Reseña de infortunados, pintorescos y sin gloria de Mundiales de Fútbol – Vol V: Africa

Retomamos esta sección que reseña a aquellos muchachos que quedaron en la historia mundialista por jugadas desafortunadas, actuaciones poco gloriosas o datos pintorescos/bizarros/inservibles. Hoy reseñaremos a algunos originarios de la tan hecha mierda bella África.

El fútbol africano no será potencia ni por el putas, pero convengamos que sus principales selecciones sí han avanzado a la categoría “equipo jodido” desde más o menos 1990 para acá. Antes de ahí de alguna manera el peso del recuerdo colectivo del desastre de Zaire en 1974 le quitaba respeto a sus equipos, y eso que entre 1978 y 1986 Túnez, Argelia, Camerún y Marruecos hicieron parir a varios poderosos con actuaciones bastante consistentes y más – disculpen la palabrita – dignas que otros seleccionados más conocidos. Creería que desde el golpe de efecto de Camerún en 1990 (llegando hasta cuartos y obligando a los ingleses a sudarla para pasarlos) les quitó, por decirlo de una manera, el mote de “sorpresa” en caso de cumplir buenas actuaciones. El detalle es que no solo no han ganado un carajo sino que ni siquiera han llegado a semifinales de Mundiales de mayores: tal vez el peso de cierta predicción hecha por una famosa leyenda del fútbol conocida por su proverbial mufa/sal les impedirá obtener logros concretos al menos por 999 años, pero lo que es un hecho es que, al menos ahora, enfrentar a una selección africana no es un trámite como lo era en el pasado.

¿A dónde quiero llegar con esto? Puta, se me olvidó. Mejor continuemos reseñando a algunos de los desafortunados seres que recordamos de los Mundiales de fútbol con una sonrisa de piedad y que a su vez – sí, lo adivinó – vienen de África.

Ahmed Shobair (Egipto, 1990)

Mark Wright celebra mientras que el protagonista de la cagada sufre

El arquero egipcio ochento-noventoso Ahmed Shobair es una institución en su país: toda su carrera desarrollada en el ultrapoderoso continental Al Ahly SC, 105 veces internacional con su selección (¿jugando qué partidos? Si nunca clasificaban a nada…), multicampeón de copas y ligas egipcias, panárabes y africanas, además de ser sumamente respetado por propios y rivales incluso fuera de las canchas. Pero fuera de Egipto estos méritos a todos nos valen bastante verga: solamente es recordado por ser el causante del blooper que cometió contra Inglaterra en el último partido de ambas selecciones del famoso Grupo F de la primera fase del Mundial de Italia 90, y que terminó eliminando a los suyos.

Este grupo con Inglaterra, Holanda y la República de Irlanda era el por antonomasia (?) “Grupo de la Muerte“, no solo por el poderío de unos equipos llenos de Van Basten, Gullit, Rijkaard, Koeman, Waddle, Hoddle, Lineker, Aldridge sino por la proverbial tendencia de sus respectivas hinchadas de hacer mierda estadios y alrededores y emborracharse, no necesariamente en ese orden (problema que se resolvió gracias a LA SUERTE, EL AZAR, UFF QUÉ CASUALIDAD del sorteo que los mandó a jugar a las islas de Cerdeña – Cagliari – y Sicilia – Palermo -). Las tres selecciones europeas estaban acompañadas en el grupo por un colado Egipto que  en la previa tenía pegado en la cara un papel grande con la leyenda “GOLÉENME PARA PASAR DE RONDA” escrita en rojo. Pero mira qué cosas: los egipcios mostraron mucho mejor nivel que el esperado y esto se conjugó con esa displicencia tan primermundista y la falta de ideas ofensivas de los europeos, para arrancar con un sorpresivo empate a uno con Holanda y otro sin goles ante Irlanda. Y te digo (?) que no fueron a base de echarse atrás los once, poner la Esfinge en el arco y revolear el balón a la mierda: con mucho orden y juego asociado se vieron por ratos superiores a holandeses e irlandeses, y si no dieron batacazos mayores fue solo porque sus delanteros eran unos horribles sin puntería.

Para la última fecha del grupo las cuatro selecciones estaban igualadas a dos puntos, producto de solo empates en los dos partidos disputados por cada una. Y todo pintaba para otra estéril igualdad en el Inglaterra – Egipto, con los de blanco yendo por el gol con más desespero que ideas y los paisanos de Elisa Sednaoui aguantando sin demasiada angustia y contragolpeando con criterio pero sin definición…. hasta que en el minuto 59 el gran Paul Gascoigne manda desde cobro de falta un ollazo preciso al centro del área, al que nuestro homenajeado Ahmed Shobair salta con la misma intensidad que la tía de uno en chancletas cuando va a bajar ropa del tendedero en el patio, lo que aprovechó el central Mark Wright para meter la cabeza y colocar el 1-0 que se mantendría inamovible (ver gol abajo). Esta cagada no solo evitó que los seis encuentros del grupo terminasen sin victorias (el Holanda – Irlanda quedó 1-1) sino que le costó a su selección la eliminación directa: de no haber mediado esa pifiada hubiesen quedado empatados en todo – puntos y goles – con los ingleses, y a partir de ahí el tercer puesto del grupo lo definía una moneda (!!). Claro que hablar con supuestos es muy fásiu: a estas alturas uno se acuerda solamente del bluff del arquero egipcio y no de la impericia de sus delanteros, unos tibiecitos que desaprovecharon incluso hacia el final del partido un cabezazo en circunstancias similares gracias a otra salida al vacío hecha por el OVERRATED de Peter Shilton.

Figueiredo y Joao Ricardo (Angola, 2006)

João Ricardo es el arquero arriba, Figueiredo es el primero de abajo. Los blancos primero que los negros. ¡En la foto, en la foto quise decir!

La participación africana en el Mundial de 2006 fue de por sí llamativa con cuatro debutantes sobre cinco selecciones: Ghana, Togo, Angola y Costa de Marfil (Túnez era el único veterano). De estos equipos solo los ghaneses pasaron de ronda, así que como que muy exitoso no fue el mundial para los africanos… pero dejaron su legado de las cosas inútiles que nos hacen felices a desocupados como uno gracias a Angola y el poco común hecho de una selección de la Deep África con jugadores blancos en la cancha, cosa que solo conocíamos en Sudáfrica y en casos como el de Bruce Grobbelaar en Zimbabwe (país que cuando se llamaba Rhodesia tenía un pequeño porcentaje de población blanca segregacionista, al estilo de los sudafricanos). Los dos pálidos (?) de Angola eran el portero João Ricardo y el volante Figueiredo, y no estaban jugando con los angoleños porque se les pintó: ambos son nativos de la capital Luanda.

La historia de ellos es que son hijos de colonos portugueses que vivían en Angola, a los que les tocó huir apresuradamente al país de sus padres siendo niños pequeños durante el proceso de independencia angoleño de 1975. Así que en la práctica tanto el portero como el volante eran portugueses, que desarrollaron toda su principal carrera futbolística en clubes lusitanos de segundo o tercer orden, y que ya veteranos fueron llamados a clasificar a su país natal a la Copa del Mundo. Lo lograron, y jugaron los hasta ahora únicos partidos mundialistas de su selección: los tres que disputaron en Alemania 2006. Eso explica por qué por lo menos a Figueiredo se le notaba un oficio y tipo de juego muy diferente al de sus compañeros, pero debe ser raro jugar en un equipo en el cual el público te grite “ahh, movete blanco perezoso” o “blanco tenías que ser, hijueputa“.

Benjamin Massing (Camerún, 1990)

La jugada la hemos visto creo que todos. Faltan tres minutos para que se acabe el tiempo reglamentario del partido inaugural de Italia 90, en el que Camerún va ganándole sorpresivamente 1-0 a Argentina con gol de Pumpido tras asistencia de Francois Omam-Biyik. Los de albiceleste tienen arrinconados a los africanos más a punta de angustia que de fútbol; estos últimos se defienden con mucha garra pero también muchos tackles (?) a todo lo que ronde cerca de su área y no esté vestido de verde.

Hasta que vino LA jugada: después de un ataque camerunés que incluyó viajes al tobillo que no llegaron a su destino (intentados por el Pepe Basualdo y el Checho Batista) y agarrones casi sexuales al rival (una toqueteada entre impotente y desesperada de Néstor Lorenzo a Omam-Biyik, pero el árbitro dio ley de la ventaja), el balón fue rechazado y cayó cerquita de su propia área al gran Claudio Paul Caniggia. El Cani con campo libre al frente normalmente agarraba a correr como un quemado, y eso fue precisamente lo que hizo: arrancó el Pájaro con todas las ganas y pura ilusión juvenil (?) como locomotora sin frenos al área de los camerunenses, que habían parido piñas por el culo desde que el de Henderson ingresó al campo. En su implacable cabalgata el Cani elude a Emmanuel Kundé – lo superó por encima sin quebrarle la mandíbula -, luego a Victor N’Dip – le tiró tremendo viaje a la rodilla pero el Cani solo se remeció -…. pero al tercero no lo pudo pasar:

El de la patada asesina era el defensor Benjamin Massing, jugador en ese tiempo del US Créteil de la segunda división de Francia, que no quiso tomar riesgos innecesarios y se bajó al delantero argentino de un leñazo impresionante: tan fuerte que perdió su botín derecho en el acto. Todo lo de la jugada fue magistralmente grotesco comenzando con la brutal revoleada de Massing a Cannigia, y siguiendo con:

  • El delantero argentino retorciéndose de dolor en el piso;
  • Sus compañeros encabezados por el Checho Batista y Maradona preocupados por pedirle tarjeta roja al árbitro y no por el adolorido compañero caído;
  • El botín volando a la mierda de la estratosfera;
  • Burruchaga midiendo a Massing mientras miraba disimulado al juez de línea – y uno pensando “puta, va a matar al negro” – solo para pegarle un empujoncito marica al infractor;
  • Massing devolviéndole la atención con una patada – que no alcanzó al Burru – con el pie descalzo.

Pero destaco sobre todo lo del botín volador como el símbolo de la recursividá del deportista torpe ante otro más hábil que él.

El broche dorado fue el árbitro francés Michel Vautrot dándole vueltas a la decisión obvia de sacarle la roja al animal de Massing hasta que al final, y con pesar, lo expulsó casi como con vergüenza. Y lo remató mostrándole la amarilla después de la roja (!!), lo que implica que a) o Vautrot consideró ese tremendo viaje apenas para amarilla y el africano en realidad fue expulsado por acumulación (estaba amonestado), o b) fue tan violenta la falta que a juicio del juez merecía más que roja: roja + amarilla (?). El caso es que Massing fue expulsado y solo reapareció en la derrota 3-2 en cuartos de final ante Inglaterra, en donde fue amonestado y cometió las faltas para los dos penales que derivaron en segundo y tercer gol ingleses (en uno de ellos aunque el gran Lineker se tiró, el camerunés le mandó otro viaje demoledor que gracias a Dios no lo alcanzó). Mundialazo de Massing…. dos años después volvió a la liga de su país y desde ahí no se sabe gran cosa de él. Debo decir que el más desafortunado de esta historia es Victor N’Dipque tiró la primera patada asesina pero por no tumbar a Cani las mieles de la ¿gloria? fueron para Massing.

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Objeto Volador

Joseph Antoine Bell (Camerún, 1994)

Con una larga y sólida carrera en el fútbol francés y considerado uno de los más grandes arqueros africanos de la historia, tuvo el infortunio de coincidir en el tiempo y país con esa leyenda del arco llamada Thomas N´Kono. Asi que nunca fue titular fijo sino que alternaba con él en los compromisos con su selección, y por ejemplo, le tocó ver desde el banco como su colega se consagraba en España 82 e Italia 90. Pero en 1994 le llegó al fin su oportunidad, con 39 años cumplidos, al ser designado titular en los partidos de su selección en el Mundial. Pero el poco ritmo que traía de su temporada en el Saint-Etienne y la puta edad se conjugaron para que su nivel en el debut ante Suecia (2-2) y después contra Brasil (0-3) fuera penoso, con una notoria falta de ubicación y tiempo y (o lo que derivó en) una total falta de seguridad cada vez que el balón se acercaba a su área.

Tan mediocre fue su Mundial que para el último partido el DT de los camerunenses – el francés Henri Michel – lo reemplazó por el aún desconocido Jacques Songo’o (de apenas 30 añitos (?)), con lo que al menos le evitó al legendario y viejo ídolo la vergüenza de recibir el 1-6 por parte de Rusia con los cinco goles de Oleg Salenko. Pero la afición de su país no quiso dejarlo sin el recuerdo de su actuación mundialista y procedió a expresarle su descontento quemándole su casa en la capital Douala. Supongo que esto ayudó a Bell a tomar la decisión de retirarse del fútbol después de ese Mundial…

Mwepu Ilunga (Zaire, 1974)

La bizarra participación de la selección de Zaire (como antes se conocía a la República Democrática del Congo) en el Mundial de 1974 ya la reseñamos por acá en este post. Igual no puede dejarse de mencionar en este recuento a una de las jugadas más alocadas (?) y famosas de los mundiales: la del jugador zaireño que contra Brasil saltó de la barrera en un tiro libre en contra para revolear el balón a la mierda antes que los brasileños tocaran el balón:

El enajenado en cuestión se llamaba Joseph Mwepu Ilunga, defensor central del TP Mazembe de su país. La jugada quedó grabada a fuego en la memoria popular desde entonces y junto con el demoledor 0-9 contra Yugoslavia en ese mismo mundial remachó la sensación de “estos juegan con cocos, jijiji” que generaba el fútbol del África subsahariana por esos días. Es que esta animalada no tenía explicación lógica en su momento más que un desconocimiento del reglamento básico del fútbol, pero desde hace varios años circulan varias versiones por interné que intentan explicar el por qué de la burrada: que Ilunga quería que lo expulsaran a manera de protesta por las presiones ejercidas por el dictador de su país, o por simple frustración, o dizque por pánico. Sea lo que haya sido, el tipo logró que lo recordaran de por vida. Se retiró relativamente joven por una lesión de rodilla y se dedicó a trabajar con la selección de su país. Hace poco murió y esta vez no pudo revolearle la pelota a la calaveruda.

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