El capitán

En este espacio continuamos contando las historias de aquellos futbolistas europeos que se relacionaron de alguna u otra manera con la Segunda Guerra Mundial. Hoy: Alexandre Villaplane, el argelino francés mundialista colaboracionista nazi.

En entregas anteriores, hemos repasado algunos ítems de los Juegos Olímpicos de Berlín, el goleador que peleó en la SGM y el equipo del Estado Independiente de Croacia. Para esta oportunidad continuamos recorriendo Europa pero comenzamos un par de años más atrás, con otro ser de luz que tiene una historia para contar.

Alexandre Villaplane nació en Argelia, el 12 de septiembre de 1905. A los 16 años, partió rumbo al sur de Francia, para instalarse en la casa de uno de sus tíos y encontrándose con lo que lo haría saltar a la fama: el fútbol. Para ese entonces, el deporte más popular estaba atravesando su última década amateur en aquel país. Rápidamente, Alex encontró su lugar en el FC Sète, ubicado a pocos kilómetros de Montpellier, donde fue aceptado por el escocés Victor Gibson, suerte de jugador-entrenador. El club estaba pasando un buen momento en los primeros años de la década del ’20, consiguiendo dos títulos regionales y el subcampeonato de la Copa de Francia de 1923, todo con el joven jugador en sus filas, donde hizo su aparición en 1922, a los 17 años, como mediocampista central. Tuvo más presencias en el certamen regional aunque también llegó a jugar algunos encuentros de esa Copa, sin estar en la final.

El Sète, equipo sensación del amateurismo francés.

Luego de ese torneo, se sumó al regimiento de Montpellier, donde jugó para el equipo del ejército francés en dos amistosos ante sus pares ingleses y belgas, como lateral izquierdo. Mientras tanto, el Sète volvió a llegar a las semifinales de la Coup de France. Regresó al club y su velocidad, su cabezazo y sus buenas actuaciones fueron determinantes para que le llegara el llamado de la selección francesa para jugar los seis partidos amistosos de 1926: Bélgica (dos veces), Portugal, Suiza, Austria y Yugoslavia. Y no fue un hecho de poca relevancia, porque Alexandre se transformó en el primer jugador del norte de África en jugar para el combinado francés.

Permaneció en Sète hasta 1927, haciéndose de todo un nombre en el ambiente. Si bien el profesionalismo aún no estaba permitido, los equipos ya recurrían a diversas tácticas no del todo claras para hacerse de los servicios de los deportistas del momento. A Villaplane le llegó el llamado del Nîmes, clásico rival del club que lo vio nacer. El ofrecimiento de un puesto de trabajo en una empresa amiga de la dirigencia, en realidad se trataba de un (muy buen) contrato como futbolista. En el equipo albirrojo fue campeón invicto del Sureste, lo que le permitió llegar a la máxima categoría. En este club fue donde su energía y su inteligencia en el terreno de juego repercutieron en un reconocimiento a nivel nacional. En el ’28, le llegó su primera gran presentación en un torneo internacional: Los Juegos Olímpicos de Amsterdam. En este torneo a eliminación directa, los galos se volvieron rápidamente, luego de no poder sostener el 2-0 parcial ante Italia, perdiendo finalmente por 4-3.

1929 es el año donde comienza lo mejor y lo peor de su etapa como deportista. Deja el sur del país, donde es tentado por el proyecto deportivo del Racing Club de París. Y si, donde dice “proyecto deportivo” debe leerse “carretillada de plata”. La nueva dirigencia del club pretendía meterse en la discusión para ver quién era el mejor del país, peleando billetera en mano con el Red Star, el Olympique de Marsella A.B. (antes de Bielsa) y el Sète. Formando parte de Les Pingouins (apodo por el que eran conocidos popularmente) tras ser señalado como el refuerzo prioritario, ni se preocupó por disimular la cantidad de dinero que recibía por debajo de la mesa, donde pasó a ser un reconocido habitué de cabarets, hipódromos y locales de apuestas.

Los franceses, entrenando camino a Montevideo

Para ese entonces, un minúsculo grupo de selecciones se preparaba para la primera Copa del Mundo a disputarse en Uruguay. Poco tiempo antes del inicio, Villaplane pasó a ser nombrado capitán del equipo, siendo en este rubro el primer africano en conseguirlo. Fue titular en los tres partidos del grupo, donde vio cómo su compañero Lucien Laurent marcó el primer gol de la historia de los mundiales en el 4-1 a México en Pocitos (en “el día más feliz de su vida”, según sus palabras), para ser eliminados con sendos 0-1 ante Argentina y Chile.

Villaplane, ramo en mano, capitaneando a Francia

A su regreso en Europa, su carrera comenzó a perder potencia. En 1932 se profesionalizó el fútbol y nuevamente Alexandre fue el jugador a contratar. El Olympique Antibes se hizo de sus servicios, donde se reencontró con dos ex compañeros de sus primeros años: el arquero Laurent Henric y el mediocampista Louis Pierrot Cazal. El equipo llegó a cuartos de final de la Copa de Francia y fue la revelación del torneo local, que desde ese año dividía a sus equipos entre los del norte y los del sur, jugando los ganadores de cada grupo por el torneo nacional. La victoria 5-0 ante el Sporting Club Fives Lille llegó con una mala noticia: la confirmación de la investigación por arreglo de partidos. Entre las averiguaciones realizadas por la entidad madre del fútbol francés, aparecieron los nombres de tres futbolistas que casualmente aparecen en este mismo párrafo. También apareció el entrenador del equipo, aunque varias versiones indican que había sido señalado como el chivo expiatorio. El equipo fue descalificado, debió cambiar su nombre y Villaplane (pese a que no se lo pudo incriminar del todo) debió abandonar el club por presión de la prensa. Así fue como en 1933 recaló en el Olympique Gymnaste Club de Nice Côte d’Azur. El Niza, para los amigos.

El cambio de aires no evitó que siguiera con su costumbre de las apuestas en el hipódromo, donde perdió gran cantidad del dinero ganado como futbolista. Claro que esto repercutía en su trabajo, con varios faltazos a los entrenamientos y poco apego a la disciplina. De igual manera, ya tenía la chapa suficiente como para jugar casi una veintena de partidos, incluso como capitán. Sus últimos cartuchos los quemó en la temporada 1934/35, cuando su mecenas Victor Gibson lo llevó al Hispano Bastidienne, de la segunda división. El retiro lo encontró preso, acusado de ser parte de una red de fraudes en las apuestas de las carreras de caballos, a los tres meses de llegar al club. Con ese año en cana (y antes de cumplir 30 años) terminó la carrera deportiva del primer capitán mundialista francés, aunque todavía queda bastante por detallar.

Ya para ese entonces, su figura de deportista estrella había quedado olvidada, tras caer preso en varias oportunidades, generalmente por delitos menores. El inicio de la Segunda Guerra Mundial lo encontró en París y cercano al nazismo. Los invasores establecieron una red de ayudantes locales, creando la Carlingue o ‘Gestapo francesa’. Además del contrabando, la Carlingue se dedicó también a la detención y tortura de los líderes de la resistencia, además de perseguir a los parisinos judíos. Nuevamente fue encarcelado un par de meses y al salir se une a los líderes Henri Lafont y Pierre Bonny, donde su tarea era vender el oro que les sacaban a los prisioneros. Para contextualizar, Lafont -sin motivación política o racial- era descrito como un psicópata, que recorrió las cárceles parisinas, organizó la liberación de antiguos asociados y de cualquier persona que sirviera a su causa. Bonny era un ex policía encarcelado por corrupción, que se convirtió en su mano derecha. A esta altura siendo buscado por casi todos, en 1942 se muda a Toulouse, donde su ex compañero Louis Cazal le consigue una identificación falsa. Le sirvió de poco, porque lo engancharon en una venta ilegal de piedras preciosas, siendo liberado al año siguiente. En este punto, se hizo fuerte en la recientemente creada Brigada Norte Africana, donde fue ascendido a Untersturmführer o Jefe de Asalto.

El 23 de agosto de 1943 es arrestado por su participación en el asesinato de al menos once partisanos, algunos menores de edad, por lo que fue condenado a muerte el 1º de diciembre de 1944. En el juicio el fiscal sostuvo que “varios testigos contaron haber visto, con sus propios ojos, como Villaplane arrancaba de las manos las joyas a judíos y gitanos, aún ensangrentados y moribundos. En su rostro, se reflejaba una profunda sonrisa de satisfacción. Parecía casi fortalecido”.  En el libro Tu Trahiras Sans Vergogne de Philippe Aziz (1970), se refleja esta historia: “Alex y tres de sus hombres irrumpieron en la casa de Geneviève Léonard, acusada de albergar a un judío. Se apoderó de la madre de 59 años por el pelo y dijo: -¿Dónde está tu judío? La señora se negó a contestar. Alex la tomó bruscamente, la empujó a una granja vecina golpeándola con la culata del rifle en el camino. Allí la obligó a mirar una escena espantosa, donde hombres del BNA torturaban a dos campesinos. Después de ser golpeados y quemados, fueron ametrallados a corta distancia. Durante esos minutos otros hombres del BNA localizaron al judío Antoine Bachmann. Lo llevaron a la granja, donde Alex se ríe, lo golpea y lo arresta, ordenando a Léonard que le dé 200.000 francos”.

Pero además, cuando se acercaba la derrota alemana, empezó a mostrarse como un desertor, explicando que había sido obligado a colaborar y liberando a prisioneros. Eso sí, sin contar que los salvaba de una muerte segura a cambio de grandes sumas de dinero. Fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento el 26 de diciembre, en el Fuerte de Montrouge. El ex capitán de Francia tenía 39 años. En ese país, de los 311.000 procesados por colaboración, 124.000 fueron condenados.

Fue uno de los futbolistas más destacados en Francia en los albores del profesionalismo, señalado por perseguir el vil metal cuando los sentimientos y la identificación por un club estaban a la orden del día de los románticos futboleros. El primer africano en representar a Francia, no será recordado por su capitanía en el primer Mundial, sino por la cantidad de crímenes con que se los vincula.

Fuentes: [1][2][3][4][5][6][7][8]

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