Pelota de Papel: Tarjeta Roja

Seguimos esta sección que rescata los esfuerzos literarios de nosotros, hombres comunes y silvestres que no nos ganaremos el Pulitzer pero pasamos más bueno que un hijueputa. Hoy es el turno de alguien ya acostumbrado a obsequiarnos con sus creaciones: Arquero Bipolar.

TARJETA ROJA

Por Arquero Bipolar

Empezaron a sonar los primeros acordes de la guitarra y el vestuario se llenó de gritos y de baile. Todos dejaron lo que estaban haciendo y se pusieron de pie y al unísono gritaron la primera estrofa: “Siempre tu me decías/ que me amabas, que era tu vida” mientras revoleaban toallas, remeras, lo que hubiera a mano. Iban acompañando el ritmo de Los del Fuego con golpes a las paredes, a los lockers, con los botines a los asientos. Ese tema se había vuelto una cábala después de que el Guille, el 3 petiso y ligero como marca el estatuto, lo hubiera puesto a principio del campeonato. Empezaron ganando, así que se fue sonando el mismo tema para arrancar la preparación y dado que venían invictos y punteros, nadie siquiera insinuaba que dejara de sonar.

Al llegar al estribillo, y luego del tercer triunfo consecutivo, habían variado la letra “Dale San/Corazón/Que este equipo va a salir campeón!” y todo el plantel del San Ignacio, incluido el cuerpo técnico, se sumaban al clima festivo. Pero esa tarde, Maglietti, el 9, estaba con la cabeza en otro lado. Cantaba, si, como todos, pero su mente estaba en lo que le había dicho su representante en la semana: “Te vienen a ver, es seguro. Vieron que la venís metiendo y tienen una cifra en la mano, la cantidad de ceros que nos gustan Gusti, así que si querés usar el pasaporte y verla toda el domingo la tenés que descoser!”. Sus goles habían llamado la atención de un equipo de Italia, no de los grandes pero para empezar era tentador. Aparte, era guita, mucha guita y después, quién te dice. Estaba entusiasmado como todos con salir campeón, pero sabía que quería un destino más grande para él. La maceta de San Ignacio le estaba quedando chica.

Lo sacó del sopor un cachetazo en la nuca de Rodríguez, el 8_ Gusti, cantá boludo! Y ponete lindo hoy eh, mirá que tenemos función especial papi!_ Maglietti se puso incómodo, pensaba que nadie más estaba enterado que hoy lo iban a venir a ver, pero esas cosas se suelen filtrar.

_ Por qué lo decís?

_ Cacheteate, gato! Siempre en cualquiera vos? Hoy nos toca la referí, esa nueva que dicen que es una bomba!

Todos empezaron a chiflar como si la jueza hubiera entrado en el vestuario. La verdad que Gustavo no estaba enterado, se lo habrían dicho pero la verdad es que su semana iba por otro lado.

_Por las dudas vos no la mires tanto que te va a sacar la roja, eh?_ Le dijo a Rodríguez

_Que me la saque y se la pongo, sabé como? De una macho!_ Y todos estallaron en carcajadas. Maglietti también rió, pero esta vez aliviado. Por lo menos no se sabía que hoy él iba a ser el centro de las miradas pero por otro tema, mejor para él que hubiera otro motivo para distraer la atención del resto. Menos presión, se dijo.

El camino al túnel era ensordecedor, los buenos resultados, como siempre, hicieron que la gente copara el estadio y cantara desde temprano. Maglietti se abrazó a sus compañeros para la arenga y luego del grito de Furchi, el capitán, salieron todos corriendo hacia la cancha. El recibimiento fue como se esperaba, bombas de estruendo, papelitos, la gente cantando a más no poder. Alzó las manos como el resto de los compañeros saludando a ambos lados, de bote a bote había gente, y entre el humo y los papelitos casi no se veía a dos pasos. Se formaron para la foto y salieron disparados para todos lados, corriendo, precalentando, estirando los músculos antes de arrancar. Gustavo miraba para la platea a ver si lo veía a su representante con el tano, pero era difícil, mucha gente, mucho quilombo alrededor. En eso siente que alguien grita su nombre a sus espaldas. Era una voz conocida, pero lo descolocó, no solamente porque hace mucho que no la escuchaba, sino que nunca se le hubiera cruzado por la cabeza oírla en este entorno.

Cuando giró, dio un respingo hacia atrás. En un principio pensó que el humo y los papelitos le estaban jugando una mala pasada a la vista, pero cuando se acercó y la vio, supo que era verdad. La jueza, la árbitro que hoy los iba a dirigir y por lo que sus compañeros (y al parecer, algunos sectores de la prensa, dada la cantidad de fotógrafos a sus alrededores) estaban alborotados era conocida. Más que conocida. Era su ex.

_Qqqqqqqué hacés Silvina acá?

_Hola Gustavo, qué hago? Mi trabajo, soy árbitro

_Pero si en tu vida te gustó el futbol! Odiabas que yo mirara part…_Silvina cambió el gesto, se le frunció el seño y lo miró fijo

_Por el bien de todos, dejemos lo nuestro afuera, te parece? “Tengamos un buen espectáculo” como se suele decir, dale?_Y luego de un guiño de ojo rápido, se fue trotando hacia el centro del campo de juego, seguida de los fotógrafos.

Maglietti estaba estupefacto. Esa chica, la que conoció en bikini en las playas de Cariló cuando veraneaba con sus amigos, la que esa misma noche lo había vuelto loco en la cama, la que al tiempo llevó a su casa y la presentó a la familia, la que había compartido un par de años junto a él, se le aparecía vestida de árbitro en el medio del partido de su vida. Por un momento pensó que había colapsado, que el golpe que le había dado Martinez en el vestuario lo había dejado inconsciente y que lo que estaba viviendo no era más que una alucinación, un truco de una mente afectada por una contusión. Pero no, la vio irse y reconoció el contoneo que siempre hacía cada vez que trotaba. Era ella. Era Silvina Ocampo, la mina que había dejado ir hace un tiempo.

Pero qué estaba haciendo ahí? Cómo era posible que estuviera no solamente en la cancha sino dirigiendo el partido? Iba a acercarse a hablarle, pero los compañeros lo llamaron para que empiece a pelotear. Por suerte para él, cuando salía con ella estaba en otro club, así que es probable que no supieran que habían tenido algo. Mientras iban peloteando a Portela, el arquero, Martinez se le acerca

_Viste el orto que tiene la guacha? Terrible caquero!

_Si, si, el uniforme le queda lindo

_Lindo? Que sos, puto vos? Con los dientes se lo saco!

Y la verdad es que el uniforme le marcaba las partes de sus figura que Maglietti supiera adorar años atrás y recorrer con cada parte de su cuerpo. La vio charlando y riendo con el resto de la terna arbitral y esa sonrisa lo volvió, no sabía por qué, a una reunión que habían tenido en casa de unos amigos. El estaba en la barra improvisada tomando unos tragos y ella hablando con las novias de sus amigos. Cuando la miró, ella se estaba riendo de algún comentario, esa sonrisa era hermosa. En ese instante, ella lo miró, le hizo una sonrisa mucho más grande y le tiró un beso. Como la amó en ese instante, la puta madre.

Pero ahora no hubo beso al aire, ni mirada cómplice, ni siquiera una sonrisa en su dirección. Ella siguió hablando con el resto de sus compañeros y él tenía que hacer lo propio con los suyos. Tenía que saber algo pero sin acercarse a ella.

_Che Martinez, y qué onda la mina? Cómo cayó a dirigir acá?

_Nada, dicen que la piba es como un prodigio, que hizo la carrera en un tiempo récord y encima la pusieron a dirigir en partidos pedorros, inferiores y esas cosas, y la mina es buena. Muy buena. Bah, por ahí es un toque de marketing, viste cómo es esto, que los derechos de la mujer, que “ni una menos”…Estas cosas garpan. Ni te cuento a los pibes de la hinchada, locos están!

Y sí, la tribuna aullaba cuando la veía separada del resto. Encima el uniforme le iba pintado, la camiseta amarilla le marcaba bien las curvas. Lo llevó a una vez que se quedó a dormir en la casa y usó una camiseta suya de pijama, aunque esa le quedaba enorme pero no importaba. Esa noche habían comido guiso, se lo había hecho la vieja porque sabía que a ella le encantaba. La vieja la adoraba, la calentura que se pegó cuando se enteró que la había cagado! “Pobre viej…” y el pensamiento se le cortó en el aire: Si la vieja miraba el partido, la iba a reconocer. Si la reconoce la vieja, la reconoce el viejo, mi hermana, mi cuñado, mis primos…Toda la familia la había conocido, la concha de la lora! Y si alguno hablaba? Y si por ejemplo el pelotudo de Tincho, el primo de Morón, se le daba por abrir la boca o tirar un comentario en Twitter o Facebook? Lo prendían fuego en el medio de la cancha!

“Basta Gustavo, la concha tuya!” se dijo para sí, cerrando los ojos y buscando tener dominio de la situación. Hoy lo estaban viendo, el pase a Europa estaba ahí, sentado en la platea viendo el que tiene que ser su partido consagratorio. “El árbitro no importa, nunca importó, mirá si ahora le tenía que dar pelota? Ni en pedo!” Empezó a trotar en el lugar, a pegar saltitos, a tratar de meterse en el partido, hasta que oyó el silbatazo inicial y la vio, con el pito en la boca y tuvo que reprimir los doscientos mil recuerdos que asociaba con esa imagen al mismo tiempo. Por suerte el capitán era Furchi, así que no le tocaba ir al sorteo, no quería tenerla cerca delante de otros, mucho menos delante de las cámaras, no vaya a ser cosa que le engañe el inconsciente y la termine cagando. Cómo la había cagado con ese gato, que tipo boludo la puta madre! Ya ni se acordaba el nombre de la mina con la que la había engañado, sí que ella le había manoteado el celu y la otra puta justo va a mandar una foto y chau, la relación se quedó sin señal y sin saldo.

De golpe, sintió una mano en el hombro, era su técnico, que le estaba dando las últimas indicaciones: “fijate que al final juega Dieguez, que es lento en la salida, hay que apurarlos por ahí, lo mismo que tratar de explotarle la espalda a Colman, que tiene ida pero no tanta vuelta” el asentía, tanto para dar a entender que comprendía lo que le estaba diciendo como para tratar de meterse, de salir de los recuerdos de la referí y volver a la realidad, al partido. Otro silbatazo pero esta vez le vino sin imágenes retro, miró para adelante, a lo que importaba, a los rivales y principalmente al arco. Esa iba a ser su tarde, la iba a romper, no importaba quién estaba dirigiendo. Y así, después del saque inicial, su mente estuvo en tratar de hacer lo que le dijo el técnico y tratar de meterla, el gol lo iba a ayudar, no solamente lo podía llevar a Europa, lo alejaba de esta vida, de este club. De Silvina.

Pasaron los primeros minutos y, como en casi todos los partidos de este estilo, la pelota estaba viajando de un lado al otro pero sin ningún equipo animándose a tomar la iniciativa. Maglietti estaba inquieto porque no le llegaba limpia, la única que le cayó, cuando quiso encarar por la izquierda de Dieguez, el central le leyó la jugada y le metió un trancazo. Fue a la bocha pero bastante áspero, igual Gustavo no pidió nada, no tenía ganas de mirar a la referí, mucho menos de pedirle algo. Tuvo una segunda chance a los 20: Pase filtrado del 2, él picó a espaldas de Colman que no había llegado a volver y cuando toca la bocha, el silbatazo lo atravesó como flecha vikinga: Offside le cobraba Silvina. Estaba seguro, segurísimo de que había picado habilitado, si la carreta del Henning ni se había movido, habilitaba a todos, pero la jueza pitó y él no tuvo ganas de sumarse a las protestas de sus compañeros. Pero al escuchar a Martinez diciendo “pero si el línea no había levantado la bandera, jué!” sintió un frío en la espalda. No creía que Silvina fuera a ser así, pero estaba dirigiendo y en su vida le había gustado el fútbol! Algo raro tenía que haber…

La duda que tenía se la sacó la jugada siguiente, balón llovido al corazón del área, Maglietti salta y le gana limpio al defensor, pero le cobran falta en ataque. Ni lo había tocado, estaba seguro, encima los brazos pegados al cuerpo, ni siquiera un codazo accidental, pero cuando mira a la jueza, ésta estaba con la mano levantada señalando la falta y lo miraba, no como lo miraba a un infractor cualquiera, no, ahí había otra cosa. Lo estaba disfrutando, la guacha se lo estaba haciendo a propósito.

_Qué me cobrás?!?! Salió, exaltado a reclamar

_Falta en ataque, cuando salta lo desplaza con el brazo

_Pero si ni lo toco! Tengo los brazos pegados!

_Usted sabe lo que hizo con los brazos_ Le dijo y la mirada no le hablaba de esa jugada, precisamente_ Juegue! Dijo y dio un pitazo. Gustavo la vio cómo se iba caminando para atrás y los supo: Se estaba vengando, la guacha se estaba vengando, hay que ser hija de puta, viejo!

Porque sí, no era que los estuviera bombeando, ni mucho menos, venía cobrando todo bien la referí, si hasta había anulado un gol de ellos por una falta finísima, pero falta al fin, no los quería cagar. La cosa era con él, era evidente la cosa. Los minutos seguían y le quedó una servida a Gustavo, vértice del área y con Larche arrastrando las marcas, el arco de frente tenía. Le dio con tanta bronca que la bocha pasó, fácil, dos metros por arriba del travesaño. Cuando giró la cabeza, vio que Silvina hacía un gesto como “que pena macho, queselevasé”. Lo estaba disfrutando. Lo estaba sacando de partido y lo disfrutaba. Lo peor es que sabía que estaba atrapado, qué iba a hacer? Pedir el cambio porque lo dirigía su ex? Tirar la oportunidad de pegar un pase afuera porque le estaban cobrando en contra? Qué clase de jugador era? No, esta no la iba a perder, no se iba a dejar ganar por la emoción. Tuvo una sensación, una pequeña vocecita que sonaba como su vieja que por un segundo se le cruzó por la cabeza: “te lo merecés”, pero rápidamente lo apartó. Merecía el pase, ganar guita, salir de pobre, eso merecía, no que una ex le pase facturas en medio de un partido.

Terminó el primer tiempo y se fue al túnel sin intentar cruzar palabra con la jueza, pero sintió una voz arriba que lo llamaba, era su representante. Le hacía un gesto con el pulgar para arriba, parece que pese a la bombeada que se estaba comiendo, al tano le gustaba lo que veía. Mejor así. En el vestuario, algunos recibían masajes, otros daban vueltas queriendo salir a jugar y el DT daba alguna que otra indicación puntual, pero como estaba contento por cómo venían jugando, no hizo una gran charla. Eso sí, se acercó a Gustavo y le habló aparte

_Pasa algo, Maglietti? No te veo del todo metido…

_No pasa nada, profe, todo bien. Pasa que no me están saliendo algunas cosas

_Si, encima te cobraron un par de cosas que no eran, está con vos la jueza, eh?_ Le dijo con una sonrisa

_Si, parece que sí, me las cobra a mí sólo

_Tranquilo, los 9 siempre la ligan, vos viste como es esto, más en un partido así. La mina no quiere quilombos y se saca las divididas de encima fácil, lo viene llevando bien, pero a ver si en la segunda mitad te cobra una a favor!

_Si, esperemos_ Dijo con la mirada cabizbaja

_Hay algo que tenga que saber, Gus?

_Nada profe, tranqui, ya va a cambiar la mano

_Esa es la actitud, pibe, vamos que salimos! Dijo y empezó a aplaudir y todos le siguieron el gesto. Todos, menos Gustavo que le faltaban ganas de aplaudir lo que sea.

La vio de vuelta esperando en el círculo central y otra vez le volvió la voz de la madre: Y si tenía razón? Y si había sido un pelotudo al meterle los cuernos a Silvina y la tenía que pagar de la peor manera? Pero cuando la vio y vio en sus ojos una sed de revancha, su pensamiento fue un poco más agudo: Hizo todo esto para en algún momento cruzarse conmigo y cagarme un partido? Puede haber sido tan calculadora como para que le dé por armar semejante entramado?  Mientras ella, sin quitarle la mirada a la pelota, se llevaba el silbato a la boca y de un fuerte soplido daba por reiniciado el encuentro. No valía la pena seguir especulando, hoy hay que meterla, hoy hay que ganar, hoy hay que dejar todo atrás y mirar para adelante.

Pero, a los 15 minutos más o menos, empezó a notar que del banco contrario lo empezaron a mirar. Y no era solamente del banco contrario, sus propios compañeros y cuerpo técnico lo miraban. Primero le pareció una sensación, como si la paranoia se hubiera apoderado de su ser y pensara que todos lo seguían por lo del pase, pero no era una ilusión. En eso, Furchi recibe un patadón bastante duro de parte del 8 de ellos, lo que requiere que salga disparado el doctor para atenderlo, parate que aprovecha el DT para llamar a Maglietti

_Escuchame pibe, es cierto lo que dice López (el gordo comentarista que hacía campo de juego)? Dicen que publicaron en internet fotos tuyas con la referi, que vos te la comías y le metiste los cuernos con otra, es verdad eso?

Gustavo vio que detrás del DT se agolpaban sus compañeros esperando una respuesta y solamente pudo asentir con la cabeza. El DT cerró los ojos y levantó la cabeza al cielo _ Por eso estabas tan ido!….Salís (hace un gesto a su ayudante), decile a Dalcio que caliente fuerte que ent…

_No me saques, no me saques!_ Le gritó Gustavo y se dio cuenta que estaba agarrando del brazo al DT y que estaba aplicando algo más de la fuerza debida. Se dio cuenta y aflojó el apretón_ Si, yo salí con ella, pero está todo bien, terminamos bien. La vi y nada, se me cruzaron algunas cosas, pero nada, estoy bien, por favor, no me saques. Ya la voy a meter, vas a ver.

El partido se reanudó y el DT decidió confiar en Gustavo. Visto y considerando lo que siguió, se podría decir que se equivocó, pero con el diario del lunes somos todos DT.

Cuando Maglietti volvió a la cancha, la noticia sobre su romance con la referi parecía que se había expandido por toda la cancha, porque la hinchada rival le empezó a cantar cosas especialmente a él. Fue a pelear una pelota a un lateral y uno del alambrado le gritó “Cómo dejaste a ese camión, Maglietti! Sos puto?” A lo que el resto de la tribuna se sumó con un cántico alegórico referente a su orientación homosexual. Silvina lo miró y él juraría que vio algo de compasión, pero no estaba seguro. No sabía de dónde habían salido las fotos, así que tampoco podía darle el beneficio de la duda, ni ningún otro. Pudo ser su primo, pudo ser alguna amiga de ella, pudo ser ella misma, quién sabe. No se la notaba incómoda con la situación, incluso le habían gritado cómo había podido salir con un muerto como Maglietti, pero hacía caso omiso, como una profesional. O como si se hubiera preparado mentalmente para esto con antelación. Gustavo no lo sabía, lo que sí sabía era que no tenía que seguir pensando, tenía que meterse a jugar, tenía que meterla, tenía que irse a Italia.

Y encima el DT parece que lo quiere sacar, vé que lo está mirando y habla con el ayudante, que momento de mierda, la puta madre. Hasta al pelotudo de Dieguez le había llegado el comentario y lo tenía de hijo._ Cómo dejaste ir ese culito, Maglietti? Entonces es posta que sos puto, no? Que la dejaste por un trava?_Le decía, una y otra vez, cuando se le ponía cerca para marcarlo. Y en eso lo ve a los saltitos a Calcio, era inminente que lo sacaran, todas para atrás. Entonces, llegó la jugada que lo cambió todo: Martinez se escapó por la banda, sacó un centro a rastrón al corazón del área, Maglietti había adivinado la intención del compañero y la fue a esperar. Cuando está por darle de lleno, Dieguez lo cruza alevosamente, tocando la pelota después de haberlo tocado claramente en la canilla. La bocha sale disparada para el lateral y la jueza cobra el saque de banda. Se le van todos al humo, mientras Maglietti se retuerce en el piso y mira la escena de reojo. “No nos está sacando un penal, me la está haciendo penar a mí” dijo, mientras mascaba césped. Como pudo, se levantó y rengueando se le fue directo a Ocampo.

_Dejate de joder, Silvina, no sé qué carajo querés pero parala, ya está!

Las palabras fueron recibidas por la juez como un cachetazo, pero mantuvo su postura, mientras sus compañeros miraban asombrados la escena

_Maglietti, no se exceda y juegue, no me obligue a amonestarlo…

_Como si una amarilla me fuera a hacer algo peor! Todas en contra me cobraste, todas! Y esta era evidente, mirá cómo me dejó la gamba!_ Decía mientras se bajaba la media y mostraba el rayón que le habían dejado los tapones en la pantorrilla.

_Tocó la pelota, el contacto fue posterior, no hubo falta

_No me rompas los huevos, Silvina! Qué carajo te hice para que me quieras arruinar así el partido?

Ese último comentario encendió una llama en las mejillas de la jueza, que se llevó la mano a su pecho derecho y le mostró la tarjeta amarilla a Maglietti, para estallido de la hinchada local abucheando y de la visitante vitoreando la decisión.

Maglietti no le sacaba la vista de los ojos, estaba hecho una furia.

_No siga que lo voy a tener que echar_ Dijo Ocampo, aunque se notaba un quiebre en el tono de su voz

Maglietti también lo captó y decidió hundir más el puñal, ya estaba jugado. El DT se iba en gritos pidiendo a la jueza que le habilite el cambio, pero Gustavo no estaba dispuesto a dejar que ella le prestara atención a alguien más que a él.

_Tuteame! Cuánto tiempo estuvimos juntos, dos años casi y ahora me tratás de usted? Me estuviste bombeando porque te metí los cuernos hace unos años y ahora ni siquiera me tuteás? Tuteame, dale, estamos en confianza!

_Creo que se está equivocando, Maglietti y lo voy a tener que echar_ La voz estaba cada vez más afectada y entrecortada. El “echar” fue casi un susurro. Maglietti estaba más allá del bien y el mal

_Echame, si es lo último que te falta! Echame, pero echame bien, eh? Con informe y todo, si la hacés, hacela bien. Echame pero de tu vida, Silvina, no podés estar acá, queriendo cagarme un partido, qué digo un partido? Cagándome la carrera por una macana que me mandé en su momento! Ya te pedí perdón, te admití que fui un boludo por comerme esa noche a esa NN de la que ni me acuerdo el nombre! Vos eras una mina buena, eras una mina para casarse y yo me mandé un moco gigante, Silvina, y te pedí perdón. Sé que me porté como el culo con vos, pero esto, hacer todo esto, me parece demasiado. Yo te quise, te quise muchísimo, y me dolió tener que cortar pero no podía seguir con vos después de lo que hice. Y vos me lo pagás así, haciéndote referi para cagarme en un puto partido? Vos entendés lo loco que suena eso? Dale, sacame la roja y terminemos todo acá, pero me la sacás eh? Completa, echame pero echame de una vez y para siempre.

El estadio era un silencio que no se escuchaba desde el minuto que se pidiera por Evita en el 52’. Incluso la transmisión del partido, todas las cámaras, apuntaban a los dos protagonistas de esta novela, que ahora estaban cara a cara. Los ojos verdes de Silvina eran una ciénaga, una represa a punto de rebalsar o directamente explotar, esparciendo lágrimas para los cuatro costados, pero sólo una lágrima cayó cuando, cerrando los ojos, se llevó la mano a la cola y sacó de ahí la roja, que mantuvo en alto frente a Maglietti, que ya no la miraba con la misma cara de loco de antes, ahora había algo de lástima, pero se negaba a expresarla. El estadio explotó, el DT le sacó la placa de los cambios al cuarto árbitro y la tiró al piso, estaba enajenado. Gustavo cerró los ojos y dijo una sola frase_ Si la vamos a hacer, la hacemos bien_ y ahí nomás, de prepo como aquella noche en ese boliche de Cariló, le comió la boca de un beso a Silvina, que no hizo ningún esfuerzo por rechazarlo. Si antes la cancha había explotado, ahora directamente era el Big Bang, hasta los contrarios gritaban “Maaaglieeeeti, Maaaaaglieeeeeti”, era una locura. Terminó el beso y la miró a los ojos _Sé que la cagué, sé que te pude haber hecho un daño enorme, pero no te das una idea lo que acabás de hacerme._Dijo Gustavo y se fue directo al vestuario, envuelto en un griterío, en una ovación que no había recibido en su vida. Hasta del banco ahora lo estaban aplaudiendo. Ni se animó a mirar para arriba donde estaba su representante, se imaginó que el tano ya se habría ido a la mierda. Y a la mierda todo, la puta madre.

Cuando estaba por la mitad del túnel, sintió a sus espaldas un repiqueteo de botines. Giró y era Silvina, que lo había seguido. Quedaron los dos ahí, envueltos en la semipenumbra. La que arrancó a hablar fue ella.

_No quería que terminara así, estaba muy enojada, enojadísima y me metí en esto y se fue dando todo tan rápido…Me metí por bronca contra vos y no sabés lo que me tuve que matar para llegar acá y cuando hoy me tocó dirigir, descargué todo._ Silvina dijo entre sollozos. _Ahora me doy cuenta que te cagué el doble, ya sabía lo de Europa, me lo contó tu vieja…

_Mi vieja? Vos seguiste hablando con mi vieja?

_Si, vos sabés que la quise mucho y bueh, nos seguimos hablando, tu vieja es un amor y nunca tuvo la culpa de nada. Yo la quiero mucho a ella.

_Y sabés el disgusto que le estás dando ahora, sabiendo que le acabás de causar un daño irreparable al hijo?_Dijo Gustavo y se le fue acercando, hasta quedar casi cara con cara de vuelta.

_Ya te dije que no quería que fuera así la cosa, justo se dio que el partido me tocaba y venía este tipo de It…_No llegó a terminar la frase, porque Gustavo la volvió a besar y esta vez al beso le siguió un abrazo. Y otros besos.

El partido siguió con el cuarto árbitro tomando el lugar de Silvina. Lo primero que hizo fue echar al DT por haberle sacado el cartel de los cambios y haberlo dejado inutilizable. Con uno menos, San Ignacio, quien sabe si apoyado por el espíritu que había dejado el beso de Gustavo y Silvina, logró llegar al triunfo por intermedio de un zapatazo de Martinez desde afuera del área, así que la expulsión de Maglietti hasta pudo haber sido beneficiosa, después de todo. Al equipo lo empezaron a seguir más, “el caso del futbolista y la jueza enamorados” como lo titularon los diarios puso a San Ignacio en el foco de atención y a Maglietti y Ocampo en el centro. Gustavo purgó su pena de una fecha por “exceso verbal” y a Silvina la sacaron de la nómina por un par de partidos, pero la presión era tan grande que la tuvieron que reincorporar, al fin y al cabo la pareja era la sensación del momento, por lo menos hasta que engancharon a un jugador de Honor y Gloria adentro de un auto con un travesti y los focos se fueron apagando sobre ellos. Habrá que ver que pasa ahora cuando los dos debuten en Italia la temporada que viene.

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