Grandes fotos de la historia del fútbol, Vol I

En una serie de entregas que tendrán periodicidad semanal, quincenal, mensual o cuandonosdelaganal, los que acá escribimos compartiremos fotos icónicas y/o famosas del fútbol mundial – muchas conocidas, otras no tanto -, para que revivamos y/o degustemos esos momentos que quedan guardados para la inmortalidad (y para darnos cuenta de lo viejos que estamos).

En Alemania también pasa

Uno de los pocos momentos en los que no se aplicó eso de los once contra once y los alemanes blablabla fue en la final de la UEFA Champions League 1998 – 1999. A esta llegaron dos grandes continentales como Bayern Munich y Manchester United, candidatazos que habían dejado en el camino a rivales como Inter, Juventus, FC Kaiserlautern o Dynamo Kiev (por esos días en el top europeo). El partido se disputaría en el Camp Nou el 26 de Mayo de 1999.

Ambos destilaban clase y poderío desde la dirección técnica (sir Alex Ferguson y Ottmar Hitzfeld) como en la cancha: Peter Schmeichel; Gary Neville, Ronny Johnsen, Jaap Stam, Denis Irwin, David Beckham, Nicky Butt, Ryan Giggs, Jesper Blomqvist, Dwight Yorke y Andy Cole por un lado, Oliver Kahn; Lothar Matthäus, Markus Babbel, Thomas Linke, Samuel Osei Kuffour, Michael Tarnat, Stefan Effenberg, Jens Jeremies, Mario Basler, Carsten Jancker y Alexander Zickler, por el otro.

A los 6 minutos Mario Basler ponía el 1-0 que no se movería hasta el minuto 90. Pero si después: al minuto 91 Teddy Sherinhgam (que entró como sustituto) empata el partido de manera agónica. Y en la que fue una de las remontadas más impactantes del fútbol mundial, el noruego Ole Gunnar Solskjær (sí, otro desde la banca) metió el pie en el último córner del partido y le dio un heroico título a Manchester United. La foto muestra a tres devastados alemanes, entre ellos el mítico Oliver Khan, después del pitazo final.

Matarse por estos colores

La historia del portero alemán Bert Trautmann se contó de manera excelente y con mucho detalle en este post. Entonces, mejor dejo primero que hable nuestro colega La Base Godoy y nos describa el momento que sucedió en la Final de la FA Cup de 1956 con su equipo, el Manchester City ante Birmingham City: “Los de Birmingham llegaban como favoritos, pero los de la ciudad cuna de la revolución industrial se pusieron en ventaja, 3 a 1 con goles de Joe Hayes, Jack Dyson y Bobby Johnstone – Noel Kinsey había descontado para el Birmingham -. El City aguantaba y llegando al los minutos finales nuestro héroe iría a realizar la Miglioreada del partido: Salió a cortar mano a mano a Peter Murphy, cuando este le impacto con su rodilla en el cuello. El trautma (?) lo dejó con 5 vertebras dislocadas y una fracturada completamente, pero en contra del sentido común – obviamente no sabía todo esto – y a pesar del dolor, Bert decidió quedarse en cancha y completar el partido. Esa noche ganó su único título con el City en más de 15 años de carrera. Y por su heroica actuación recibió el premio al mejor jugador del año.”

¿Y la foto? Muestra a los Citizens celebrando la obtención de su título ese 5 de Mayo de 1956, lo cual no tiene nada de extraordinaria, pero sí el detalle curioso de, al extremo derecho de la imagen, haber capturado un instante del dolor del arquero alemán: la consecuencia del puro esfuerzo y sacrificio – literales – para lograr el título.

Dolor

En ese preciso momento que muestra la foto se esfumaron los nueve y algo más de meses en los que la afición colombiana estaba convencida que la selección iba a llegar bastante alto en el Mundial de 1994. Es que luego de unas Eliminatorias soñadas – con el 5-0 incluído – , el nivel de hablamierdómetro se creció bastante en la afición de mi país, y una especie de gira triunfal en su mayoría con equipos más o menos medio pelo, contribuyó a aumentar la atmósfera de optimismo general a niveles tóxicos. El equipo que llegó a Estados Unidos 1994 era la misma base que dominó en su grupo de Eliminatorias: Oscar Córdoba, Alexis Mendoza, Leonel Álvarez, Freddy Rincón, “El Pibe” Valderrama, Faustino Asprilla, Adolfo “El Tren” Valencia, entre otros.

El primer aterrizaje a la realidad lo dió Rumania en Los Angeles el 18 de Junio de 1994, al vencer 3-1 a los colombianos en medio de la decepción de los miles de aficionados en el estadio – la mayoría inmigrantes – y los millones en casa. Lo preocupante no fue solo la derrota sino el nivel de anquilosamiento y falta de ideas que mostró el equipo. Pero lo peor vino el 22 de Junio, con el horrible partido ante unos toscos pero motivados locales, que sin sufrir casi en todo el partido ante la inmovilidad, paja y desconcierto de los de amarillo, venció 2-1 para sorpresa y shock de toda la afición colombiana. Esa noche el país entero cayó en una bajoneada general que pasó, amarga y sombríamente, con el alcohol que se tenía planeado para festejar. ¿Dije arriba “lo peor“? Perdón, ahora sí: lo peor fue cuando días después, el gran Andrés Escobar fue asesinado en lo que fue una pelea de discoteca derivada por un reclamo por su autogol en ese partido. Ah, si, porque el primer gol de los yanquis en ese gris cotejo fue un infortunado autogol del gran Andrés. La foto es de ese desgraciado momento, el mismo que bañó de realidad a todo un país iluso e ingenuo.

La vida sigue

El 6 de Febrero de 1958 tuvo lugar el tristemente famoso “Desastre de Munich“. Esa tarde el vuelo 609 de la British European Airways estaba de tránsito en Munich desde Belgrado, con el equipo completo del Manchester United que acababa de pasar por penales su ronda de Cuartos de Final ante Estrella Roja. Debido a las pésimas condiciones climáticas que a su vez habían afectado la pista, el avión no alcanzó a tomar la altura suficiente y se estrelló con una casa vecina, falleciendo 8 futbolistas y tres miembros de la delegación. Otros nueve jugadores sobrevivieron, entre ellos el gran Bobby Charlton (de 21 años en ese entonces), aunque dos de ellos jamás pudieron volver a jugar fútbol debido a sus lesiones.

Un par de semanas después, el 19 de Febrero, United tuvo que jugar su primer partido después de la tragedia. El rival era Sheffield Wednesday, con el que los Red Devils debían haberse enfrentado por la FA Cup unos días antes y que accedieron a posponer el partido por el tiempo que el club necesitase. Pero la FA no aceptó demorarlo mucho más, así que los Diablos Rojos no tuvieron otra que montar un equipo de urgencia con mayoria de reservas, juveniles y contrataciones de última hora – como el caso del defensor  Stan Crowther que firmó con el club 75 minutos antes del partido – para afrontar el encuentro. Todos dirigidos por el joven DT interino Jimmy Murphy. Y ante 60,000 aficionados emocionados y llorosos, armados de bufandas rojiblancas y ribetes de luto que colmaron el viejo estadio en esa noche de invierno, el United ganó 3-0. Esta foto corresponde al sorteo inicial de ese partido, con el capitán del Manchester United Bill Foulkes (izquierda), sobreviviente del accidente trece días atrás, y su colega del Wednesday Albert Quixall, mirando la moneda decisoria.

¿Al fin una que le sale a Holanda ante Alemania? Se vale todo

La rivalidad germano-holandesa en todos los ámbitos es conocida en Europa, aunque más de parte de los de los diques que de los alemanes debido a todas las heridas derivadas de la Segunda Guerra Mundial. En fútbol siempre ha sido particularmente fuerte, pero a pesar de tanto odio que destilaban los de naranja casi nunca podían superar a sus rivales ni podían desquitarse de los malditos y eficientes alemanes en la cancha. Pero finalmente tuvieron su gran alegría – la alegría maligna que dan las revanchas largo tiempo esperadas – en las semifinales de la Eurocopa de 1988, y mejor aún, en la propia Hamburgo. Esa tarde del 21 de Junio de 1988, en un partidazo intenso y digno de campeones, con el marcador 1-1 al minuto 89 (dos penales igual de dudosos), el gran Marco Van Basten desenreda todo con un gol de puro crack, de nueve neto, y se bajó a los alemanes en su propia casa.

La euforia entre la afición y jugadores de naranja fue total esa tarde en las tribunas y en la cancha. Pero el que más se despelucó fue otro legendario, el gran defensor Ronald Koeman, que a modo de celebración corrió al frente de la tribuna llena de hinchas naranjas desatados, y se pasó por el culo una camiseta alemana que había intercambiado hace unos momentos con Olaf Thon. Supongo que Thon no tenía idea del destino planeado para su camiseta, porque de otro modo se quedaba con ella…. no sé si a Koeman lo sancionaron, pero quién le quita lo bailado.

Frank Rijkaard le hace saber qué piensa de los alemanes a Rudi Völler

El siguiente capítulo de la rivalidad germano-holandesa fue para las Eliminatorias de 1988, en donde ambos equipos empataron sus partidos entre sí con un 0-0 y 1-1, parejísimos. La maldita suerte quiso que se enfrentaran en el Mundial también: fue por Octavos de Final en el Giuseppe Meazza de Milan, y esta vez los alemanes sacaron ventaja con un 2-1 en el que se vieron mejor parados que sus rivales. El partido fue calientísimo, con ambos buscando imponerse por intimidación y los de naranja muy preocupados por dar al fin un golpe de autoridad en el torneo después de una primera fase horrible. Como síntoma de lo intenso que fue ese encuentro, quedó para la posteridad el momento en el que Frank Rijkaard le zampa un gargajazo a Rudi Völler. Ambos serían expulsados al minuto 22.

El Maracagazo

Esta es ultraconocida hasta por la tía solterona de uno que solo pasa viendo telenovelas y programas de farándula, así que seremos breves. Esta foto refleja el momento de ese 16 de Julio de 1950 en el que el uruguayo Alcides Ghiggia convierte el segundo y definitivo gol en la final que la selección uruguaya le ganó 2-1 a Brasil en el propio Maracaná, lleno hasta las tetas de +200,000 torcedores que se tuvieron que devolver a casa deprimidos y con el asterisco limado.

El primer gol uruguayo, y que empataba el partido, fue de Juan Schiaffino al rematar un centro desde su derecha de Alcides Ghiggia. El segundo fue parecido en su gestión pero Ghiggia, en vez de centrar, remató al palo que le dejó descubierto el portero Barbosa al esperar el centro – seguro recordando el primer gol -. En ambas jugadas, y en general en todo el partido, Ghiggia se paseó y bailó a su marcador Bigode, que después del cotejo fue el primer señalado como culpable por la rencorosa afición brasileña; Bigode se pegó una bajoneada tan brava que por casi dos años solo salía de su casa a entrenarse y jugar con su club Flamengo. Otro señalado, aunque menos que el anterior, fue el otro back Juvenal, que falló en las coberturas en los dos goles (aparentemente el jugador había llegado tarde y borracho la noche anterior, y solo jugó porque su suplente estaba lesionado). Pero el que quedó como EL culpable para la posteridad, rstrospectivamente de manera injusta – de hecho es uno de los mejores porteros que ha tenido el fútbol brasileño en toda la historia – fue Barbosa por el palo que regaló en el segundo gol.

Pobrezita Eshpaña

Cuando la selección de fútbol de España era todavía esa eterna fracasada que hacía prrrrrrfffffshhhhh en todos los mundiales, y no esa candidata que nos alegrIBA A DECIR asombra, perdón, que no estén yendo a finales, tuvo varias nóminas potenciales de coronar títulos en uno que otro torneo… pasa que, bueno, eran España. Para 1994 el equipo del obsesivo y neurótico de Javier Clemente estaba funcionando muy bien y había avanzado a Cuartos de Final para encontrarse con Italia en el todo o nada.

Y hasta ahí llegó. España fue por ratos superior, pero entre la impericia de sus delanteros y la eficiencia italiana, que aguantó y marcó el 2-1 preciso en la jugada siguiente al famoso gol errado de Julio Salinas, dejaron ir el partido inocentemente. Ya en tiempo de descuento en un tiro de esquina a favor de España, el defensa Mauro Tassoti le clava un codazo a Luis Enrique, que rompió a sangrar, llorar como nena y quejarse con el árbitro húngaro Sandor Puhl en partes iguales. Pero este no vio falta (se hubiese podido pitar penal) y todo quedó así. La foto es del momento en el que Luis Enrique le está reclamando a Puhl, que parece no vio la sangre.

Los grandes también caen

De ese Mundial otro momentazo que captó la cámara fue en el instante-en-que-todo-se-acabó. La final entre Italia y Brasil en el Rose Bowl de Los Angeles había terminado en un horrible 0-0 que derivó en el primer título del mundo a definir por tiros desde el punto penal. La serie la comenzaron mal los italianos con Baresi lanzando fuera, pero enseguida Marcio Santos emparejó la serie con su tiro tapado por Gianluca Pagliiuca. Luego convirtieron Albertini, Romário, Evani y Branco para colocar el 2-2 en la serie con tres cobrados cada uno; pero Massaro se la mandó a Taffarell y quedó todo para definir en la última tanda. Por Brasil Dunga marcó el 3-2, y el último de toda la serie regular era el más jodido: si lo fallaba el cobrador de una quedaba campeón Brasil; si no, seguían.

Toda esa puta responsabilidad quedaba en los pies del gran Roberto Baggio, ídolo del país, general de ya varias batallas encima y con una clase a prueba de momentos como este. Pero nada: su tiro lo mandó a la mierda y con eso le dio el título a Brasil. Ese pedazo de tiempo inmediatamente después a su cagada lo muestra la foto, que refleja no solo el dolor sino (digo yo) la vergüenza del ídolo por el fallo, que ni se atreve o quiere mirar a sus abrumados compañeros al fondo.

Feel the pain

Una de las lesiones más horribles del fútbol la sufrió el defensor David Busst del Coventry City en un encuentro en el Old Trafford frente a Manchester United, el 8 de Abril de 1996. Apenas a los dos minutos de juego, tras un córner a favor de los visitantes, el balón queda suelto en el área y salen varios a buscarlo. Entre ellos el propio Busst que había subido al cabezazo, pero con la mala fortuna que su pierna quedó enganchada entre las de los rivales Brian McClair y Denis Irwin. Tan mal ubicada quedó que como resultado del sánduche, el defensor sufrió una impresionante factura compuesta de tibia y peroné en su pierna derecha.

Debido al ángulo de las tomas disponibles a hoy en día de ese momento, en los videos solo se ve un borbollón, después a Busst tirado y enseguida al arquero Peter Schmeichel totalmente horrorizado sin querer ver – pero al mismo tiempo queriendo – la horrible lesión que sufrió el jugador. Tuvo que serlo, porque según dicen las crónicas, el portero vomitó de la impresión y el partido se demoró doce minutos más para reanudarse mientras limpiaban la sangre que quedó tras el incidente (!).

De las pocas tomas – fotos existentes a hoy (se dice que la TV no quiso nunca reproducir las imágenes de la lesión), esta destaca por su claridad. Y por hacerlo soltar a uno un “¡Uuuhhhhhhhhhhh!” de espanto solo al verla.

Continuará: Más fotos de otros autores

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