Una historia sobre ayudines arbitrales

Cuando un equipo chico juega contra uno grande, sabe que tarde o temprano le van a tirar a cagar (?). Hoy, recordamos un mito que agranda la historia del que posiblemente sea el más favorecido de todos: El Real Madrid.

Dicen los que saben que hay todo un arte en la materia de adornar a un referí. Julio Humberto Grondona, que algo sabía de este asunto, decía que la cuestión pasaba por tener de tu lado a un juez de línea, porque vale más un offside donde no se levante la bandera que una falta perdida en mitad de cancha o un penal que delate toda la tramoya con el colegiado de turno.

Hubo, hay y habrá situaciones donde un equipo poderoso haga uso de estas artes para poder ganar un partido. Aunque a veces ni necesitará desembolsar un monto de dinero, porque puede alcanzar con el peso mismo de la camiseta. Es casi como una regla implícita que si un equipo chico contara con la intención de ganarle a un grande, deberá jugar contra varias cosas más: la cancha, porque algunas atajan penales (como la Bombonera (?)),  los once rivales y la terna, quinteto o los árbitros que te puedan poner actualmente.

Cada país tiene sus equipos señalados como “beneficiados”, que son generalmente los más grandes: por acá están Boca y River (uno con el glorioso Amarilla y al otro que intentaron salvarlo del descenso con un penal inventado y ascendieron con un gol en offside, no olvidemos), situación que se repite en otros países del continente. En Europa, el Real Madrid debe ser un caso paradigmático, donde los derrotados año a año gastan caracteres, tinta y lágrimas para señalar qué tanto fueron cagados desde arriba de un palo por la Casa Blanca. Y teniendo en cuenta que fueron protagonistas de una de las mayores polémicas de este año, al eliminar al Bayern Munich en la Champions, contamos esta historia.

No situamos en el año 1984. En el mítico fútbol yugoslavo había un club que andaba haciendo de las suyas, el HNK Rijeka, ubicado en lo que actualmente es Croacia. Contra todo pronóstico, dado que no era uno de los equipos más fuertes, se encontraba realizando un buen papel en la vieja Copa UEFA, donde había clasificado a los dieciseisavos de final. Esta ciudad viene con toda una historia detrás, porque hasta hace cuarenta años atrás había sido Fiume, una ciudad italiana a la vera del Mar Adriático, parte del Imperio Austrohúngaro entre 1779 y 1919. La derrota del Imperio en la Primera Guerra Mundial y su posterior desintegración repercutió en la ciudad, porque en el Tratado de Londres no se preveía la asignación para Italia, debido a que terminaba siendo el único puerto en manos de los húngaros, que siguieron considerándola propia hasta 1919. En ese entonces, un ejército italiano a las órdenes de Gabriele D’Annunzio ocupó la ciudad estableciéndola como Estado soberano, aunque en 1924 se confirmó su anexión a Italia.

En este convulsionado contexto, se fundó la Unione Sportiva Fiumana, el 2 de septiembre de 1926. Surgió de la fusión entre el Gloria Fiume y el Olympia Fiume, una práctica habitual de la época e incluso el club disputó la primera temporada de la Serie A. En 1944, cesaron las actividades en la institución (que paseaba entre la segunda y la tercera división) producto de la Segunda Guerra Mundial, siendo el cierre definitivo del club. Fiume padeció un intenso bombardeo por parte de los aliados y, con la retirada de Italia del Eje, las tropas alemanas ocuparon la ciudad. El final de la guerra vio una vez más el destino de la ciudad determinada por una combinación de fuerza y diplomacia. Las tropas yugoslavas avanzaron a principios de mayo 1945 a Trieste y Fiume fue tomada el 3 de mayo, pero la transferencia a Yugoslavia se formalizó en el Tratado de Paz de París por las fuerzas aliadas el 10 de febrero de 1947.

Izq: De cuando el Fiumana era de Primera en Italia. Der: Ataque al puerto durante la Segunda Guerra Mundial

Confirmada la anexión, Fiume pasó a ser Rijeka y allí apareció el NK Kvarner, club fundado el 29 de julio de 1946. Hay quienes remarcan la teoría de la continuación del Fiumana, debido a que utilizan las mismas instalaciones y hasta ocho jugadores de continuaron jugando en el equipo yugoslavo. Posteriormente, el club fue rebautizado y pasó a ser habitual participante de la Primera División de Yugoslavia.

Pero volviendo a la década del ’80, una de sus figuras era Damir Desnica. Veloz, habilidoso y sordo de nacimiento, que emitía algunos sonidos aunque no podía hablar. Nació en la localidad de Obravac y cuando era chico sus padres se mudaron a Rijeka, donde había una escuela para chicos con su discapacidad. De adolescente le picó el bichito del fútbol y a lo largo de su carrera jugó 229 partidos (con 45 goles) en un club que a mediados a fines de los ‘70 llegó a darle pelea a los grandes equipos yugoslavos, como Estrella Roja, Partizán y Dínamo Zagreb, ganando las Copas nacionales de 1978 y 1979. Hasta llegó a la selección de Yugoslavia, jugando un amistoso ante Rumania. Jugó en el club entre 1976 y 1985, cuando se fue al Kortijk de Bélgica. Su problema nunca fue un impedimento para desarrollar la práctica deportiva a nivel profesional, porque se guiaba en la cancha por los gestos de sus compañeros y se daba cuenta de cuando cobraban algo porque todos los futbolistas se quedaban parados.

Desnica era el wing izquierdo del equipo y fue parte esa Copa UEFA. En los treintaidosavos de final les tocó medirse ante el Valladolid, donde remontaron la derrota por 1-0 en España y ganaron 4-1 en la vuelta. Su rival en la próxima ronda era el Real Madrid, cuyo once habitual (como para darse una idea) era: Miguel Ángel, Chendo, Manuel Sanchís, Uli Stielike, José Antonio Camacho, Isidoro San José, Míchel, Ricardo Gallego, Emilio Butragueño, SantillanaJorge Valdano.

En la ida, los locales lograron un histórico triunfo por 3-1, donde Damir fue una de las figuras y hasta tuvo la oportunidad de liquidar la serie, pero le sacaron la pelota en la línea. Los goles de los locales fueron obra de Fegic (en dos oportunidades) y Matrljan para el dueño de casa, mientras que Isidoro marcó el descuento a nueve minutos de final.

El partido de vuelta fue programado para el 7 de noviembre, en el Santiago Bernabéu. El árbitro designado fue el belga Roger Schoeters, que sin duda tuvo un papel fundamental en la eliminatoria. El Madrid no podía meter el primer gol y los minutos pasaban, llenando de impaciencia a los presentes y esperanzando a la visita, que anhelaba superar al monstruo de esta edición para llegar a octavos (el Inter, el Tottenham y el Manchester United fueron otros equipos importantes de esa Copa). La mano venía jodida, porque el local no ligaba y su contrincante se aproximaba con lo poco que tenía, al borde de liquidar el pleito. En un trámite parejo, parecía que la noche se le venía negra al dueño de casa, hasta que a los 35 minutos del primer tiempo, fue expulsado Milenkovic en el Rijeka, por lo que los espacios comenzaron a aparecer. A falta de 23 minutos para el final del partido se abrió el marcador con el gol de penal de Juanito. Si entraba otro, el Merengue pasaría de ronda por el gol convertido en Yugoslavia, por lo que el partido ganó (aún más) en emoción.

Faltando 15 minutos, se dio una situación que cambió el partido y entró en la historia de este deporte: cuando Desnica se preparaba para tirar un córner, se le acercó el árbitro Schoeters y lo expulsó por doble amarilla, ante la incredulidad del sordo wing. La primera tarjeta había sido unos pocos segundos atrás, debido a que el muy botón consideraba que hacía tiempo. Siendo doce once contra nueve, cinco minutos después llegó el 2-0 de Santillana y el tercero de Valdano para asegurar la clasificación, mientras que la visita se quedaba con ocho jugadores, por la roja a Ticic.

Pero lo importante quedó en la segunda expulsión, sobre la que existen dos versiones. La primera señala que, efectivamente, el futbolista vio la roja por hacer tiempo descaradamente, una teoría defendida a ultranza por el periodismo de Madrid de la época. En la otra vereda, otro sector del periodismo español, señala que el croata fue expulsado por insultar al colegiado, algo que por su condición debe haber sido bastante difícil de hacer. Los detractores de esta versión añaden que lo hacen para alimentar la leyenda que dice que el club blanco es el más favorecido por los árbitros en el mundo. En cambio Nenad Gracan, ex jugador del Rijeka, colaboró a instalar el mito del ayudín a los pre-galácticos cuando lo presentaron en el Oviedo en 1989, confirmando que la roja fue por exceso verbal.

También existe la versión del protagonista, en la voz (?) de Desnica:

“Por supuesto, fue un robo escandaloso. Me expulsaron por protestar, pero eso es imposible porque no puedo hablar”, explica con énfasis (N.de.LRF: lo anotaría con fuerza en un papelito, andá a saber). “Me expulsaron por protestar y perder tiempo. Yo iba a sacar el córner y el árbitro me estaba metiendo prisa. Fue un escándalo. La primera amarilla me parece que fue en el mismo intervalo en el que yo voy a por el balón a sacar el córner. Yo extendía los brazos porque no entendía nada. Lo que sí que me acuerdo es que Chendo me hizo dos penaltis y este señor, Schoeters, no pitó ninguno. Fue un robo en toda regla. Eso sí, luego este árbitro no volvió a pitar en su vida, pero a nosotros nos dejó sin la mayor ilusión de nuestra carrera”.

Esa Copa la terminó ganando el Real, que venció al Anderletch en octavos (derrota 3-0 y victoria 6-1 en la vuelta), al Tottenham en cuartos (1-0 global), al Inter en semifinales (perdió 2-0 el primero y ganó 3-0 en el segundo partido), mientras que en la final superó al poderoso Videoton de Hungría, 3-0 como visitante y 0-1 como local. Que lindo saber que las ayudas arbitrales sirven para lograr grandes resultados, ¿no?

Respecto al protagonista de este relato, y como era hora de tener un final feliz, decimos que el club no hizo oídos sordos (?) cuando Damir quedó en la lona luego del retiro: “No tenía de qué trabajar y mi mujer tampoco. Estaba desesperado. Me ayudó el club ofreciéndome ser el encargado de almacén, donde trabajo todos los días”. Cada tanto, algún medio de algún lugar de Europa cae para entrevistarlo, reviviendo el mito que se instaló como el súmmum de las ayudas arbitrales, de aquel día que tenían contra las cuerdas al Real y tuvieron que echar al sordomudo que puteaba.

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