¿Nunca hicimos amistades?

La Copa Roca fue un célebre torneo amistoso disputado entre Argentina y Brasil, entre 1914 y 1971. Pero hoy contaremos la anécdota que le dio origen a esta particular competencia que le permitió a estos dos países retomar una buena relación bilateral que pudo haberse interrumpido por un simple partido de fútbol. 

Comencemos por el final.  Algunos quizás recuerden el certamen llamado “Superclásico de las Américas”, en el cual la albiceleste y la verdeamarela se enfrentaban entre sí con un equipo conformado íntegramente por jugadores que se desempañaran en sus respectivas ligas domésticas. Esta competición no era ni más ni menos que una “actualización” de la vieja Copa Roca, disputada 11 veces entre Brasil y Argentina, siendo campeones en 8 y 4 oportunidades respectivamente. Seguramente estas cuentas no les cierren y esto ocurre porque en la anteúltima edición, en el año 1971, las selecciones empataron sus dos partidos (disputados en Buenos Aires) y se decidió coronar campeones a ambos equipo.  Pero lo que nos convoca hoy es conocer la historia que le dio origen a esta competencia y para ello hay que remontarnos a los orígenes del siglo del cambalache.

Roque y Roca pudieron cerrar “la grieta”.

Para 1912, las relaciones entre las naciones de Argentina y Brasil estaban en un punto crítico, quizás el más difícil de la historia entre dos países que hasta ese momento no entendían de fronteras. Fue entonces que Roque Sáenz Peña decidió eliminar las rispideces con sus vecinos y volver a gozar de un excelente vínculo. Para lograrlo, el presidente argentino convocó a un viejo rival sabiendo que él era el único que podría cargarse semejante tarea al hombro (por su cintura política y porque él era el compatriota más respetados por los brasileros): Julio Argentino Roca.

El ex presidente ya gozaba de sus últimos años yendo y viniendo del viejo continente, sin más preocupaciones que la de ver crecer a sus nietos. Pero aún le faltaba escribir una página más en la historia política argentina. Luego de largas reuniones con Ernesto Bosch, Ministro de Relaciones Exteriores, y Sáenz Peña, zanjaron diferencias y  Roca decidió partir rumbo a Río de Janeiro para hacerse presente en los festejos de la independencia brasilera. Cientos de compatriotas lo despidieron en el Puerto de Buenos Aires y de la misma manera lo recibieron  los cariocas en la ciudad costera.

No tuvo que hacer demasiado el “conquistador del desierto” para ganarse el cariño del pueblo brasilero, le bastó con unos buenos halagos y la historia reciente de una relación de hermandad, solamente interrumpida por un contexto desfavorable. La reconciliación ya era un hecho y tendría su gran broche de oro el próximo 7 de septiembre, en la celebración del 90º aniversario del “Grito de Ipiranga” cuando el pueblo brasilero gritó para confirmar su independencia “¿Orden y progreso?” ¡No! “Independencia o muerte”.  Roca y la comitiva argentina participaron de los festejos en Rio de Janeiro y en agradecimiento, desde el puerto partieron hacia Buenos Aires dos vapores con más de 5 mil racimos de bananas (seguramente este podría haber sido un importante regalo). Sólo una catástrofe podía hacer tambalear la paz entre argentinos y brasileros… y la amenaza tenía forma de pelota de fútbol.

Ese mismo día, en San Pablo había otra comitiva argentina, que muy lejos estaba de tener una misión de hermandad como la de Roca. Hablamos de la selección de fútbol que se encontraba disputando una gira deportiva por el país vecino y que en pleno festejo independentista le propinó una derrota  (3-6) al anfitrión. Con ganas de revancha, la selección fue invitada a Río de Janeiro para que sea parte de los festejos que continuaban. Confirmando el convite, la albiceleste fue recibida por la comitiva del club Fluminense y al día siguiente venció al club carioca por 4 a 0. Previo al partido revancha entre argentinos y brasileros, la selección tuvo otra parada más: fue victoria por 9 a 1 ante un combinado inglés en una cancha pesada por el barro.

Deodoro da Fonseca, primer Presidente de la República de Brasil.

Hasta que por fin llegó el tan ansiado 15 de septiembre, el día en que el pueblo brasilero se preparaba para ponerle la frutilla del postre al gran festejo por su Independencia. El partido sería presentado por Roca, la comitiva argentina, el presidente de Brasil Da Fonseca, el Canciller Müller, los ministros y más de 7 mil cariocas (una multitud para la época) que agitaba banderas brasileras y argentinas. La selección local contaba con que el desgaste de los visitantes haría mella en su rendimiento, ya que en menos de una semana disputó 3 partidos, sin contar éste que vendría. Sin embargo las cosas no salieron como esperaban.

La selección Argentina tenía en sus filas varios apellidos anglosajones como los hermanos Brown (Juan, Jorge y Ernesto, la base del célebre Alumni), Hayes,  Susan y el arquero Wilson; pero también créditos latinos como Chiappe, Fenández, Ohaco y Viale.  Sea cual fuera sus orígenes, todos tenían la misma característica: eran auténticos aguafiestas.

Fue así que a pesar de que el conjunto local dominó las acciones desde el comienzo, la selección argentina le hizo honor al tan sagrado y ancestral mantra “los goles que no se hacen en un arco, se sufren en el propio”. Cuando Wilson ya se perfilaba como figura del partido, Hayes convirtió el primero gol de la tarde, celebrado por todo el estadio que agitaba ambas insignias con vigor. Cuando se precipitó el segundo por intermedio de Susan, los gritos de gol y el flameo de la bandera argentina fue menos efusivo. Ya para el tercero, el murmullo le ganó al griterío y las banderas celestes y blancas habían desaparecido de las manos cariocas. Cuando el referí pitó el final del primer tiempo, los rostros de los brasileros parecían los de personas que asistían a un funeral en vez de a una celebración. Fue así que Roca decidió tomar cartas en el asunto y bajar al vestuario argentino para charlas con los futbolistas.

Jorge Brown, el capitán argentino con la camiseta del Alumni.

En los camarines, el “Zorro” felicitó al equipo por su actuación, comentó un par de jugadas y halagó a algunos jugadores, pero antes de salir tomó al capitán Jorge Brown del brazo y le dijo “Muchachos, Brasil está de fiesta hoy, tienen que perder ¡Háganlo por la Patria!”. Mientras el conjunto brasilero aguardaba en el campo de juego, el equipo argentino brillaba por su ausencia, la permanencia en el vestuario se había prolongado a pensar de que Roca ya de disponía en el palco nuevamente. Los deportistas argentinos se habían quedado debatiendo que hacer en los próximos 45 minutos ¿Hacer honor al espíritu deportivo o dar curso al pedido de Roca y contribuir a la recomposición de la relación entre dos naciones hermanas? Este dilema se develaría en el segundo tiempo.

Con dos goles más de Hayes, Argentina derrotaría 5 a 0 a Brasil ante las narices del propio presidente Da Fonseca y la comitiva argentina encabezada por Roca, que veía tambalear su misión. ¿Los jugadores no le hicieron caso al ex presidente? En definitiva no, porque el partido no lo perdieron, pero las crónicas de aquel encuentro confirman que la selección visitante levantó el pié del acelerador durante el complemento y que eso evitó un papelón mayúsculo.

A la mañana siguiente Roca y el Canciller Müller firmaron los protocolos de amistad. Un año más tarde el mismísimo ex presidente argentino donaría una Copa: la “Copa Roca”. Aquella que luego sería disputada entre ambos equipos y en la que Brasil, la mayoría de las veces, demostró su superioridad ante su clásico rival cosa que no puedo hacer durante los festejos de su independencia.

Anuncios