Los ojos ciegos bien cerrados

Al respecto del triste suceso que pasó en el recital del Indio en Olavarría, va una reflexión.

Podríamos darle una vuelta de tuerca y encontrarle un vínculo a lo que pasó en Olavarria con la pelota. Podríamos hablar de la misma negligencia y codicia en Banfield – Boca, pero hay algo que, cómo espectadores de espectáculos masivos, le debemos a estas dos muertes: nuestro rol como seguidores.

Nadie obligó a 300.000 personas a brindarse al hacinamiento de un predio en una ciudad del interior bonaerense. Nadie los engañó. Bien sabían que los esperaban cuadras de descampados, baños desbordados, y poca o nula seguridad. Pero es el Indio, es la mística, es la misa. Así se vive. Así es.

Nadie nos obliga a ir tres horas antes a la cancha para pasar tres cacheos policiales que son culpa de 200 o 300 barras que después saltan Molinetes. Nadie nos engaña. Sabemos que tenemos que bancarnos baños destrozados, bebidas a precios astronómicos, y que hay lugares donde sabes que no podés ir, porque ahí te afanan hasta lo que no tenes. Así vivimos. Así es.

Ambas realidades conviven entre la inacción del estado y la codicia de los organizadores. Pero hay algo que las hace posible: nosotros. Los recitales del Indio son iguales desde hace más de una década, y cada vez fue más gente. Por que? Por entender que la pasión borra todo. Porque el Indio se merece viajar seis horas en una ruta colapsada, cagar en una banquina y estar tres horas como ganado. En esta misa, son el padre nuestro, el ave María y el rosario. El Indio, que me fascina como músico, no me lo pide, pero me lo festeja. Y yo, hasta la madrugada del domingo, agradecí el festejo.

Tal vez la mejor moraleja que podemos tener de esta tragedia es que nuestra vida vale mucho más que cualquier espectáculo que vivamos, nos guste mas o nos guste menos. Que nuestra pasión no debe cegarnos y que nuestro amor y nuestra guita valen más de lo que nos devuelven.

Tal vez, esas muertes en Olavarria nos dejen algo más que está ennegrecida pasión con la que no se que hacer. Porque hay algo peor que tus pasiones te traicionen, y es que te des cuenta que seas un boludo.

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