Grandes goleadores argentinos: Luis Artime (Segunda y última Parte)

Cerramos esta reseña que inaugura la serie dedicada a los más grandes goleadores argentinos, con el recuento de la historia con la selección y los años post-retiro de las canchas de ese gran delantero llamado Luis Artime.

(Ver Primera Parte)

Selección: récord de eficacia

Pero más allá de su extensa y exitosa carrera a nivel de clubes, Luis Artime también pasó por la selección nacional, en la que jugó apenas 25 encuentros, en un tiempo donde se realizaban menos amistosos y las competencias oficiales generalmente eran más cortas que en la actualidad.

Sin embargo, el artillero se las arregló para quedar en la historia, toda vez que en esa cantidad de cotejos la mandó a guardar en 24 ocasiones, una barbaridad. Eso le permite tener el máximo promedio de efectividad de todos los tiempos con la camiseta celeste y blanca (0.96 gol por partido).

Uno de los goles de Artime contra España en 1966

En una historia que no se extendió demasiado en el tiempo, obviamente que lo más importante que jugó el goleador fue el Mundial de 1966, disputado en Inglaterra. Y en el cual, dio al mundo muestra de su productividad, al señalar 3 goles en las cuatro presentaciones del elenco dirigido por Juan Carlos Lorenzo.

Un Lorenzo al que Artime – al igual que varios de sus compañeros – no podía ni ver pese a ser titular. Alguna vez, cuando le preguntaron por el polémico entrenador, esto manifestó Luis recordando lo vivido en aquella copa: “La selección del ´66 era un equipo bárbaro que pudo superar la desorganización de la época y que encima, tuvo que lidiar con muchas disparatadas decisiones suyas. Por ejemplo, nos hizo jugar partidos increíbles de preparación contra obreros y oficinistas”.

Recordemos que eran años de crisis e improvisación en el fútbol argentino, más allá del gran éxito en la Copa de las Naciones del ´64, los fracasos en los mundiales de Suecia ´58 y Chile ´62, habían pegado muy duro pero eran el fiel reflejo de lo que pasaba fuera de la cancha en lo relativo al equipo de la AFA. De hecho, para Inglaterra ´66 el proceso se inició en febrero de ese año bajo la conducción de Osvaldo Zubeldía – quien a su vez no era el DT que había clasificado al equipo al mundial – pero el de Junín renunció 40 días antes del evento,  en solidaridad con un Antonio Faldutti a quien la AFA nunca le dio la jerarquía que pidió como integrante del cuerpo técnico.

Ahí fue cuando llega Lorenzo, con los jugadores ya en Europa. Y de entrada nomás fue resistido por casi todos los jugadores, siendo Artime uno de los que menos le cabía la manera de ser del entrenador pero sobre todo, sus excentricidades: “Además de los partidos contra oficinistas, estaba el tema de que nos enloquecía con otras cosas. Por ejemplo, nos daba papelitos con indicaciones para que los lleváramos en el bolsillo del pantalón y en medio de los partidos nos pedía que leyéramos sus instrucciones. ¡Una locura total!  Otra barbaridad que recuerdo es cuando pasamos por Italia, que se subió a una torre y nos gritaba cosas en italiano, una actitud que nos hacía perder dignidad, porque quería figurar delante de los periodistas de ese país donde había trabajado como entrenador”.

La participación mundialista argentina arrancó el 13 de julio en Birmingham, con triunfo 2-1 ante España y Luis marcando ambos goles, los cuales pueden verse ingresando al siguiente link.

Luego del empate sin goles ante Alemania Federal en la misma ciudad (el día 16), la albiceleste cerraría su primera fase ante Suiza en Sheffield, necesitando al menos un empate para meterse entre los mejores 8 equipos del torneo: pero para no dejar dudas, el 19 de julio los de Lorenzo ganaron 2-0, abriendo la cuenta el mendocino cuando arrancaba el complemento.

Pocos días más tarde llegaría el famoso 0-1 ante el dueño de casa en Wembley, por los cuartos de final. El sorteo polémico, el árbitro alemán, el excesivamente cauteloso planteo del “Toto”, la expulsión de Rattin y la mar en coche. Lo real y concreto es que Argentina se fue con frustración es cierto, pero con bastante dignidad también, en lo que fue la mejor actuación en un mundial post 1930 y pre 1978. Sobre ese encuentro y acerca de si habían jugado sugestionados porque el DT les había llenado la cabeza en la previa, esto afirmó hace poco tiempo: “Entramos pensando en ganar, esa es la realidad. Alemania era mucho más equipo que esa Inglaterra y le habíamos empatado sin que nos hicieran goles. Nadie nos pasó por encima, ni física ni futbolísticamente… para mí fue una de las mejores selecciones de todos los tiempos”.

Al año siguiente de la mayor cita futbolera a nivel selecciones, Artime cerró su ciclo en el Sudamericano jugado en Uruguay. Argentina fue subcampeón (detrás del dueño de casa) y él con 5 tantos anotados se llevó la distinción al máximo goleador del torneo.

Y decimos que cerró su ciclo, porque a pesar de tener 30 años de edad y jugar en gran nivel varios años más, al estar en clubes de Brasil y Uruguay desde 1968 hasta el final de su carrera el tipo jamás volvió a ser convocado para el combinado nacional. Sucede que eran tiempos en los cuales si jugabas en el exterior desde acá no te llamaban, sin perjuicio de que la selección cambiaba de técnico con gran frecuencia y los jugadores sentían que perdían prestigio si tenían que ir. Mirándole el lado positivo para él, se salvó del papelón mayúsculo de la eliminación para México ´70; aunque muchos futboleros viejos creen que con él en cancha, la historia hubiera terminado de modo distinto y con Argentina disputando el mundial.

Después del retiro: breve paso como DT, polémica y el después

Pocos meses después de dejar el fútbol, en 1974 un César Luis Menotti que recién agarraba la selección y comenzaba el largo camino hacia el Mundial ´78, le propuso que fuera uno de sus ayudantes de campo. Cabe destacar que con el “Flaco” se habían hecho muy amigos a fines de los 60´s mientras vivían en San Pablo, cuando Luis jugaba en Palmeiras y el rosarino lo hacía el Santos. César nos quería a Ermindo Onega y a mí para que fuéramos sus ayudantes, pero le agradecí y rechacé la propuesta. Éramos amigos y pensé que íbamos a chocar demasiado”, contó sobre esta (auto)frustrada posibilidad en el reportaje de 2014.

Un par de años después de colgar los botines, y como una forma de ganar algo más de plata y seguir despuntando el vicio, Artime integró un grupo llamado “El Equipo de las Estrellas”. ¿Qué era eso? Lo armamos entre el ´75 y el ´76, justo cuando me retiré. Íbamos de gira por todo el país, por ahí jugábamos un viernes a la noche en Salta y el domingo al mediodía en Tucumán -en cancha de 11- era un equipazo, como si ahora armaras un equipo con Verón, Palermo y Gallardo por decir algunos. En ese momento jugaban muchachos ya retirados como Marzolini, Rattín, Ermindo (N.deP.: Onega) o yo, y algunos que aún estaban en actividad como Perfumo o “Pinino” Mas. En esa época no había televisación, por ahí jugabas en Tucumán contra la selección de ahí y llenabas la cancha, después había una cena a la noche, se rifaban autos, económicamente era mucho…”.

Luego, a fines de la década del ´70, Artime comenzó a ejercer la dirección técnica, pero su fuerte carácter truncó en buena medida su carrera como entrenador.

Durante el primer semestre de 1979 Luis llegó a Atlanta, club con el que lo ligaba un lazo afectivo y que venía cumpliendo una mala campaña en el Metropolitano de ese año. El conjunto fue uno de los dos peores de una de las zonas (había dos de 11 integrantes cada una) que tenía aquel torneo y no pudo evitar jugar el recordado “cuadrangular de la muerte”: su equipo, Platense, Chacarita y Gimnasia (LP) jugarían todos contra todos a dos ruedas, logrando solamente el ganador de ese petit-torneo evitar el descenso a la Primera “B”.

Como es de público conocimiento, fue Platense el que zafó de la guadaña, por lo que Artime no pudo salvar a su querido “Bohemio”. Pero como nunca fue de callarse las cosas, el mendocino denunció públicamente a fines del ´79 la utilización de sustancias dopantes y prohibidas en el fútbol argentino, sin perjuicio de arremeter también contra otras irregularidades y contra la violencia de los barrabravas, fenómeno que tendría una verdadera explosión durante la siguiente década.

A casi 35 años de aquel episodio, con buena memoria, esto contó a “El Gráfico” el protagonista de esta historia: “Llegué a Atlanta y las mesas del vestuario estaban llenas de jeringas. Tiré todo a la mierda, dije “acá, nadie se pone más nada, si igual se “pichicatearon” todo el año y no sirvió para nada”. Y lo denuncié en entrevistas. Hubo un gran escándalo. Ojo: no pasaba sólo en Atlanta, sino en todos los clubes, eh… Se hablaba del “Pervitin”, eran estimulantes, pero yo creo que muchos jugadores ni sabían qué les daban. Había un gran negocio ahí con esas sustancias. Se comentaba que el primero que la trajo al país -desde Italia- fue el Independiente del “Colorado” Giúdice, después de ir a jugar las finales de la Intercontinental contra el Inter, en la década del ´60. A mí nunca me dieron nada o al menos no me enteré.”.

Vaya un pequeño gran detalle: cuando Artime dijo lo que dijo sobre el doping, casi todo el ambiente futbolero lo trató de “loco”. Casualidad o no, en 1980 un Julio Humberto Grondona que había asumido el año anterior la presidencia de la AFA, entre sus primeras medidas dispuso la instauración del control antidoping obligatorio para los partidos del fútbol argentino.

Preguntado que fue para que diga si había tenido problemas con los militares que en ese entonces gobernaban este país, esto respondió Artime: “Sí, los tuve. Estábamos en plena dictadura y me citaron un par de veces de Toxicomanía de la Policía Federal para ir a declarar. Pero no pasó de ahí”. Aunque a decir verdad, el periplo del ex jugador no terminó en esas visitas a la PFA, nada menos que el temible Contraalmirante Carlos Lacoste -el hombre de la dictadura más vinculado al fútbol en esos tiempos- también lo citó para conversar amablemente (?) a raíz de las “bombas” que había tirado el mendocino. Consultado sobre si tuvo miedo en esa ocasión, esto manifestó: “La verdad que no, era un poco inconsciente, pero no me amenazó, me pidió gentilmente que no hiciera lío. “Luis, mejor no hable más”, me dijo con tranquilidad. Yo igual seguí hablando, no me callé… yo no quería hablar mal de nadie, tenía miedo de que se muriera un jugador. Era muy difícil comprobar todo eso, pero por algo la AFA puso el antidoping poco tiempo después para todos los partidos”.

Artime se quedó en Atlanta para intentar en 1980 devolverlo a la elite, pero su equipo fue subcampeón de Sarmiento y como esa temporada en la “B” había un sólo ascenso a Primera División, los de Villa Crespo se quedaron en las puertas de la gloria. Asqueado por lo que había vivido en apenas un año y medio como técnico, y aconsejado por su familia debido a la amargura que se agarraba ante cada derrota,luego de un breve paso por Atlético Tucumán, el tipo decidió no dirigir nunca más, si de todas formas no necesitaba eso para subsistir.

Otra de las cosas que hizo una vez retirado, fue ser uno de los creadores del club “Renato Cesarini” de Rosario, el cual si bien desde hace muchos años tiene una función netamente formadora de juveniles, en sus primeros tiempos se dio el gusto de jugar alguna vez en la elite del fútbol argentino, más precisamente en los Nacionales de 1982 y 1983.

Cuando en la nota brindada a “El Gráfico” le preguntaron sobre el surgimiento de la institución, esto contó Luis: “Jorge Solari fue el de la idea, y el que nos unió a todos. Estaba con su hermano Eduardo y dos hermanos más, llamó a Ermindo y Daniel Onega, a mí y a un par de amigos más y en el ´75 creamos el club. En 1978 para afiliarnos a la Liga Rosarina teníamos que presentar un equipo en Primera así que me volví a poner los pantalones cortos y convocamos a otros ex jugadores, estaban por ejemplo “Pocho” Pianetti y Alberto González, de Boca, dirigía el “Indio”, jugaba también Ermindo y yo entraba un rato, porque ya tenía casi 40 años”. La aventura tuvo un gran estreno ciertamente, pero lo cuenta mejor el propio protagonista: “Nos fue muy bien, en el ´79 fue la primera vez en la historia que no ganó la liga un equipo de doble afiliación, o sea que estuviera también en la AFA. Ahí siempre ganaba alguno de los mismos cuatro: Central, Newell´s, Argentino o Central Córdoba. Y Renato Cesarini rompió esa racha, por primera vez ganó la liga un equipo distinto (N.deP.: esto no es estrictamente cierto. En décadas anteriores hubo un par de clubes que no estaban en ese grupo y también obtuvieron la liga). Pocos años después incluso participamos del Nacional, pero ahí yo ya no jugué: por ejemplo, le ganamos a Vélez y le metimos 5 goles a Racing en Arroyito”.

A partir de mediados de los 80´s su figura cayó al ostracismo futbolístico, en buena medida por aquellas polémicas declaraciones de 1979. Pero ya radicado en la localidad bonaerense de Moreno, igualmente encontró actividades para pasar el tiempo: puso una casa de deportes (que aún mantiene) en sociedad con Daniel Onega, uno de los mejores amigos que le dejó el fútbol. Se dedicó también a cultivar la amistad con muchos de los compañeros que recogió en una década y media de carrera. Pero además, creó una escuela de fútbol para contener a chicos de aquella populosa (?) ciudad del conurbano bonaerense: “La tuvimos como 20 años, fue un proyecto grandioso, cuando no existía la escuela de (Claudio) Marangoni ni ninguna otra. Llegamos a tener como 400 pibes, era totalmente gratuito y lo sosteníamos con rifas, con lo que se vendía en el bar, con asados los domingos, había gente que donaba la comida y cumplíamos una función social, sacábamos a los chicos de la calle”.

Alguna vez, cuando le preguntaron acerca del cierre de la escuela, su hijo Javier contó lo siguiente: “Yo vivía ahí adentro, me hicieron pasar una infancia y una adolescencia increíble, super feliz, contratábamos colectivos y nos íbamos a jugar por distintas ciudades… pero se terminó porque cambió la sociedad. Cada vez lo veía al viejo más amargado. Los padres empezaron a exigir: que el colectivo no estaba bien, que el seguro, esto y lo otro, los padres te empezaban a discutir de fútbol y cada vez costaba más mantenerlo. Una pena”.

Además, Artime trató de acompañar de cerca la carrera futbolística de uno de sus hijos (Luis Fabián), quien ya antes de debutar en primera tenía sobre sus hombros el enorme peso de lo que había significado su padre para el fútbol argentino, y quien una vez en el verde césped no pudo ni por asomo replicar la carrera de su progenitor. “En Belgrano le fue muy bien, yo no quería que jugara en Independiente, donde finalmente jugó, ni en Nacional, que lo vino a buscar varias veces. ¿Por qué? Porque es jodido. Yo por ejemplo gané todo en Nacional ¿cómo hacés? Cualquier cosa que hiciera él iba a ser poco”, manifestó pocos años atrás.

Ya a comienzos del siglo XXI, y luego de varios años de anonimato, volvió a realizar polémicas declaraciones respecto al tema doping, lo que le valió juicios del “Toto” Lorenzo (y sus deudos, tras el fallecimiento del DT en el año 2001) y de Hugo Osmar Perotti, entre otros. Respecto al ex delantero boquense, Artime en el año 2000 manifestó: “Al “Negro” Perotti lo mató él (por Lorenzo), a los 24 años no pudo jugar más porque estaba destruido físicamente de tanta falopa que le dieron en Boca”.

En febrero de 2007, el destino lo puso a prueba, ya que sufrió un ACV mientras estaba de vacaciones en la costa argentina, quedando hemipléjico durante varios meses: “Estábamos en el departamento de Mar del Plata con toda la familia y empecé a sentir algo raro, por suerte no estaba solo, me llevaron directo al hospital”.

Eso lo declaró varios años más tarde, en 2014 más precisamente. Porque a pesar de que el accidente cerebro-vascular le dejó secuelas en el habla -él puso en foco en recuperar al 100% la parte motora-, se las ingenia para brindar entrevistas al día de hoy, con la ayuda de su hijo Javier o de su esposa. Pero quien se lo cruza en la zona donde tiene su negocio y no sabe de su ACV, jamás podría imaginar que sufrió uno, el tipo aún con sus 79 años de edad está físicamente está intacto.

Alguna vez le preguntaron qué significaba el gol para él. Y esto fue lo que respondió el hombre que hizo de meterlos, su oficio: “La gente, la alegría de la gente, lo que esperaban todos. Mi obligación era oler los goles en el área y después concretarlos. Y me alegraban tanto que los gritaba muchísimo, los festejaba con intensidad hasta en los entrenamientos… mis compañeros me decían que estaba loco”.

Y cuando le preguntaron por el “Artime de hoy”, el tipo no dio demasiadas vueltas al responder: “(Martín) Palermo quizás fue el último. Me siento identificado con él, porque le decían que era un burro pero metía cualquier cantidad de goles, se dieron situaciones similares. Quizás la diferencia es que Palermo saltaba muy bien, yo hacía goles de cabeza, pero sin saltar demasiado. Pero sí, me sentí identificado con él”.

Delantero que marcó a fuego una época, y que debería ser espejo para muchísimos atacantes. Pescador mágico, con mente fría y pique electrizante, era el dueño de ese grito que hace explotar a un estadio, porque el gol sin dudas, es la máxima expresión del fútbol. A continuación, algunos consejos para los que ocupan ese puesto de la cancha: “Hay que llegar un segundo antes al lugar indicado. En general, yo veía por dónde venía la pelota y me ubicaba en el lugar opuesto a la jugada. Eso es importante. También ir al error, siempre pensé que el defensor se podía equivocar y ahí tenía que estar preparado… Hay que estar siempre despierto, el fútbol es para los vivos. Pero no para los vivos que hacen trampa y quieren sacar ventaja. Vivo es el que está metido los 90 minutos en el partido, el que aprovecha al máximo sus condiciones, aunque no sean las ideales. Yo nunca fui un exquisito del fútbol, mis limitaciones de manejo eran conocidas, pero pude triunfar en el fútbol”.

¿Lujos? ¿Chiches? ¿Cosas para la tribuna? A él no le vengan con eso: “Siempre hay que tener decisión en el área. Y patear. Yo metí goles con la rodilla, o empujando la pelota con la tibia o tirándome al piso para darle con los tapones o desviando un centro con el muslo. Todos valen uno. He visto perder muchos goles por algún lujo innecesario”.

Pero tratándose de un tipo que conquistó 164 goles en los 219 partidos que jugó por campeonatos argentinos entre 1959 y 1968, siempre vale la pena leer o escuchar un poco más sobre cuestiones vinculadas al puesto. Por eso, acá van otras definiciones sobre una persona más que autorizada en la materia: “Hay que estar bien perfilado. Uno de los hombros debe apuntar a un poste del arco siempre. Con un buen perfil, uno sabe que tendrá bien plantado el pie de apoyo y podrá aguantar mejor la carga del contrario. Cuando la jugada me sorprendía de espaldas lo solucionaba tocando para atrás o a los costados y buscando mi mejor perfil. Asimismo, el delantero debe echar un vistazo cuando entra al área y saber dónde está el arco. Eso es indispensable. Y debe perderle el miedo a la palabra vergüenza: Yo he mandado cinco seguidas a la tribuna y no me importaba, alguna iba a entrar”.

Hasta era vivo para no mostrar flaquezas, ni a los propios ni a los contrarios sobre todo. ¿Cómo es eso? Mejor lo cuenta él mismo: “Nunca hay que lamentarse ni agarrarse la cabeza por un gol errado, aunque te estés muriendo de bronca. Si vos te lamentas agrandas al rival, desmoralizas a tus compañeros y hasta avivas a los hinchas de tu equipo, que por ahí estaban distraídos, y por ese gesto empiezan a insultarte. Por otra parte, he visto a delanteros perderse goles en una segunda jugada por estar lamentándose”.

Luis Artime fue uno de los más destacados goleadores argentinos de la década del ´60, aunque su poder de fuego ya se vislumbró a fines de los 50´s y se extendió casi hasta mediados de los 70´s, en una muestra de enorme vigencia. Goleador empedernido, era el terror de los arqueros porque poseía una excepcional intuición para ubicarse dentro del área, en el lugar donde casi siempre caía la pelota, y casi siempre llegaba a la misma una fracción de segundo antes que su ocasional marcador.

Como cierre de esta historia, dejamos a continuación algunas palabras textuales del propio protagonista, pronunciadas en la década del ´70 cuando aún usaba los cortos pero que no tienen fecha de vencimiento, en una especie de autodefinición: “Escucho que el gol es cuestión de suerte. Me hace gracia. ¡Al gol hay que ir a buscarlo! Mi mayor virtud fue adelantarme siempre a la jugada, llegar un segundo antes que mi marcador y después saber definir. Era intuitivo, tenía la varita mágica de ser el goleador. Tuve la fortuna de ser quien se queda con toda la gloria, al ser el último que tocaba la pelota. Fui un oportunista, un afortunado”.

Ganó un campeonato argentino, tres torneos uruguayos, una Libertadores y una Intecontinental. Pero más allá de los trofeos ganados como parte de un grupo, esta bestia quedó en la historia porque fue cuatro veces goleador en nuestro país y en tres ocasiones cuando estuvo del otro lado del Río de la Plata, además de serlo en un sudamericano de selecciones. En clubes argentinos señaló 172 goles (51 en Atlanta, 68 en River y 53 en Independiente); cuando estuvo en Brasil hizo 53; y en su paso por Uruguay registró 80. Así las cosas, con 305 goles oficiales -a los que deben agregarse los 24 marcados en la selección- no cabe duda de que el señor Luis Artime, merecía ser el primer homenajeado de esta sección.

Porque si hablamos de grandes goleadores que parió este suelo, ahí – bien arriba – brilla el nombre de este mendocino, uno los mejores delanteros argentinos de la historia.

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