CONTRAPUNTO: ¿Te saco o te banco?

Boca y River padecen hoy un mismo problema. Con el arco resguardado por jóvenes promesas con rendimientos que distan de ser buenos y hasta con algún error grosero, se abre el debate: ¿Hay que sostener -a pesar de los errores- a los arqueros juveniles como titulares en un equipo grande?

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Te saco para protegerte
*Por EL GORDO CUCU

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“El club está por sobre los nombres propios”, vale para dirigentes, directores técnicos y también jugadores.

A pesar de que el arco de Boca o River mide 7,32 metros de ancho por 2, 44 m de alto, al igual que el de Aldosivi, Temperley o Independiente (?), simbólicamente son más grandes que el resto. Si estoy desafiando a la física con un argumento tan estúpido como este es porque la física no entiende –y no tiene por qué hacerlo- al psicoanalisis… lo cierto es que no importa cuando mide en sí un arco, sino lo que representan esas distancias para el que tiene que guarnecerlo. Y a tanto como a Augusto Batalla como a Axel Werner, los arcos de River y Boca, respectivamente, les quedan enormes.

No quiero hacer una valoración de sus cualidades como arqueros, que deberán ser muy buenas para llegar a dónde llegaron y para que los DT hayan confiado en ellos. El problema pasa por no poseer la espalda suficiente para recuperarte de los errores. Porque todos los arqueros los cometen, desde los más jóvenes hasta los más experimentados, la diferencia radica en que el arquero longevo tiene el cuero más curtido y la cabeza más segura (en la mayoría de los casos) que un pibe que hace sus primeras armas… en el arco de un gigante. ¿Tienen ellos la respuesta anímica que se necesita para sobreponerse más allá de la banca del DT?

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Ischia saca a Javi García vs. Tigre en la final del triangular ¿Hizo mal? 

Para colmo ser arquero no es lo mismo que un jugador de campo. Si un delantero juvenil tiene un mal partido tiene sus compañeros de ataque, una línea de volantes, a la defensa y al arquero para resguardarlo de un error… pero si el arquero se equivoca sacás del medio. Esta situación se agudiza en equipos como Boca o River, que no están para ser clubes fogoneros de juveniles, simplemente no pueden esperar, sus urgencias pueden más y los jugadores tienen que rendir al 100% siempre.

Para ellos hoy no hay recambio seguro comprobado. En River espera Bologna, un viejo arquero que está más para acompañar que para sacarle el puesto a cualquiera y en Boca aguarda Rossi, juvenil igual que Werner que espera su oportunidad de competir. Es hora de que puedan disputar un par de partidos para sacar del foco de conflicto a los hoy titulares y puedan volver de la mejor manera al arco. Y si es de sus actuales equipos, mejor.

Protegeme antes de ponerme
*Por GANCEDO

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El Gr*fic*, mufando desde tiempos inmemoriales

Cuando en 1992 la FIFA instauró la regla que impedía al arquero recoger con sus manos un pase hecho con el pie por parte de un compañero, muchos entrenadores -de equipos y de arqueros, tanto de Primera como de inferiores- se miraron entre sí y dijeron: “la puta madre, ahora les vamos a tener que enseñarles a jugar con los pies”. Los arqueros sumaron un problema más, uno de esos que precisamente los hace quedar expuestos y vulnerables. Ahora, con mas de 20 años transcurridos, cambiaron muchas cosas más que modificaron la conducta de los arqueros. El caso de la pelota es uno de ellos. Si hoy ya no se ven tanto arqueros que descuelgan centros, es porque los entrenadores de arquero les bajan línea. “Nene, medís 1.90! Vos salís y rompes con los puños, no te compliques con estas pelotas que son de playa”. Perfecto, la dinámica del fútbol cambió. ¿Y la cabeza de los arqueros?

No vamos a caer en el listado de arqueros que se quitaron la vida (Schulmeister, Vivalda, Larroque, Ibarra, Robert Enke, entre otros), porque es ir a lo fácil. Vamos a comenzar desde cero. Para arrancar, sos el tipo distinto del equipo. El que usa guantes porque puede usar las manos. El que tiene un área delimitada. Pero supongamos que el pibe, de chiquito nomás, eligió el arco. Y bien sea porque copia a sus idolos, tiene buena estatura o buenos reflejos, anda bien bajo los tres palos. En una escuelita lo entrenan, desde los 6 hasta los 12 o 13 años. De ahí, salto a la Novena. Y ahí empieza el problema. A los pibes nadie los prepara para aguantar la frustración de ver como esos tiritos que en un arco de 3 x 2 los tapaban todos ahora pasan a ser complicadísimos en 7,32 x 2,44. Muchos proyectos de arquero quedan en la nada por no saber manejar ese tipo de situaciones. Les enseñan a achicar, a medir tiempo y distancia al balón, a ordenar… pero son contados con los dedos los clubes que tienen personal idóneo para contener a los pibes. Por caso, en Italia y en menor medida España, las categorías inmediatamente superiores a las infantiles se juegan en cancha de 11 pero con arcos mas chicos. Porque no sólo el desarrollo de un arquero debe basarse en lo físico, sino también en lo mental. Les pido por favor, ahorrensé la comparación con los delanteros, que siempre se redimen ante una chance fallada. Excepto Higuaín, claro está. Y es precisamente porque flaquea en la parte mental.

Sigamos en el recorrido. El pibe ya está en inferiores. Pinta, promete. Competencia hay. Tema complicado para el arquero. Ataja uno. Defensores puede haber tres, cuatro o a veces cinco. Delanteros generalmente dos, pero si las papas queman mandan uno mas faltando 15′. Pero con el arquero es diferente: el que va al banco sabe que no juega salvo lesión o expulsión. Y salvo que el titular se mande cagadones, sabe que también no juega el próximo. ¿Y si tiene condiciones pero en la cabeza piensa en largar todo? ¿Se trabaja ahí? Por supuesto que no. Son contados los casos de clubes que tienen psicólogo para las inferiores. “Bueno, no te quedes en eso. Primero deben entrenar”, podrá decir alguno. Ok… ¿y si les digo que la mayoría de los equipos de Primera División no tienen entrenador de arquero para cada categoría? River tiene tres para seis categorías, Boca dos, San Lorenzo apenas uno para la Cuarta y la Reserva. Son ejemplos nomas.

Es consabida la frase de los goles tontos y los arqueros, lo sé. El tema es que no todos están preparados a determinada edad para recibirlos y mantenerse sólidos mentalmente. Los únicos casos excepcionales a la regla son italianos: Gianluigi Buffon y Gianluigi Donnarumma. Dos tipos que debutaron a los 17 y 16 años – respectivamente- en arcos pesados. Dos tipos que a pesar de la corta edad ya tenían una mentalidad que acompañaba su calidad. El resto son simples mortales que en su cabeza tienen que lidiar con el constante temor de saber que un error suyo condena a todos momentáneamente, pero que puede ser el comienzo del fin para él si -llegado el caso- no recibió el respaldo previo para no venirse abajo. Casos hay a montones, pero me quedo con el ejemplo de JP Carrizo (arquero completísimo) tras el gol tonto que le hace Jonathan Ferrari. La reacción de Fillol tratando de contenerlo es la muestra cabal de lo que hablo: nadie prepara a los arqueros para esos momentos. Carrizo no volvió jamás al nivel que se le conoció y se tuvo que ir de River. Y eso que ya no era pibe. Vale decir: salvo casos contados, los arqueros alcanzan su pico de rendimiento pasados los 28 años. Y no precisamente por una cuestión de mejora física o técnica. Básicamente es porque se les acomodó el bocho. Incluso hay arqueros que no fueron más porque llegados a esa edad la caramelera les falló. El Gato Sessa es uno de ellos.

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No me midas toques

Las circunstancias llevan a que hoy dos pichones de 20 años defiendan el arco de los dos clubes mas grandes del país. Batalla por gozar de la confianza de su entrenador y Werner por la lesión de Guillermo Sara. Detrás de esto se esconde una cuestión que remite a lo mencionado anteriormente con respecto a la edad. Son muy pocos los arqueros que alcanzaron la madurez mental y lo combinan con sus capacidades. Por eso Boca buscaba desesperadamente a Marchesín y a Andujar. Viejos nos ponemos todos (?), pero atajar y bancarse tener atrás el arco más grande del mundo no es para todos. Entonces, si no podes traer a golpe de chequera a un arquero, es hora de que prepares a los que tenes. Y si Werner generó el interés del Atlético Madrid y hoy juega en Boca, debe ser porque condiciones técnicas y físicas tiene. Y si bien Batalla lleva un año y monedas siendo titular, aún sin demostrar aquello que se esperaba de él, sigue siendo la mejor opción. Ambos son buenos, pero les juega en contra la edad. Y como no hay forma de que envejezcan para que adquieran esa madurez, entonces hay que prepararlos para aguantar los errores y seguir dándoles continuidad. Porque no es lo mismo que le hagan un gol tonto a un arquero de 20 años que a uno de 30. Ni para ellos, ni para sus compañeros. Pero sí es fundamental que se sientan respaldados y con confianza. Si tienen dudas, les dejo una anécdota:

Copa América del ’99. Cuartos de final contra Brasil. Tiro libre para ellos. Se acomodan Rivaldo, Ronaldo y Roberto Carlos. Dos brasileños se ponen al costado de la barrera y yo me pongo detrás de ellos para evitar que pase la pelota cuando se corran. Lo miro a Burgos que acomoda la barrera y se queda en su palo. Patea Rivaldo. Cuando giró la cabeza para ver adonde va el tiro libre, lo veo al Mono parado detrás de la barrera y la pelota entrando mansita al arco. Lo quería matar. Lo miré fijo con ganas de putearlo. El Mono me miró y me dijo “¿Que pasa? ¿No me pueden hacer goles ahora?”. Ahí me dije “jugá confiado que atrás hay un monstruo”.

(Roberto Fabián Ayala)

En el momento de aquel gol, Burgos tenía 30 años. Cuando tenía 23, se fue de la cancha sólo tras comerse el tercer gol frente a Independiente. “Me voy, no atajo mas”, dijo. Timoteo lo bancó. El resto de su enorme trayectoria es conocida.

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