La llamada que cambió la Premier League

No siempre fue fácil ser hincha de Manchester United. Aunque hoy tampoco deba serlo, mientras los enanos le crecen a media ciudad de distancia, o ve a los colosos de Londres pelearse la Premier League que una vez fue su fetiche, hubo épocas peores para los Diablos Rojos. Esas que terminaron con un llamado telefónico.

El 25 de noviembre 1992, Alex Ferguson contaba apenas 52 primaveras y cinco olvidables temporadas en Manchester United. Sentado en la oficina del presidente Martin Edwards, con los nervios en la punta de los dedos, sabía que tal vez era la última vez que hablaba de incorporaciones como entrenador de los Diablos Rojos.

En ese momento, Ferguson no era más que un escocés temblando sobre una delgada y roja cuerda floja. A pesar de ganar una Copa de la Liga y una Supercopa de Europa la temporada anterior, aún era difícil digerir la pérdida del último campeonato de la First Division ante un Leeds que se lo comió crudo en las fechas finales. Para colmo, había tenido un pésimo arranque de la primera Premier League de la historia, marchando 8° en las posiciones, con apenas seis victorias en 15 partidos ligueros. A cuatro meses de empezado el campeonato, los 26 años sin ser campeones de Inglaterra se hacían cada vez más pesados.

Sentado en la mesa, Ferguson sabía que arrastraba el mismo problema que le costó una liga la temporada pasada: la falta de gol. Esa deficiencia se veía desde el espacio antes de la Temporada 1991/92, cuando intentó hacerse con un buen centro delantero británico para su 11 titular. El problema es que sus candidatos le fueron esquivos, al no poder fichar ni a Alan Shearer, de Southampton, ni a David Hirst, de Sheffield Wednesday. Ni siquiera tuvo chances con Lee Chapman, goleador de Leeds United. Finalmente, terminaría odiando a Chapman y a Leeds, el equipo que le quitó una liga que estuvo cerca de ganar, en buena parte gracias al impulso generado por el goleador y a un Eric Cantona que había hecho su debut esa misma temporada en el fútbol inglés. Para colmo de males, Lion Dublin, el artillero que Ferguson contrató para la temporada 1992-93, se fracturó una pierna y necesitaban un reemplazo.

Mientras Edwards y Ferguson hablaban de cómo mejorar el equipo y salvar la temporada, el teléfono sonó. El presidente de Manchester United atendió y encontró del otro lado de la línea a Bill Fotherby, director de Leeds United. ¿El motivo del llamado? Hacerse con los servicios del defensor Denis Irwin, un viejo conocido de la casa que ahora era guardián de la defensa de los Diablos Rojos. Edwards fue tajante y echo por tierra cualquier chance de transferir a su defensor pero, sabiendo que el United necesitaba un centro delantero, preguntó por Chapman. Ferguson, entendiendo que era una oportunidad única, tomó un pedazo de papel y le escribió a Edwards la palabra clave: “Cantona”. Fotherby respondió que el francés no estaba asentado en el equipo, y que en 24 horas tendría una respuesta. A la hora volvió a sonar el teléfono, pidiendo 1.6 millones de libras por Eric Cantona. El United terminó de cerrar la transferencia en 1.1 millones de libras.

Eric Cantona debutó con Manchester United el 6 de diciembre de 1992, con una victoria por 2 a 1 ante Manchester City. Su primer gol llegaría dos semanas después, en un empate como visitante ante Chelsea. Desde su llegada, el United ganó 17 partidos, empató 6 y perdió apenas 2. Una estupenda racha de siete victorias seguidas. El 2 de mayo de 1993, Aston Villa perdió como local y perdió toda chance de igualar a un United que volvía a ser campeón de Inglaterra tras 26 años.

Siete goles parecen poco para una gesta de esta magnitud. Pero Cantona fue, tal vez, la mejor apuesta que Alex Ferguson haya hecho en su vida. Con seis años sin grandes victorias, apostó por un atacante francés, con fama de inestable, en un medio donde el puesto de centro delantero fue siempre históricamente británico. Cantona no solo rompió el estereotipo del fútbol inglés, sino que cambió las mentes de varios de sus compañeros. Según el mismo Ferguson, el francés inculcó con el ejemplo la idea de cómo encarar los entrenamientos. Sus compañeros entendieron que entrenar no era una responsabilidad, sino un paso para mejorarse. Eso que aprendieron jóvenes como Ryan Giggs, David Beckham y Gary Neville, tres jugadores clave para la era dorada que se vendría.

Cantona no solo transformó a los jugadores que lo acompañaron, sino que le dio el pie a Alex Ferguson para convertirse en la leyenda que fue. Porque luego llegarían otros 12 títulos de Premier League, 4 FA Cups, 3 Copas de la Liga y dos Champions League.

Sin Cantona, Edwards tal vez hubiese perdido la paciencia con Alex Ferguson poco después de ese 25 de noviembre de 1992. Pero, gracias al King Eric, Ferguson y Manchester United crearon una de las grandes dinastías del fútbol moderno.

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