El que formó parte del frente de ataque en más de un sentido

Hoy repasamos la vida de Adolf Urban, quien en tiempos de paz pudo haberse consolidado como la primera gran estrella del fútbol alemán. Sin embargo, terminó siendo parte de un entramado de nazis, deportistas rubios, campeonatos en su club y buenas y malas en la selección, además de pelear en el frente ruso de la Segunda Guerra Mundial.

Hace un tiempo en este espacio hablamos del torneo de fútbol de los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, del que salió la única foto de Hitler en un estadio. Precisamente fue testigo de la inesperada derrota de su selección ante Noruega, que tuvo al protagonista de esta historia en el once inicial: Adolf Urban, uno de los mejores futbolistas alemanes de los años treinta.

Nació el 9 de enero de 1914 en Gelsenkirchen, en el seno de una familia oriunda de Prusia Oriental (lo que hoy es Olsztyn, Polonia). Ala (diminutivo polaco de Adolf), se incorporó a los 12 años de edad a las filas del club de su ciudad, el Schalke 04. Ahí pasó seis años, hasta que se fue a jugar un campeonato para el Schalke 24, un equipo paralelo formado por trabajadores de la minería. Su oportunidad en el fútbol grande llegó en 1933, cuando hizo su aparición en el primer equipo del 04. Casi en simultáneo, otro Adolf un poco más nefasto también se convertía en una figura central en Alemania.

La aparición de Urban se dio al mismo tiempo que una época dorada del Schalke. Unos pocos años antes, en 1928, el club construyó un nuevo estadio, el Glückauf-Kampfbahn. Ganaron su primer título en 1929 e ingresaron luego a la Gauliga Westfalen. Con la reorganización del fútbol alemán en 1933 durante la Alemania Nazi, Schalke tuvo su mejor década, porque jugó 14 de 18 finales nacionales. Desde entonces, hasta la desaparición de esa liga regional que compartía con equipos como el Dortmund y el Bochum, obtuvo todas las ediciones hasta el año 1944. Por eso, el equipo se aseguraba una constante participación en las finales del campeonato alemán y era gran candidato a ganar el título.

El primer título nacional fue en 1934 con una victoria 2–1 sobre el Nuremberg. En la temporada siguiente a su debut, el protagonista de esta historia se hizo famoso en todo el país, ocupando el sector izquierdo de un ataque que completaron Ernst Kalwitzki, Rudolf Gellesch, Ernst Poertgen y Ernst Kuzorra. Casi desde su debut en primera jugó a pierna cambiada, ya que ingresó al equipo por una sanción a Emil Rothardt y, salvo contadas excepciones, prácticamente ni jugó por el sector derecho. En 1935 se consagró bicampeón al vencer en la final al Stuttgart por 6 a 4. En esa época, Urban se dio el lujo de llegar a la selección, debutando el 18 de agosto de 1935 ante Luxemburgo (triunfo por 1-0). Su primer gol en la Mannschaft fue en su segundo partido, el 15 de marzo de 1936, en Budapest ante Hungría.

Los once de Breslau

Fue parte del equipo olímpico de los Juegos de Berlín, donde Alemania goleó a Luxemburgo y perdió ante Noruega. Después de ese fracaso, la selección entró en una etapa de cambios, para desembocar en el primer gran equipo germano, conocido como los Once de Breslau (Breslau Elf), apodo ganado tras el 8-0 a Dinamarca del 16 de mayo de 1937, en el estadio Hermann Göring de Breslau (hoy Polonia). Esa selección logró un récord de once partidos invicta, con diez victorias. La anexión de Austria en 1938 produjo el final de los Once, debido a que por obvios motivos el entrenador debió incluir futbolistas austríacos en el equipo. Al mismo tiempo, volvía a salir campeón con su club, derrotando nuevamente al Nuremberg, esta vez por 2-0.

A la siguiente temporada fue segundo, al tiempo que una lesión en la rodilla lo dejó afuera de la Copa del Mundo de ese año y, cuando estuvo recuperado, estalló la Segunda Guerra Mundial. Como sargento del cuerpo de Infantería 442, Urban fue movilizado y enviado al frente oriental en las primeras semanas de combate, cuando todo era felicidad en el Tercer Reich. Durante el conflicto, su figura fue utilizada constantemente con fines propagandísticos, llegando a ser tapa de la revista Kicker con su uniforme de la Wehrmacht. De igual manera, esto no impidió que continuara su carrera deportiva, debido a que recibió varios permisos para jugar algunos partidos para Alemania. Así, yendo y viniendo, fue parte de varios amistosos de su selección y de los campeonatos de 1939 (goleada histórica por 9-0 al Admira Wien en la final) y 1942 (2-0 al First Vienna en la definición) del Schalke. En el medio se perdió varios partidos importantes, como la final de 1941, que vio a los suyos ocupar el segundo lugar.

Urban (quinto de izquierda a derecha) en los festejos tras el 9-0 al Admira Wien

Como dato estadístico, entre 1933 y 1945 el Schalke ganó 162 de 189 encuentros de la Gauliga, empató 21 y perdió solo 6, con 924 goles a favor y 145 en contra. De hecho, entre 1935 a 1939 no perdieron un solo partido del torneo local. Esta supremacía fue señalada por muchos como una “mano negra” de parte de Hitler, categorizado como un fan del equipo. En realidad el Führer no era un gran fanático, aunque el equipo azul acompañaba los ideales del proyecto de superioridad racial del nazismo, por sobre equipos como el Borussia Dortmund o el Bayern München, emparentados con la comunidad judía. De hecho la propaganda Nazi puso al Schalke como ejemplo de la Nueva Alemania, pese a que varios de sus jugadores eran descendientes de inmigrantes polacos.

En 1942, Urban pasó varios meses en el frente ruso y fue uno de los últimos alemanes en ser evacuados de la Bolsa de Demyansk. Cerca de la localidad rusa, cien mil alemanes habían sido rodeados por el Ejército rojo, sufriendo una derrota de gran importancia estratégica. El asedio duró dos meses y medio hasta que el 21 de abril finalizó la evacuación. Ala regresó a su casa de Gelsenkirchen para disfrutar de un pequeño permiso, donde dejó una frase que lo destacó en la posteridad: “No voy a sobrevivir a esta guerra”. Sus últimos partidos fueron la derrota en la final de Copa por 2-0 ante el 1860 Múnich, en noviembre de 1942 y dos semanas después, en el 5-1 de Alemania a Croacia, jugado en Stuttgart (fue uno de los 15 amistosos que jugó la selección croata como miembro independiente de la FIFA, antes de pasar a formar parte de Yugoslavia). Cerró una carrera con 109 goles en 127 partidos con el Schalke 04 y 11 en 21 encuentros para el combinado nacional, lo que lo posiciona como uno de los futbolistas destacados de la década del ’30.

Ya casi sin vestigios del vigor físico con el que se lo conoció como futbolista, fue trasladado nuevamente al frente, en marzo de 1943. Cerca de la ciudad de Staraya Russa (a 250 kilómetros de Leningrado) murió el 27 de mayo, a los 29 años, por una herida en la cabeza y en un pulmón. Fue operado e incluso hubo decenas de soldados que se acercaron a donar sangre para su par e ídolo, pero poco pudieron hacer.  Su deceso tuvo amplia difusión por los medios alemanes e incluso por la BBC, que también dio lugar a la caída del héroe nacional.

Su cuerpo quedó en Rusia junto al de otros 90 mil soldados en el llamado cementerio de los invasores alemanes de Staraya Russa hasta el 20 de noviembre de 2014, cuando tras varios intentos, la directiva del equipo de Gelserkirchen logró recuperar el cuerpo para darle sepultura en la que fue casa de Urban desde que llegó al club con 12 años. Desde entonces, sus restos están en el Schalke Fan Feld, el cementerio construido junto a su estadio para sus seguidores y leyendas.

Izq.: La tumba de Urban en Rusia. Der.: Su traslado al cementerio del Schalke

No fue el único, pero Adolf Urban es posiblemente el mejor futbolista alemán que murió en los campos de batalla europeos, cortando una carrera deportiva que pudo ser consagratoria, teniendo en cuenta el prestigio logrado por varios de los que fueron sus compañeros.

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