PIPA International Soccer, Vol. IV: Museo Nacional del Fútbol Alemán

Nuevo envío de esta saga que depositó a nuestro enano favorito (?) en tierras europeas. Esta vez nos encontramos con algo distinto, cultura futbolera de la buena. Y previo a conocer el imponente Signal Iduna Park -casa del Borussia Dortmund- en la ciudad de la cuenca del Ruhr nos topamos casi por casualidad con esta joya digna de la precisión alemana.

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Los destinos que siguieron tras el paso por el Derby della Mole no incluyeron fútbol. Un día en Suiza y otro en Austria apenas para recorrer los Alpes en tren y luego proseguir hacia República Checa, donde una pinta de cerveza artesanal cuesta 39 Coronas (algo así como veinticinco Pesos). Me gustaría poder decir lo buenas que estaban todas y cada una de ellas, pero mucho no recuerdo (?). El tren que parte de la hermosa Hlavni Nadrazi de Praga nos lleva a Dresden, donde tras pasar la noche en un hostel de mala muerte tomamos otro tren hacia Dortmund, donde en dos días nos daremos el lujazo de conocer el estadio con la popular mas grande del mundo. Sin embargo, ese día otro amigo nos recibe con los brazos abiertos.

El fanatismo por el fútbol a veces supera los límites esperados, pero también por el contrario caemos en el lugar común y decimos “en Europa es distinto, son mas frios”. Pues bien, siempre hay una excepción a la regla. En este caso se llama Tim. Tuve la suerte de coincidir con él en Napoli. Este muchacho en cuestión, en lo que a mi respecta, alcanza niveles de fanatismo pocas veces visto. Pero no sólo por su club, el MSV Duisburg, sino también por este hermoso deporte. Tal es asi que practica lo que por tierras europeas se denomina Groundhopping. ¿Que es esto? Básicamente es ir por el mundo conociendo canchas de fútbol. De nuestro país conoce varias canchas, entre ellas las de Temperley, la de Argentinos Juniors y el Mundialista de Mendoza. Se reconoce hincha de San Lorenzo y hasta incluso se anima con algún cantito (“No puedo parar de cantar la nueva canción, esa de Enrique Iglesias” me dice). Tal es su fanatismo que cuenta que “no puedo ir a ver fútbol a Estados Unidos porque fui a ver fútbol a Irán (!) y si tienes el pasaporte sellado allí, no te dejan ingresar a USA”. Un loco divino con el cual, entre otras tantas cosas, recordamos el paso por su club de Fernando Avalos, aquel jugador que alguna vez los hinchas de Huracán pidieron que no juegue más a través de una solicitada en el diario. Tras el intercambio de información quedamos en encontrarnos en Dortmund, ya que Duisburg está a sólo 20 minutos de allí. El frío alemán pedía a gritos unos cuantos vinos calientes, pero al saludarnos me comenta: “¿Sabías que aquí hay un museo de fútbol?” Estaba todo dicho: había que ir allí. Sin embargo, era lunes y estaba cerrado. La cosa quedaba para el día siguiente. La noche se perdió entre escabio, el odio al RB Leipzig y los recuerdos de la final en Brasil.

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Nuestro amigo Tim (AKA “El Biayo Alemán” (?)) tirando selfie en el Nuevo Gasómetro

El Museo Nacional del Fútbol Alemán está muy bien ubicado, justo enfrente de la Estación Central de Trenes. Si bien desde afuera no parece muy grande, por dentro la cosa es diferente. Previo al ingreso se puede ver como tiene una canchita de césped sintético para pelotear un rato y también un área de entrenamiento similar al que tiene la selección alemana. La entrada es saladita: 17 Euros (algo así como 300 Pesos), pero se pagan sin dudarlo. Por cuestiones de seguridad, me piden que me quite la campera y la deje en los casilleros que están en el subsuelo. Al llegar ahí, uno ya empieza a ver imágenes que llevan a pensar si visitar este museo fue la elección correcta.

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DOLOR, DOLOR y MAS DOLOR

El primer nivel del Museo está dedicado completamente a la historia de la Mannschaft. Se comienza por los primeros pasos, mostrando camisetas y botines de hace mas de 100 años, como así también afiches promocionando partidos entre territorios que ya no existen mas (?). La turbulencia de aquellos años rodeados de guerras y conflictos hizo que no quede en pie mucho material, sin embargo podemos apreciar joyas de antaño previas a, por ejemplo, la primera Copa del Mundo de 1930.

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Camiseta utilizada en los Juegos Olímpicos de Amsterdam de 1928 en el partido en el que Alemania cayó frente a Uruguay.

A medida que avanza la exposición, vas cayendo en la cuenta que los teutones si hay algo que odian ser es perdedores. Apenas fotos, recortes o material se exhiben de los fracasos. Eso sí, a la hora de mostrar los logros, tiran la casa por la ventana. Así llegamos al primer gran ala del museo, el que recuerda la victoria en el Mundial de 1954. Además de camisetas, anécdotas y muchas cosas más, hay un muy buen sector en el que se ambienta una sala de estar típica de aquellos años. Un televisor y una radio acompañan un par de sillones en el cual uno se puede apoltronar para ver las imágenes de la final frente a Hungría, que dicho sea de paso y para quien no lo sabe, los magiares fueron víctimas de un choreo enorme que incluyó un gol mal anulado, un penal a favor no sancionado y una clara infracción al arquero hungaro en el empate alemán, además de pegar un par de tiros en los postes y ser dominadores durante casi todo el encuentro.

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La pelota con la que se disputó la final de 1954
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Banderín que se intercambió en aquella final frente a Hungría
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La pequeña tele y la radio a transistores

El recorrido continúa con varios detalles interesantes, como la historia de Jupp Posipal, integrante de aquel equipo campeón en Suiza. Posipal era rumano y llegó a Alemania en 1943. Tanto él como su familia obtuvieron la nacionalidad germana cuando el futbolista decidió jugar para la selección alemana. También podemos acercarnos a un sector donde se ve una herida abierta del fútbol teutón: la final de 1966. Allí sobresale un pequeño stand donde se puede observar en slow-motion la famosa jugada de Hurst que terminó siendo convalidada como gol cuando claramente no lo era. Sin embargo, el mismo stand te permite realizar un VOT SI-VOT NO sobre la jugada. Un 57% a 43% a favor del NO prevalece, lo cual da la idea que ese 43% se reduce a ingleses, resentidos con Alemania y cortos de vista (?). Más allá, también podemos ver una joyita: la libreta de anotaciones del sorete de Kreitlein, aquel árbitro que expulsó a Rattin en el encuentro frente a Inglaterra. Si bien la letra es algo ilegible, pude preguntar qué decían las anotaciones. La traducción mas cercana -y siempre teniendo en cuenta una libre interpretación (?)- sería “Rattin se cansó de romperme las pelotas y lo eché”.

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Pongan una con la de Codesal si tienen huevos, cagones (?)
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La libreta de Rudolph Kreitlein. En la página de la izquierda se puede leer el relato sobre lo sucedido con Rattín.

Siguiendo adelante en este piso se puede ver dos áreas dedicadas exclusivamente a dos cuestiones. La primera de ellas es ineludible: la Alemania Democrática y el fútbol. La historia de la DDR está muy bien documentada aunque algo imparcial, tirando un tirito por elevación. Se ve que todavía duele aquel 1 a 0 del ’74 y el gol de Sparwasser. La otra es todo un stand dedicado al enorme Franz Beckenbauer, el mejor jugador alemán de la historia y sin duda, el más importante.

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La camiseta que utilizo Alemania Democrática en el Mundial de 1974.
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El coso (?) dedicado a Beckenbauer

Tras ver una gran pared dedicada a la obtención de la Eurocopa de 1996 en Inglaterra, al avanzar podemos comenzar a ver imágenes dolorosas. Tal como dijimos, estos tipos son expertos en borrar los fracasos de la memoria colectiva. Prácticamente no hay imágenes de la final de México ’86, apenas un banner que pasa con la formación de aquel partido y una leyenda del estilo “no pudo ser”. Eso sí, la del ’90 tiene todo eh: la canchita, los relatos, el video de Buchwald siguiendolo hasta el baño a Diego. En fin, escenas de mucho pero mucho DOLOR. Pero esto no es absolutamente nada. Es el comienzo de la tortura, el aperitivo. En este piso, el ala mas grande está dedicada a la obtención de la Copa del Mundo en Brasil. Si, esa que perdimos gracias a los hijos de puta de Higuaín, Palacio, Gago que no corrió a Schurrle y Romero tirándose para afuera del arco.

Con un nudo en la garganta, soy el único en la sala que no sonríe ante las imágenes. Necesito desahogarme. Tengo que sacarlo para afuera. Empiezo a hablar con los alemanes que visitan el museo. Todos coinciden en algo: fue el peor partido que jugaron y el único que tuvieron cagazo de perderlo. Un mural decora las imágenes más importantes del partido. Creanme cuando les digo que, exceptuando el gol de Götze, no hay una sola jugada de peligro alemana. Por supuesto, figuran las de los goles errados por nuestros héroes (?).

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Grande entre los grandes
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El cronograma oficial de la Seleccion de Alemania. Una sonrisa entre tanta tristeza.
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¿Se puede vivir con esa cara de pelotudo? Yo diría que no, Kent (?). Más allá de eso, la foto es BRILLANTE.

 

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Enderezate el botín, mamerto.
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Se acabó todo. Todirijillo.

Para el final del recorrido por ese ala, quedan algunas cositas más por ver. Como por ejemplo una vitrina dedicada al pulpo Paul, aquel bicho que supo acertar todos los resultados de Alemania en el Mundial 2010. En el museo se encuentra una réplica de oro del cefalópodo (!), mientras que sus restos fueron incinerados y sus cenizas son guardadas en una urna de oro (!!!!). También se puede ver del Mundial 2006 la famosa papeleta de Jens Lehmann.

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(?)
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Mas y mas (?)

 

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La pregunta que nos hacemos todos es: ¿Donde está mi elefante? ¿Cómo carajo pensó que Heinze podía llegar a patear un penal?

Tras aguantar el embate de esta sala, en el piso de arriba nos espera todo lo referido a la Bundesliga y a la historia de la liga alemana. Mucho más interactivo que el piso anterior, permite conocer hechos desconocidos y pintorescos, como la increíble victoria del TSV Vestenbergsgreuth sobre el Bayern Munich en la DFB Pokal de 1994 por la cual una casa de té de esa pequeña ciudad de 1500 habitantes sacó una edición especial de la infusión llamada “1 a o”. Termocefalia de la buena (?).

Además de esto, también hay una serie de murales donde se erigen una especie de once ideal de acuerdo a las diferentes décadas, como también vitrinas donde se consagran a los jugadores más importantes que han pasado por la Bundesliga.

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El Altona 93 supo ser un gran equipo en los albores del fútbol teutón. Podemos decir que miraba a todos desde arriba (?)
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Botines del tiempo de Ñaupen (?)
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Telar donde se muestra los lugares por donde pasó el Rot-Weiss Essen durante su gira en la década del ’30. Arriba de Montevideo, la imagen de Argentina.
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La bolsita de té “1 a 0” que conmemora la victoria del TSV Vestenbergsgreuth sobre el Bayern Munich.

Más allá del dolor que puede causar recordar imágenes como las del Mundial de Italia o las de Brasil 2014, el museo desde lo organizacional y el material que posee es increíble. Si bien la ubicación no es la ideal (digamos que Dortmund no es muy turística que digamos en comparación con Berlin, Munich, Colonia u otras ciudades alemanas), si alguna vez toca estar cerca de ahí vale la pena darse una vuelta.

Con la mirada en alto y el pecho inflado, salgo del museo a la espera de tener una revancha pronto. De momento, toca ir a descansar a la espera del partido del Borussia Dortmund. Pero la alegría de poder haber estado ante tanta historia, no te la saca nadie.

Hasta la próxima!

 

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