Los trepidantes 10 minutos de Mr. Leroy Rosenior

En estos tiempos donde a cada momento se buscan resultados inmediatos, les traemos a ustedes la historia de un entrenador que no pudo convencer a toda una dirigencia y tuvo que dejar su cargo. ¿No le ven lo raro? Entonces pasen y lean. Quizás les tome igual o menos tiempo del que dispuso nuestro protagonista.

Torquay es una pequeña ciudad portuaria ubicada en el extremo sur de Inglaterra, a casi 300 kilometros de distancia de Londres. Su nombre deriva del celta y no significa otra cosa que “muelle de la torre”, ya que en el Siglo XIX solían reinar grandes torres en las colinas que acompañan el paisaje. Tal como sucede en nuestro país, en cada rincón del suelo británico hay un equipo de fútbol además de borrachos tirados. En Torquay encontraremos al Torquay United, al cual mucho no le podemos pedir. Sus máximos logros fueron ser subcampeón de la Third Division (actual League One) en la temporada 56/57 y de la Football League Trophy (en aquel entonces denominada Sherpa Van Trophy, era algo así como una FA Cup pero para equipos de Tercera a Octava División) en la temporada 88/89, donde perdió como 4 a 1 frente al Bolton tal y como se puede apreciar aquí, aquí y también aquí. También se vanaglorian de haber sido los formadores de Lee Sharpe, aquel polifuncional volante del Manchester United de principios de los ’90, quien con tan sólo 16 años fue adquirido por los Red Devils por 200.000 libras, precio récord para el club en aquel entonces. Por último, cabe destacar el vínculo que el club tiene con determinados nombres que viven en la memoria del futbolero inglés. En la última temporada, su goleador fue Nathan Blissett, sobrino del recordado Luther Blissett. Además, allí jugó su última gran temporada Justin Fashanu, aquel delantero que en 1990 salió del closet de manera furiosa y fue discriminado por el mundo del fútbol, debiendo irse de su país durante ocho años para luego regresar escapando de una acusación de violación que no fue tal y que lo llevó a suicidarse sumido en una depresión. Como último detallito, también jugó una temporada ese gordo hermoso llamado Adebayo Akinfenwa, quien saltó a la fama hace unos años por su capacidad goleadora a pesar de sus 102 kilos.

Una de las pocas imágenes de Lee Sharpe con la camiseta del Torquay United.

Pues bien, la historia del Torquay no es muy grande que digamos pero podemos decir que siempre ha intentado superarse. Su última gran aparición en las categorías profesionales del fútbol inglés fue en la temporada 04/05, cuando participó en la League One tras haber obtenido el ascenso en la anterior campaña pero perdió la categoría en la última fecha de manera dramática. El técnico de aquel equipo era Leroy Rosenior, quien fue el artífice de conducirlos a la tercera categoría pero también quien no pudo salvarlos del descenso. Rosenior se mantendría un año más en el cargo y se alejaría para conducir al Brentford. Su alejamiento produjo un cataclismo en el club, que no pudo enderezar el barco la temporada inmediata a su partida y terminó cayendó en la Conference League, la quinta división de la FA. El operativo retorno estaba en marcha. Ahora, ¿quien diantres es Leroy Rosenior?

Pues bien, el tipo en cuestión había sido un delantero mediopelo que se destacó en el Fulham cuando éste estaba en la Second Division y que tuvo la chance de jugar en la Premier más de lo que uno se imagina vistiendo los colores del QPR y del West Ham. Hasta se dio el lujo de aprovechar sus raíces africanas y jugar un partido para Sierra Leona, lugar de nacimiento de su padre. Tras su retiro en Gloucester City -donde ofició de técnico y jugador al mismo tiempo- en 1998, no tuvo muchas chances de mostrar sus capacidades como entrenador. Apenas un paso por el Merthyr Tydfil -equipo gales de la Southern League (octava categoría del fútbol inglés)- que no terminó de la mejor manera ya que perdieron la categoría. Mágicamente y vaya a saber uno porqué, la siguiente temporada asumió como entrenador del Torquay United. Luego de su paso por allí, se fue al Brentford y le fue como el culo: realizó una campaña pésima con tan solo tres victorias en veinte encuentros y renunció. Obviamente, el nuevo entrenador no pudo torcer el rumbo de las cosas y el equipo perdió la categoría.

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Rosenior enfundado con la casaca del West Ham, allá por 1988

Lo cierto es que antes que la historia que vamos a contar sucediera, Rosenior ya estaba montadito en un huevo. ¿La razón? Aducía que no lo llamaban a dirigir mejores equipos por ser negro. El tipo tenía sus pruebas: en aquel entonces, en todo el sistema de fútbol profesional del fútbol inglés, sólo tres entrenadores eran de raza negra y todos ellos dirigían en la última categoría. El enorme John Barnes también supo poner el grito en el cielo por la misma causa (“¿cuantas veces tenes derecho a fallar cuando sos un entrenador negro?” dijo alguna vez la gloria de Liverpool). Tras el mentado ascenso con el Torquay United creyó que las ofertas caerían de par en par pero sólo el Brighton lo contactó y no pasaría más allá de un par de intercambios vía telefónica. Se quedó un año más y luego al Brentford, donde fracasó. Eso sí, cuando lo volvieron a llamar desde Torquay no dudó. Y acá es donde empieza todo.

Mike Bateson era el dueño de la mayoría del paquete accionario del Torquay United. El club venía a los tumbos tanto en lo económico como en lo deportivo. Debía recurrir a una mano amiga, alguien que conociera al club y que tampoco exigiera mucho dinero para tomar las riendas del equipo. No dudó en llamarlo a Rosenior, con quien ya había compartido cuatro años. “Me dijo que el club estaba en venta pero que no tenía entrenador para la próxima temporada. El equipo acababa de descender y yo quería trabajar”, cuenta. Incluso, el 16 de Mayo la BBC levantó algunas de las declaraciones de Rosenior previo a la presentación formal. El 17 de Mayo de 2007, en la sala de prensa de Plainmoor -así se llama el estadio-, Leroy Rosenior era presentado como nuevo entrenador del Torquay United. La conferencia de prensa incluyó firma de contrato y foto con el presidente. Diez minutos después, una vez finalizada la rueda de preguntas por parte de los periodistas, Leroy Rosenior era despedido como entrenador del Torquay United.

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Dream on white girl, Dream on black boy

Ha leído usted bien. La segunda estadía de Leroy Rosenior en el Torquay United no pasó de los 600 segundos. La explicación la da el propio entrenador: “una vez que terminé la conferencia, salí de la sala y sonó mi teléfono. Era Bateson diciéndome que vaya a su oficina. Allí me contó que había vendido el club. Sabía que podía pasar, claro que sí, pero nunca pensé que lo haría mientras yo daba la puta (sic) conferencia de prensa!, cuenta Rosenior. La mayoría del paquete accionario fue vendido a una suerte de consorcio de compradores encabezados por un tal Chris Boyce, quien ya tenía apalabrado a un tal Paul Buckle, ex jugador de la institución. Así fue como Boyce se apersonó en la oficina de Bateson, se presentó ante Rosenior y le dio las buenas nuevas. La situación no pasó para nada desapercibida en los medios y el amarillismo inglés se hizo presente. Algunos reportes afirmaban que dentro del grupo de compradores del club se encontraba Colin Lee, ex Director de Fútbol del club, quien había sido echado por Bateson tres días antes. Prontamente tuvieron que salir a aclarar que no era así. Rosenior no volvió a dirigir nunca más.

“Puede sonar gracioso, pero fue lo mejor que me pudo haber pasado”, confiesa. “Tenía en mente trabajar en los medios y ya se sabe como es: toda publicidad es buena publicidad. El viernes mi cara ya estaba en todos lados”. Fue el trampolín que necesitaba para impulsarse. A partir de allí, todo fue hacia arriba. Participó como comentarista de la BBC en la cobertura de la Copa de Africa 2008 y se acomodó en varios programas de fútbol de la emisora británica por excelencia. Además es embajador de la campaña contra el racismo Show Racism The Red Card, donde anima a los jóvenes de raza negra a enfrentar los problemas de la discriminación, algo que él no supo hacer durante su carrera como futbolista. “Hubiera preferido romperme la mitad de los huesos de mi cuerpo a tener que haber soportado las cosas que me dijeron. Hubiera sido menos doloroso”, afirma con gesto adusto. Eso sí, cuando habla de su breve segundo paso por el Torquay United, se le dibuja una sonrisa cómplice.

“Creo que hice un buen trabajo, ¿no?”

 

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