PIPA International Soccer, Vol. III: Torino vs. Juventus

Tercera emisión de esta serie que tanto atrapa. Esta vez nos dimos el lujo -gracias a la enorme gestión de uno de los comentaristas- de presenciar uno de los clásicos regionales más importantes de Europa. Un sueño cumplido que no fue completo porque, por supuesto, L* Refundació* (?).

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Livorno ya es historia. Tras un breve paso por la bellísima Cinque Terre, el destino que nos espera es Milano. Allí nos recibirá un asiduo comentarista de La Refundación, quien sin dudarlo nos abrió los cantos las puertas de par en par como si fuéramos amigos de toda la vida: el señor Biayo.

LA CIUDAD

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La bellísima Catedral de Milano

Si bien el partido al que asistimos fue en Turín, nuestro amigo Biayo nos recibió en Milano, lugar en donde subsiste (?) vive. El arribo casi a la tarde-noche nos obligó a hacer una breve recorrida ese día, pero al instante se puede ver que la ciudad es muy, pero muy cheta. No por nada cientos de diseñadores viajan a ver qué se usa allá. Céntrica y con edificios enormes, Milano da cuenta de ser realmente una ciudad carísima. Sin embargo, y como bien nos cuenta nuestro anfitrión, la papa está vivir en las afueras. Los servicios de transporte son amplios y te permiten llegar rápidamente de un lugar a otro. Se puede observar como miles de personas se agolpan en los ándenes del Metro y de los trenes para el retorno a sus hogares. Igual, nos chupa un huevo todo eso. El estómago ruge y nuestro guía ordena ir a Spontini, donde nos clavamos una buena pizza con un par de birras cortesía de nuestro anfitrión.

Con el descanso merecido ya realizado, el sábado nos depara conocer un poco más la ciudad. Puntos turísticos como el Castillo Sforzesco, el Duomo o el Vittorio Emmanuele se hacen inevitables. Cuando decimos que Milano es cheta, no exageramos. Se respira a cada paso. Las mujeres van super bien vestidas (si bien es casi regla general en Italia, en Milano se acentúa mucho) y dificil verlas sin alguna bolsa de algún local de ropa en sus manos. El chetaje pasa de sorpresa a ASOC al entrar al Vittorio Emmanuele. Allí se agolpan en cuatro esquinas las casas de ropa más caras del mundo. Las ganas de arrojar una molotov a cada una de ellas es inevitable.

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Un saco 40 lucas. Una camisa 5 lucas. Un par de zapatos 13 lucas. Pero chúpense una pija de madera, manga de chetos (?)

Salimos de ahí raudamente y es menester enfilar para el lado del morfi y el escabio. Se arranca temprano con un platito de polenta con jabalí, acompañado por un Vin Brulé. De ahí, a un restaurante a clavar una pizza. Y luego, a sucumbir bajo los vicios: birra, falopa y putas. Bueno: putas no, pero sólo porque estamos en contra de la trata (?). La cerveza corre en el Birrificcio en pos de combatir el frío. La jornada se extiende hasta las 2 AM, en la cual inexplicablemente todos los jóvenes de la ciudad se van a dormir, sin (?). Tras un arribo a destino en condiciones poco claras y un buen sueño reparador, a la mañana siguiente nos espera Turín.

EL DÍA DEL PARTIDO

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El tremendo mosaico que exhibió la Curva Maratona

La distancia que separa Milano de Turín es de aproximadamente 150 kilómetros. Biayo gestionó todo: pasajes de tren y entradas para el partido. Un fenómeno. Para el trayecto de ida contamos con la suerte de viajar en un Frecciarossa 1000, el tren de alta velocidad de Trenitalia. Alcanzando por momento los 300 km/h, en apenas 50 minutos arribamos a Porta Nuova, la estación central de Turín. El hecho de llegar temprano nos permitirá acceder caminando al estadio, ubicado a unas treinta cuadras de la estación. También había que ser precavidos con el horario de ingreso, ya que al tratarse de un derby podía ocurrir que la policía esté un toque densa y los accesos taponados por cacheos y controles.

La caminata al estadio genera hambre y se hace obligatoria una parada técnica para almorzar. En el camino encontramos un ALL YOU CAN EAT (nuestro “tenedor libre”) de unos chinos que por 10 euros mas bebida permitían que efectúes un saqueo indiscriminado de sus platos. Créanme que si había un arbolito de navidad (?), también nos lo comíamos.

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La cinta transportadora de comida. Sin duda, uno de los diez mejores inventos de la humanidad (?)

Tras arrasar y dejar en bancarrota a los pobres asiáticos, nos dirigimos hacia el Olímpico de Turín. Este no es el estadio del Torino sino que es el comunal. Este estadio quedó en desuso desde 1990 hasta el 2006, ya que durante ese período tanto la squadra granata como la Juve hacían las veces de local en el Delle Alpi (hoy Juventus Stadium), inaugurado para el Mundial. Pero con motivo de los Juegos de Invierno del 2006, el Olímpico fue puesto a nuevo y reinaugurado para dicho evento. A sabiendas que el Delle Alpi sería derribado en 2009 para la construcción de un nuevo estadio que sería sólo propiedad de la Vecchia Signora, Torino solicitó que se le otorgue la localía en ese estadio sin cargo alguno. Por supuesto, también fue utilizado por la Juve mientras su estadio estaba en proceso de edificación.

El arribo a las inmediaciones del estadio es precisamente lo que se espera de un clásico: hinchas en estado de ebriedad, puestitos truchos de venta de remeras y afines y helicópteros sobrevolando la zona. A menos de una hora del comienzo del partido, el ingreso es un caos. Nuestro portón de ingreso agolpa a la mayor cantidad de gente. El reloj galopa y ponemos en duda el ingreso antes del pitazo inicial. Las formaciones comienzan a ser anunciadas por la voz del estadio. Cuando nombran a la de Juventus, un nombre por encima de todos se hace escuchar: Gonzalo Higuaín. Ese es nuestro objetivo. Como si fuera una especie de conjura, unión mística (?) o simplemente un acto de justicia, una de las razones por las cuales se decidió ir a este partido y no a Inter vs. Genoa en el Giuseppe Meazza fue hacerle sentir todo el rigor de nuestra memoria futbolera. Que ese señor sepa que adonde vaya lo iremos a buscar.

Las ubicaciones son excelentes: primera fila de la platea, abajo de todo, bien cerca del verde césped. Lo mejor hubiera sido popular, pero se agotaron enseguida. El marco es impresionante. 90% es de Torino y apenas un codito le pertenece al visitante, quienes se ubican enfrente de nuestra posición. Recuerden ese dato.

El partido arranca muy monótono, casi ajedrecístico. Mucha bocha volando por el aire, toque corto intrascendente y algunas faltas para cortar el poco ritmo de juego. Nada que no se haya visto del aburridísimo fútbol italiano, que de tanto en cuanto ofrece algo interesante para ver, como por ejemplo el Nápoli de Maurizio Sarri. Sin embargo, en la primera que el visitante deja salir al rival, en cuatro toques llega al área, desborde y gol de cabeza de Andrea Belotti, el mejor delantero italiano en la actualidad. Se desata la locura de la parcialidad local y nosotros nos ganamos el derecho a ver un festejo bien de cerca:

Prácticamente todo el estadio es una fiesta. Los de Juventus no se quedan callados e intentan alentar a sus jugadores, pero ante cada canción surgen ambas curvas para taparles todo a base de chiflidos. El marco es impresionante y no queda otra que prestar atención a las tribunas porque el partido es flojo. Sorprende la pulcritud de la platea: todos sentados. Ni siquiera se paran cuando viene una jugada de peligro. Europeos de mierda, tienen CIF en las venas (?). Ojo, algunos sí: detectamos una pequeña discusión entre un tifoso del Toro -en claro estado de ebriedad- y un steward (esos cosos con pechera amarilla que no son policía pero se creen que sí). El loco le decía algo así como que no quería estar en la platea y que por favor le abra la puertita que separaba a ese sector con la popular. No hubo manera. Es universal: la yuta no entiende de pasiones.

La alegría le dura poco más de diez minutos al equipo de Sinisa Mihajlovic. Rápidamente la Juve aprovecha un error en la salida y en el retroceso y nuestro primer mal augurio se cumple: Higuaín pone las cosas 1 a 1. Los improperios comienzan a salir de nuestras gargantas pero es tan inútil como el propio Pipita. La jugada es del otro lado y ni en pedo nos escucha. Tendremos que esperar al segundo tiempo, cuando el conjunto de Allegri ataque para nuestro lado.

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Joe Hart acomodándose en su arco previo al inicio del segundo tiempo

Tanto quien escribe como Biayo esperábamos un segundo tiempo más animado. Durante el primero la cantidad de mensajes de Whatsapp enviados superaron cualquier cantidad esperada. Se podría pensar en que somos unos boludos, pero a pesar que esto es así (?) pudimos enterarnos que entre el vivo que veíamos nosotros y la señal “en vivo” que se recibía en Buenos Aires había casi dos minutos de diferencia. La etapa complementaria no fue muy diferente a la primera. La expectativa de ver qué tal juega Iago Falqué o bien ver en directo algún cierre providencial de Chiellini o una salvada de Buffon quedó en la nada. El partido fue HORRIBLE. Apenas algún que otro gesto técnico de Sami Khedira o bien ver como el propio Belotti se rompía los cuernos el sólito contra la defensa juventina, porque el resto de sus compañeros no acompañaba un carajo. Hasta que de repente, se da la situación deseada: pelota hacia la derecha, diagonal de Higuaín y proximidad inmediata a nuestra posición. Release the kraken (?).

La eyección de nuestras butacas es instantánea. Conjuntamente con nuestro anfitrión, quien infla su garganta acompañada de la vena que recorre la misma, soltamos una serie de insultos, improperios y puteadas de manera tal que algunas personas que nos rodean miran azoradas. Un poco avergonzado retiro mi intento, mas no Biayo quien continúa a viva voz. Los plateístas cercanos permanecen mudos, mezcla de respeto y asombro. Allí entiendo que si bien no está bien visto, tampoco nos iban a señalar como “miren a estos sudacas inadaptados lo que hacen”. Una segunda oportunidad se presenta y ahí si, al carajo todo. “¡HIJO DE PUTA, GORDO DE MIERDA! ¡PECHO FRIO, CAGÓN! ¡ANDA A HACERLE GOLES A LA CONCHA DE TU HERMANA, FORRO!” es el insulto que baja en un clarísimo castellano. Biayo le asesta unos cuantos insultos mas que en este momento no recuerdo pero seguramente hayan sido originales, fiel a su estilo (?). Tras nuestra segunda oleada de insultos, un hincha del Toro se nos acerca para preguntarnos qué mierda nos pasa que nos ponemos así con Higuaín. Le explicamos la situación. También nos pregunta si vinimos sólo a eso. Pues no (?): le mentimos un toque y le explicamos que Biayo apoya al Torino porque River está gemelado con el club tras la Tragedia de Superga y por mi parte porque la Juve venció a Argentinos Juniors en la Intercontinental del 85. Inmediatamente el tipo se emociona y sale abrazo con selfie. Seguramente este buen hincha la tendrá en su recuerdo.

Cuando parecía que el 1 a 1 era inamovible aún con el ingreso de Lucas Boyé (a quien Biayo también le soltó un “que grande te quedó la de River Boyé, la concha de tu madre” mientras precalentaba), todo se derrumba en pedazos: pelotazo larguísimo a Higuaín, que le tira todo el baúl encima a Barreca y saca una mediavuelta tremenda para poner el 2 a 1.

La decepción se transforma en estallido y bronca cuando el gordo este, en vez de dirigirse hacia el sector donde está la parcialidad de su club, se viene a festejar el gol al córner próximo a nuestra posición. Ahí sí se suelta sin pudor alguno todo al carajo. Nos explota la garganta y la saliva sale para todos lados como si fuera nuestra intención escupirlo. El hincha que nos sacó la foto se suma junto a otro más para descargar la impotencia y la ira. Tras el festejo de Higuaín, el cerebro vuelve al estado normal de raciocinio (?) y ambos coincidimos en lo mismo: la única razón por la cual el Pipita vino a festejar el gol adonde estábamos nosotros y no con su hinchada, fue porque nos escuchó. Parte de la misión estaba cumplida. El resultado no pudo ser: a poco del final y en tiempo adicionado, Pjanic pondría las cosas 3 a 1. Final del encuentro y foto para el recuerdo con un hincha cualunque.

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Foto para el recuerdo en el Olímpico de Turín. De colado, un pequeño hincha de Torino aportado por el ex compañero de Biayo (?)

La salida, un tanto caótica como el ingreso, nos dejó el cruce con una morocha muy VOT SI que nos escuchó hablar en castellano y se sumó a la charla. Tanto Biayo como quien escribe tuvo el leve presentimiento que la señorita en cuestión buscaba guerra, sobre todo porque a nuestro anfitrión le apoyó las tetas unas seis veces. Se juró retornar a Torino para encontrarla, ojalá lo logre. Por lo pronto, y para apaciguar la calentura (?), pasamos por el Official Store de Torino para comprar un souvenir. Biayo se llevó la casaca blanca del Torino, la cual homenajea la hermandad con River a través de una banda granate que cruza la camiseta. Yo no pude resistirme y me llevé un pantaloncito a 15 euros.

El retorno a Milano fue a través de un Regional Express, el servicio de Trenitalia que une ambas ciudades pero con paradas intermedias. En principio resultaba ideal para poder ver vía streaming el River-Boca, pero a pesar que al principio resultó emocionante para Biayo, tras el pif de Batalla todo fue barranca abajo y para él todo fue DOLOR. “Encima mañana a levantarse temprano a laburar”, maldijo.

A la otra mañana había que seguir cada uno su camino. Mi itinerario indicaba seguir hacia el norte, rumbo a Los Alpes. El partido se perdió, pero sin duda salimos ganando. La próxima parada será Alemania, donde a pesar que teníamos un destino definido, una sorpresa cambiará los planes.

¡Hasta la próxima!

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