo momento. Si bien no logro identificar lo que las canciones quieren decir, una de ellas me hace arribar al famoso “esto yo lo escuche en algún lado”. A pesar del ritmo mucho más rápido, logro identificarla: es Bad Moon Rising de Creedence, la misma que supimos inmortalizar en el Mundial de Brasil:

El encuentro finaliza y la gente se vuelve contenta a casa. Desde el punto de vista futbolístico, cabe destacar algunos nombres propios no tan conocidos en nuestro ambiente como el de Amadou Diawara, un guineano de tan sólo 19 años con una historia particular, ya que su primer club en Italia fue el San Marino Calcio de la Lega Pro, tercera categoría del Calcio. En apenas dos años dio un par de saltos tremendos: primero directo al Bologna y para esta temporada lo compró el Nápoli. Un jugador que sin duda nos trae a la memoria al mejor Patrick Vieira. El otro, ya conocido, es Marek Hamsik. Un verdadero armador de juego que por planta física y dinámica todavía puede pisar el área con cambio de ritmo, pero que a la hora de tocar, aguantar la pelota, pisarla y sacar pases impensados jugando parado se asemeja mucho a Juan Román Riquelme.

La vuelta al hostel parece sencilla. De acuerdo a la información, los días de partido se disponen tres servicios especiales después del último regular. De acuerdo al cálculo, los números dan y puedo llegar al último, ya que la estación está a tan solo diez minutos del estadio. Sin embargo, al arribar la sorpresa es mayúscula: varios carabinieri y personal del ferrocarril se encuentran apostados en la entrada, haciéndole frente a un grupo importante de gente. Me acerco a preguntar y sí, los trenes especiales habían sido cancelados. Las opciones para retornar son tres: caminar, taxi o bondi. La primera es inviable, ya que son casi 10 kilómetros los que separan un lugar de otro y el hecho de no tener batería en el celular para ver el GPS no aporta (?). El taxi es buena opción si se va en grupo ya que se abaratan costos, pero para uno sólo es un lujo digno de Ricardo Fort. La opción que queda es el bondi. Consulto al personal de la estación cual de todos los buses que pasan por allí me dejan en la Estación Central. “Todos los que tengan la letra N: N1, N2, N7, etcétera”, me dice una mina. MENTIRA HIJA DE PUTA (?). Tras preguntar a algunos locales, me dicen que sólo la N1 me acerca a mi destino y que pasa uno cada hora. TAMBIÉN MENTIRA. Si bien el N1 sí me dejaba, tanto yo como otros pobres cristianos esperamos bajo un frío espantoso dos horas y media (!) el puto bondi para por fin arribar sanos y salvos. Acá un 133 en Punta Arenas y San Martín te pasa cada media hora.

En resumidas cuentas, para el argentino que gusta del fútbol y tiene la oportunidad de viajar a Italia, Nápoli es un destino que no se puede eludir. No solo por la filiación futbolera que nos une, sino también por su gastronomía (una pizza grande y una birra de medio litro no pasa los 6 euros -aproximadamente 110 pesos-), su cercanía con puntos de interés como Pompeya, Ercolano, el Vesubio o la Costa Amalfitana y la bondad de su gente.

Nápoli ya es historia. La siguiente parada es Livorno, la ciudad de la Toscana que va a contramano de Italia y se declara de izquierda y antifascista. Hasta la próxima.

BONUS TRACK

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Amor a primera vista
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Sabrina, una de las recepcionistas del Hostel Mancini. Napolitana desde la cuna, escucha a Los Palmeras, sin (?). VOT RECONTRA SI.
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