Grandes arqueros argentinos: Isaac López

Hoy la sección se encarga de repasar la trayectoria del máximo ídolo de Chacarita Juniors. Esta es la historia del “Inglés” López, uno de los mejores exponentes en su puesto durante las primeras décadas del profesionalismo y asimismo, de los primeros ejemplos de aquello que los británicos denominan “One-club man”.

Isaac Roberto López nació en la Ciudad de Buenos Aires, el 1º de marzo de 1916. Cuando tenía 14 años de edad empezó a jugar en las inferiores de un club llamado General San Martín, el cual era parte de la Asociación Argentina de Football (en la que permanecieron las entidades que no adhirieron al profesionalismo tras la escisión de 1931). Y como ha sucedido con muchos que alcanzaron fama en el puesto más ingrato de este deporte, López no pasó sus primeros años jugando como arquero: “El equipo superior del club intervenía en el certamen de la Primera “B” de la AAF. Ingresé en la Quinta División, en la que jugaba (Félix) Pedroza, arquero que después llegó a la primera de Argentinos Juniors. Yo jugaba en esa época de zaguero o mediocampista central, no me llamaba la atención el arco. Fue poco antes de cambiar de club que me decidí por el puesto, por consejo de un compañero… hasta entonces, prefería usar los pies y la cabeza antes que las manos”, recordó alguna vez el protagonista de esta historia.

Después de permanecer un par de temporadas en esa institución, un allegado al Club Atlético Chacarita Juniors lo recomendó para las inferiores y allí llegó cuando tenía casi 17 años, para terminar de pulirse en las categorías menores de un “Funebrero” que estaba en la otra asociación, la Liga Argentina de Football.

Y el salto a la elite, luego de perseverar durante un lustro, lo pudo dar el domingo 11 de abril de 1937, ya en el marco de la Asociación del Fútbol Argentino, creada en el ´34 por la fusión de las dos ligas existentes hasta entonces. Luego de caer derrotado como local ante River en la fecha inicial de aquella temporada, por la segunda jornada Chacarita debía visitar a Tigre, en un encuentro que ni por asomo tenía la rivalidad de estos tiempos.

La lesión del arquero Jorge Bottyan, quien en la temporada de 1936 había tenido asistencia perfecta, le dio la chance de debutar a un López de 21 años recién cumplidos. El pibe no defraudó con su actuación y pese a recibir a los 13 minutos del complemento el primer gol de su carrera (por gentileza de Iván De la Villa) su estreno fue triunfal, toda vez que en los últimos 10 minutos el visitante aprovechó tener un hombre de más y dio vuelta el marcador por los goles de Agustín Cascio y Marcial Barraza. Como dato de color, es dable mencionar que aquella tarde de abril Isaac tuvo como compañero a un mediocampista que para muchos, una vez retirado del fútbol fue el mejor formador de juveniles del Siglo XX en nuestro país: Don Ernesto Duchini.

Pese a ese buen debut y a que en la siguiente jornada rindió bien en su bautismo como local (1 a 1 en el clásico contra Atlanta), ese torneo para Chacarita no sería bueno y después del empate con el “Bohemio” se encadenaron varias derrotas al hilo -ante Talleres de Escalada, Gimnasia, Racing y Vélez-, en las que a López le encajaron la friolera (?) de 16 goles.

Muchos pensaron que ese iba a ser el principio del fin para el joven arquero, y ciertamente no era la mejor manera de dar los primeros pasos en la primera división. Encima, pese a jugar en el 1 a 1 como visitante ante San Lorenzo y en el triunfo 3 a 1 contra Argentinos Juniors, en la 10º fecha para visitar a Boca le volvieron a dar el arco a Bottyan, quien la fue a buscar adentro nada menos que 5 veces. Y para rematarla, a la jornada siguiente fue el debut del más importante fichaje de Chaca para ese año ´37: Sebastián Inocencio Gualco, considerado por muchos como el mejor arquero de la década del ´30 en la Argentina.

Con semejante competidor, a López se le hizo prácticamente imposible volver a ser titular en esa campaña, aunque se las ingenió para sumar un encuentro más y terminar con 9 de 34 jugados en su temporada debut, en la que su club finalizó en el puesto 14 entre 18 participantes. Después de casi cuatro meses de ausencia, el 24 de octubre atajó en el 3 a 2 logrado ante el “Ciclón” por la 25º fecha, en la vieja cancha que Chaca tenía en la calle Humboldt al 300… donde hoy existe el estadio de Atlanta, su gran adversario.

Chacarita Juniors en 1938

En 1938 la performance del “Funebrero” fue aún peor, toda vez que terminó ubicado en el puesto 15, apenas por encima de los dos equipos que descendieron ese año, los modestos Almagro y Talleres. Pero López, favorecido por la vuelta de Gualco al CASLA, pudo asentarse y en su segunda temporada jugó 31 de los 32 partidos de su equipo, dejándole a Bottyan la posibilidad de atajar en apenas una oportunidad. De esta campaña pueden destacarse tres cosas: primero, que comenzó a llamar la atención de los clubes “grandes” por sus buenas actuaciones; segundo, que a su equipo le sancionaron nada menos que 10 penales en contra, un número impresionante, no pudiendo atajar ninguno de ellos (8 fueron convertidos y 2 desviados), aunque eso cambiaría a partir de la temporada siguiente, a tal punto que finalizó su carrera a comienzos de la década del ´50 con  17 penales detenidos sobre 80 que le ejecutaron, un gran porcentaje de efectividad realmente.

Y por último, cabe destacar este detalle: fue de los pocos arqueros al que el voraz ataque del Independiente campeón (115 goles en 32 partidos) no pudo perforar ese año. Isaac, pese a su inexperiencia, se destacó en el 2 a 0 logrado en Villa Crespo por el “Funebrero”, frustrando a cracks de la talla de Erico, Sastre y De la Mata en el partido correspondiente a la fecha 13.

La mano cambió muchísimo para Chacarita en 1939, con un López cada vez más sólido y que volvió a faltar en un solo partido (que estuvo en 33 de los 34 cotejos de esa temporada), culminando los de camiseta roja, negra y blanca en el 8º puesto sobre 18 participantes, una campaña igual de buena que la de 1935 y apenas por debajo de la realizada en 1931, cuando el club terminó 7º en la primera temporada de profesionalismo en nuestro país. Respecto a los penales, ese año le patearon muchos menos que el año anterior (3) y ninguno fue gol: atajó 2 -cabe destacar que el primer penal atajado de su carrera fue el 26 de marzo por la segunda fecha, a Carlos Colosía de Atlanta, en el clásico ganado 3 a 0 por su equipo como visitante- y el otro fue desviado.

En cambio, en 1940 Isaac viviría la gran tristeza de su carrera deportiva. Es que Chaca no fue ni la sombra del año anterior dentro del terreno de juego, y fruto de malos rendimientos pero también de la imbecilidad de sus dirigentes, terminó en el sótano de la tabla de posiciones y se fue al descenso (junto a Vélez). ¿Por qué hablamos de imbecilidad? Es que promediando el torneo la CD del club tuvo la brillante idea (?) de sobornar a Aldo Ramaciotti, arquero de un Newell´s contra el que debían jugar en Rosario por la fecha 19. El rosarino denunció el hecho antes del partido -el cual los rosarinos encima ganaron 4 a 0- y una vez comprobado el intento de soborno, la AFA a las pocas semanas sancionó a Chacarita con 45 días de desafiliación: en la práctica eso significó no poder jugar 6 encuentros (entre las fechas 22 y 27) y pese al esfuerzo de Isaac y sus compañeros en el tramo final del torneo, lograr la permanencia fue imposible.

Chaca en 1940

López tuvo asistencia perfecta en el ´40, toda vez que jugó los 28 partidos que Chacarita pudo disputar ese año. Y pese a que tuvo ofertas para seguir siendo arquero de Primera División, siendo la más atractiva la efectuada por River Plate, el tipo adujo que devolver al club al círculo superior era una “deuda de honor”, no se bajó del barco y se quedó en el “Funebrero” para intentar un pronto retorno a la elite.

Retorno que fue logrado muy fácilmente por el equipo que pocos años más tarde se mudaría a San Martín. Vale remarcar que lo de Chaca en el torneo de la Primera “B” de 1941 fue tan abrumador, que se consagró campeón con varias fechas de antelación, totalizando 58 unidades de 68 posibles. Con 26 triunfos, 6 empates y apenas 2 derrotas, el “Fune” dejó muy lejos a sus principales perseguidores en la pelea por el único ascenso en juego: el subcampeón Colegiales terminó con 45 puntos, mientras que Almagro completó el podio con 41 unidades, una por encima de un Vélez que fue el gran “fracaso” de aquella temporada.

López -quien jugó 33 de los 34 encuentros de su equipo en el fútbol de los sábados- seguía mostrando un gran nivel, y por eso para la temporada de 1942 otro “grande” quiso hacerse de sus servicios, esta vez San Lorenzo, club que también recibió una respuesta negativa por parte del arquero. Es dable mencionar que por aquel gesto de no irse cuando el barco se hundió, la dirigencia chacaritense le regaló una casa al protagonista de esta historia, quien además recién después de 5 años jugando en el club, pudo acceder a su primer contrato, algo verdaderamente impensado hoy en día: “Mi primer contrato me lo hicieron a fines del ´41, tras ganar el ascenso. Eran ocho mil pesos por dos años y un sueldo básico de doscientos pesos, más premios. Luego vinieron las renovaciones a fines de 1943 y a fines de 1946, hasta que en 1948, cuando me adeudaban una fortuna en sueldos y premios, decidí retirarme por algunos meses…”.

Al igual que en el año del descenso, en el año del retorno a la máxima Isaac también tuvo asistencia perfecta: 30 encuentros disputó para el cuadro que logró la permanencia al clasificar en el 12º puesto entre 16 contendientes. Además, fue su mejor año en cuanto a penales atajados, habiendo detenido 4 de los 9 que le patearon aquella temporada. Hablando de penales atajados, y pese a que la posición final puede llevar a pensar que Chaca se salvó con holgura, hay que decir que no fue tan así: faltando 3 fechas recibía a Tigre, que estaba 3 puntos debajo en las posiciones, en un duelo clave pensando en la salvación.

Con el partido igualado sin goles y a falta de sólo 20 minutos para el pitazo final, los de Victoria dispusieron de un penal que podía dejarlos ahí nomás de su rival de aquella tarde del 8 de noviembre. Pero López se hizo inmenso ante Mario Tosoni, atajó el remate y de paso envalentonó a sus compañeros, que con postreros goles de Villella, Lorenzo y Cassan, terminaron logrando un rotundo 3 a 0 que dejó moribundo a un Tigre que finalmente se haría acreedor al único descenso estipulado para 1942. Ese penal, esa enorme contribución del arquero a la permanencia en la elite, fue un paso enorme hacia la idolatría de su gente.

En 1943 su rendimiento bajó un poco y también el de Chacarita, que igual logró salvarse del descenso al terminar ubicado en la 13º colocación. Como muestra de que no fue su mejor año, a López le convirtieron los 6 penales que le ejecutaron, y encima le apareció competencia desde las inferiores: favorecido por una lesión (ocurrida en la derrota 10 a 1 en cancha de Boca, aunque hay que aclarar que Isaac salió por fractura del tabique nasal tras el segundo gol boquense y debió ir al arco el defensor Italo Emanuelli), el joven Rubén Miguel Fontana atajó 7 encuentros ese año, aunque López con 23 presencias igualmente siguió siendo el dueño indiscutido del arco “Funebrero”.

En ese año ´43 fue que López jugó por única vez con la selección nacional, más allá de que varias veces fue convocado como suplente. El 28 de marzo y en un “Monumental” inaugurado pocos años antes, Argentina empató 3 a 3 ante Uruguay, en el marco de la quinta y última edición de la Copa “Juan Mignaburu”. Pero la fortuna no estuvo del lado del arquero, quien a la media hora de juego -y con el encuentro igualado en un gol por bando- debió salir por una lesión. Luego de ello, el hecho de jugar en un equipo “chico” y por qué no, de no ser del gusto de un Guillermo Stábile que dirigió a la selección hasta el fracaso del Mundial ´58, conspiraron para que volviera a tener chances en la albiceleste.

1944 fue un año muy especial en la vida de Chacarita, toda vez que fue el último año en que el club pudo utilizar su cancha de Villa Crespo, debiendo mudarse para el año siguiente a unos terrenos que se habían adquirido tiempo antes en Villa Diehl, Partido de San Martín. Fue una movida que llenó de dudas al principio a hinchas y a los propios dirigentes, pero que terminó siendo muy buena, habida cuenta de que la institución se radicaría en una zona donde no existían equipos de primera, lo que obviamente aumentó su caudal de simpatizantes y socios.

En lo deportivo, el equipo se salvó con lo justo del descenso, asegurando la permanencia recién en la penúltima fecha y condenando así a un Banfield que terminó ubicado en el último lugar. López, a quien a principios de año habían buscado sin éxito desde el Racing Club, volvió a ganarle la pulseada al joven Fontana aunque esta vez con más contundencia: el veterano estuvo en 28 partidos (incluye la despedida de la cancha de calle Humboldt, cuando el 22 de noviembre golearon 6 a 3 a Huracán), dejándole apenas un par de encuentros a su competidor.

Chacarita Juniors 1945

En 1945, y luego de trabajar a destajo durante medio año para levantar la cancha, Chaca estrenó su nueva casa de San Martín, aunque esa felicidad se vio parcialmente empañada por otra mala campaña. Nuevamente el equipo terminó en el anteúltimo puesto, pero esta vez la salvación recién llegó en la fecha final: Ferro llegó a la misma con 21 puntos, contra 20 del  “Funebrero” y Gimnasia. Los de Caballito ganaron en Rosario ante NOB poniéndose a cubierto del descenso, el “Funebrero” hizo lo propio al batir como local a Central y como GELP cayó nada menos que en el clásico platense ante Estudiantes, se ganó el derecho a jugar en la “B” durante el siguiente año.

López siguió siendo dueño de su arco pero con más resistencia que en la temporada anterior: jugó en 20 ocasiones (entre ellas, en ese duelo decisivo ante los rosarinos), mientras que Fontana lo hizo en la mitad de esa cifra.

Ahora bien, a esta altura de la historia, cabe detenerse en su particular apodo, toda vez que el tipo lejos tenía apellido español pero casi todo el mundo lo denominaba como “el Inglés”. Sucede que por el pelo rubio y su gran altura, Isaac tenía la fisonomía de los oriundos de la Gran Bretaña, aunque nada más lejos de sus orígenes. Algunos años después del retiro, esto contó López al respecto en una entrevista: “Me llamaban así, aunque otros me decían “Ruso”, supongo que por lo de Isaac; pero aclaro que no soy ni inglés ni ruso. Soy bien porteño y es más, viví varios años en San Martín, los actuales pagos del club, y ahora estoy afincado en el barrio de la Chacarita, muy cerca de la vieja cancha”.

1946 deparó un poco más de tranquilidad a las huestes funebreras, aunque tampoco como para tirar manteca al techo (?). El equipo finalizó 13º entre 16 participantes, no fue buena la campaña pero al menos se mejoró respecto de las performances de las dos temporadas previas. En el año en que festejó su cumpleaños número 30, López dio muestra de su vigencia al disputar 25 juegos y faltar solamente a 5 en esa opaca campaña, en la que sin embargo se sentaron las bases para empezar a tener más tranquilidad.

Así fue que en el torneo de 1947 Chacarita terminó en la 7º colocación, cumpliendo su mejor desempeño en casi una década. Sin embargo, por primera vez desde el campeonato del ´37 -el de su lejano debut- Isaac no fue el dueño del arco chacaritense. Es que para ese año llegó desde la liga de Santa Fe un desconocido arquero llamado Segundo Adolfo Díaz, quien en base a buenos rendimientos, ocupó la valla en 26 de las 30 presentaciones del “Funebrero”.

Herido en su orgullo y estando desacostumbrado a eso de ser suplente, López redobló esfuerzos y en 1948 -pese al retiro temporal contado precedentemente- las 14 presencias le bastaron para ser el arquero con más partidos, en una rara temporada donde el club tuvo nada menos que 5 guardametas en 30 fechas. Claro que para eso contribuyó la famosa huelga de futbolistas (la del éxodo masivo a Colombia), que derivó en que las 5 jornadas finales todos los clubes utilizaran elementos juveniles, además de una lesión que marginó a Díaz y el flojo rendimiento de Publio Goncebatt, tercer arquero profesional del equipo. El cual terminó ese año en un mediocre 11º puesto, aunque fue suficiente para evitar la guadaña del descenso.

Isaac López con Chacarita en 1949

Repuntando a nivel colectivo, y con un “Inglés” que no dejó dudas en cuanto a su titularidad (disputó 28 encuentros contra apenas 6 de Díaz), en el ´49 Chacarita mejoró la performance lograda un par de años antes y terminó clasificado en el 8º lugar de la tabla. ¿Cómo es esto? Sucede que ya no competían 16 equipos en la máxima categoría, sino que ahora lo hacían 18, el cupo de participantes había aumentado, y se sabe (?) que 8/18 es mejor que 7/16.

Nuevamente atajó 28 de 34 partidos en el certamen de 1950, en el que otra vez el “Funebrero” metió un meritorio 8º puesto. Los años pasaban y López seguía siendo un bastión del club, cada vez más metido en el corazón de los hinchas, por rendimiento y por aquellas muestras de amor a los colores.

Pero pese a la alegría de la buena campaña y al amor de la gente, esa temporada se produjo una historia digna de ser contada: el 10 de setiembre y en el marco de la fecha 22, Chacarita recibió en San Martín a Boca, ante unas 25.000 personas aproximadamente.  El visitante tenía a un par de ex-compañeros de Isaac en la delantera, Francisco Campana y Marcos Busico, elementos importantes de las campañas de 1947 y 1949 y que tuvieron a maltraer a su viejo amigo en este encuentro. De hecho, a los 5 minutos Busico puso en ventaja al “Xeneize” y a los 39 amplió la cuenta Campana, aunque al toque el delantero Enrique Esquide descontó y la multitud local se fue al entretiempo algo más esperanzada… pero a los 120 segundos del complemento otra vez apareció Campana para batir a López, en tanto que a los 24 minutos Duilio Benítez puso el 4 a 1 lapidario a favor de los boquenses.

…y en 1950

A esa altura, los hinchas de Chaca estaban enardecidos con sus jugadores y ni siquiera el histórico arquero se salvó del escarnio, ya que a él también le gritaban y lo puteaban. Y ahí es cuando López hizo historia: faltando unos 12 o 13 minutos para el fin del match, abandonó su arco caminando lentamente y ante la sorpresa/incredulidad de compañeros, rivales, hinchas y hasta del juez inglés Bert Cross, se metió en el vestuario para ya no volver.

En un fútbol que ya era híper profesional (al menos desde lo económico), el tipo tuvo un gesto totalmente amateur. No soportó la humillación de su propia gente y no quiso seguir jugando, no al menos esa tarde. Al no existir cambios, Chaca se quedó con uno menos y debió afrontar el resto del encuentro con el nombrado Esquide como arquero. “Me fui de la cancha faltando un buen rato para terminar. Sé que estuve mal, inmediatamente me di cuenta de ello, pero la verdad es que la gente nos gritaba demasiado y no me pareció justo… no pude contenerme y por eso actué de la forma en que lo hice. Por suerte los hinchas me entendieron, así como yo traté de entenderlos siempre a ellos”, recordaría poco después de su retiro acerca de este curioso episodio.

En la semana posterior, y debido a sus intachables antecedentes a lo largo de más de una década, el  Tribunal de Penas de la AFA sólo lo amonestó. López descansó una semana (Díaz atajó en la derrota ante GELP en el bosque, en el que fue uno de los 6 partidos que apenas le dejó atajar el viejo ese año), pero ya en la fecha 24 pidió volver y el retorno no pudo ser mejor: los hinchas le manifestaron el cariño de siempre y el equipo vapuleó 7 a 2 a Platense, que el año anterior había sido 3º en una gran campaña.

Pese al paso del tiempo Isaac seguía más que vigente, y una nueva prueba de ello dio en la campaña de 1951: el equipo repitió el buen 8º puesto (ahora entre 17 contendientes) en la tabla y él estuvo presente en 24 de los 32 partidos disputados ese año por el equipo ya identificado con San Martín. Ese año tuvo uno de los mejores partidos de su vida y haya querido o no, incidió para evitar que Banfield fuera el primer “chico” en ganar un torneo argentino: faltando sólo 3 fechas para terminar el campeonato, el club del sur le llevaba 3 puntos de ventaja a Racing y parecía que no había manera de que se le escapara el título. Pero en la 32º jornada, Chacarita derrotó 2 a 1 al “Taladro” con un López invulnerable, al que solamente un penal convertido por José Sánchez pudo quebrar aquella tarde del 4 de noviembre. Luego el resto de la historia es conocida, el CAB quedó libre la semana siguiente, la “Academia” lo alcanzó en la tabla y como ambos ganaron en la fecha final debieron jugar las recordadas finales en Boedo para dirimir la corona, que ganaron los de Avellaneda gracias a un golazo del “Atómico” Boyé.

La de 1952 sería su última temporada a nivel profesional y pese a arrancarla ya con 35 años de edad, nuevamente le ganó la pulseada a Díaz: fue titular en 19 partidos, contra 11 del santafesino. En un torneo en el que participaron 16 clubes, Chaca finalizó 11º, no pudiendo mantener los rendimientos de años anteriores, pero logrando con holgura evitar el descenso a la “B”. Su última vez en San Martín fue, lamentablemente para él, con derrota: el 11 de noviembre el local cayó 1 a 0 ante el River de Labruna, Loustau y el uruguayo Walter Gómez, que pocas semanas más tarde se consagraría campeón.

Sin embargo, no se iba a despedir del fútbol con la cabeza gacha, sino todo lo contrario: el 26 de ese mes, en el marco de la penúltima fecha del campeonato, su equipo se impuso 5 a 3 como visitante nada menos que ante Atlanta, en el que fue el clásico número 20 para López (cabe señalar que al día de la fecha, es el jugador con más presencias en el duelo entre “Funebrero” y el “Bohemio”). Además, es destacable que Chaca supo reponerse al hecho de estar un par de veces en desventaja durante el encuentro jugado en Villa Crespo, en ese mismo terreno donde Isaac tantas veces había sido local hasta el desalojo del año ´44.

Luego de esa victoria, tras una década y media defendiendo el arco chacaritense en buen nivel, y pese a que propios y ajenos le decían que continuara al menos un tiempo más, a fines del ´52 López tuvo una sincera charla con Ernesto Cadario -presidente del “Funebrero”- en la que le avisó que iba a dejar la práctica activa. El “Inglés”, sin perjuicio de considerar que en esa temporada no había rendido como él quería, estaba muy cansado de pelear para que económicamente le reconocieran lo que él sentía que valía como jugador.

Es más, tras notificarle su decisión al máximo dirigente del club, concedió a los pocos días una entrevista a la revista “La Cancha” -publicación muy popular por aquellos años-, en la que comenzó diciendo lo siguiente: “Para mí el fútbol se ha terminado y a fin de este año me jubilaré, la decisión está tomada”. Y pese a que el interlocutor de turno le manifestó que a los 36 años aún se encontraba vigente, López reafirmó su idea: “Ya sé que he dicho esto varias veces, pero esta vez es en serio… ha llegado el momento de dar un paso al costado”. Consultado sobre si había razones económicas que influían en su decisión, al margen del cansancio por los casi 400 encuentros jugados hasta esa fecha, Isaac no esquivó el bulto y fue al hueso: “Sí, no tengo por qué ocultarlo. Estoy desengañado… no creo haberme hecho acreedor a ese pago. Y si Chacarita Juniors y sus simpatizantes me han reportado muchas satisfacciones, algunos dirigentes, en cambio, se han portado mal conmigo. Por el hecho de haberme formado en el club y no haber querido nunca alejarme de él, se retribuyeron mis servicios con los sueldos más bajos”. De hecho, aprovechó la nota para blanquear una incómoda situación que se había dado antes del torneo del ´51, en donde tuvo que apelar a su orgullo y sus condiciones para demostrarle a los dirigentes su valía: “Y hay más. En un momento dado, no hace mucho, cuando todo me hacía suponer lo contrario, en “pago de mis servicios” según se me dijo, apenas dos días antes de que se cerrara el libro de transferencia, se me comunicó que dispusiera de mi pase en blanco… Por eso me quedé en el club, por amor propio. Para demostrar que aun podía servir para algo. Y por eso firmé sin que se estableciera sueldo y con mi conformidad expresa de que el documento podía rescindirse en el momento en que lo decidiera la Comisión Directiva”. Y cuando el periodista le comentó que el contrato había sido “llenado”, el entrevistado metió el último estiletazo: “Sí, con ochocientos pesos… y mil doscientos en esta última temporada. Será sin duda que para algunos dirigentes, aún tengo que hacer méritos… debe ser poco quince años como titular del club.

De esa manera, con la satisfacción del deber cumplido, con el reconocimiento de compañeros y rivales, pero con un innegable dejo de amargura en sus palabras, fue que Isaac puso fin a su larga historia defendiendo al club que ya había echado raíces en San Martín.

Como entrenador

Al haber jugado tantos años en la institución, obviamente el tipo tuvo muchísimos compañeros e integró diversas formaciones. ¿Pero cuál fue a su juicio el mejor Chaca que integró en esos 15 años? Esto respondió él mismo, en una entrevista concedida varias décadas después de colgar los guantes: “El mejor equipo en el que jugué creo que fue el de 1947 y 1948. En la formación base estaba yo en el arco, Spinelli y Pizarro en defensa, Araiz, Dutruel y Scriminacci al medio, y Pesarini, Coll, De Luca, Campana y Busico en la delantera. Precisamente, después de la venta de esa famosa pareja izquierda considero que comenzó el declive del club, hasta que los muchachos hace pocos años lograron el Metropolitano de 1969, esa sí que es una verdadera hazaña”.

Asimismo, y respecto al entrenamiento que se hacía en su época, esto contaba el “Inglés” en la misma nota: “En mis tiempos nos entrenábamos de otra manera, pero no vaya a creer que no se trabajaba, de hecho trajinábamos bastante. Uno de los principales métodos para fortalecernos era trabajar en un arenero, trabajando mucho la potencia de piernas y la elasticidad”.

Cabe señalar que luego del retiro, durante algunos años López ejerció la dirección técnica. Así fue que en 1955 entrenó a All Boys en la Primera “B” y en 1957 hizo lo propio con su querido Chacarita en la misma divisional, sin poder obtener el ascenso tras el descenso sufrido el año anterior (el equipo terminó en la 4º colocación y Central Córdoba fue el único que subió a la “A”). Después de eso, la dirigencia le ofreció quedarse en las inferiores del club, aceptando Isaac la propuesta y permaneciendo allí hasta 1962.

Y con el paso de los años, siempre siguió ligado al club que defendió como jugador en 376 ocasiones (343 en Primera División y 33 en la Primera “B”), como hincha y socio del mismo, incluso tenía categoría de vitalicio al momento de su fallecimiento, el cual tuvo lugar el 15 de julio de 1991, a los 75 años de edad.

Arquero adelantado para su tiempo, fue considerado un “volador” en épocas donde esa característica casi ni se veía en el puesto. Pero además, y detalle no menor, fue de los primeros guardametas en entender la importancia de ordenar desde el fondo a sus compañeros de equipo, una cualidad que hoy en día es impensada que le falte a un arquero de primera línea.

No hay registros visuales de sus actuaciones, es cierto, pero sí existen los testimonios gráficos y lo que se fue transmitiendo por vía oral de generación en generación. Además, los datos duros no mienten, y si bien no fue el mejor arquero argentino en ningún momento de su extensa carrera, sí tuvo un rendimiento muy parejo y se codeó con los mejores a lo largo de 15 años en el máximo nivel de nuestro fútbol. Su longevidad le permitió ser colega de monstruos de la década del ´30 como el nombrado Gualco, Juan Yustrich o Fernando Bello, de grandes arqueros de la década siguiente como Claudio Vacca, Mierko Blazina, Héctor Grisetti, Julio Cozzi, Gabriel Ogando o Miguel Rugilo, y también llegar a ser contemporáneo en sus últimos años de tipos que la rompieron en la década del ´50, tales los casos del gran Amadeo Raúl Carrizo, Julio Musimessi y Roque Marapodi, por sólo citar a los más destacados… y siempre fue de los más sobresalientes, fuera en la década que sea.

Y volviendo al tema de la falta de registros en video de su campaña, es una lástima eso claro que sí. Pero si un tipo de la talla de Amadeo dijo que es uno de los  mejores arqueros que vio en su larga vida, eso da una pauta de las condiciones que tenía López para el ocupar puesto: “¿Mis cinco mejores colegas? Fueron Ubaldo Fillol, Hugo Gatti, Julio Cozzi, Edgardo Andrada e Isaac López. De López me gustaba que era un arquero sobrio, de una gran técnica; uno podía ver como se desplazaba en el área con una tranquilidad envidiable para el puesto”, declaró Carrizo en una nota brindada a “El Gráfico” en el año 2009.

Habiendo tenido una enorme identificación con el club, tratándose del jugador con más presencias en su historia, por haber sido director técnico de la primera y también de las inferiores, y también por haber seguido al equipo como hincha hasta el final de su vida, no extrañó a nadie que en el año 2008 -cuando Chacarita decidió modernizar su cancha para transformar la madera en cemento- López haya ganado la votación para que fuera su nombre el que denominara a la tribuna local del estadio enclavado en San Martín.

Es que no siempre la historia la escriben los que ganan. Y a Isaac Roberto López no le hizo falta ganar ningún campeonato en Primera para quedar en los libros. El reconocimiento de la prensa y grandes colegas, la calidad y vigencia exhibidas durante 15 años en el más alto nivel (abarcando tres décadas distintas) y como plus, su identificación con una sola camiseta a lo largo del tiempo, son elementos más que suficientes para integrar la galería de grandes arqueros argentinos.

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