Grandes arqueros argentinos: Hugo Gatti (segunda y última parte)

Y cerramos la reseña a la extensa trayectoria del “Loco” Gatti con esta segunda entrega, enfocada a sus gloriosos años en Boca.

Boca Juniors: la idolatría de las masas

Si Atlanta fue el bautismo, River un paso en falso, Gimnasia la reivindicación y Unión el despegue a la fama eterna, es difícil catalogar en pocas palabras lo que significó Boca en la carrera de Hugo Orlando Gatti… por eso, trataremos de repasar de la mejor forma posible (sin caer en el tedio pero sin dejar de lado los mejores episodios suyos dentro y fuera de la cancha) lo que fueron sus largos 12 años en el club de la ribera, toda una vida realmente.

Aunque no todo fue fácil al comienzo. Muchos hinchas resistían su llegada, pese a que el recién arribado Lorenzo lo había pedido como primer refuerzo y decía a quien quisiera escucharlo que Gatti era el arquero de experiencia que el club necesitaba para ser campeón; pero la enorme cantidad de goles “tontos” que se había comido en los 13 años previos de trayectoria, hacía que la gente no confiara del todo en el ojo del veterano entrenador… muy pronto, quedaría demostrado quien tenía razón en esta historia.

Su debut con la camiseta del CABJ tuvo lugar el 15 de febrero de 1976, en un 2-0 como local ante el modesto All Boys, por la fecha inaugural de un Metropolitano que tenía un par de zonas con 11 equipos cada una. A partir de ese día, pasarían nada menos que 417 partidos oficiales hasta el final de su carrera en el club en particular y en el fútbol en general, una cifra que nos exime de mayores comentarios.

Encima, su segundo partido fue a los 3 días, en un clásico ante River y como visitante y también aprobó el examen con creces (0-0). Olvidadas las reticencias iniciales conforme iban pasando las semanas, las cosas le estaban saliendo en forma excelente a Gatti en su nuevo club. Es que Boca, pese a un pálido inicio en el Metro (el técnico recién “encontró” el equipo en la ronda final) pudo cortar un lustro de sequía coronándose en los dos torneos disputados a nivel local en el ´76 (además de ese campeonato se llevó luego el Torneo Nacional), contando en ambos con un “Loco” en superlativo nivel, a punto tal que era el arquero indiscutido de la selección que César Luis Menotti preparaba de cara al Mundial del ´78.

Solamente se ausentó por razones forzosas ese primer semestre, en algunos partidos faltó por la gira europea que hizo la selección y en otros porque justo el día del retorno y como bien se contó acá, el 11 de abril en un duelo ante Independiente y por no cagarse en un mano a mano, chocó su mandíbula con la rodilla de Daniel Astegiano terminando con una terrible triple fractura, en una de las tantas muestras de arrojo que dio en su extensa carrera. Igualmente, y con una prodigiosa fuerza de voluntad, el arquero volvió antes de que se cumpliera un mes de semejante lesión, en el 3-0 registrado ante ELP como local el 9 de mayo.

Como punto más alto de ese año, podemos citar la recordada final del Nacional, disputada en campo de Racing el 22 de diciembre, siendo la única vez que el superclásico definió mano a mano una corona: como todos saben, Boca se impuso 1-0 con una avivada del “Chapa” Suñé al patear un tiro libre mientras Ubaldo Fillol acomodaba la barrera. Pero lo que no es tan difundido es que Gatti la rompió toda esa noche, siendo su mejor atajada una pelota de J.J. López que pedía ángulo y que con un esfuerzo terrible mandó al corner, justo él que odiaba volar.

Y como “perlita” de esa temporada 1976, puede destacarse “la suspensión de las dos tiras”. ¿¿What??!! La historia es así: en instancias decisivas del Metropolitano que finalmente ganaría, Boca el 10 de julio tenía que visitar a Gimnasia. Iba a ser el retorno de Gatti a La Plata (no al bosque, ya que el partido se jugó en Estudiantes debido a que todos los duelos de la Ronda Final eran en cancha “neutral”), para ser recibido con una tremenda ovación y él, tan egocéntrico y necesitado del cariño de la gente siempre, no veía la hora de que llegara ese día. Pero en la fecha anterior, cuando Boca visitó a Colón en Santa Fe y ganó 2-1, el árbitro García lo dejó jugar con su vincha -elemento que generaba bastante polémica en esos años aunque hoy parezca absurdo-, aunque al término de los 90 minutos lo informó (expulsó), sin avisarle, por el simple hecho de que había usado un pantalón distinto al de sus compañeros (!), los cuales tenían dos tiras amarillas sobre el fondo azul. Lo absurdo es que la AFA dio curso a este mamarracho, y en menos de una semana salió la sanción (que fue de una fecha), por lo que Gatti se quedó con las ganas de viajar a La Plata y sin su más que merecido recibimiento…ah, también en ese glorioso año ´76 el tipo se dio el gusto de jugar un partido como delantero, cumpliendo un viejo anhelo: el 11 de agosto, para celebrar la coronación en el Metro y ante un Platense que festejaba su título de Primera “B”, la “Bombonera” explotó cuando en el segundo tiempo el “Loco” abandonó el arco y pasó a desempeñarse arriba, dejando luego estas sinceras declaraciones post match: “La verdad me saqué el gusto. Esta era nuestra noche de fiesta y además el público me lo pedía, pero la verdad es que es difícil jugar adelante… al segundo pique me fundí”.

Es dable mencionar que Gatti repetiría la experiencia de jugar un rato como delantero varios años más tarde, cuando en el marco de una gira bizarra del CABJ por Norteamérica, enfrentando al Atlas mexicano volvió a darse el gusto de ser jugador de campo. Fue en septiembre del ´84 y al momento de entrar, fiel a su habitual humildad (?) tiró: “Omar (Porté) tirame buenos centros y mirá lo que hago, vas a ver cómo se juega al fútbol. Atención troncos, que entró el maestro”.

Retomando cronológicamente el hilo de su carrera y ya en el plano internacional, la coronación del año anterior le permitió a Boca volver a disputar la Copa Libertadores en 1977, tras varios años de ausencia. Y el retorno del “Xeneize” a la máxima competición americana fue a lo grande, ya que se llevó las ediciones de ese año y también la del ´78, con un muy buen nivel de Hugo Orlando en el arco.

En la primera de esas conquistas, Gatti pasó a la historia no sólo por ser el primer arquero boquense en ganar la copa sino también por su preponderante participación a lo largo de todo el torneo, coronando la faena con un penal atajado en el match desempate de la final.

Pero lo del arquero en esa copa merece ser repasado desde el inicio. Su equipo fue el único clasificado en un grupo compartido con su archirrival y con los uruguayos de Peñarol y Defensor Sporting. Y si bien ese team de Lorenzo sobresalía por su andamiaje defensivo, es imposible obviar que Gatti le bajó la persiana al arco y en los 6 partidos disputados no recibió un solo gol (!). Después en el grupo de semifinales, en los 3 encuentros jugados ante Libertad y Deportivo Cali apenas recibió un tanto -faltó contra los colombianos en el partido jugado en La Boca-, su equipo ganó la zona de forma invicta y se clasificó a la final donde esperaba el temible Cruzeiro, vigente campeón.

Luego de un triunfo boquense en Buenos Aires 1-0 e idéntico resultado para el local en Belo Horizonte (con un fierrazo del animal de Nelinho a falta de 15 minutos para levantar la copa), el trofeo se dirimiría la noche del 14 de septiembre en el estadio “Centenario”. Gatti aguantó el invicto de su arco durante 120 minutos, y en el quinto y último penal del cuadro brasileño -ejecutado por Vanderley- se arrojó a su izquierda y con su atajada se metió en la historia grande de uno de los clubes más importantes del continente. Si ya muchos hinchas lo habían mirado con cariño cuando barrió el área con la escoba siendo arquero riverplatense, si ya se había comprado a varios más por atajar una vez para el “Lobo” con una camiseta boquense bajo su buzo, si el grueso de la gente ya lo bancaba a morir por su enorme 1976, con ese penal atajado el tipo se terminó de comprar todos los corazones bosteros para siempre…

Y ya en la Libertadores ´78 su desempeño no le fue en zaga al mostrado el año anterior. Boca ingresó en semifinales, cierto, pero no dejaba de tener un grupo complicado: nada menos que River y Atlético Mineiro lo esperaban para desbancarlo.

El recorrido boquense empezó con un magro 0-0 de local ante el “Millonario”, pero ganó los restantes 3 partidos para liderar la zona y meterse en su segunda final copera al hilo (cabe aclarar que en el triunfo en Belo Horizonte lo reemplazó Carlos Rodríguez). En el duelo decisivo, y ante los novatos del Deportivo Cali -primer cuadro colombiano en llegar a esa instancia- los experimentados muchachos del “Toto” sacaron un valioso 0-0 en Cali con la “Pantera” en el arco y en la revancha, ya con el “Loco” en su puesto vapulearon a los dirigidos por un joven Carlos Salvador Bilardo por 4-0. ¿Los números de Gatti en ese torneo? 4 partidos jugados, con apenas un gol recibido… una garantía.

Pero no sólo a nivel americano se consagró ese Boca con nuestro héroe en el arco. Ya en el ´78 pero en el marco de la Copa Intercontinental del año anterior, tras un desalentador empate como local en marzo ante el Borussia Monchengladbach -subcampeón europeo que ocupó el lugar de los putitos (?) del Liverpool-, luego de la disputa de la Copa del Mundo (la revancha se jugó recién en agosto) Gatti y sus compañeros se hicieron gigantes en la ciudad de Karlsruhe y ganaron 3-0, con una actuación verdaderamente demoledora. Una copa más en su palmarés y siempre con una actuación cuanto menos destacada… a los 34 años, cuando más de uno empieza a relojear el retiro, el de Carlos Tejedor estaba en la plenitud de su carrera.

La única mancha de este período con varias copas ganadas fue la Interamericana 1977, jugada a comienzos del año siguiente y perdida inesperadamente a manos de los mexicanos del América. Aunque tratándose de la competencia de menor valía de todas las disputadas, seguramente en ese momento los hinchas y hasta los propios jugadores no se sintieron demasiado afectados.

Pero como todo lo bueno en la vida en algún momento se termina, la primera era de Lorenzo en Boca a fines de 1979 tocó a su fin. Sin mayor protagonismo en los torneos locales tras las conquistas del ´76 -salvo en el Metro de 1978, cuando un sorprendente Quilmes lo relegó al subcampeonato- y habiendo perdido en forma un tanto inesperada la Libertadores 1979, ante los paraguayos de Olimpia en la final (con un Gatti en flojo nivel en el partido de ida que se perdió 2-0 en Asunción), el “Toto” alegó un lógico desgaste después de 4 años muy intensos y partió para fracasar en Racing; casi una década más tarde su camino y el de Gatti-Boca volverían a cruzarse, aunque lejos del éxito de esta etapa.

Hay dos perlas destacadas de Gatti en torneos de AFA que se dieron en esos últimos tiempos de la era Lorenzo y valen la pena ser contadas. Una, es que en diciembre de 1978 y con el equipo ya sin chances de llegar a la semifinal del Nacional, en La Boca el local cayó 1-5 ante el débil Gimnasia (Mendoza); la noticia no pasa tanto por el resultado, de por sí sorprendente, sino que por decirle “Cervecero” al juez Arturo Ithurralde (N.de.R: seguramente había quedado bronca por el torneo perdido ese año a manos del QAC) el tipo fue expulsado y en Viamonte 1366 le tiraron con 20 fechas de suspensión por la cabeza, pudiendo recién volver a jugar en junio del ´79. La otra, es que ya en diciembre de ese año, el día que el viejo “Gasómetro” cerró sus puertas para siempre, en un amargo 0-0 contra CASLA se dio el lujo de atajarle un penal a Hugo Coscia, sumando uno más para su colección que superaría las dos decenas.

Como bonus track y fuera del campo de juego, en ese 1979 destacó Gatti también por ser el primer jugador en usar un sponsor propio en los partidos, y hablamos de tiempos en que la mayoría de los clubes aún no habían incursionado siquiera en el sponsoreo grupal de sus jugadores de campo. A partir de ese año y durante tres temporadas, el “Loco” tendría en el pecho la propaganda de “Jet”, una empresa dedicada a los videojuegos.

Pero volviendo al terreno de juego, para Boca y salvo algún que otro destello, se venía la que tal vez fue la peor década de su historia. Y el que, más allá de ciertas críticas por algunos comportamientos, amén de aciertos y errores en la cancha, siempre a lo largo de los años estuvo bancando los trapos fue este arquero tan carismático y particular.

Ya por ejemplo 1980 fue un pésimo año para el CABJ, que estuvo rato largo del Metropolitano (recordar que en el Nacional no había descensos) coqueteando con la pérdida de la categoría, en una campaña que incineró para siempre la carrera como DT de ese ídolo llamado Antonio Rattin. Ese torneo, que incluyó sendos y dolorosos 2-5 en La Boca ante Independiente y River, fue una muestra gratis de lo que iba a ser en líneas generales la década “Xeneize” hasta el retiro de Gatti, ocurrido casi a fines de la misma. Y fue en ese año ´80 también donde nuestro homenajeado en la previa de un match del Nacional ante Argentinos Jrs. la boqueó toda (?) hablando de cierto exceso de peso de un joven Diego Armando Maradona, quien en un domingo para la historia le respondió clavándole 4 goles -salvo el de penal uno más lindo que el otro-, para que el club de La Paternal se impusiera 5-3. Así recordaba varios años después el “10” lo que ocurrió en aquella histórica tarde de Liniers.

Al año siguiente el elenco de la ribera debía cambiar la espantosa imagen brindada a lo largo de 1980, por lo que rompió el mercado de pases y contrató al propio Maradona, para de su mano cortar con un lustro de sequía a nivel local, ganando merecidamente el Metropolitano ´81 más allá de algún sofocón cuando promediaba el torneo. Junto a otros baluartes como un casi debutante Oscar Ruggeri, veteranos de adentro (Roberto Mouzo y Jorge Benitez) y alguno llegado de afuera (Miguel Brindisi), más un joven uruguayo llegado para equilibrar el medio de ese equippo (Ariel Krasouoski) y tipos salidos del club con poca edad pero mucha experiencia en el lomo (Carlos Córdoba y Hugo Perotti) un endiablado Hugo Perotti que tenía sólo 22 años pero ya 4 temporadas en el lomo, el viejo Gatti pese a tener una  de sus campañas con más ausencia en su etapa boquense -cabe mencionar que la “Pantera” Rodríguez atajó en 25 de los 34 partidos de ese torneo- fue una pieza muy importante para la coronación del equipo de Silvio Marzolini.

De hecho, promediando la segunda rueda el team había encendido varias alarmas ante la gran performance del Ferro que conducía su viejo amigo Griguol (con una fea apretada de la barra en La Candela incluida), por lo que el DT decidió darle el buzo con el “1” nuevamente a Hugo Orlando, quien había atajado en las primeras 4 fechas del certamen, con 3 triunfos y un empate para su equipo. Y el día que volvió al once inicial después de algunos meses, el tipo regaló una de sus jugadas más famosas: Boca recibía a Estudiantes y no podía quebrar la paridad, hasta que en el complemento, y tras un pase en profundidad que pudo haber sido un mano a mano letal, decidió salir a cortar muy lejos de su arco, y en vez de reventar la pelota o cederla a un defensor siguió con el útil hasta la mitad de cancha, bien sobre la raya izquierda y hasta eludió a algún rival en el camino… luego se la dio a Perotti, quien tras una corrida electrizante por la banda hizo la diagonal y marcó el único tanto del encuentro. Desde ese día -que puede tomarse como bisagra- hasta el final del campeonato (con triunfos en Santa Fe ante Colón y en casa Ferro, donde se decidió gran parte del torneo, más una ajustada derrota en Arroyito y empate con Racing en la jornada final) Gatti no volvió a salir y ayudó a Boca a conquistar una nueva estrella, que cabe destacar, sería la última en el ámbito argentino por los siguientes 11 años.

Luego de esa gran alegría y más allá de un meritorio tercer puesto en el Metropolitano 1982 (detrás de los cuadros que marcaban el ritmo en ese tiempo, Estudiantes e Independiente), como ya se dijo los 80´s fueron difíciles para el club y Gatti acompañó esos vaivenes con algún que otro período de inactividad, como por ejemplo en 1985 cuando por temas físicos y contractuales no jugó y fue reemplazado varios partidos por el uruguayo Julio César Balerio.

En aquel ´82 que podría ser considerado lo último digno del club en varios años, recibió en un mismo día los dos goles que él mismo calificó como más “bobos” en toda su carrera: “Fueron dos de caño, en Salta y el mismo día… al final, ya cerraba las piernas como una mina cuando no quiere que le hagan el amor”. Y no, la memoria no lo traiciona a Hugo Orlando. El 11 de abril de ese año el “Xeneize” visitó por el Nacional a Central Norte en el campo de Gimnasia y Tiro, que era un verdadero pisadero; pero eso no exime al veterano guardavalla de responsabilidad para que, antes de los 20 minutos de juego, sendos remates de Prycodko y Rubiola (ambos desde 25 metros) se le hayan escurrido por debajo de sus piernas de una forma más digna de un amateur que de un tipo de sus galones.

En 1983 y cuando Boca había comenzado un espiral descendente que finalizaría al año siguiente, logró desplazar a Roberto Telch y convertirse en el jugador con más partidos en la primera división argentina. El 2 de octubre, en un 2-2 contra el ascendido San Lorenzo jugado en el “Monumental”, Gatti llegó a una cifra hasta entonces jamás alcanzada: 624 encuentros en la elite, a los que les agregaría luego más de un centenar hasta el momento de su retiro. Emocionado, esa tarde declaró: “Al público en general debo darle las gracias. A ese público que tanto respeto y por el cual siempre entendí que el fútbol era y es un juego, un espectáculo. Y párrafo especial para la hinchada de Boca, porque cuando digo que soy, fui y seré de Boca estoy expresando un sentimiento que nace del corazón”. Pensando en la fragilidad de sus piernas y en ayudarlo a extender su carrera mucho tiempo más pese a la veteranía, su amigo Griguol poco tiempo antes le había hecho una propuesta muy especial que en ese momento el “Loco” blanqueó: “Este récord me parece mentira. Por ahora mis metas son cercanas, como salir campeón este año, no sé hasta donde llegaré. La verdad es que todos van a creer que estoy loco, pero les cuento que Carlos quiere que haga un trabajo para fortalecer mis piernas, incluso me ofreció hacerlo en Ferro y según él, con eso podría jugar hasta 10 años más”. Y si bien eso finalmente no se concretó, Gatti se las ingeniaría para perdurar 5 años más en el máximo nivel de nuestro fútbol.

Ya al año siguiente, y más allá de ausentarse varias veces por las medidas de fuerza del plantel profesional, fue una de las caras visibles del horrendo Boca modelo ´84, donde el club amen de pelear bien abajo en el Metropolitano (fue 16º en un torneo de 19 equipos), tocó fondo en el plano institucional y sólo se pudo recuperar a partir del año siguiente con la llegada de la dirigencia que encabezaban Antonio Alegre y Carlos Heller. Perder contra cualquiera en el ámbito local, llegar a jugar con las camisetas blancas y los números pintados con fibrón y con un plantel de pibes ante la huelga de profesionales, hacer giras por cualquier lado para pagarle al plantel, comerse un inolvidable 9-1 contra el Barcelona en la Copa Gamper, hacer debutar pibes e incinerarlos a mansalva, y hasta tener la cancha clausurada y hacer de local en La Plata (!) o Junín (!!), todo eso pasó en el CABJ durante ese año nefasto.

Peeeeero, a diferencia de verdaderos traidores para el pueblo xeneize como el “Flaco” Gareca y el “Cabezón” Ruggeri, que en ese escenario no dudaron en cruzar a la vereda de enfrente, el tipo jamás abandonó el barco y siempre estuvo ahí. Y eso, más allá de cómo ha derrapado declarando en la prensa tras su retiro, es algo que el veterano hincha bostero jamás olvidará.

El 1º de septiembre de 1985, y tras afrontar por primera vez en su carrera un parate de 6 meses, en el sur del conurbano Gatti volvió al arco “Xeneize” en un 2-2 ante el modesto Temperley, por la 9º fecha del torneo 1985/86. Y a partir de esa jornada, pese a contar ya con 41 años de edad, durante los siguientes 3 años mantuvo la regularidad de siempre en cuanto a presencias en el arco, siendo muy ocasionales sus ausencias.

¿Lo mejor en esos irregulares años boquenses? Puede ser la liguilla ganada al final de esa temporada, cuando en la serie decisiva ante Newell´s, tras caer en La Boca 0-2 por la ida, en la revancha jugada en Parque Independencia el visitante goleó 4-1 y se clasificó inesperadamente a la Libertadores que se jugó en el segundo semestre de 1986.

Esas temporadas “europeas” que la AFA impuso a mediados de la década del ´80 no fueron  del todo malas para el conjunto, pero Boca a pesar del paso de distintos técnicos (Di Stéfano, Zanabria, Menotti, Saporiti y Lorenzo en su segunda etapa) no podía coronar: fue en la 1985/86, en la siguiente (perdiendo encima la final de la liguilla en el último minuto ante Independiente) y ya en la 1987/88 sí, un muy pobre 12º puesto, mala campaña en la que a mitad de la misma llegó José Omar Pastoriza, detalle que no sería menor en el corto plazo en la vida de Gatti.

En ese período 1985-88 y tras la ausencia de un semestre ya contada, Gatti más allá de algunas intervenciones espectaculares comenzaba a evidenciar el paso del tiempo en su cuerpo: arriesgaba al límite como siempre, pero ya sin los reflejos de antaño. Prueba de ello fueron dos goles muy pero muy boludos que se comió en la 1987/88 y ambos en La Boca, para peor: uno fue en el terrible 1-5 ante el Newell´s futuro campeón cuando falló groseramente en el cálculo ante Sergio Almirón en esa que tan bien había hecho muchas veces, la de levantar la pelota con una mano sobre la cabeza del delantero que llegaba como tromba y agarrarla con la otra- y el otro justo en el que sería su último superclásico (que al menos no se perdió, fue 2-2), cuando por querer gambetear al uruguayo Alzamendi la perdió fuera del área y su rival se fue derechito al gol en el arco de Casa Amarilla.

Para colmo en esos años, puntualmente en 1987, el diablo y la política (?) metieron la cola en su vida. ¿Por qué? Ese año, justo el de su 25º aniversario como arquero de primera división, se elegía gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Y Gatti, pese a no entender un carajo de política según confesaría años más tarde, no tuvo mejor idea que hacer campaña por el candidato del radicalismo (Juan Casella), cuando Boca es un club que históricamente se ha ligado al peronismo, cuyo candidato era Antonio Cafiero, quien finalmente accedió a la gobernación.

Hacer campaña para la UCR fue algo que “La Doce” jamás le perdonó a Gatti, entonces esos errores que antes pasaban quizás inadvertidos ahora eran mirados con lupa por quienes manejaban la batuta en Brandsen 805 (N.deR.: gran hipocresía igualmente la de los mercenarios del tablón, ya que varios de la primera línea de la barra laburaban o cobraban sueldo en esos tiempo por trabajar en el Concejo Deliberante de Capital. ¿Y quién mandaba ahí? El radicalismo). Además, estos errores en la cancha bajonearon como nunca a Gatti, quien por ejemplo en el entretiempo de la citada paliza de NOB y con el equipo 0-3 abajo, le dijo al “Toto” Lorenzo que no pensaba salir a jugar en el complemento.

Para la temporada 1988/89 (aquella de los empates definidos por penales sumando un punto más el equipo ganador), Boca debía renovar la mala imagen dejada en la campaña anterior. Había mucha expectativa en el Mundo Booooooooooca (?), dado que el sapiente Pastoriza llevaba ya un semestre al mando del equipo y había hecho cierta limpieza que muchos pedían, además de gestionar las incorporación de buenos jugadores como Juan Simón, Claudio Marangoni, Walter Perazzo… y un jovencito que llegaba desde Vélez para ser arquero suplente.

El domingo 11 de septiembre de 1988 una “Bombonera” llena aguardaba un fácil triunfo ante el débil Deportivo Armenio, para de esa manera comenzar el torneo con el pie derecho y buscar la corona que se negaba desde el ´81. Nadie, ni el hoy homenajeado ni aún el más pesimista hincha, podía imaginar que ese día Hugo Orlando Gatti iba a disputar los últimos 90 minutos de su eterna campaña… pero todo tiene un final en esta vida. El visitante esa soleada tarde ganó 1-0 gracias al gol de Silvano Maciel cuando promediaba la etapa inicial, tras una débil y horrible salida del “Loco” fuera del área mayor, generando sin dudas el gran batacazo de la fecha.

Y en la semana posterior -previa nada menos que a jugar el superclásico y como visitante- el “Pato” tomó una trascendente decisión que movió los cimientos del “Xeneize”: afuera Gatti, adentro Carlos Fernando Navarro Montoya. Boca ganó 2-0 en el “Monumental” y el joven nacido en Colombia se adueñó ese día del arco que defendería durante los siguientes 8 años casi sin oposición, por lo que el viejo ídolo jamás volvió a calzarse los guantes en forma profesional.

Luego de su salida forzosa, en la que recordando la polémica política del año anterior, algunos creyeron ver la influencia que tenía la formación y prédica peronista del entrenador, durante el transcurso de ese torneo que Boca llegó a liderar promediando el mismo para mancar finalmente ante Independiente, Gatti tiró más de una vez munición gruesa (“Sin mí este Boca no sale campeón” o “Boca va a perder el campeonato culpa de Pastoriza” fueron algunas de las declaraciones vertidas ese año) pero el DT jamás cambió su postura. La decisión levantó una gran polémica. Y si bien buena parte de la parcialidad boquense la resistió, la misma fue respaldada por los dirigentes y por la barra.

Muchos años después, en 2002 más precisamente, cuando le preguntaron al “Pato” si era un estigma haber quedado como el culpable del retiro del arquero, fue directo como toda su vida: “No ¿Por qué? Si Hugo no podía atajar más y él lo sabía. Me pasó lo mismo cuando fui a Racing en el ´81 y le dije a (Mario) Cejas que no podía más. Gatti no estaba en condiciones de ser el arquero de Boca, tenía una rodilla mal y le costaba saltar. ¿Si me dijo algo cuando nos hemos cruzado? No ¿Qué me va a decir? Nos saludamos y hablamos de otras cosas, solamente un boludo puede pensar que yo lo retiré.

Y cuando un par de años más tarde Pastoriza murió, lejos del rencor que mostró en su momento, uno de los primeros que fue al velatorio fue precisamente Gatti, quien en 2007 declaró al respecto: “¿Cómo no iba a ir? Si bien fue quien me bajó el martillo, eso no ensució mi cariño por él, teníamos una piel increíble… además, comprendí con el tiempo que en 25 años de carrera, fue uno de los pocos que me vino de frente en el fútbol.

A los 44 años entonces, y seguramente de una forma que jamás imaginó, Hugo Gatti se alejaba -en ese entonces sin saberlo definitivamente- de la práctica activa del fútbol, ese deporte que tanto amó y que (detalle no menor) pudo entender a diferencia de la mayoría de sus colegas como un juego, como un deporte y no siempre como un asqueroso negocio, hasta el final de su extensa campaña.

¿Qué le gustaba la plata como dicen sus detractores? Claro que sí. ¿Y a quién no? (?) De hecho, durante algún que otro período de su extenso periplo boquense, estuvo fuera del equipo no tanto por un tema técnico o físico, sino porque no arreglaba su contrato. O por ejemplo, llegó a sufrir en 1982 intentos de agresiones y un literal vacío por parte del resto del plantel, cuando contra lo decidido en reunión grupal aceptó casi a escondidas de sus colegas un dinero que le dio (sólo a él) la dirigencia del club que estaba en pleno conflicto con el resto de sus compañeros. Y finalmente, tampoco podemos dejar de contar que cuando gente de Atlanta lo fue a buscar en la época de la quiebra (principios de los 90´s) para participar en un partido a beneficio, el tipo les pidió guita y/o electrodomésticos para jugar (!), lo cual habla un poco de él como persona y obviamente motivó que cuando el club cumplió 100 años en 2004, los dirigentes ni pensaran en invitarlo a la fiesta que se organizó al efecto.

Pero Gatti, ya desde comienzos de la década del ´70, era un arquero raro en el sentido de que jamás demoraba para sacar desde su arco, buscaba siempre darle continuidad al juego: él pensaba que la gente pagaba una entrada y que era merecedora de espectáculo, no le cabía en la cabeza dejar correr el tiempo como hace el 99,9% de los arqueros en el mundo. En ese sentido, sería hasta estúpido negar el carácter amateur y lúdico que mostró Gatti durante la mayor parte de su recorrido dentro de un campo de juego.

La selección: una historia inconclusa

Al igual que a su maestro Amadeo, y a diferencia de quien fue su gran antagonista en el puesto, seguramente la selección argentina a Hugo Orlando Gatti le haya dejado un sabor agridulce. ¿Por qué?

Es que sin perjuicio de que siendo un joven de apenas 21 años fue llevado por Lorenzo como tercer arquero al Mundial de 1966 -el titular fue “Tarzán” Roma y el “Mono” Irusta el suplente-, un “Loco” ya muy experimentado se transformó en EL arquero de Menotti para la selección en el período post-Alemania 1974 y hasta muy poco antes de que se disputara el mundial del ´78 en nuestro país.

La historia marca que a comienzos de 1975, en los primeros meses de la larga preparación mundialista, Menotti se juntó con Gatti y Fillol y les avisó que iban a atajar un partido cada uno. El golero de Unión asintió pero el de River no quiso saber nada, por lo que se autoexcluyó por los siguientes años de la selección, posibilitando de esa manera que el “Loco”, gracias a sus buenas actuaciones, se fuera convirtiendo en casi un indiscutido para la copa del mundo.

Sin embargo, tras casi 3 años de laburo, con la meta a la vista y cuando todo hacía presagiar que en el debut ante Hungría él iba a ocupar el arco argentino, a falta de muy pocos meses y en una decisión jamás del todo aclarada, Gatti se bajó de la selección para nunca más volver.

La versión oficial, la que él sostiene aún al día de hoy, es que su maltrecha rodilla no le iba a permitir estar al 100% en la mayor cita del fútbol mundial. “(N.deR.: a fines de 1977) Pedí la licencia porque sabía que no volvía. Era consciente de que no iba a recuperarme de la rodilla y no me recuperé”, respondió hace unos años cuando le preguntaron si no se arrepentía de haberse bajado del barco.

La otra versión que siempre circuló más allá de la oficial, es que la (supuesta) enemistad de Menotti con Lorenzo, debida a las formas opuestas que tenían de ver el fútbol, hizo que el “Flaco” no quisiera contar con jugadores boquenses en su plantel de 22 jugadores para la gran cita de junio del ´78. Consultado por esto, el “Loco” alguna vez afirmó: “César ahora me cree que estaba mal, pero en ese momento dudó. Para mí, él estaba convencido que Lorenzo me hizo salir de la selección pero no fue así”.

Y hasta hay una tercera posición (?), sostenida por sus críticos, quienes afirman que lisa y llanamente Gatti se cagó. ¿En qué se basan? Por ejemplo, en que la rodilla estaba mal para jugar con Argentina, mas no así para jugar con Boca la friolera de 37 partidos entre enero y diciembre, logrando en ese mismo 1978 coronarse bicampeón de América y por primera vez campeón del mundo de clubes, como se narrara previamente. Dicen que el tipo no soportó la presión y que en un paralelismo con Carrizo, no quería quedar marcado como el gran responsable si el team de Menotti respondía por debajo de las expectativas. Y si uno tiene en cuenta la cantidad de minutos que el “Loco” jugó durante ese año, razón no les falta, eh.

Lo real y concreto es que el arquero se fue por propia voluntad de la albiceleste y pocos meses antes de la ansiada Copa, se quedó con el preciado arco el “Pato” Fillol, tras estar peleado más de dos años con el entrenador del equipo. Y más allá de las indudables condiciones técnicas y anímicas del nacido en Monte, siempre quedó el manto de sospecha sobre que desde las altas esferas del poder presionaron por su titularidad, en desmedro de “Chocolate” Baley y el Richard La Volpe, habituales suplentes de Gatti mientras éste fue el dueño del arco… pero esa es otra historia, que ya se contará cuando se repase la carrera del arquero campeón del mundo.

Con su renuncia, Gatti dejó atrás 18 partidos jugados con el combinado nacional, todos entre 1975 y 1977. Era en esos años el dueño absoluto del arco nacional y eso, sumado a la fama que le daba andar bien en su club, ayudó a que por ejemplo en el ´76 grabara un disco que tuvo gran éxito comercial, llamado “Las locuras de Gatti”. ¿El hit de ese LP? Se llamaba “Vas derecho al mundial”, todo un visionario el que lo creó (?).

Sin dudas, su punto cumbre fue la gira de 1976 por Europa, con dos partidos marcados a fuego en la historia: el 1-0 logrado en la nieve de Kiev ante Unión Soviética (que tenía en sus filas al ucraniano Oleg Blokhin, Balón de Oro del ´75) y el 2-1 conseguido en Chorzow ante una Polonia que venía del tercer puesto en el mundial anterior. En ambos encuentros el arquero -al no poder correr como sus compañeros- para soportar las bajísimas temperaturas debió implementar pantalón largo (algo nunca visto acá hasta entonces) y un gorro blanco con pompón (!), además de que según sus propias palabras, ante los soviéticos atajó una barbaridad gracias al whisky que tenía en el arco y se fue tomando a lo largo de los 90 minutos: “¡Toda la petaquita me bajé! Era chiquita igual, eh. ¿Sabés el frío que hacía? Y atajé tanto…fue el mejor partido de mi vida porque estaba en pedo, ni sabía lo que hacía, no sentía temor”.

¿Temor? Si alguno pensaba que Gatti más allá de la personalidad que mostraba, no tenía miedo a veces al jugar, le pifió feo. Y lo admite el propio protagonista, quien muchas veces tomaba algo de alcohol antes de pisar el césped: “El cuarto de vino que tomaba era bárbaro, me sacaba el cagómetro, el miedo escénico como dice (Jorge) Valdano, que es algo real. Quien lo niega, no es humano o miente. Si fuera técnico, sin dudar le daría vino a todos los jugadores antes de entrar… ¿Les voy a dar gaseosa, que los infla o los duerme? Es una basura. El vino es otra cosa y lo dicen los médicos”.

Los clásicos ante River: saldo más que positivo

Habiendo custodiado el arco de Boca a lo largo de 12 temporadas y con más de 400 partidos en su haber, es menester reseñar cómo le fue a Gatti en sus duelos superclásicos, siendo nada menos que 28 los encuentros en que enfrentó a River (y sólo hablando de los oficiales, claro está). El saldo es más que favorable para este eterno guardavallas, ya que se retiró victorioso en 9 ocasiones, en 13 oportunidades su equipo empató y solamente 6 veces se fue derrotado. Además, el hecho de haber terminado con la valla invicta en 12 clásicos sobre 28, nos permiten ver que el tipo no era de esos cuyo rendimiento merma en esos partidos que el hincha espera todo el año.

Por un lado, en el ámbito local su récord es bastante parejo aunque positivo: 7 éxitos, 9 pardas y 6 caídas, con la particularidad que 5 de esas derrotas se dieron en la propia cancha de Boca, siendo seguramente la más famosa el 0-2 de la temporada 1985/86, el día que un River ya coronado dio media vuelta olímpica y se jugó con la pelota naranja. ¿La más dolorosa? Seguramente el comentado 2-5 del Metro ´80, una tarde en que la rompió toda el uruguayo J.R. Carrasco.

Entre sus triunfos notables a nivel de torneos domésticos está bien arriba el 1-0 de la final del Nacional ´76 como ya se dijo, porque definió un título. Pero además se puede agregar el 5-1 en el “Monumental” del Nacional ´82, el 1-0 como local del Metro ´83 (pero con su equipo siendo dueño de casa en Vélez) y otro 1-0 como local, aunque en este caso sí en la “Bombonera”, en la temporada 1986/87 ante el River campeón vigente y en el que sería a la postre, el último derby ganado de su trayectoria.

Y en el plano internacional la verdad es que le fue bárbaro: 6 superclásicos jugados, apenas un gol recibido. Siempre por Copa Libertadores, ganó 2 veces (de local en primera fase del ´77 y de visitante en la semi del ´78) y empató en 4 ocasiones, 3 de ellas sin recibir goles; la única vez que Gatti la fue a buscar adentro fue en el 1-1 jugado en La Boca en 1986, triste edición para el pueblo boquense porque el equipo quedó afuera en primera fase y encima, el eterno rival se desvirgó (?) en ese año luego de las frustraciones de décadas anteriores.

Ya reseñadas su trayectoria nacional e internacional, volvamos al aciago 1988 para Gatti. Se dijo tiempo después de su salida del CABJ que iba a jugar en el Deportivo Cali, pero tras vestir la camiseta del America de esa ciudad en un partido homenaje a Willington Ortiz, esa posibilidad quedó obviamente desechada. Sin haber podido digerir la idea de que lo habían echado del fútbol, y tras algunas posibilidades de continuar activo que no prosperaron, Gatti se dio cuenta que era un retirado más. Fue así que organizó su propio partido homenaje en 1991: fue en Liniers (influyó el hecho de que aún estaba en La Boca la misma CD que al momento de su último partido), pero para su desilusión no más de 10.000 personas asistieron esa noche a la cancha de Vélez. Finalmente, y 10 años después de aquel triste 11/9/1988, a fines del ´98 Hugo Orlando se dio el gusto de tener un homenaje en “La Bombonera”: participó como arquero del equipo titular boquense, en la fiesta que se organizó para agasajar al elenco de Carlos Bianchi que acababa de ganar el Apertura de ese año.

Gatti jamás trabajó tras el retiro como técnico o manager, ni tampoco fue dirigente, pero eso no significa que se haya desvinculado del fútbol ni mucho menos. Más allá de encarnar a la perfección el rol de ídoloretirado-tiracaca-contraelpropioclub (ese que por ejemplo Alonso tiene en Nuñez y Bochini en Avellaneda), en la última década y media el tipo encontró su nicho en la prensa española, donde ha tenido participaciones en radio, gráfica y televisión.

Eso sí, siempre con declaraciones resonantes y polémicas, como no podía ser de otra manera teniendo en cuenta su estilo. Se recuerda por ejemplo cuando durante el Mundial 2006, en una columna del Diario As expresó irónica sorpresa ante la cantidad de jugadores negros en la selección de Ecuador, lo que le valió el repudio por racista de la numerosa comunidad ecuatoriana que vive en España. También se mandó una antológica un par de años antes, cuando en medio de la liga 2003/04, aseguró que si el Real Madrid no la ganaba se iba a pegar un tiro en el medio del “Santiago Bernabeú”… para los faltos de memoria, esa liga al final la ganó el Valencia de Rafa Benítez y los críticos de Gatti aún esperan que cumpla con su promesa. Más acá en el tiempo (2009) no perdió oportunidad de tirar un poco de machismo bien entendido (?) cuando en un programa de TV y en medio de un debate, a la periodista Irene Junquera le tiró cosas como: “las mujeres no saben de fútbol” o el no menos suave “las mujeres, a lavar los platos”.

Aunque como no toda su vida pasa por España, el “Loco” no se privó de hablar del superclásico allá por diciembre de 2011, justo a mitad de la temporada en que River pasó por el ascenso. Como si ya no hubiera suficiente quilombo post-descenso del “Millonario”, él no quiso quedarse afuera y dijo cosas tales “Boca es campeón pero no importa, las canchas se llenan con River, no con Boca” o “Entre el Boca campeón y el River de la “B”, me quedo con River, porque al menos no traicionó su identidad”. Obviamente, frases como esas le valieron el rechazo de muchísimos hinchas de Boca, sobre todo de aquellos Sub-30 que nunca lo habían visto jugar.

Pero volvamos al fútbol propiamente dicho. Cabe destacar que con su retiro, Gatti dejó una marca muy alta que vaya a saber uno si alguna vez se supera: 765 partidos disputados en la primera división de nuestro país, desde aquel estreno en agosto del ´62 cuando era un pibito que solo quería atajar, hasta el final en septiembre del ´88.

Además, y junto al “Pato” Fillol, ostenta el récord de mayor cantidad de penales atajados en la primera división argentina, nada menos que 26. El primero como contamos se lo detuvo al “Nene” Sanfilippo en su temporada debut, y el último (como una muestra de su vigencia) lo paró en la temporada 1987/88, a Rubén Darío Insúa, en el marco de un inusual triunfo de Estudiantes en La Boca.

Sin embargo, y más allá de la enorme cantidad de partidos jugados, del récord de penales atajados y hasta de las vueltas olímpicas dadas (pocas quizás si se tiene en cuenta la cantidad de años en activo), Hugo Orlando Gatti logró trascender, logró la inmortalidad por ser el creador de un estilo propio, ese al que mucho criticaron pero al que tantísimos otros adhirieron en este país y más allá de sus fronteras también.

Porque si, por ejemplo, si vos patentas una jugada que marca una época, con bastante eficacia más allá de lo efectista que podía parecer, es porque estás en un grupo por demás selecto.

La “de Dios” era una manera particular en donde el arquero enfrentaba mano a mano a un delantero que llegaba con pelota dominada, para simular estar entregando pero achicando los ángulos al rival de manera fenomenal. ¿Cómo la describía él mismo? “Esa es una de las típicas en mi estilo. El delantero llega y yo afirmo las rodillas en el piso, con los brazos sueltos y las palmas de las manos hacia adelante. Casi siempre terminan tirándome la pelota al cuerpo. Es infalible…”.

La “de Dios” tuvo versiones muy recordadas como ante Miguel Juárez en aquel partido bisagra del ´81 ante Ferro, o como ante Jorge García en un superclásico jugado en La Boca por el Nacional 1982, como muestra la imagen de arriba. También tiró varias en un mismo partido -ante Unión en 1985-, cuando los jugadores tatengues ya se miraban frustrados entre sí mientras la “Bombonera” se venía abajo.

Más allá de alguna que otra vez la jugada falló (por ejemplo en 1986 la hizo ante el peruano Franco Navarro en un 2-5 ante Independiente, la situación terminó en penal y gol en contra), la realidad es que fueron muchas más las veces que la jugada marca registrada de Gatti salvó la situación que las que debió buscar la pelota en el fondo de su arco.

Un tipo que supo manejar el aspecto defensivo y ofensivo del juego desde su lugar, pero que además logró lo que pocos pueden, dar un espectáculo aparte en cada una de sus intervenciones. Alguien que expuso que aún desde el arco propio, se puede ser el primer atacante -no dejando por eso de defender-, anticipándose inclusive a la jugada y siendo permanentemente un líbero en defensa. En Gatti, se hizo carne claramente aquello de que “el arquero es el único jugador que puede agarrar la pelota con las manos”.

Para algunos, genio de vanguardia. Para otros, solamente un payaso con buena suerte. A él siempre le importó muy poco la formalidad del juego, redoblando la apuesta en pos del espectáculo y por qué no, también de su indisimulable ego. Porque para hacerlo había que tener talento y personalidad, atributos que a Gatti le sobraban. Un Gatti que rompió muchos moldes intocables hasta ese momento, representando una ideología y un estilo de vida particular… pero sería un chiquitaje quedarse solo en la desfachatez, en el carisma, en las medias bajas, en la vincha y el bronceador.

Porque hay que recordar sus reflejos, su formidable sentido de la ubicación, sus técnicas para achicar los ángulos a quienes lo encaraban con pelota dominada, su gran don natural para acoplarse al sentido colectivo de un equipo, hasta su sangre fría (por ejemplo en un clásico, sacó con el codo un fierrazo de JJ López). Con un físico que lejos estaba de ser cercano al arquetipo de arquero, el tipo se las arregló para dar cátedra en el puesto a lo largo de dos décadas y media.

Ingresando en estos links que dejamos a continuación (1, 2 y 3) podrá apreciarse un poco, apenas una mínima parte de lo que hizo Gatti a lo largo de su extensa campaña. Si tienen un rato, vale la pena pegarle un repaso a estos videos.

¿No le gustaba mucho volar? Es cierto, ya de joven le pasaba eso y hasta fue admitido por él mismo más de una vez. ¿Pero quién dijo que para ser buen arquero hay que revolcarse todo el tiempo? “Algunos arqueros viven volando bajo los palos, pero lo hacen porque son solucionadores (sic) de sus propios errores. Aquellos que entienden este juego, saben que es así. Yo me diferenciaba de todos porque nunca dejaba que sacaran el revólver y me pegaran el tiro. Antes de que desenfundaran, yo ya estaba ahí”. En estas palabras, expresadas por este pedazo de historia viviente, se puede condensar perfectamente el estilo que patentó y al que adhirió durante toda su carrera, más claro hay que echarle agua.

Tómelo o déjelo. Pero con sus altos y bajos, sus luces y sombras, esta es la historia de Hugo Orlando Gatti, un verdadero fenómeno sin tiempo.

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