Tucumanazo

Normalmente un partido de Primera Ronda de eliminación de Copa Libertadores nos chuparía un huevo, pero el triunfazo de Atlético ante El Nacional de Ecuador no sería nada si no tuviera una historia épica detrás que incluyó un avión varado, la ropa de la Selección Sub-20 y a Luis Juez (?). He aquí un breve resumen de los problemas en los que el Decano se vio envuelto, y como se desenvolvió (?).n_1486527002

Sábado 8 AM. Con pocas horas de sueño porque saliste a tomar unas birras con los pibes, te presentas en el predio. Mirás la cartelera para ver en qué posición está el rival y si tiene a alguno arriba en la tabla de goleadores. Te vas al vestuario y te cambias. Con suerte si los pantaloncitos hacen juego con la camiseta. Van llegando tus compañeros con novedades. “Mati y el hermano están trabados en la General Paz, llegan sobre la hora”, te dice uno mientras vos rezas que lleguen porque son dos de los mejores jugadores que tienen. Para colmo, cuando vas para la cancha te percatas que el rival tiene una casaca muy parecida a la de tu equipo. El referí -pasado de medialunas- avisa que alguno de los dos debe jugar con otro juego de camisetas. Los organizadores del torneo te prestan unas “pero tenes que dejar una seña para mandarlas al Laverap”, te aclaran. La casaca es lo más parecido -en cuanto a diseño y colores- a un paquete de Celusal. Vas y salís a la cancha a dejar todo, porque para vos, aunque sea una canchita sin tribunas y sin pasto, para vos eso es jugar en Primera. Ese verdadero amor al deporte, ese que vence ese tipo de problemas y la resaca de unas cuantas cervezas (?), es el que demostró ayer Atlético Tucumán al vencer a El Nacional tras una serie de quilombos que detallaremos a continuación.

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This is where all the quilombo (?) begins

La historieta comienza de este modo: para evitar sufrir los efectos de la altura de Quito, el cuerpo técnico del Decano decidió que sus jugadores arriben a la capital ecuatoriana casi sobre la hora del encuentro, una práctica habitual para la mayoría de los equipos que van a jugar allá. El plantel había viajado el domingo hacia Guayaquil y permanecerían allí hasta el dia del partido para luego tomar el mismo avión hacia Quito a las tres de la tarde, cuatro horas antes del pitazo inicial. Sin embargo, y con toda la delegación del equipo tucumano ya a bordo, el piloto anuncia que la aeronave no tiene permiso de despegue y no puede volar a Quito.

Tras casi dos horas de gestiones y discusiones, y viendo que la imposibilidad de despegar era una realidad, el Presidente del club Mario Leito gestionó de urgencia pasajes para que jugadores y cuerpo técnico pudieran llegar al estadio. La solución fue comprar 25 pasajes de un vuelo comercial de LATAM, pero con la imposibilidad de cargar con equipaje ya que el despacho ya había sido realizado y la bodega del avión ya estaba cargada y asegurada. Por tanto, el equipo viajaba sin indumentaria oficial. Un problema más a solucionar al llegar a destino. Rápidamente, y tras algunos llamados efectuados por parte de la dirigencia de Atlético hacia la AFA, se gestiona la ropa para jugar el partido: será el seleccionado Sub-20 que está disputando el Sudamericano de la categoría quien les facilite toda la ropa. Sí, botines incluídos. El vuelo parte hacia Quito. Faltaba una hora y media para que empiece el partido.

La hora prevista de arribo a la capital era a las 21.15 hora argentina, horario en el cual debía comenzar el encuentro. Se da aviso a las autoridades de Conmebol que rápidamente transmiten lo sucedido a Javier Quintana, veedor del partido. A todo esto, tanto el Presidente del conjunto militar, el General Tito Manjarrez como el entrenador Eduardo Favaro coinciden en que “ellos no se alejarían del reglamento y que la decisión depende de Conmebol”. Cuando parecía que el partido está mas cerca de ser suspendido y determinar a El Nacional como ganador, hizo su aparición el comodín que Atlético necesitaba: Luis Juez, ex gobernador de Córdoba y actual embajador en Ecuador. Juez ya se había puesto a disposición previamente a estos quilombos, pero visto el particular desenlace tuvo que moverse más allá de lo esperado. Prontamente se comunica con las máximas autoridades del club ecuatoriano y tras un breve diálogo los convence de jugar el partido.

El propio Luis Juez fue con el micro a buscarlos al aeropuerto de Quito, ya con la promesa tomada por parte de los dirigentes de El Nacional que el partido se jugaría. Prácticamente los jugadores salieron corriendo desde la manga del avión hacia el micro. El propio Juez declararía que “incluso ya tenía apalabrado al Comandante del vuelo para que los deje bajar primero a ellos. Creo que el único precalentamiento que hicieron los jugadores fueron los cuatrocientos metros que separaban a la manga del micro”. Eran las 21 horas y el reglamento de Conmebol dictamina que la tolerancia de espera son 50 minutos, el mismo tiempo que en teoría se tarda en llegar del aeropuerto al estadio. A pesar de ser un trayecto por momentos montañoso, el micro sale a toda velocidad hacia la cancha. “Estamos viajando a 130 kilómetros por hora. El partido se juega”, declaraba ao vivo (?) el embajador. “Parecíamos Rápido y Furioso 7, veniamos haciendo willy con el micro“, agregaría hoy por la mañana en una nota.

Arribaron al estadio 22.01 hora argentina, prácticamente sobre el límite de tolerancia que permite el reglamente de Conmebol. En el vestuario ya se encontraba ordenado la indumentaria de la Selección Sub-20, como así también ya estaban avisadas las autoridades del encuentro que Atlético jugaría con una numeración diferente a la que tiene asignada para la Copa. Así fue como Leonel Di Plácido jugó con la 17 de Belmonte y no con la 24, o el propio Ignacio Canuto dejó su habitual número 4 para utilizar la 21. Problema de talles en muchos casos. Exceptuando a Lucchetti que ya tenía el buzo de arquero oficial de Atlético Tucumán, el resto del equipo empilchaba la camiseta de la Selección Argentina. Para muchos toda una novedad impensada y un orgullo, para otros -caso Canuto y La Pulga Rodríguez– algo que ya habían experimentado. Apenas ocho minutos después de llegar al estadio, Atlético Tucumán salía a la cancha. El primer milagro ya estaba realizado. Ahora había que salir a buscar el otro: el triunfo que les diera la clasificación a la siguiente fase.

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El vestuario del Decano, minutos antes de comenzar el encuentro. Jugadores probándose los botines, camisetas que vuelan de un lado a otro para ver a quienes le entran… HER-MO-SO.

El trámite del encuentro fue dominado de punta a punta por el conjunto de un Pablo Lavallén que mantuvo la cordura durante los 90 minutos, pero después se deschavetó (?). Más allá del buen rendimiento colectivo del Decano, lo que más sorprendio fue la extraña desesperación del conjunto local, que jamás supo jugar con el resultado a favor obtenido en la ida y por momentos fue muy desordenado en busca del gol, generando incluso nerviosismo y ansiedad en sus hinchas que veían que su equipo jugaba como el culo. Tampoco supo aprovechar que Atlético entró frío a la cancha y no golpeó de entrada, por lo que los primeros 15′ sirvieron para que el visitante entrara en calor y se aclimatara mejor a la altura. Las opciones más claras a lo largo del partido fueron para los tucumanos, sobre todo en el primer tiempo, pero faltaba la puntada final que rubrique el buen partido que estaban haciendo. Hasta que a los 20′ del complemento Evangelista sacó aire de donde no había, pasó por las espaldas de Barbona y envió un centro que, tras un desvío en un defensor, le cayó en la cabeza a Fernando Zampedri. Todavía no se pudo determinar si la quiso bajar al medio o intentó que fuera en dirección al arco. Lo importante es que se coló por encima de un arquero que venía a contrapie y cayó pegadita al palo. Atlético Tucumán obraba el segundo milagro.

Con el resultado a favor, Lavallén quiso cuidar el resultado y mandó a la cancha al paraguayo Meza, que lo pocó que jugó con la de la Selección hizo mucho más que Iturbe (?). El Nacional apenas tuvo una chance de real peligro a través de una chilena de Felix Borja que pasó muy cerca. Tras un periplo que casi los deja afuera de una Copa Libertadores a la cual merecían clasificar y los quisieron ningunear por ser del Interior, el silbatazo final decretaba la merecida clasificación a la siguiente ronda. El rival será Junior de Barranquilla, pero a esa altura a Atlético Tucumán le importaba tres carajos si venían los colombianos o el Barcelona de Guardiola. Con esos huevos se le plantan a cualquiera.

REPERCUSIONES Y MISCELANEAS (?)

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LA MAGIA DE AB

Llamarlo BONUS TRACK como lo hacemos habitualmente nos hubiera quedado corto, así que emprendemos un pequeño viaje por lo que dejó esta épica victoria de Atlético Tucumán:

EL FESTEJO EN EL VESTUARIO

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Héroes III: La Pulga que sí ganó algo (?)
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El mejor jugador que tuvo la serie a lo largo de los 180 minutos. Acá, sacándose una foto con Cristian Lucchetti.

LAS REPERCUSIONES

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Aprendé Macri Gato, así se devuelve a la Argentina al mundo.
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¿Aceptaste jugar y perdiste? A LLORAR A LA IGLESIA.

EL DESAHOGO DE LAVALLEN

Apenas finalizado el encuentro, el que más se desahogo fue el DT del conjunto tucumano. Vaya a saber uno porqué -seguramente tendrá la seguridad que todo lo ocurrido fue adrede- Martillo se desató completamente y repartió ante los micrófonos de FOX y también en el túnel del vestuario. Uno tendería a pensar que teniendo en cuenta el vínculo militar del conjunto ecuatoriano alguno de sus directivos pudo haber tenido injerencia para detener el vuelo con destino a Quito, pero hasta el propio Luis Juez dijo que el avión “tenía menos papeles que un auto usado”.

PREMIO CONSUELO

Muchos hinchas tucumanos quedaron varados ya que debían viajar en el mismo vuelo que los jugadores. Algunos tuvieron la suerte de cruzarse en donde se hospedaban con el plantel del NY City FC, que venía a jugar un amistoso a Ecuador. El cholulismo no es sólo cosa del porteño puto:

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¿Ma ché cazzo é un tucumano? ¿Si mangia? (?)
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Yo estoy al derecho, dado vuelta estas vos está David Villa que no salió de joda y no durmió un carajo (?)

EL INMEJORABLE APORTE DE HUGUITO LAMADRID

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