Escándalos y marrullas – Los puteríos de Portugal en México 86, aka “El Caso Saltillo”

Tanto que se habla en México 86 de “La Mano de Dios”, del gol de Maradona que sí debía ser válido ante los ingleses, del Brasil – Francia, del 5-1 de España a Dinamarca… y poco de un vergonzoso episodio de desmanejo y mezquindad que involucró a la selección de Portugal. Se conoció para la posteridad como “Caso Saltillo“, y aquí se lo contamos en detalle.

Si uno escucha hablar de “El Caso Saltillo” así desprevenidamente, creería que se están refiriendo a una investigación sobre políticos españoles o narcos mexicanos. O ambos. Y nones: tuvo como protagonista a la en ese entonces desconocida / sin estrellas de la farándula futbolera selección de fútbol de Portugal, en el Mundial de México 1986. Entra en la categoría “Puterío” y ocupa un sitial privilegiado en el Libro Negro del Fútbol portugués. ¿Cómo fue? Pase, siga, siéntese, y lea, carajo.

Os Peitos frios

Esa notoria tendencia de las selecciones portuguesas de desinflarse notoriamente en las ocasiones importantes era una de las vainas más llamativas del fútbol mundial hasta ese verano europeo de 2016. O sea, hablamos de un país en el que por talento innato, suerte, o la ingesta desmedida de aceite de oliva, han surgido varias generaciones de jugadores que, mínimo, eran superiores a la media continental, e incluso en un par de ocasiones contó con varios cracks mundiales de todos los tiempos (Eusebio, Luis Figo) o de su época (Coluna, Rui Costa, Futre, Joao Alves). Pero que casi siempre se la pasaron coleccionando cagada tras cagada a nivel de selecciones desde su primer intento de clasificar a un Mundial, bien temprano en 1934.

Siendo justos, hasta 1958 nadie esperaba que hicieran un carajo, porque literalmente no tenían nivel ni para pelear un Descentralizado. Pero, desde principios de los años 60, apareció la generación del gran Eusebio,  Coluna, José Torres, José Augusto y Simoes, todos pilares del Benfica que dominó el fútbol europeo de la primera mitad de esa década, y con ellos vino la primera pifiada: quedaron fuera del Mundial de 1962 tras perder sus dos últimos partidos – a los que llegaron dependiendo de ellos mismos para clasificar – incluyendo una impresentable derrota 4-2 ante Luxemburgo (por cierto la primera victoria de los luxemburgueses en toda la historia de Eliminatorias). Se rehicieron de sobra en 1966 pero en 1970 terminaron de últimos en un grupo con Rumania, Grecia y Suiza.

La por años única selección de Portugal que salió en los libros, en un amistoso contra Uruguay en Lisboa antes del Mundial de 1966. Los de abajo son los históricos José Augusto, José Torres, Eusebio, Coluna y Simoes

Las cosas no cambiaron para los portugueses en las siguientes tres Eliminatorias: no solo no coronaban Mundial, sino que aparte dejaban una huella líquida marrón en el camino. Por ejemplo en 1974 debían ganarle a Bulgaria e Irlanda del Norte en sus dos partidos finales en Lisboa para clasificar…. y empataron ambos. O como en 1982, en donde comenzaron con autoridad con 2 PG y 1 PE en su serie (incluyendo empate en Glasgow y victoria en Lisboa ante los finalmente clasificados Escocia e Irlanda del Norte), y luego perdieron cuatro al hilo, entre ellos en casa y afuera ante Suecia y un 1-4 ante Israel, ambos al final eliminados. En fin, demoledor historial de churreteadas incomprensibles que hacen ver a Gimnasia y Esgrima de La Plata como el James Bond de los equipos de fútbol, y uno acá ya se puede imaginar a los aficionados portugueses cada cuatro años reuniéndose sombríamente en oscuros bares del país olorosos a curtiembre y aceitunas, rumiando su amargura  (“Por qué nos pasa siempre lo mismo, merda“) mientras toman vino trasnochado y escuchan Fado (lo que es como poner a los oídos a cortarse las venas con un cortauñas). Total que entre 1934 y la última vez que quedaron fuera de un Mundial – 1998 – solamente asistieron a dos Copas del Mundo. Ói-ga-se-bien, apenas dos: en 1966 y 1986, algo que suena a nada comparado con las, por ejemplo, siete veces que fueron tradicionales medio pelo europeos como Suiza o Bulgaria en el mismo periodo.

Os Infantes

La generación de Os Infantes en el Mundial de 1986. De izq a der: Diamantino, Inácio, Carlos Manuel, Jaime Pacheco, André, Oliveira, António Sousa, Álvaro, Frederico, Fernando Gomes y Bento. Unos mirando para un lado, otros para otro.

Faltando dos fechas para terminar su grupo europeo en las Eliminatorias de 1986 el asunto tenía cara de ser la misma decepción de casi siempre para los paisanos de Teresa Salgueiro. Los lusos volvían a la guerra con un equipo muy competitivo, compuesto con la misma base que había coronado semifinales en la Eurocopa de 1984 (en la que los había sacado con muchísimo parto Francia en París por 3-2, con un gol de Michel Platini a un minuto de terminar el segundo tiempo suplementario). Como siempre, el grueso de la nómina portuguesa estaba compuesto por el tradicional cóctel Benfica – Porto – Sporting, entre los que destacaban el portero Bento, el defensor Veloso y el media punta Carlos Manuel (Benfica), o los delanteros Fernando Gomes (Porto) y el figurón de 1984 Rui Jordão (Sporting), este último ídolo histórico, pero ya veterano y en curva descendente. Ninguno de ellos era un crack mundial, pero todos eran muy rendidores y acostumbrados a ásperas batallas en el fútbol continental.

Pero se complicaron la vida en un grupo de por sí jodido, con Alemania Federal, Checoslovaquia y Suecia (además del tradicional comodín Malta);. teniendo a los alemanes en el mismo combo la pelea se reducía a matarse con suecos y checoslovacos por el cupo otorgado al segundo del grupo. Entre los tres aspirantes se quitaron puntos como unos maricas, pero a los portugueses les quedó todo más peludo que jabón de paseo después de una derrota en Praga que los dejó con la obligación de ganar sus dos últimos encuentros para clasificar a México 86, y de paso rogar que Suecia no ganase uno de los dos suyos. Panorama complicado teniendo en cuenta que su partido final, en el que decidían todo, era contra… Alemania de visitante. Los muchachos cumplieron con la primera parte de su tarea al vencer en Lisboa con muchísima hambre a Malta 3-2 (estuvieron a esto de otra pecheada histórica), recibieron el favorcito de los checoslovacos (derrotaron a Suecia en Praga) y esperaron por el milagro en el último partido en Stuttgart.

Sí, “Milagro” porque Alemania nunca había perdido por Eliminatorias en toda su historia y, aunque ya estaban clasificados hace rato al Mundial, todos sabemos que los alemanes salen siempre a copar en todos lados, sea que estén en una cancha en Berna o en la inmensidad de las estepas rusas. Sin embargo, contra todo pronóstico, el milagro ocurrió: ese 16 de Octubre de 1985 los portugueses mostraron carácter por primera vez desde los tiempos de Vasco da Gama: con este golazo de abajo de Carlos Manuel le ganaron 1-0 a Alemania y se clasificaron al Mundial de México 86 al quedar un punto por encima de los suecos, que deben estar todavía lamentándose en algún blog llamado La Refündanssön por la mala leche de haber sido eliminados de esa manera.

El buen momento del seleccionado y lo casi épico de su clasificación elevó de manera entendible los niveles de optimismo en la afición local. Además, la inédita victoria en Stuttgart les dio notoriedad internacional (se les asignó el rol de “Ojo con Portugal“), por lo que el ambiente general era de optimismo. Añádele que asomaba la nueva joya del fútbol portugués para reforzar al equipo: el delantero del Porto Paulo Futre, con 20 años ya una realidad en el fútbol europeo. El sorteo mundialista los agrupó con dos rivales jodidos en el papel – Inglaterra y Polonia – y uno que se esperaba fuera un trámite – Marruecos. Nada que hiciera pensar que no arañarían al menos uno de los cuatro mejores terceros puestos. El DT era el mismo que los clasificó al Mundial, el histórico de 1966 José Torres. La nómina se mantenía, la calidad individual era confiable y con una juvenil estrella además, la base era la misma: nada podía malir sal para Os Infantes, como le apodaban cariñosamente en el país a esta selección.

El 19 de Abril de 1986 el DT Torres anunció la lista de 22 jugadores que viajarían a México, que como suele suceder en estos casos no dejó contento a todo el mundo. Más en un país en el que todo se reduce a tres equipos: la no convocatoria del goleador de la Liga de ese año Manuel Fernandes ni la del histórico artillero Rui Jordao – casualmente ambos del Sporting – generó la polémica acostumbrada de un lado y respuestas del otro. Pero al final nada demasiado grave como para desestabilizar el plantel: como era de esperar Torres llamó a los mismos de siempre más Paulo Futre, del que se esperaba iba a ser la revelación de México 86. Todo seguía con buena cara.

O mais grande mierdeiro

En medio de todo este panorama tan lindo reventó la primera bomba desde casi el mismo instante del viaje a México: el día antes de partir se conoció la noticia del doping del defensor de Benfica y pilar del seleccionado Veloso, positivo por un esteroide anabolizante. En vista de este asunto Torres tomó la decisión a última hora de bajar de la lista al defensor – que alegó su inocencia desde el primer momento – y llamar a los apurones a un tal Bandeirinha del Academica de Coimbra como reemplazante para el Mundial. Y no exagero un carajo con lo de “última hora“: a Bandeirinha lo llamaron a su casa en plena madrugada para avisarle, hizo sus maletas como pudo y desde ahí salió directamente al Aeropuerto para unirse con sus nuevos compañeros en el viaje a México (!!). El asunto generó mucho malestar entre los seleccionados – sobre todo los del Benfica -, que alegaron ante el DT la inocencia de Veloso pero la decisión estaba tomada y no se modificó. Lo jodido del asunto es que tenían razón: la contraprueba demostró días después que Veloso sí estaba limpio, pero ya era tarde para reversar la decisión. Años después el propio afectado declaró furioso aunque crípticamente que fue objeto de una conspiración para joderlono se de parte de quién.

El infortunado Veloso

Con este malestar a bordo partió la delegación a México, con un itinerario hasta su llegada a destino final que no ayudó a que mejorara el ánimo general. Por algún motivo – tacañería o simplemente descuido – los directivos no escogieron la opción de tirarse directo hasta México sino que gestionaron la ruta – pon atención o te vas a confundir – Lisboa – Frankfurt – Dallas –  Ciudad de México – Monterrey – Saltillo, ciudad a la que llegaron el 12 de Mayo fastidiados y bajoneados por ese tremendo viaje que parecía haber sido programado por los mismos que cuadran el calendario de partidos de los torneos de la AFA. ¿Y quéjeso de Saltillo? Es una ciudad al Norte de México, relativamente cerca de la frontera con Estados Unidos, en la que los portugueses decidieron usar como base por su relativa cercanía con la sede de sus partidos en Monterrey. El por qué usaron esa ciudad como cuartel – también los ingleses lo hicieron – la verdad no sé: supongo que para aclimatarse pronto a jugar en altura para un eventual viaje al Estadio Azteca, pues Saltillo está a unos 1,600 msnm. El caso es que se quedaron en un hotel del sitio llamado “La Torre“, enseguida apodado por los jugadores “La Fortaleza” por las estrictas medidas de seguridad que los rodeaban, rodeados de policías, ejército y civiles armados, algo que no contribuyó a la alegría del grupo.

Ya instalados en el país y con más de tres semanas de anticipación a su debut contra Inglaterra, los portugueses comenzaron su preparación para afrontar su regreso mundialista. Pero se toparon con sorpresas desde el primer día al constatar que, aunque el hotel contaba con una cancha de fútbol para entrenar, esta tenía el enojoso detalle que quedaba en una colina, por lo que estaba notoriamente inclinada (!!). El hecho de por sí era incómodo, pero hubiese sido hasta secundario en sus partidos de preparación si hubiesen tenido alguno, porque ocurrió que a nadie se le había ocurrido coordinar uno. Pasados los días y con los jugadores subiendo y bajando por la cancha de entrenamiento sin poder encontrar rivales, les figuró enfrentarse con la selección… de empleados de bares, restaurantes y hoteles de la ciudad. ¡Chúpate esa! Imagínate el detalle de una selección europea preparándose para su debut mundialista enfrentando a Guadalupe el barman y a Juan de Dios el botones, y para rematar, en una cancha inclinada en la que – juro que no invento sino que tal cual lo dicen las crónicas – el balón se movía solito en las faltas y tiros de esquina por la pendiente del campo.

Un momento de relax (como que fueron más de la cuenta) de los portugueses en el hotel en Saltillo. El arquero Bento es el bigotón de abajo; Futre es el primero de pie

Ante esta suma de situaciones el malestar crecía exponencialmente en los jugadores, y añádele a todo esto el hecho de que no tenían con quién quejarse, debido a que el presidente de la FPF Silva Resende estaba sabroso instalado en su hotel de Ciudad de México, apenas a 1,000 kilómetros de distancia de su seleccionado, y delegaba todo a que sus delegados manejaran el chicharrón. Estos hacían lo que podían o querían pero entre el resto de la delegación tenían menos autoridad que Abel Alves en Boca. Se conoció que iban a arreglar un partido contra Chile pero que los directivos de la FPF desistieron de este porque consideraron que los chilenos pedían una suma muy alta para jugar.

Total que tanto desorden e incomodidad se juntaron con el siempre presente temita del billete para aumentar el malestar entre los jugadores, de tal modo que se animaron a tirar un bombazo de estruendo. El 25 de Mayo la nómina en pleno anunció en conferencia de prensa – el portavoz fue el arquero Bento – que se negaría a entrenar ese día, pidiendo que les aumentaran sus premios y que les dieran participación de los contratos publicitarios que la selección tenía con varias firmas grandes (como Ad*d*s y la principal cervecería del país). Al parecer, la mayoría del dinero procedente de la publicidad se perdía, ehhh, misteriosamente por el camino del presidente Silva Resende, y los jugadores no veían medio escudo ni en ellos ni – como se ha podido adivinar – en la preparación deportiva del equipo. Supongo, y aquí estoy elucubrando, que de no haber sido tan ridícula y precaria su situación en México probablemente no hubiesen tomado una medida tan drástica. Pero el fastidio venía desde hace varios meses porque, al parecer, el presidente Silva Resende les había dado largas al tema de los premios “hasta que podamos hablar en México“, pero al final llegaron a ese país y el tipo nada que se dejaba ver. De hecho contó Paulo Futre años después que solo se lo vinieron a encontrar en el tercer juego  en Guadalajara cuando fueron eliminados, y que a Saltillo solo cayó después de la eliminación porque la FIFA le quitó el automóvil que tenía asignado, y por eso le tocó viajar en el bus con los jugadores.

Los diarios portugueses hablando de O puterio

Mientras esperaban la respuesta de la FPF – el presidente y sus principales asesores aún seguían en Ciudad de México – el plantel aseguró que iban a seguir entrenando con normalidad para tranquilidad de la afición. Pero de ahí en adelante la situación de por sí bizarra se terminó de desbarrancar y fue de todo menos normal. Primero se notó que la mayoría de los jugadores entrenaban con las camisetas al revés o directamente a pecho pelado, con el fin manifiesto de no seguirle el juego a los sponsors hasta que no les solucionaran sus reivindicaciones. Esto obviamente cayó mal en las empresas patrocinadoras, pero nadie iba a convencer a los jugadores sin mostrar billete de por medio.

A todo este gran merequetengue solo le faltaban escándalos con mujeres y farras descontroladas, pero menos mal que tenemos a los portugueses para aportarlos. Con el paso de los días los jugadores se dieron cuenta que la seguridad del hotel era pura fachada, y de a poquito comenzaron a escaparse después de la cena para irse en grupos o por separado a varios, ehh, eventos sociales: fiestas que daban los ricos de la ciudad en sus mansiones, salidas a discotecas, citas más o menos clandestinas. Al hotel pasaban automóviles con mujeres que recogían a jugadores que esperaban afuera su llegada y el éxito de Os Infantes en la ciudad era ya conocido por todos. No solo en Saltillo: el asunto comenzó a ser fogoneado gracias a – o por culpa de – un equipo de la BBC que se había instalado en el hotel al frente para seguir a su propia selección, pero en el camino se encontraron con esta historia.

Los rumores apuntaban a que la asistencia a las fiestas no era solo en miras a una integración social con la farándula local, sino que muchos de los jugadores estaban en plan de alinearle la transmisión a conocidas mujeres del lugar. El tema espinoso es que varios de los fugados eran casados y, peor, varias de las mexicanas con las que salían también (!). Cipote de verguero. Paulo Futre también comentó muchos años después que “hubo algunas mexicanas que se apasionaron por algunos compañeros míos. No sé qué pasó entre ellos, pero empezaron a recibir regalos de oro de todo tipo. Algunas eran ricas, muy ricas, y casadas“. O sea que aparte del tema disciplinario de por sí grave se añadió el escándalo en la prensa por el comportamiento de los jugadores, noticia que recibió mucha atención y que motivó a que las esposas y novias de los muchachos llamaran todas las pinches noches a marcar territorio. ¡Qué circo!

Esta pancarta apareció en al menos uno de los partidos de los portugueses en ese Mundial. Imagínate uno jugando tranquilo y viendo de repente ese cartel, sabiendo que también en su casa lo verán…. P.D. La de pie arriba a la izquierda es VOT SI

Todo este fenomenal verguero se avivó con la eliminación temprana de los portugueses del Mundial. Después de un prometedor 1-0 sobre Inglaterra en el debut vinieron dos derrotas: ante Polonia 0-1 y la sorpresa ante Marruecos 1-3, en un juego en el que coinciden los jugadores que entraron confiados. A su regreso al país recibieron la ira de una afición y medios totalmente decepcionados por el fracaso y el vergonzoso cabaret armado en Saltillo, en una polémica que incluso llegó hasta las más altas instancias del gobierno. Ocho jugadores fueron baneados de por vida de la selección por un Silva Resende con menos auto crítica que Passarella, castigo que un par de años después – y con la selección urgida de resultados para la Euro 1988 – fue reversado.

En conclusión: un cabaret de la C a la T. Pero para muchos en Portugal todo este asunto, resultó ser un mal necesario, que sirvió al final para rehacer y cambiar todo el fútbol portugués desde la base. “Una cosa positiva de aquella guerra fue que unió a los jugadores de Benfica y Porto, que se sentaban en lados separados de las mesas, en el bus eran unos adelante y otros atrás, con uno de Boavista o de Sporting en el medio” declara hoy Futre. Al parecer todo sirvió para pensar en la selección más que en cada equipo, y eso se comenzó a reflejar, lenta pero paulatinamente a partir de entonces. Bueno, hoy ya no hay escándalos sino mariconadas de su estrella principal… es un avance.

Futre en ese Mundial no brilló, en cambio después tampoco porque no volvió a uno…

Fuentes: 1, 2, 3, 4, 5

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