Supercopa Triple Stacker

Lanús hizo a la parrilla a River con un 3-0 que terminó de cocinar en el segundo tiempo. Carlos Almirón realizó un gran asado bajo el agua: su equipo levanta su tercera copa en el Estadio Único y le completa el juego de seis al Granate.

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El Estadio Único de Tolosa La Plata fue testigo de una nueva goleada del Lanús de Jorge Almirón contra uno de los equipos denominados grandes. Esta vez superó por 3-0 al ejército revolucionario riverplatense de Marcelo Gallardo, que encontró una vez más su Whoper Waterloo en la Supercopa Argentina. Ese título que le fue esquivo hace dos años ante el Globito Marvel DC.

En un encuentro bajo la lluvia de mierda que no quiere parar…,  ambos equipos pusieron todos las hamburguesas al asador. River, con su 4-4-2, adoptó una presión constante en las salidas lavolpianas lanuseras. Esta Blitzkrieg gallardeana cumplió su primer objetivo: ni Iván Marcone ni Nicolás Aguirre pudieron hacer pie en la mitad de cancha. Al poco tiempo la última línea granate  estaba lleno de amarillas cheddar.

Sin embargo la invasión al área rival fracasó una y otra vez. Al Millonario le falló una vez más su empleado del mes. Gonzalo Martínez solo aportó un tiro libre muy lejano. Ignacio Fernández quedó dejó trapeando y sirviendo las mesas en la más absoluta soledad. Un Pity cada vez más piff tuvo los condimentos vencidos de Rodrigo Mora. Sebastián Driussi, no tuvo su noche y erró la llegada más clara de la Banda: un cabezazo tras un centro pasado que se fue cerquita del palo izquierdo. La ultima aproximación en el primer tiempo fue un remate de larga distancia del Nacho de Castelli que supo mandar al corner oportunamente el arquero Esteban Andrada.

Ni los rivales quieren ver lo mal que juega el Pity.
Ni los rivales quieren ver lo mal que juega el Pity.

Lanús, con su archiconocido 4-3-3, aprovechó los huecos que le proporcionaba River en defensas. Los contragolpes florecieron entre un mal retroceso de los laterales, Moreira sobretodo, y un achique que fue un festín para los extremos Alejandro Silva y Lautaro Acosta. Todo un homenaje a la ciudad de las diagonales para llegar hasta el área chica. José Sand cumplió como pivote de espalda al arco. Con su falta de movilidad y todo, el delantero errante y trabador de pectorales tuvo un gol anulado por posición adelantada.  Todo esto coronado con los pases cruzados de Román Martínez, un jugador que no le pesa ese nombre a la hora de generar juego. Para colmo de la Gallardeta, Agustín Batalla estuvo flojo de respuestas ante cada envío elevado o por abajo que merodeaba su zona de influencia. Al jóven arquero se le escapó la tortuga y casi termina en un penal que fue anulado a instancia del línea.

La primera llegada clara de los salieris de Aranguresn fue a los 21′. El uruguayo Silva hizo una jugada personal que dejó en el camino a Jonathan Maidana pero, a la hora de definir, remató mordido y desviado, como si le hubieran corrido el arco de lugar.  Así se fue un primer tiempo de ida y vuelta, imprecisiones defensivas y fallos en los metros finales por parte de ambos equipos.

Todas las diagonales en La Plata llevan al gol.
Todas las diagonales en La Plata llevan al gol.

El complemento arracó tan frío como el cono de esa crema artificial que llaman helado. El equipo de Gallardo se acomodó a esa instancia pero siguió con insistiendo con la comida chatarra a la hora de atacar. Si bien dominó la pelota en los primeros veinte minutos apenas le hacía cosquillas a Andrada. El Muñeco no encontró en el banco de suplentes los condimentos necesarios para darle un poco más de sabor a su insípido ataque. El debút de Carlos Auzqui, que ingresó por el colorado artificial de Mora, solo dejó una definición de taco que se fue afuera.

El cambio de Nicolás Pasquini levantó el nivel del mediocampo. Iván Marcone se afianzó y Román Martínez pudo elaborar sin preocupaciones. Cuando el partido estaba equilibrado, Lanús encontró el juguete en su cajita féliz ya se que es de McDonald’s pero vale para el ejemplo a los 25′. El Laucha Acosta abrió hacia la derecha para Alejandro Silva, quien pareció atrapado entre la defensa riverplatense. El rebote en el antebrazo del veinteñero Lucas Martínez Quarta -no confundir con el Pity Martínez que es de cuarta (?)- propició el zapatazo del 7 granate de sonrisa y caida al piso fácil. El tiro se incrustó abajo en el palo izquierdo ante la mancha estatua de Batalla.

Un 1-0 que llegó en el momento justo. Porque terminó de desacomodar a River que fue torpemente hacia adelante y comenzó a fallar en las salidas de la misma forma que lo había hecho su rival en el primer tiempo. Martínez Quarta quiso salir jugando y la perdió tontamente. La contra se embelleció con un gran pase de Román Martínez para Sand. El correntino centró para la corrida por el centro de Nicolás Pasquini quien en soledad cambió la dirección de la pelota con un furibundo testazo que duermió abajo bien abrigadito en el palo izquierdo. 2-0 y lista la Grilled Chicken.

Whooper doble.
Whooper doble.

El sundae de este banquete lo aportó el delantero que le fue mal en todos lados pero encontró su lugar en el mundo en esa aldea quindimiliana anclada en el sur del conglomerado bonaerense sin agua ni luz pero con buen fútbol. Lautaro Acosta avanzaba como un campeón hasta que Martínez Quarta lo derribó apenas afuera del área. Germán Delfino movió su aleta y tintineó su silbato indicando penal. De ese error arbitral surgió el penal convertido por Sand, esa hormiguita colorada que le picó el orgullo a los hinchas millonarios cuando les mostró su six pack Ronaldo Style.

Old player yell at chicken cloud (?)
Old player yell at chicken cloud (?)

Sobre el final, entraron los luchadores de Mortal Kombat cuando a River le hicieron la Fatality. No supo utilizar el Finish Him y lo liquidaron en el round two. Gallardo, cuyo equipo perdió su tercera final de las nueve que disputó, deberá limpiar la grasa, reacomodar la madera y los diarios para volver a encender el fuego futbolístico y esperar mejor mercadería. Por ahora, no tiene ensalada para acompañar, ni buenos cortes y la achura del banco no alcanza.

¡No cup for you! ¡Come back one year!
¡No cup for you! ¡Come back one year!

Lanús obtuvo un contundente 3-0 porque no perdonó a River. Tuvo las llegadas más claras y lo supo plasmar en el resultado. Por eso logró su sexta estrella y la tercera de Carlos Almirón, el Robert De Niro del subdesarrollo que supo hacer su asado futbolístico, agregar el carbón para cocinar en su punto el partido y hacer la gallina a la parrilla vuelta y vuelta. ¡Un aplauso para el asador!

Hola Rojo (?)
Hola Rojo (?)

Figura del partido:

Bueno, al menos es más útil que el arco a Palermo.
Bueno, al menos es más útil que el arco a Palermo.

7- Lautaro Acosta (Lanús): Supo aprovechar todas las ventajas defensivas que le dejó River. Arrastró tanto a Moreira como a Casco cuantas veces quiso, abrió el partido con un golazo y provocó el tiro libre que Delfino hizo penal para el 3-0 final. Merecida la parrilla y el delantal para el máximo ganador con la institución granate.

Detalle LRF!:

Como si fuera la reunión de Simpsons varones.
Como si fuera la reunión de Simpsons varones.

Por favor no vuelvan a hacer el ridículo del Bubble Fútbol en el entretiempo. Doce seres especiales invitados por el sponsor de la Supercopa Argentina fueron envueltas cada uno en una burbuja. Se dedicaron más a empujarse entre sí que a pegarle a la pelota. ¿Diginidad, estas?

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