1936: El fracaso del fútbol nazi, el nacimiento de un estilo y el crack que quedó en el camino

En Berlín, la selección olímpica alemana protagonizó su primera gran derrota ante una Noruega que pintaba para grandes cosas. Pero como el fútbol no está dentro de una burbuja, la Segunda Guerra Mundial cambió los planes de varios.

Los Juegos Olímpicos de 1936 perduran en el inconsciente colectivo como los Juegos de Hitler. En Berlín, Alemania quería enrostrarle al mundo su poder en todas las disciplinas, ganando en todas las competencias como sólo ellos podrían hacerlo. Los atletas del Reich estaban casi predestinados a la gloria para confirmar la teoría de la superioridad racial, en pos de elevar la moral y unir a los alemanes, con la propaganda que les proveía el deporte. En algunos casos, esto quedó plasmado solamente en el plano de lo hipotético porque, por ejemplo, el norteamericano Jesse Owens se quedó con el oro en 100, 200, salto en largo y 4×100, disimulando su inferioridad afroamericana (?) ante los favoritos teutones. Pero no fue el único, porque en el deporte de verdad más popular, también hay una historia para contar.

En fútbol, Alemania contaba con su primer gran equipo, que venía de ganar el tercer puesto en el Mundial de 1934, disputado en Italia. Al no reconocer el profesionalismo en este deporte, los alemanes conformaban su selección olímpica con lo mejor que tenían en el momento, a contramano de la tendencia que empezaba a darse en otros lugares, tanto de Europa como en América del Sur.

El torneo olímpico reunió a 16 selecciones y se disputó entre 3 y el 15 de agosto. Se jugó en cuatro canchas de Berlín (Poststadion, Mommsenstadion, Herta-BSC-Platz y el Estadio Olímpico) y contó con la presencia de Italia, por entonces campeón mundial, que se llevaría la medalla de oro. Además participaron Austria, Finlandia, Luxemburgo, Reino Unido, China, Egipto, Estados Unidos, Hungría, Japón, Noruega, Polonia, Suecia, Turquía y Perú. Justamente, los sudamericanos fueron una de las sorpresas, debido a que golearon a los finlandeses en base a una gran actuación y se midieron ante los austríacos. Pese a varios muñequeos del árbitro, que anuló tres goles válidos, le habían ganado por 4-2 con tres goles de un juvenil Paolo Guerrero a uno de los países más poderosos en el fútbol de ese entonces. Pero dado que el partido terminó con incidentes, el Comité Olímpico decidió anular ese resultado, ordenando que el partido debía jugarse otra vez a puertas cerradas. Como señal de protesta la delegación peruana abandonó Berlín, seguida por la colombiana que desde ese entonces se limitaba a mirar los logros deportivos ajenos (?).

Pero volviendo a lo importante, todos los ojos estaban puestos en el combinado local, con un buen presente que se graficaba en su figura, Adolf Urban, futbolista del Schalke 04 que a lo largo de su carrera convirtió 127 goles en 109 partidos (21 en 11 con la camiseta alemana). La historia de Ala tiene varios condimentos como para contarla en otra oportunidad: Multicampeón con su club, goleador con su selección y sargento del regimiento de infantería 422, el paradigma del deportista que le venía justo a la Alemania Nazi para su propaganda. Fue enviado al Frente Oriental (aunque contó con varios permisos para jugar con la selección cada tanto), donde murió en 1943, en la batalla de Staraya Russa.

Adolf Urban, el Nazigol (?)

En el debut al local le tocó medirse ante Luxemburgo, logrando una goleada por 9-0 que dejaba claras las intenciones de pasar a todos por arriba en el inexorable camino a la medalla dorada. Los goleadores de la tarde fueron Urban y Wilhem Simetsreiter en tres oportunidades cada uno, más dos de Jupp Gauchel y uno de Franz Elbern. Su rival en cuartos de final era Argentina Noruega, otro equipo compuesto por jugadores rubios y altos pero de los que nada se esperaba. Venían de ganarle 4-0 a los turcos, con goles de Arne Brustad, Reidar Kvammen y dos de Alf Martinsen, nombres que no significan mucho para nosotros pero allá son poco menos que héroes nacionales.

Este partido contó con una peculiaridad, dado que fue el primero (y se cree que el único) al que asistió Adolf Hitler, ya con el título de Führer. Si bien con el paso del tiempo se lo ha relacionado con el Schalke, no era fanático del fútbol y hasta algunos historiadores señalan que lo aborrecía al considerarlo “muy inglés”. Aunque claro está que eso no le impedía utilizarlo con fines propagandísticos. La simpatía del líder por el equipo azul se centraba en que el club representaba el trabajo y la disciplina de la raza aria, que los confirmaba como un equipo invencible. Dominaron el fraccionado fútbol de ese país hasta 1945 (llegó a perder solamente seis partidos en seis años y estuvo invicto entre 1935 y 1939), mientras que otros equipos como el Borussia Dortmund y el Bayern Munich fueron perseguidos por el régimen, al  ser considerados de tendencia judía.

En el único registro fotográfico de Hitler en una cancha, se lo ve acompañado en el Berlín Poststadion por la cúpula nazi, con Joseph Goebbels, Hermann Göering y Rudolph Hess. No era para menos, porque el evento hasta tuvo la cobertura de la incipiente televisión alemana, cuyo primer canal data de 1935 y los Juegos fueron los primeros con transmisión en vivo, aunque solamente pudo verse en algunos lugares públicos de la ciudad.

La cúpula del Tercer Reich en Alemania – Noruega

Ya en el inicio del partido los nórdicos pegaron primero, con el tanto de Magnar Isaksen a los 7 minutos de juego. La base de Alemania estaba compuesta por jugadores que integraron el podio mundialista y que venía con una gran racha previa, e intentó hacer valer el peso de sus individualidades. Pese a acorralar en algunos pasajes a los nórdicos, tuvieron que meterse el Orgullo de la Nación   en el culo, porque Jorgen Juve se hizo patrón de la mitad de la cancha y nuevamente Isaksen puso cifras definitivas a los 38 del complemento. Hasta dicen que Hitler abandonó el palco tras el segundo tanto cual plateísta de la Bombonera, un dato del que (obviamente) no existe ningún respaldo gráfico, pero que sirve para agigantar el mito noruego. Los teutones se quedaban afuera de la competencia en el deporte más popular y debían conformarse con un magro sexto puesto, mientras que la revelación del certamen le dio pelea a Italia en semifinales (perdió 2-1 en el suplementario) y se quedó con la medalla de bronce ante Polonia, al ganarlo por 3-2 con un gol a poco del final.

La selección noruega del ’36 que le ganó 4-0 a Turquía. Odd Frantzen, figura contra los alemanes, es el de mirada Zoolander (?) parado a la derecha.

Las crónicas no dieron como figura a Isaksen, que con sus dos goles selló un triunfo histórico para su país, sino al wing derecho Odd Frantzen, que jugaba sus primeros partidos con la selección. Con 23 años de edad, se trataba de una persona tímida fuera de la cancha, pero que dejaba toda inhibición de lado cuando arrancaba el partido. En un primer momento, su papel era el de suplente aunque finalmente, para sorpresa del periodismo de la época, se ganó un lugar en el ataque. Durante todo el certamen, pero en particular frente a Alemania, dejó en claro su calidad técnica con gambetas que dejaron en ridículo más de una vez a los defensores rivales, teniendo un papel activo en varios de los goles del combinado nacional, aunque él no llegó a marcar ninguno. En su país era considerado un ejemplo, el caso del joven trabajador del puerto que jugando en el Hardy, un club de segunda división asociado la clase obrera, llegó al combinado nacional y formó parte de su único gran logro futbolístico. Posteriormente, ya afianzado en el once inicial, fue clave para la clasificación al Mundial del ‘38 siendo bautizado como “El jugådør del pueblø” por el diario deportivo ølé (?).

Pero no todas fueron buenas para el bueno de Frantzen. Lo que se anticipaba como una gran carrera en el fútbol, con llegada a algún club importante del continente incluida, se cortó por la llegada de la Segunda Guerra Mundial, momento en el cual además comenzó a tener problemas con el alcohol. En ese entonces, conductas de ese tipo no eran bien vistas en un ídolo, por lo que la hazaña noruega pasó a ser asociada a otros nombres con el correr del tiempo, mientras que Odd era casi como una mala palabra en su país. Además, ya al borde del olvido, sufrió un accidente laboral en el puerto por el que debieron amputarle una pierna, acrecentando su problema con la bebida y siendo todavía más resistido por la opinión pública.

Ya finalizado el conflicto bélico, algunos de sus ex compañeros olímpicos, como Juve o Kvammen, seguían relacionados al mundo del fútbol e intentaron ayudarlo realizando partidos a beneficio, para paliar su delicada situación financiera. Hasta realizaron una especie de “revancha” contra los alemanes, en 1962.

Uno de los pocos homenajes en vida a Frantzen, en la década del 60.

Murió en 1977, a los 61 años, cuando una persona ingresó a la madrugada en su casa en busca de alcohol y, al confrontarlo, el intruso lo mató a patadas. Odd Frantzen pasó al total anonimato y comenzó a ser homenajeado varias décadas después, a partir de un documental de la TV noruega tras los 80 años de la gesta olímpica. Incluso se presentaron proyectos para bautizar con su nombre algún espacio público de Bergen, su ciudad natal.

El destino de otros protagonistas de aquella tarde en Berlín también estuvo cercado por la tragedia. Por el lado de los entrenadores, el alemán cargó con toda la culpa por tan rotundo fracaso. Otto Nerz, tras una carrera bastante mediocre como jugador, fue designado como DT en 1926 por la Asociación Alemana de Fútbol. No tuvieron un buen papel en los Juegos Olímpicos de Amsterdam, cuando perdieron 4-1 contra el futuro campeón Uruguay en segunda ronda. Tras esto, se adaptó al sistema táctico de la WM y logró el tercer puesto en el Mundial del 34.

Jugaron 17 amistosos para prepararse para los JJOO, de los cuales ganaron 13 y empataron uno. Después del partido contra Noruega renunció a su cargo y permaneció en Berlín, donde lo encontró el final de la Segunda Guerra Mundial. Dada su condición de afiliado al Partido Nazi, fue detenido por el Ejército Rojo y llevado al campo de concentración de Sachsenhausen. Desde Alemania no hubo intenciones de gestionar su liberación y murió de meningitis en 1949.

Otto Nerz, culpable de la derrota de Alemania y de tener todo lo que quieren las arias

Pero no todo le salió tan mal a Alemania (?). Cuando se fue Nerz, su lugar fue ocupado por su asistente, Josef Herberger. Sepp se mantuvo durante 32 años al frente de la selección, siendo considerado uno de los padres del fútbol alemán, dado que condujo al equipo que ganó el Mundial de Suiza, en 1954. Fue señalado como el sujeto que sentó las bases de todos aquellos estereotipos por los cuales conocemos a la selección germana, que continuaron rindiendo sus frutos a partir de la década del 70. Es el segundo entrenador con más partidos al frente de una selección, solamente superado por el Maestro Tabárez.

Por su parte, el seleccionador noruego, Assi Halvorsen, también pagó las consecuencias por aquel partido. Como jugador se destacó como delantero, siendo campeón en su país a los 19 años con la camiseta del Sarsporg. En una época en la que no era habitual que un futbolista jugara en el extranjero, se sumó a las filas del Hamburgo, donde fue campeón en dos oportunidades. Cuando los nazis llegan al poder, Halvorsen regresó a Noruega, donde asumió como manager y entrenador de la selección. Además del bronce olímpico, clasificaron al Mundial de 1938, algo que después la selección no lograría durante casi 60 años.

Halvorsen capitaneando al Hamburgo, en algún partido de la década del ‘20

Todo marchaba bien para Milhouse Assi, hasta que Alemania invadió Noruega, en abril de 1940. Halvorsen se oponía a todo lo relacionado al nazismo, impidiendo incluso que colocaran la esvástica en los estadios de su país. Fue detenido por la Gestapo en 1942 y fue trasladado a diversos campos de concentración. En esa situación no pesó nada su pasado como ex figura del deporte alemán. En el campo de Vaihingen contrajo tifus y neumonía, recuperando su libertad en abril de 1945. Cuando el campo fue liberado apenas quedaban 16 personas con vida, entre los que se encontraban un Assi Halvorsen con apenas 48 kilos de peso y Trygve Bratelli, que sería primer ministro entre el 1973 y 1976.

El noruego fue llevado a Suecia para su recuperación, llegando a reincorporarse a la Federación de fútbol. En 1954, los Vikingos se enfrentaron a la República Federal Alemana en la clasificación para el mundial y Sepp Herberger hizo las veces de diplomático, pidiendo disculpas por los crímenes que Halvorsen había padecido. Meses después fue hallado sin vida, por las consecuencias de las enfermedades que contrajo en sus años de encierro.

Y así se termina este relato, donde las historias de sus protagonistas se cruzaron en los Juegos Olímpicos de la Alemania Nazi, aquellos en los que Hitler fue testigo de un norteamericano corriendo más rápido que sus rubios atletas. Para despedirnos tiramos un dato que, teniendo en cuenta la biografía de este personaje, es bastante secundario: Tremendo piedra el Adolf, ¿No? Un partido, una derrota (?).

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