Un Bicho bueno, bonito y barato

En estas breves líneas explicaremos los porqué del avasallante paso de Argentinos Juniors por la B Nacional, pasando por la estadística hasta meros detalles, sin dejar de lado la principal causa: la denominada Revolución Heinze.

Cuando el 20 de Junio de 2016 se confirmó la noticia, el murmullo se hizo ruido en La Paternal. La primera decisión a nivel del fútbol profesional de Cristian Malaspina luego de asumir como Presidente de la institución había fracasado: la apuesta de Carlos Mayor como DT y de Jorge Polo Quinteros como Manager había derivado en un descenso que estuvo a punto de evitarse pero que un gol sobre la hora de Sarmiento frente a Olimpo lo condenó. La situación económica de AAAJ no era la mejor, con una deuda enorme dejada por la runfla liderada por Luis Segura y la imperiosa necesidad de volver rápidamente a la máxima categoría. El club no podía hacer grandes erogaciones de dinero, quedando fuera de carrera entrenadores como Ricardo Caruso Lombardi o Jorge Burruchaga. El flamante presidente junto a su comisión directiva había tomado una decisión más que polémica, eligiendo un nombre que no solo desconocía completamente la categoría sino que además poseía una escasa experiencia como técnico. Aquella fría tarde de Junio Gabriel Heinze era elegido nuevo entrenador de Argentinos Juniors.

Los motivos de la elección diferían de acuerdo a los actores consultados: la oposición decía que lo habían contratado porque era el más barato en el mercado, mientras que el oficialismo afirmaba que el plan integral de acción del Gringo era acorde a las intenciones de la dirigencia. Lo cierto es que ambos tenían razón. Heinze cobraría menos de la mitad de lo que llegó a cobrar Borghi en la BN pero también tenía intenciones sanas que podían aportar a la causa, como la decisión de hacer jugar a la Reserva con el mismo esquema que la Primera o imponer un plan de alimentación para todas las categorías. Argentinos no estaba para tirar manteca al techo en cuanto a refuerzos y a la dirigencia le venía como anillo al dedo un DT que supiera poner el ojo en otros mercados y no despilfarrar dinero. Así pudo hacerse de nombres ignotos para nuestro fútbol, como los uruguayos Jonathan Sandoval  (de pasado en Peñarol) y Javier Cabrera (que volvía a Wanderers tras un préstamo en el Recreativo de Huelva), pero también consiguió que llegaran tipos de experiencia como Gastón MachínSebastián Martínez Fabricio Lenci. Por último, también apostaron a lo que -en teoría- deberían hacer los clubes chicos para sostener su economía: contratar jugadores jovenes con proyección para revalorizarlos. La apuesta que ya se había hecho con Lanzillotta Colman se renovaba con Fydriszewski, proveniente de Villa Dálmine. Si bien la vuelta a Primera era imperiosa, los apremiantes números en rojo de la economía del Bicho merecían atención. Con casi 150 millones de pesos en deuda, los dirigentes se las arreglaron para comenzar a achicar esa cifra: una minuciosa revisión de contratos, renegociaciones de deudas, asesoramiento jurídico especializado en pos de cobrar derechos de formación y, por sobre todas las cosas, no rifar guita en jugadores. Para ejemplificar: mientras que Gonzalo Castillejos llegó a ganar $ 250.000 durante su paso por el club en la BN hace un par de años atrás, en esta temporada ningún sueldo superaría los $ 150.000.

La expectativa entre los hinchas no era la mejor: se dudaba de la capacidad del ex entrenador de Godoy Cruz, no sólo por su magro paso por el Tomba sino también porque la B Nacional pedía a gritos tener un conocedor de la categoría. La balanza que repartía dudas y esperanza por igual comenzó a inclinarse hacia un lado cuando Cristian Ledesma anunció su retiro. El motivo era claro: Heinze no le garantizaba la titularidad. Una locura. El capitán y símbolo del equipo pasaba a ser menospreciado por un recién llegado. El entrenador apostaba por Esteban Rolón, un pibe que ya había mostrado algo de lo que podía dar en los últimos partidos de Argentinos en Primera, justamente jugando al lado del Lobo, a quien le mejoró el rendimiento en base a correr y ocupar espacios, algo que el ex River y San Lorenzo a sus 37 años ya no podía hacer. Solo restaba ver cuan acertado estaba el Gringo en esa decisión. Para colmo, el debut de Heinze no fue nada auspicioso: eliminación por penales frente a Laferrere por Copa Argentina, errando goles a lo pavote y haciendo un cambio de arquero sobre el final del partido, dando ingreso a un Trípodi que se tiró los cuatro penales al mismo lado y no atajó ninguno. Cuando desde el seno del club la respuesta fue “el equipo está enfocado en el campeonato”, casi se arma una pueblada en la sede de Punta Arenas. La vuelta a Primera era una necesidad mayúscula, pero de ningún modo servía como excusa por quedar eliminado ante un equipo de Primera C. Aquello que pretendía la flamante dirigencia debía refrendarse en el debut, que dicho sea de paso no era nada fácil: el recién ascendido San Martín en Tucumán. Argentinos llegó a estar 2 a 0 arriba, pero tras la expulsión de Sandoval el local pudo empatarlo. El primer partido dejó pinceladas de lo que sería el equipo durante la primera mitad del campeonato: un equipo que busca atacar y ser protagonista pero que por momentos retrocede mal y no concreta las ocasiones que crea, sobre todo por la magra actuación de su centrodelantero, Fabricio Lenci. A medida que avanzó el campeonato, el resto de los equipos entendieron que había que sacar de quicio a Argentinos a base de correr, meter y encerrarse atras. Así lo hicieron Central Córdoba o Almagro, por poner ejemplos. Pero el que le asestó una cachetada para despertar fue Brown de Puerto Madryn: el conjunto del debutante Gastón Esmerado lo venció 2 a 0 en el DAM aprovechando espacios y saliendo de contra de manera mortífera. El rendimiento fluctuaba entre la contundencia y el nerviosismo. El equipo sufría sobre todo por la falta de paciencia: si embocaba de entrada terminaba ganando cómodo (como lo demuestran las victorias sobre All Boys, Ferro y Santamarina), pero si no era así se manifestaba aquello que suele sufrir toda propuesta cercana al Bielsismo, es decir la falta de variantes. El equipo terminó el año en zona de ascenso producto de una buena racha de cinco victorias y dos empates, pero sin terminar de convencer. La pretemporada era un punto clave para definir si el Bicho podía mantener el pulso con el conjunto chubutense -puntero del campeonato- y sus perseguidores: Chacarita, Nueva Chicago e Instituto.

albobicho
El uruguayo Martínez festeja su gol frente a All Boys. Fue uno de los mejores partidos de Argentinos en la primera mitad del campeonato.

Argentinos fue uno de los primeros en comenzar la pretemporada de verano. El lugar elegido fue, al igual que en invierno, Luján. Nada de traslados y hospedajes costosos, todo en línea con la idea dirigencial. Se sabe que estas instancias suelen ser exigentes y se busca una puesta a punto fuerte, pero pocas veces suele conocerse el objetivo puntual. Para Heinze la clave de ponerse a punto físicamente era una sola: sostener la intensidad de la presión en campo rival. Recuperar la pelota rápido y lograr la superioridad numérica en cada sector de la cancha, en pos de no sufrir sorpresas en el retroceso cuando el rival contragolpea. Obviamente debían mejorarse aquellos aspectos que aún eran un signo de interrogación, pero para el Gringo era claro que eso iba de la mano con la intención de la pretemporada. “Los pibes vuelan, están dos escalones arriba de lo que exige la categoría”, confiaba un allegado a la dirigencia. El retraso del reinicio de la actividad obligó a modificar la planificación, lo que llevó a Heinze a establecer como regla una idea que ya había puesto en marcha cuando el equipo tuvo que jugar entre semana: rotaciones acorde al estado físico. El que no esta al 100%, no juega.

A pesar de lo bien que se había trabajado en el verano, el 2017 no arrancó de la mejor manera: dos derrotas consecutivas -primero frente a Instituto en Córdoba y luego frente a Brown en Adrogué- encendieron las alarmas, pero un par de situaciones corrigieron en rumbo rápidamente. En primer lugar, la victoria 1 a 0 sobre Chacarita en La Paternal, donde Argentinos comenzó a mostrar un poco de esa superioridad física, y luego en la siguiente fecha donde venció a San Martín 3 a 1. Allí se dio un hecho clave: la lesión de Fabricio Lenci. El ingreso de Francisco Fydriszewski le aportó todo aquello que el ex Juventud Unida -sea por su desgano o sus 32 años- no pudo: abrir espacios con diagonales, pivotear a los costados y presionar la salida. Obviamente los goles llegaron solos, como cuando marcó cinco en apenas dos partidos (tres frente a Estudiantes de San Luis y dos frente a su ex equipo, Villa Dálmine). A partir de estas dos victorias, Argentinos se consolidó y comenzó a mostrar lo mejor de sí, aprovechó algunos tropiezos de Brown de Madryn y tras colocarse primero en la 26° fecha, alcanzo un invicto de 14 encuentros que terminó en la derrota frente a Independiente Rivadavia en Mendoza. Para ese momento ya le había sacado cuatro puntos de ventaja a su más cercano perseguidor y el ascenso estaba a la vuelta de la esquina. Se terminó concretando con sufrimiento en la 42° fecha frente a Gimnasia de Jujuy. La frutilla del postre fue darle la vuelta en su cara y en su cancha a un Nueva Chicago que por momentos tuvo todo para pelear el ascenso y terminó entregándolo, renuncia de su entrenador incluída.

Ahora, dicho todo esto, ¿se puede explicar en simples puntos el porqué de este Argentinos al que muchos han sindicado como el equipo que mejor juega en el fútbol argentino? Si, se puede.

  • Las patas de la mesa, todas bien firmes. Dirigencia, economía, entrenador y jugadores. Al asumir, Malaspina fue claro: “nada de gastos superfluos en sueldos: se trae lo necesario en puestos claves y el resto, pibes. Si se compra un jugador, es joven y para revalorizarlo”. Argentinos dispuso de varios jugadores de inferiores en su equipo habitual (Freire, Benítez, Rolón, Barboza y Nicolás González, entre otros) y puso en vidriera a otros (Lanzillotta, Cabrera, Colman).
  • La idea de juego. Heinze logró con muchos nombres que hace un año atrás eran insultados un estilo pocas veces visto no sólo en el club sino también en la categoría. El equipo salió a ganar en todas las canchas. La clave fue sin dudas convencer a los jugadores que se puede jugar así. Como ejemplos podemos señalar al propio Lanzillotta, quien logró mejorar su juego con los pies al punto de ser primer pase de salida hacia el mediocampo, o el de Damián Batallini, un buen proyecto de lateral o volante por derecha que Heinze transformó en un picante wing izquierdo. El resto se pudo ver a lo largo del torneo, sobre todo en la segunda mitad: paciencia para elaborar y nada de revolearla sin intención. Arreciaron los pelotazos cruzados de los laterales a los extremos, pero siempre con buen destino y para jugar mano a mano con el defensor rival. Se tiene la pelota y siempre se busca la superioridad numérica en todo momento, tanto en ataque como en retroceso.
  • La defensa. Cuando hablamos de defender, asociamos directamente a esa palabra con el rendimiento de los jugadores. Sin embargo, ni defensores ni arquero han destacado en este equipo. No se recuerda a Lanzillotta como figura en algún partido. Entonces, ¿por qué hablamos de defensa? Porque Argentinos comenzaba a defenderse en campo ajeno. Presión alta y reducción de espacios. Por eso fue clave la preparación física y luego de ver a lo largo de un año el desgaste realizado dentro del campo de juego, se logra entender porqué Cristian Ledesma no tenía garantizado su puesto. La gran mayoría de los partidos que AAAJ jugó en su cancha pareció que se disputaba en una sola mitad del campo. Esta es la única manera de entender porqué Argentinos consiguió mantener su valla invicta en 25 encuentros, es decir más de la mitad de los partidos jugados.
  • Nombres propios. Hubo jugadores que sin mucho rodaje o renombre hoy están en boca de todos. Obviamente el primero es Esteban Rolón, un cinco made in La Paternal que juega, mete, ordena y hasta llega al gol. Los 4 millones de dólares que piden por él se justifican uno por uno. Luego le sigue Iván Colman, el 10 del equipo. Por momentos poco participativo, pero siempre buscando el espacio en la cancha donde menos gente hay para pedirla y jugar. Cerebral y con buena pegada, el ex Boca mostró que le sobra la categoría. Más allá de los rendimientos parejos del resto de los jugadores, cabe también destacar a Guillermo Benítez, un lateral flexible y con buen manejo que tiene como mejor característica la inteligencia para pasar por sorpresa al ataque.

 

Dicho todo esto, es imposible no hacer referencia plena al entrenador. Heinze cerró bocas a lo pavote, incluyendo la de este fiel servidor quien desconfió de su paso anterior por Godoy Cruz. Durante todo un año se pudo ver a un Argentinos Juniors dominador, que no sólo jugó bien sino que también salió a ganar en todas las canchas, algo que no se veía desde aquel equipo de los ’80 y que ni siquiera el campéon del Clausura 2010 logró. Heinze le devolvió el orgullo a los hinchas de Argentinos, esos que cuando comentaban maravillas sobre Maradona, Borghi, Redondo o Ledesma, no les creían y que hoy les sucede algo similar con el Gringo, que llevó la idolatría a lugares insospechados. Argentinos volvió a Primera y de la mejor manera, respetando su historia de buen fútbol. Heinze no seguirá como DT, pero su nombre vuelve a estar en las primeras planas. Cada uno desandará su camino, pero siempre sabiendo que no se debe renunciar a las ideas. Aquellos que gustan ver equipos que salen a ganar, sean propios o ajenos, estarán siempre agradecidos.

 

Anuncios