Grandes goleadores argentinos: Luis Artime (Primera Parte)

Hoy ve la luz una nueva sección en este sitio, destinada a homenajear a esos tipos que han hecho del gol un sinónimo de su apellido. Y arrancamos con el más letal delantero argentino de la década del ´60, nada menos. 

Lo llamaban generalmente “Luisito”, y poseía esa cualidad innata del fútbol que sólo tienen los elegidos de su posición, una que no muestran los manuales de técnica: que el gol lo buscara a él y no al revés. Sus detractores lo acusaban de ser torpe,  de pegarle con los tobillos, decían que no divertía a los espectadores y que la técnica nunca estuvo presente en su vida. Él sabía todo esto. Y se reía de todos ellos: “Siempre acabo siendo la solución en todos los equipos”, declaró alguna vez en sus tiempos de futbolista… así se reconocía Luis Artime, una fábrica inacabable de goles. A continuación, su historia.

Luis Artime nació en la localidad mendocina de Palmira, el 2 de diciembre de 1938. Hijo de un empleado del ferrocarril, siendo apenas un niño la línea para la cual su padre trabajaba (BAP) decidió trasladarlo a Junín, en una mudanza que incluyó a toda la familia.

Así fue que en dicha ciudad bonaerense, el pequeño Luis empezó a tutearse con el fútbol, mientras a la distancia desarrollaba un gran fanatismo por el Racing Club. Pero el pibe no hizo sus primeros palotes en los clubes más conocidos de Junín como son Sarmiento, Jorge Newbery o Mariano Moreno, sino que arrancó a jugar en el modesto Independiente.

Respecto a esa etapa de su vida, esto contó el protagonista de esta historia en una entrevista concedida a “El Gráfico”, en el año 2014: “Era goleador desde que jugaba al baby fútbol, ya en el potrero me gustaba hacer goles. Mi padre era ferroviario, inspector general de calderas, y viajaba siempre desde Retiro hasta Las Cuevas, en Mendoza, por eso nací allá y a los 9 años volvimos a Junín. Yo también trabajé en los ferrocarriles como chapista en los talleres, entré a los 18 años y estuve sólo 6 meses, después le dije a mi papá que me habían dado un permiso de un año, pero era mentira. Atlanta me había sumado a las inferiores. Cuando se enteró él, ya era tarde…”.

Atlanta: el arranque demoledor

A fines de la década del ´50, Artime fue recomendado por un tal Osvaldo Zubeldía a los encargados de inferiores del Club Atlético Atlanta, que en ese entonces era habitué de la Primera División en la Argentina, y que además estaba por vivir la mejor etapa de su historia.

Sucede que el futuro mentor de Carlos Salvador Bilardo era mediocampista del “Bohemio” (club al que llegó en 1958 procedente de Boca) y conocía bien las aptitudes del mendocino por haberlo visto jugar varios años en Junín, ciudad en la que vivían en el mismo barrio. Zubeldía hizo una verdadera apuesta y su joven vecino lejos iba a estar de defraudarlo… puede afirmarse sin dudas que en el club de Villa Crespo se dio su explosión goleadora y su lanzamiento a la fama.

“Atlanta fue mi lanzamiento a lo que después fui. Teníamos un equipazo. Además, en Buenos Aires encontré gente hermosa que me ayudó a adaptarme”, así contaba Luis en una nota de principios de la década del ´70, lo que fue esa etapa de su carrera para él. Y para más datos, esto contó hace muy pocos años en la citada nota de “El Gráfico”, respecto a su llegada a la gran ciudad: “Allí me llevó Zubeldía, quien le mandó algunos jugadores a Don Victorio Spinetto para que nos probara. Osvaldo nos mandó a mí y a otros pibes y terminé quedando”.

Cabe destacar que, a diferencia de varios jugadores que enseguida abandonaban las pensiones de los clubes ni bien debutaban a nivel profesional, ese no fue el caso de Artime. De hecho, tras su estreno en primera se quedó durante siete años en esa clase de lugares y recién se fue cuando se casó (con María Cristina Tinarelli, la mujer que aún hoy está con el), estando ya en otro club. Preguntado sobre si, por ejemplo, había pasado hambre al llegar a Buenos Aires, esto recordó Luis: “Estuvimos en varias pensiones. Cuando llegué estaba Mario Griguol, después se sumaron su primo Carlos y Hugo Gatti. Los tres llegamos prácticamente juntos a Atlanta y terminamos siendo muy amigos, sobre todo con Timoteo, a quien considero un hermano. Hambre no pasamos, aunque tampoco era una comida muy abundante ni de gran calidad, a veces nos daban unos pesos extras por ganar algún partido y se podía comer mejor. Vivimos juntos entre el ´58 y el ´65, cuando me casé. Fueron muchos años, con lindas vivencias compartidas”.

Adolfo Mogilevsky, histórico preparador físico de nuestro fútbol que justo estaba cumpliendo un interinato como entrenador en Atlanta, fue quien le dio la chance a Artime de debutar en el fútbol grande: fue el 26 de julio de 1959, en un 0-0 logrado en Rosario ante Central por la fecha 12 de aquella temporada.

El conjunto de Villa Crespo, que estaba en plena construcción de su actual estadio y venía de lograr el año anterior un destacado 5º puesto, más temprano que tarde comenzó a gozar de los goles del mendocino: el primero lo metió el 9 de agosto, cuando por la 14º fecha el “Bohemio” igualó 1 a 1 en La Plata con Gimnasia. Cabe destacar que Francisco Gerónimo fue el primer arquero en ser vencido por Luis, pero a partir de esa tarde muchos más nombres se sumarían a una lista verdaderamente interminable.

Atlanta no pudo repetir la enorme performance del ´58, pero el 7º lugar entre 16 equipos tampoco era algo para despreciar en un cuadro de los “chicos”. Además, Artime terminó con 10 goles (5 convertidos de cabeza) en 14 partidos jugados, guarismos muy buenos para un debutante que casi no había hecho divisiones inferiores.

Asimismo -y como un signo de lo que sería su carrera en el futuro- al primer equipo que le convirtió por partida doble fue a su querido Racing, en un encuentro donde el novato con un par de certeros cabezazos había sorprendido al vigente campeón en su propio reducto, aunque en la parte final la “Academia” se la jugó, metió un par de goles y pudo rescatar al menos un puntito.

Consultado respecto a su pasión blanquiceleste, el tipo que a lo largo de su carrera embocó nada menos que 16 veces al club de Avellaneda, esto contó alguna vez ya retirado: Me venía desde Junín a Buenos Aires y veía Tercera, Reserva y Primera. Me tomaba el tren de las 4.15 de la madrugada, eran cinco horas de viaje. Al principio con mi papá y después con mis amigos. Antes de las 11 de la mañana ya estaba en la cancha y llegábamos de vuelta a casa pasada la 1 de la mañana. Y el destino quiso que al final Racing fuera el equipo al que más goles le metí. Jugando para River por ejemplo, una vez perdíamos 2-1 contra Racing y lo dimos vuelta al final con tres goles míos, ganamos 4-2”.

Durante 1960 la performance de Atlanta en el torneo local bajó aún más (clasificó 11º entre 16 participantes), pero el hecho de inaugurar el 5 de junio la nueva cancha en Humboldt al 300 y ganar la “Copa Suecia”, hizo que para hinchas y socios fuera un año realmente inolvidable. Artime por su parte mejoró su faena del año anterior, conquistando 16 goles -otra vez 5 fueron por la vía del cabezazo- en los 23 partidos que jugó en esa campaña, aunque le quedó la espina de no ser incluido en el once titular en la final de la citada copa ante Racing.

Su primer par de goles en el nuevo estadio del club se lo hizo a Huracán el 19 de junio, en una victoria por 3 a 2 cuando al equipo aún lo dirigía Manuel Giúdice. Pero a fines de julio el “Bohemio” fue destrozado por Chacarita en el clásico (ganó el visitante 5-2 en Villa Crespo) y tras otro interinato de Mogilevsky, la conducción técnica le fue ofrecida a un Zubeldía que se había retirado a fines del ´59: así, Artime tuvo la extraña experiencia, sobre todo para esos tiempos, de ser dirigido por un amigo y ex-compañero. El juninense le sacó bastante provecho al “9”, ya que en la segunda mitad del torneo lo dirigió en 16 cotejos y el delantero hizo 9 goles.

En ese año ´60 Artime vivió dos tardes gloriosas, que obviamente hicieron que entrara definitivamente en el radar de los clubes más importantes del país pese a tener apenas un par de temporadas encima. La primera, fue cuando -con DT interino- el 7 de agosto metió un fenomenal triplete en cancha de Boca, en un partido que terminó 4-4 sólo porque un ya veterano Ernesto Grillo apareció en tiempo cumplido para evitar un histórico triunfo visitante. Y la segunda (ahora sí con final feliz) fue el 16 de octubre, cuando el equipo de Zubeldía se fue al descanso 1-3 en su cancha contra Racing, y él logró otros tres goles en el último cuarto de hora para alcanzar un festejadísimo 4-3.

Artime con el forro de Luis Sanfilippo

En una muestra de su permanente evolución -y de que sus días en Villa Crespo estaban contados- Artime tuvo asistencia perfecta en el torneo del ´61, en el que jugó los 30 partidos de un equipo que clasificó en un histórico 4º puesto, y donde metió nada menos que 25 goles, apenas uno menos que un José Francisco Sanfilippo que así se consagró máximo artillero nacional por cuarto año consecutivo.

Pero además de meter muchos tantos, desde muy joven Luis dejó en claro que era un tipo que no se callaba lo que pensaba, lo cual más de una vez le originó grandes dolores de cabeza. Siendo parte de un equipo tan humilde como Atlanta, en esos años y debido a ciertos desmanejos del fútbol argentino, dijo que “a la AFA habría que incendiarla, con muebles y todo”; fue la primera vez que manifestó algo así, mas no sería la última, repitiendo por ejemplo palabras similares en la entrevista de 2014.

Luego de romperla toda durante tres temporadas en un club modesto (marcó 51 goles en 67 partidos, una bestialidad), se caía de maduro que alguno de los denominados “grandes” se iba a hacer con los servicios de Artime para el siguiente torneo. Y así fue.

River Plate: la gran frustración

A fines del ´61, el club de la banda roja le pagó una millonaria suma a Atlanta para contar con la ficha de semejante goleador: a cambio de 15 millones de pesos y los pases de tres jugadores, Luis cambió Villa Crespo por Nuñez.

En 1962 tuvo un arranque con el pie derecho en su nuevo club. El 25 de marzo, en el marco de la jornada inaugural del campeonato, abrió la cuenta en La Plata para el 3-1 final de su equipo contra Estudiantes. Para su primer gol en el “Monumental” en cambio debió esperar algunas semanas, atento a que recién en la 8º fecha -luego de un par de partidos en que no jugó- pudo volver a gritar un gol, en el triunfo 2-0 ante Argentinos.

Pero a pesar de que Luis tuvo un gran año nuevamente y esta vez pudo por fin destronar al “Nene” Sanfilippo como máximo goleador argentino (en 26 cotejos logró 25 tantos, contra 23 del ídolo del CASLA), River viviría una de las mayores frustraciones de su historia, en aquel recordado torneo en que fue subcampeón nada menos que de Boca, perdiendo la punta en el duelo decisivo de la penúltima fecha. La tarde del 9 de diciembre, en donde el gran Antonio Roma le atajó el famoso penal al brasileño Delem, constituyó según sus propias palabras, el día más triste de su extensa carrera.

En la entrevista de 2014 a la cual se ha hecho mención, le consultaron por qué siendo un gran goleador no ejecutó él mismo ese penal, pero la realidad es que el hombre jamás pateaba penales, de haber sido así se hubiera retirado seguramente con números aún más imponentes: Ese penal me lo hicieron a mí, pero la verdad es que nunca pateaba los penales. Pateé una sola vez y recién en Independiente. El equipo llevaba dos partidos seguidos errando penales con dos jugadores distintos, (Aníbal) Tarabini y (José) Pastoriza, entonces la gente empezó a corear mi nombre y el técnico me mandó a que lo pateara. Y aunque le pegué a la tierra, lo metí”.

Respecto a esa encarnizada competencia que vivió entre 1961 y 1962 con Sanfilippo, cabe destacar que según Artime el “Nene” fue el mejor goleador que vio en su vida, sin perjuicio de recordar una particular anécdota sobre el año en que por fin pudo destronar a José Francisco como rey del gol: “Él tenía mucha más técnica que yo, quizás yo era más en intuición y oportunismo. Para el ´62, él ya había salido 4 veces seguidas goleador del campeonato y quería la quinta. Nos enfrentamos en un River-San Lorenzo en una de las últimas fechas, los dos peleábamos arriba en la tabla de goleadores, y me salió a marcar para que yo no metiera goles. Al final, metí dos en la última fecha, lo terminé pasando y fui el goleador del campeonato”.

Artime en La Bombonera

Cabe destacar que ya en esos primeros años de trayectoria, y más aún al haber pasado a un club tan importante, su estilo de juego despertó polémicas y varios puristas del juego -ya fueran periodistas o espectadores- no tenían empacho en criticarlo pese a que era una máquina de hacer goles: “Es cierto que a veces le pegaba con los tobillos, pero también es verdad que algunos lindos goles he metido. No me molestaban las críticas, pero una vez discutí -en buenos términos- con Dante Panzeri, director de El Gráfico, y le dije que le pegara como le pegara me iban a terminar poniendo todas las semanas en la tapa. Y me gané varias tapas”, expresó Artime varios años después de su retiro.

En tal sentido, hay que mencionar que el “9” era criticado -por ejemplo- por su falta de goles con remates desde afuera del área grande o porque muchos de los que convertía eran tocándola en la puerta del arco prácticamente. Pero en pleno Siglo XXI, esto dijo Artime en otra entrevista, coincidiendo con otro tipo que algunos goles hizo (un tal Carlos Bianchi): “Lindo o feo, de afuera o de cerca, con los tobillos o el empeine, todos los goles valían y siguen valiendo uno”.

En 1963 se repitió la historia del año anterior: Artime se consagró nuevamente como máximo artillero nacional, esta vez con mucha más comodidad, al señalar 24 goles  contra 17 de Pedro Prospitti, su principal perseguidor; pero River (por culpa de una inoportuna caída ante el CABJ) volvió a quedarse a las puertas de la consagración, aunque esta vez a manos del Independiente del “Colorado” Giúdice, aquel técnico que no confiaba del todo en sus condiciones cuando lo dirigió en Villa Crespo y que por ejemplo, en abril del ´60 lo había dejado afuera de la final de la Copa Suecia.

Ya en el ´64 ni River pudo siquiera ser subcampeón (finalizó en el 3º puesto detrás de Boca y el CAI), ni el mendocino mantenerse como máximo goleador argentino: igualmente su producción fue destacada, toda vez que metió 15 tantos -al igual que su amigo Ermindo Onega y tipos como el “Chango” Cárdenas o “Pichino” Carone-, siendo superado por un par de goles por un talentoso joven que había debutado en San Lorenzo el año anterior y era una verdadera sensación: Héctor Rodolfo Veira.

La delantera de River con Artime

1965 fue su última temporada en River y sin dudas la peor de todas. El equipo, al igual que en el ´62 y el ´63 terminó como subcampeón, pero él ni siquiera pudo jugar todo el torneo, apenas 7 cotejos en los que se las ingenió igualmente para meter 4 tantos.

El tipo, que había sido titular indiscutido en las 3 campañas anteriores con técnicos como “Pipo” Rossi, “Pepe” Minella y el “Charro” Moreno, cayó en desgracia con la llegada del nuevo entrenador, Renato Cesarini, quien para la delantera por lo general prefería a Juan Lallana, a Oscar Mas, al uruguayo Luis Cubilla y a un Delem que aún se mantenía en el club.  Pero además de no ser del gusto de Cesarini, durante parte del año Artime estuvo aquejado por una grave lesión en el tendón de Aquiles (que aún en nuestros días sigue siendo complicada) que hizo que buena parte del ambiente lo diera por terminado, pese a que sólo tenía 26 años de edad.

A tal punto llegaba la desconfianza del entrenador y de la dirigencia encabezada por Antonio Vespucio Liberti, que en un momento le gestionaron un préstamo a Europa… pero a la Tercera División (actual “Segunda B”) del fútbol español (!). Sí, un tipo que en los 6 años previos desde su debut profesional se había cansado de meter goles, era “castigado” siendo enviado a un club que ni figuraba como el Real Jaen. Profesional ciento por ciento, Artime hizo las valijas y estuvo en la ciudad andaluza durante el primer semestre del ´65: jugó 15 partidos y metió 9 goles, dejando un lindo recuerdo en los aficionados de aquel club.

Al volver de su breve experiencia europea (la cual ya no repetiría), Artime tenía más que claro que, por diversos motivos, su etapa en Nuñez estaba terminada: la dirigencia y el técnico no confiaban en su plenitud física, sin perjuicio de que muchos hinchas -a pesar de la enorme cantidad de goles metidos en sus primeras tres temporadas- lo señalaban como una de las caras visibles de un club que año a año fracasaba en su intento de campeonar, algo que había sucedido por última vez en el lejano 1957.

Circunstancia agravada en ese año ´65, porque el “Millonario” cayó en la antepenúltima fecha 1-2 en La Boca tras irse al entretiempo en ventaja, y dejó escapar una oportunidad de oro de conquistar por fin la corona. Encima, con el triunfo, el que puso proa al campeonato fue nada menos que el “Xeneize”.

Ese partido del 8 de diciembre de 1965, en el que dicho sea de paso marcó el único gol de su equipo (“Me encantaba jugar en la cancha de Boca, me volvía loco. Si por mi hubiera sido, jugaba todos los partidos de mi carrera en “La Bombonera” sin dudarlo”, declaró alguna vez), fue el último de los 80 que jugó para River Plate, con la impresionante cantidad de 68 goles conquistados.

Tras no jugar los últimos dos encuentros del torneo, Artime fue vendido a Independiente en una cifra no demasiado alta y se fue de River tal como muchos querían. Pero igualmente el equipo no pudo ser campeón en el ´66… ni en los 8 años siguientes: “River me vende porque sufrí una grave lesión y muchos pensaron que no iba a jugar más. Aparte, salir subcampeón ahí no servía y justo me tocó la peor etapa, la de los 18 años; entonces vino Independiente, aprovechó y me compró. Por suerte seguí metiendo goles”, recordó el mendocino hace muy pocos años.

Su transferencia motivó que por ejemplo, en aquellos días su compañero Cubilla se lamentara en una entrevista con preguntas tales como estas: “¿Cómo van a vender, casi a regalar a Luis Artime? ¿Cómo le van a obsequiar por lo menos, 15 goles por año a un rival directo?”. En ese momento el oriental no podía imaginarlo, pero pocos años más tarde ese gran puntero y el centrodelantero volverían a unir sus caminos, con espectaculares resultados.

En la mitad roja de Avellaneda -donde se reencontraría con aquel Giúdice que lo había dirigido siendo un pibe en Villa Crespo- el notable goleador tendría la oportunidad de relanzar su carrera y sobre todo, ver si podía quebrar el estigma de ganar un torneo. ¿Le afectaría en algo su fanatismo por Racing, a la hora de jugar en su nuevo equipo? Dejemos que el mismo responda a la inquietud: “Jamás dudé en ir a Independiente. Ahí ya era un profesional y sólo pensaba en meter goles para el club que me contrataba”.

Independiente: salir por fin campeón

Decidido a sacarse la espina de ganar un torneo, pero también, a demostrarle a aquellos que dudaban de sus condiciones físicas cuan errados estaban, Artime encaró con todo la temporada de 1966. Y si bien a nivel grupal el objetivo no se cumplió ni de cerca (en un torneo de 20 participantes el “Rojo” finalizó en el 6º puesto, a lejanos 17 puntos del Racing campeón), en la faz individual él cumplió con creces: con 23 goles en 30 encuentros dejó lejos al “Bambino” Veira y a Jaime Martinolli, sus inmediatos perseguidores que lograron 18 tantos, consagrándose de esa forma máximo goleador nacional por tercera vez en cinco años.

Hay que destacar que en el ´66 el delantero pudo jugar la Libertadores por primera vez, y lo hizo en el club que venía de ganar las ediciones del ´64 y el ´65. Sin embargo, y como una ironía del destino, el CAI fue eliminado en las semifinales por… River, que en la final se mandaría la recordada gallineada (?) ante Peñarol. Pudo jugar 4 cotejos en esa edición del certamen sudamericano, convirtiendo solamente un gol.

Ya en su segundo año, aquel 1967 en el que la AFA reorganizó sus torneos y dispuso que hubiera dos campeonatos por temporada, Artime supo lo que era salir campeón. Primero, él y sus compañeros tuvieron una gran frustración en el Metropolitano: el “Rojo” clasificó entre los 4 mejores del certamen, pero en la semi perdió 2-0 en tiempo suplementario ante su máximo adversario, que si bien perdió la final ante Estudiantes, ese año ganó las copas Libertadores e Intercontinental.

En el Nacional el equipo del brasileño Oswaldo Brandao (“El mejor técnico que tuve en mi carrera. Lo tuve apenas un año pero me fue muy bien y aprendí mucho”) sí se sacó las ganas, obteniendo el campeonato en un torneo de 16 clubes que jugaron todos contra todos a una rueda. En ese torneo el club gozó de una formidable delantera conformada por Raúl Bernao, Raúl Savoy, Héctor Yazalde, Aníbal Tarabini y el propio Luis, quienes metieron la mayoría de los 43 tantos que el equipo logró en 15 fechas, bastante más que los 19 logrados por el “Pincha” subcampeón.

Independiente 1967

Y Artime no sólo pudo gritar campeón de una buena vez. Con 11 goles en los 14 encuentros disputados en el segundo semestre del año, el tipo superó por uno al “Chirola” Yazalde y se clasificó por cuarta vez en su carrera como goleador de los torneos de la AFA, última vez que logró esa distinción. Así, cerró 1967 con 21 pepas en 34 presentaciones, si se suman los números del Metro y el Nacional.

Su último torneo en Avellaneda fue el Metropolitano de 1968, en el cual Independiente tuvo una regular performance y terminó en mitad de tabla en la Zona “B”, algo lejos de River y Vélez que pasaron a las semifinales. En el que fue sin dudas su peor campeonato con la camiseta roja, Artime tuvo asistencia perfecta en los 8 primeros partidos del torneo (marcando apenas un gol, el 8 de marzo por la 2º fecha, en el triunfo 3-0 en la Doble Visera ante el ascendido Los Andes de un joven Ángel Tulio Zof), pero tras la caída 2-1 del 21 de abril en el sur ante River, la dirigencia lo vendió al exterior en plena disputa del certamen.

Es dable señalar que en ese primer semestre del ´68 Luis jugó la segunda Libertadores de su campaña (en la que le fue mucho mejor que en el ´66: 10 partidos jugó y 7 goles metió), pero el Estudiantes de su viejo conocido Zubeldía fue una verdadera bestia negra para Independiente: le ganó los 2 cotejos cuando se cruzaron en la primera ronda y los 2 encuentros cuando se volvieron a ver las caras en el grupo de segunda fase, poniendo el club platense proa a la conquista de su primera copa internacional. Sin embargo, aunque fuera con otra camiseta, pocos años más tarde el “9” saborearía el placer de la venganza contra el “Pincharrata”.

Palmeiras: muchos goles sin corona

Tras jugar durante 9 temporadas en el fútbol argentino, Artime a mediados del ´68 tuvo la posibilidad de emigrar a otro país potencia en lo que a este deporte se refiere: Brasil. Lo vinieron a buscar desde el Palmeiras, club en el que pese a estar poco tiempo también pudo dejar su sello goleador.

En la institución paulista el cuyano disputó 57 encuentros y conquistó 49 tantos, motivo por el cual se ganó el respeto del ambiente en un medio que en ese entonces, era mucho más prestigioso que hoy en día.

Artime en Palmeiras, acá con Meléndez y Marzolini

Además, si bien durante su breve estadía en suelo brasileño Artime no pudo ganar ninguno de los dos torneos que disputó, su equipo fue protagonista en ambos con él como una de las principales figuras: en el segundo semestre del ´68 el “Verdao” se quedó con la ganas en el “Torneo Roberto Gomes Pedrosa”, competición nacional disputada -entre 1967 y 1970- antes de la creación del actual Brasileirao y que de hecho es considerada por la CBF como su predecesora. Y en el primer semestre del ´69 ahí nomás quedó el club de la colectividad italiana de ganar el estadual Paulista, pero el Santos donde todavía jugaba Pelé, lo postergó por apenas un punto en el cuadrangular final.

En una nota brindada en 2013 a la revista “Un caño” y consultado sobre esa etapa de su carrera, esto recordó el artillero: Ese era un equipo bárbaro. Cuando llegué al primer entrenamiento y vi a los que habían traído, volví a casa y le dije a mi mujer: “Cristina, preparame un buen almohadón porque acá no voy a jugar nunca”. Después jugué todos los partidos y fui goleador, porque los brasileños no se cuidaban. No salí goleador por un gol, porque Pelé – a quien considero el mejor de todos – pateaba penales y yo no”.

Luego de permanecer solamente un año en Brasil, Luis armó nuevamente las valijas pero no para volver a su tierra, sino para recalar en la República Oriental del Uruguay, un país en el que según sus propias palabras la pasó tan bien, que se hubiera quedado a vivir de no ser por razones familiares.

Nacional: gloria mundial e idolatría eterna

Tras abandonar la ciudad de San Pablo y ya con casi 31 años de edad, a mediados de 1969 Artime recaló en un fútbol uruguayo que era muchísimo más competitivo que en la actualidad. Como muestra de ello, basta decir que Peñarol había ganado la Copa Libertadores en 1960, 1961 y 1966, en tanto que el Club Nacional de Fútbol había llegado a la final en 1964, 1967 y también en ese año ´69, siendo derrotado respectivamente por Independiente, Racing y Estudiantes… sin embargo, con la llegada de Artime el “Bolso” también conquistaría la gloria máxima.

En aquellos años, en una nota de la prensa española, respondió a una consulta acerca de por qué no estaba permaneciendo demasiado tiempo en sus últimos clubes, dando una particular explicación: “Sé que soy un hombre que encuentra rápidamente trabajo. Tengo agallas. Nunca firmaría un contrato por más de un año. No quiero arriesgar mi fama ni defraudar a nadie. Yo sé que vendo goles”.

El argentino tuvo un gran debut en suelo uruguayo, toda vez que en su primer partido (el 16 de agosto en el 3-0 ante Danubio) anotó un par de goles. Ya en su primer año en el nuevo medio, el tipo se consagró goleador del certamen con 24 tantos, mientras que su Nacional se coronó campeón del torneo local, dirigido por el brasileño “Zezé” Moreira y con una brillante performance, al obtener 36 de los 40 puntos disputados en ese campeonato.

Artime en Nacional

En la temporada de 1970 la historia se repitió: Artime máximo artillero del campeonato oriental -esta vez con 21 goles- y el CNdF campeón, ahora entrenado por el recordado Washington Etchamendi y con un rendimiento aún mejor que el del año anterior: 37 unidades logradas en 20 partidos jugados.

A esa altura, y con apenas dos años en el club, el tipo se había metido en el bolsillo a los dirigentes y a todos los hinchas del “Bolso”, no sólo por responder con muchos goles a la confianza brindada, sino también, porque esos goles vinieron acompañados por un par de campeonatos; su aporte fue decisivo para completar un equipo arrasador. Pero sólo fue importante dentro de la cancha, su temperamento y calidad humana fueron factores fundamentales en la unión del grupo.

Sólo faltaba la coronación a nivel continental y ese sería el gran objetivo para el año siguiente, luego de que en la Copa del ´70 el club quedara eliminado -sorpresivamente- por la Universidad de Chile en una instancia previa a las semifinales.

1971 fue el mejor año en la vida deportiva de Luis Artime. Y eso no admite ningún tipo de discusión: su equipo fue campeón uruguayo, obtuvo – por fin – la Copa Libertadores y encima, a fin de año ganó la Copa Intercontinental. Ah, y él fue el máximo goleador de las tres competiciones, detalle para nada menor.

El Nacional que alcanzó la gloria sudamericana y mundial

A nivel americano, el “Bolso” en primera fase fue el único clasificado en el grupo compartido con su gran rival uruguayo y con los representantes bolivianos (The Strongest y Chaco Petrolero). En la segunda ronda -semifinales- ganó la zona compartida con los peruanos de Universitario y el Palmeiras, para así acceder a la final. Allí esperaba su verdugo de la edición ´69, Estudiantes, club que pese a no contar ya con la dirección técnica de Zubeldía o algunas figuras como Poletti, Madero Bilardo y Conigliaro, seguía teniendo a otros integrantes del equipo que ganó el triplete 68-70: Pachamé, Aguirre Suárez, Malbernat y la “Bruja” Verón.

Y si bien Artime no había estado en la copa perdida por el CNdF en 1969 (llegó a Montevideo poco tiempo después de su culminación), todavía tenía frescas en su memoria las 4 batallas vividas contra ELP vistiendo la camiseta roja, en la edición del ´68. La posibilidad de alcanzar la gloria sudamericana y de tener “su” revancha estaba ahí, a la vuelta de la esquina.

El 26 de mayo de 1971, el “Pincha” ganó en La Plata 1-0 la primera final, resultado que se repitió en el “Centenario” pero a favor de los uruguayos, el día 2 de junio. Hubo que desempatar entonces y el Estadio Nacional de Lima fue el escenario para ello: la noche del 9 de junio, el “Bolso” ganó 2-0 (Artime hizo el segundo gol promediando el complemento) y así pudo lanzar el grito tantas veces postergado.

Y respecto a la Intercontinental, puede decirse que pese a tener figuras como el arquero brasileño Manga, a tipos como Masnik y Ubiña en defensa, volantes como Montero Castillo y Espárrago o un puntero de la talla de Cubilla, gran parte del mérito en obtener la copa fue suyo. El 15 de diciembre, marcó en Atenas el gol del empate en el 1-1 logrado ante Panathinaikos, subcampeón europeo que se presentó ante la cagueteada del Ajax del gran Cruyff, que no quiso jugar ante los uruguayos en aquellos años de partido de ida y vuelta; en tanto que el 28 de ese mes, con un gol en cada tiempo permitió a los uruguayos ganar 2-1 en el “Centenario” y conquistar aquel año el planeta fútbol.

A nivel individual, no puede dejar de señalarse que Artime fue goleador del certamen uruguayo por tercer año al hilo (con 16 conquistas), así como también del máximo torneo de clubes a nivel americano (con 10 goles), además del reseñado protagonismo estelar en la Intercontinental. Casi nada.

En el segundo semestre de 1972, y habiendo obtenido todo lo que podía obtener a nivel de clubes, el gran artillero hizo las valijas y volvió a Brasil, aunque esta vez no a San Pablo sino que fue a Río de Janeiro: Fluminense sería su nuevo club. Pero la experiencia en el balompié “carioca” fue bien breve (apenas 9 partidos jugó allí, con 4 tantos logrados) y en el verano de 1973 Artime estaba defendiendo nuevamente la blanca camiseta de Nacional, con la que se retiró en febrero del siguiente año, luego de convertir 85 goles (65 en el orden local y 20 en el ámbito internacional) en las cuatro temporadas allí disputadas.

Su última gran hazaña con la camiseta “Tricolor”, aunque con sabor agridulce, la realizó en el último partido de su primera etapa en el club, justo antes de partir a Río. El 3 de mayo del ´72, en el “Centenario”, el duelo entre Nacional y Peñarol cerraba uno de los dos grupos semifinales de la Copa Libertadores, en la que el “Bolso” defendía la corona lograda el año anterior. Con Universitario y el “Manya” punteando la zona con 4 puntos, al clásico rival de Nacional le bastaba apenas un empate para clasificar a la final, mientras que el “Bolso” necesitaba el milagro de ganar por 5 goles, toda vez que arrancaba el partido con sólo 2 unidades en 3 presentaciones y una mala diferencia de gol respecto a los peruanos.  Y luego de un primer tiempo sin goles, Artime quedó en los anales del fútbol uruguayo, al meter en el complemento 3 tantos (todos de cabeza) en un clásico disputado por la mayor copa del continente.

El 3-0 final no le bastó a Nacional para meterse en la final del torneo, pagando alto precio al 0-3 sufrido en Lima pocas semanas antes. Pero al menos, el “9” se hizo un lugar en los libros, aumentó -por si hiciera falta- su idolatría entre los hincha y evitó de paso que su eterno rival pudiera llegar a una nueva definición de la Libertadores.

Soy un profesional, podría haber jugado en Boca. Al único equipo al que nunca iría sería a Peñarol. Me siento muy identificado con Nacional. Gané allí las cosas más importantes de mi vida. Hasta fui campeón del mundo”. Con esas palabras expresadas en el reportaje de “El Gráfico”, puede reflejarse lo que significó el club uruguayo en su trayectoria profesional.

Consultado hace pocos años respecto a cómo fue que decidió retirarse, esto contó Artime, quien no se privó de revelar un particular ofrecimiento que le hizo la dirigencia del “Bolso” para convencerlo de continuar jugando: “Ya me venía costando levantarme para ir a los entrenamientos y un día me desperté y dije “mañana juego el último partido” y se terminó. Fue contra Olimpia, por la Libertadores, empatamos 1-1, yo metí el gol de Nacional, tiré la camiseta a la tribuna y basta, se acabó. Fue en febrero de 1974, recién empezaba el año, me quedaban 2 más de contrato, pero se acabó… Me llegaron a ofrecer que volviera a vivir a Buenos Aires y que sólo viajara los fines de semana a Uruguay para jugar los partidos, pero no quise. La verdad es que no me parecía correcto aceptarlo, porque no me hubiera gustado que un compañero hiciera eso. No me parecía bien que los consagrados sacaran ventaja”.

A pesar de haber anunciado ante la prensa su retiro de la práctica activa (hay que decir que nunca quiso que le hicieran el merecido partido homenaje, aunque siempre cuando lo convocan desde Montevideo para alguna recordación grupal dice presente), justo a los pocos días le llegó una oferta demasiado tentadora para cualquiera: nada menos que el Cosmos, con Pelé a la cabeza, quería contar con sus servicios. Pero él no aflojó y declinó el ofrecimiento: Ya me había retirado en Nacional, y entonces quise cumplir con mi palabra. El “Negro” me llamó por teléfono a los 15 o 20 días, se estaba armando ese gran equipo con él y Beckenbauer entre otros, pero ya me había comprometido a no jugar más. Si no era en Nacional, no era en ningún lado. La palabra para mí es muy importante”.

Continuará… 

Anuncios