Grandes arqueros argentinos: Rogelio Domínguez

Vuelve la sección que se dedica a repasar vida y obra de los arqueros nacidos en esta tierra que han dejado una huella en el fútbol. En esta nueva entrega, vida y obra de un crack de las décadas del ´50 y ´60, único argentino en su puesto que levantó la Copa de Campeones de Europa.

Rogelio Antonio Domínguez nació en la ciudad de San Miguel, el 9 de marzo de 1931. Siendo un pibe, y mientras jugaba la final de un campeonato intercolegial fue descubierto por Carlos Peucelle, ex jugador de River Plate que en la década del ´40 manejaba las inferiores del club de Nuñez. Fue el famoso “Barullo” quien le vio talento y buen porte para desempeñarse en el arco y lo invitó a fichar por la banda roja… pero había un pequeño (gran) detalle en esta historia.

Domínguez aún no había cumplido 16 años de edad, el mínimo necesario en ese entonces para que River pudiera ficharlo. Entonces Peucelle habló con conocidos que tenía en el Club Sportivo Dock Sud, para que el adolescente jugara allí durante un tiempo y luego estuviera en condiciones de ir a Nuñez.

Pero el tiempo fue transcurriendo, en el “Millonario” se olvidaron de ir a buscarlo y tras haber pasado un par de años en la modesta institución de Avellaneda, fue visto por delegados del Racing Club, que no dejaron pasar la oportunidad de “soplárselo” a River, que para cuando se quiso acordar de buscar a la joyita ya era tarde. Así  comenzó la etapa racinguista del “Flaco”, la cual entre inferiores y primera duraría casi una década.

Racing Club: el salto a la fama

Domínguez arrancó en 1948 en las inferiores de la “Academia”, mientras veía los domingos al gran equipo dirigido por Guillermo Stábile, ese que lograría el primer campeonato profesional del club en la temporada siguiente. En su puesto jugaba Antonio Rodríguez -considerado entre los mejores arqueros de la época- y uno de los grandes responsables de que Racing pudiera desvirgarse (?) tras casi dos décadas de profesionalismo en la Argentina.

Los de Avellaneda le tomaron el gustito a eso de salir campeones, por lo que repitieron en 1950. Rogelio ya la rompía el domingo en los equipos de Tercera y Reserva, pero aún no tenía la oportunidad de debutar y mostrar sus condiciones en la primera división, dado que Rodríguez seguía siendo amo y señor del arco blanquiceleste, con Manuel Graneros como suplente jugando unos pocos partidos por campeonato.

Ya sin Graneros para pelear por la suplencia, pero con Héctor Grisetti (que había sido campeón con River en el ´47) ocupando ese lugar, en 1951 Domínguez pudo por fin debutar en la elite del fútbol nacional. Su estreno tuvo lugar el domingo 26 de agosto, en el 1-1 registrado en La Plata entre Estudiantes y Racing, por la 21º fecha de un torneo que tuvo 34 jornadas y en el cual la “Academia” buscaba revalidar sus títulos del 49´ y el ´50. Y pese a que el joven debutante debió ir a buscar la pelota adentro de su arco a los 9 minutos de juego nomás, en el resto del partido se mostró aplomado y correcto según recuerdan crónicas de la época.

El único partido jugado por Domínguez en aquel año ´51 le bastó para quedar en la historia del equipo campeón, porque sí, Racing venía tan embalado que ganó nuevamente el torneo, convirtiéndose así en el primer tricampeón del fútbol argentino.

Con Racing en una gira por Europa

A fines de esa temporada el viejo Rodríguez decidió irse con toda la gloria, pero la puerta del arco no se le abrió al juvenil guardameta. El experimentado Grisetti continuó en Avellaneda y por eso se quedó con la titularidad para 1952, torneo en el que el equipo fue subcampeón y Rogelio volvió a disputar apenas un encuentro, perjudicado en parte porque los dirigentes le trajeron desde Quilmes a Alberto Favalli para que peleara con él por ser el primer relevo del puesto: fue el 7 de septiembre, esta vez ante su gente, en la victoria 2-0 ante Platense.

Pero en 1953 la situación cambió radicalmente: no hubo oposición que valga del “Suicida” Grisetti ni de Favalli y Domínguez tuvo asistencia perfecta como titular, jugando los 30 partidos de un certamen en que Racing finalizó en un buen 3º puesto. Hay que imaginar cuan buenas eran las condiciones de este tipo, que con apenas 22 años se bancó un campeonato entero y fue uno de los puntales para que su equipo terminara ubicado en el podio. Porque ni ayer ni hoy, es muy habitual que un arquero de esa edad juegue todos los minutos de un campeonato, con tan buen rendimiento además.

Luego de pelear el torneo en 1948 (probablemente lo hubiera ganado si no mediaba la famosa huelga de jugadores faltando pocas fechas), de ser campeón en 1949, 1950 y 1951, y además meter podio en los 2 torneos siguientes, sorprendió a todo el mundo que Racing finalizara el certamen de 1954 en un oscuro 10º puesto, en un tiempo en que sólo 16 clubes jugaban en la “A”. Ese año Domínguez volvió a ser el dueño del arco blanquiceleste, disputando 28 de los 30 partidos de la temporada, dejándole apenas un par de encuentros a un ya veterano Grisetti.

Demostrando que lo del ´54 había sido apenas un paso en falso, en 1955 Racing volvió a lograr el subcampeonato y en 1956 clasificó en el 4º puesto,siendo Rogelio uno de sus pilares fundamentalesy habiendo desarrollado una gran identificación con el club pese a ser bastante joven todavía. En el primero de esos torneos jugó 24 partidos (Grisetti y Favalli se repartieron los 6 restantes), mientras que en el segundo estuvo presente en 29 ocasiones y Osvaldo Negri, llegado en silencio desde el humilde Colegiales, lo reemplazó la única vez que no pudo jugar.

Racing en 1955

Ese partido del ´56 en el que se ausentó fue una especie de simbólico “paso de posta”, toda vez que fue el último torneo que Domínguez jugaría completo para el club con el que comenzó su carrera. Cuando a mediados del año siguiente el tipo recibió la gran oferta de su vida, Negri se quedó con el arco y sería el “1” titular por varios años, ganando los títulos de 1958 y 1961.

Pero volvamos al protagonista de esta historia. En 1957 el “Flaco” -como era lógico-arrancó una vez más como titular indiscutido y hasta la 9º fecha sólo se había ausentado en el encuentro correspondiente a la 6º jornada, de un torneo en que su equipo terminaría una vez más en el podio con un buen 3º lugar. Pero el 30 de junio de aquel año jugaría su último partido en la institución que le dio fama: Racing perdió 1-2 en el “Cilindro” ante Newell´s, justo antes de que el torneo se detuviera durante casi un mes por la disputa del Sudamericano de selecciones en Perú, en el cual Domínguez tuvo una destacada participación como ya se contará más adelante.

Y cuando el certamen local se reanudó el 21 de julio, los hinchas ya no encontraron en el arco a ese tipo al cual estaban acostumbrados a ver cada 15 días. Sucede que en el largo receso entre las fechas 9 y 10, a Rogelio Antonio Domínguez le llegó la gran oportunidad de su carrera como jugador: fue contratado nada menos que por el Real Madrid, vigente bicampeón de la naciente Copa de Campeones de Europa.

Real Madrid: la gloria europea

En realidad, y al igual que lo ocurrido algunos años antes con otro crack argentino como Alfredo Di Stéfano, al arquero lo pretendía primero el otro gigante español, Barcelona. Pero cuenta la leyenda que el presidente del club madrileño -el histórico Santiago Bernabeú- se enojó por un desplante que hizo en una cena el arquero Juanito Alonso y le pidió a uno de sus más estrechos colaboradores que buscara al mejor golero que encontrara disponible para pelearle el puesto a este.

Pero mejor que cuente el propio protagonista cómo se dio su llegada al viejo continente. Esto declaró Domínguez al respecto al diario español “El País”, en de las últimas entrevistas que dio en vida: “Yo iba a ir al Barcelona. “Pepe” Samitier me había seguido en los Panamericanos de 1956 en México y luego en el campeonato de Lima en 1957. Pero Racing había vendido a (Humberto) Maschio a Italia y no quería desprenderse de mí. Tuvimos problemas para renovar mi contrato y el pase estaba trabado, hasta que un día me despertaron a las cuatro de la mañana para decirme que me iba al Real Madrid. Había un problema con el titular y Bernabeu -enterado de que el Barcelona se había interesado por mí- ofreció lo que pedían en Racing y de un día para el otro se resolvió todo”.

En su primera temporada -con Alonso aún afianzado como titular- el argentino jugó bastante poco para el club de la capital española, si bien su palmarés cuenta la liga española de 1957/58 y la Copa de Campeones de la misma campaña, primera que él ganó como jugador “Merengue” y tercera consecutiva que se llevaba el club para sus vitrinas, tras superar en una ajustada final al Milan. Sin embargo, todo cambiaría radicalmente en la siguiente temporada.

Cuando promediaba la 1958/59 Alonso sufrió una rara afección pulmonar, motivo por el cual pasaría casi 8 meses fuera de las canchas. Ahí se hizo cargo del arco Domínguez, justo antes de las semifinales del máximo trofeo europeo de clubes, así como también en el tramo decisivo de la liga española (en la cual su equipo terminaría como subcampeón).

Con la responsabilidad de enfrentar nada menos que al Atlético de Madrid (en tiempos donde el historial entre ambos clubes no tenía la disparidad que adquirió en las siguientes décadas) en una instancia tan importante, el argentino ocupó el arco y fue uno de los mejores en una serie muy pareja, en la que los blancos ganaron ajustadamente la ida en su casa y fueron derrotados 1-0 en la revancha, jugada en el desaparecido estadio “Metropolitano”: de hecho en el triunfo de su equipo fue clave para mantener el 2-1 final, al atajarle un penal a Vavá, una de las figuras del Brasil que un año antes había arrasado en el mundial de Suecia.

Como aún no regía la regla de que el gol de visitante vale doble en caso de igualdad en goles -la que hubiera beneficiado al Aleti- hubo que definir la serie con un partido desempate: el mismo fue jugado en cancha del Zaragoza y se saldó con triunfo 2-1 del “Merengue”, que así accedía a una nueva definición continental.

Penal atajado por Domínguez en un “derbi” contra Atlético

El 3 de junio del ´59, la ciudad de Stuttgart fue el escenario de la definición del torneo, que casualmente repetía los contendientes de la primera edición: Real Madrid iría por su cuarta copa consecutiva, mientras que el Stade de Reims buscaba cortar esa hegemonía para simultáneamente ganar la corona por primera vez. Pero con goles de Enrique Mateos y Di Stéfano, más el aporte de un Domínguez formidable, el equipo dirigido por el argentino Luis Carniglia ganó 2-0 para conquistar Europa una vez más. Esa tarde alemana tuvo el “Flaco” una de las mejores actuaciones de su carrera, maximizada su tarea por el relieve de lo que había en juego.

Al respecto, cabe dejar a continuación las palabras que expresó el protagonista en otro tramo de la citada nota con “El País”, cuando le dijeron que se solía destacar mucho más a los 5 atacantes que al resto del equipo que logró tantas coronas europeas: Bueno, eso es muy común en Europa. Pocas veces son ídolos o leyendas los porteros o los defensas. Pero igual, a pesar de la distancia porque yo vivo en Buenos Aires, cada vez que voy siento que uno sigue siendo recordado como figura allí. Hay más respeto por los que hicieron la historia un club. Allí nadie ignora que el Madrid se convirtió en un grande de Europa y del mundo por aquellos jugadores. En cambio, aquí en Argentina todo se olvida”.

Ya en la temporada 1959/60 el Real Madrid ganó su quinta Copa de Campeones al hilo, con un Domínguez asentado y como dueño absoluto del arco madridista. Para eso se aunaron su muy buen nivel y la mala fortuna del pobre Alonso, quien en febrero del ´60 (justo el día que volvía tras aquel problema pulmonar) en un derbi de liga ante el Atlético chocó feo con un rival y se rompió la clavícula, lesión que lo sacó definitivamente de carrera.

En esta quinta conquista, el “Merengue” debutó en octavos de final ante el poderoso (?) AS La Jeunesse d´Esch, al cual barrió sin problemas tras ganarle 7-0 en casa y 5-2 en Luxemburgo. En cuartos de final perdió 3-2 con el Niza en Francia, pero en Madrid lo resolvió con un 4-0 medio mentiroso (N.deP.: hubo cierto ayudín arbitral) que lo depositó en semifinales. En dicha instancia lo esperaba nada menos que el Barcelona, que ya empezaba a obsesionarse con ganar el máximo trofeo europeo de clubes (y que debería esperar más de tres décadas para ello). Pero Di Stéfano y compañía fueron demasiado para los catalanes, que fueron derrotados con sendos 3-1 tanto en la ida como en la vuelta. Así, una nueva final estaba a la vuelta de la esquina.

El 18 de mayo de 1960, en el Hampden Park de Glasgow, y ante más de 120.000 espectadores, el Eintracht Frankfurt salió a la cancha tratando de quebrar la hegemonía de los españoles. Y todo arrancó bien para ellos, ya que a los 18 minutos Richard Kreb batió a Domínguez, poniendo en ventaja al cuadro alemán. Pero a partir de ahí el Madrid fue una tromba y con un doblete de la “Saeta” y un gol de Ferenc Puskas, se fue al descanso con un 3-1 tranquilizador; en el complemento siguió el baile y con un triplete del húngaro en los primeros 20 minutos de esa etapa, liquidó cualquier esperanza del oponente, que terminó siendo derrotado 7-3 en suelo escocés.

Y a diferencia de las cuatro conquistas anteriores, en esta ocasión el “Merengue” iba a poder revalidar su título ante el mejor de Sudamérica, toda vez que en aquel año ´60 se disputó la primera edición de la actual Copa Libertadores, la cual fue ganada por Peñarol. En el marco de la primera Copa Intercontinental de la historia, el 3 de julio de 1960 uruguayos y españoles se vieron las caras en Montevideo, para el choque de ida. Allí, un inspirado Domínguez le cerró todos los caminos al “Manya”, siendo pieza clave del 0-0 rescatado por los europeos pensando en la revancha. Duelo que se disputó recién el 4 de septiembre y en el que con un inapelable 5-1, los dirigidos por Miguel Muñoz sometieron al aurinegro.

Campeón español, europeo (dos veces) y ahora a nivel mundial, ya no había más nada que el argentino pudiera obtener a nivel de clubes, cuando solamente tenía 29 años de edad.

Real Madrid 1960-61: Domínguez, Marquitos, Santamaría, Pachín, Vidal y Zárraga; Chus Herrera, Del Sol, Di Stéfano, Puskas y Gento. Aquí posando con la Copa Intercontinental ganada a Peñarol

La temporada 1960/61 representó una doble frustración para Domínguez, atento a que por primera vez desde que en 1955/56 se había empezado a disputar la Copa de Campeones, no pudieron ganarla. Lógicamente eso iba a suceder algún día, lo que seguramente nadie esperaba era que en esa edición hubiera debut y despedida y encima, ante ese histórico adversario llamado Barcelona: en efecto, el monarca arrancó en los octavos de final como venía siendo costumbre y allí debió cruzarse con el cuadro “Culé”, que tras rescatar un buen 2-2 en la capital, se impuso 2-1 en el duelo jugado en el “Camp Nou”. Pero el argentino además la pasó mal porque el recién llegado Vicente (arquero de la selección española) le sacó el puesto y su número de presencias bajó drásticamente comparando con las temporadas previas.

La amargura a nivel continental, fue compensada -al menos en parte-, por la obtención de la liga española, luego del doblete del Barcelona en 1958/59 y 1959/60, torneos en que el Madrid debió conformarse con ser subcampeón mientras a la par alcanzaba la gloria europea una y otra vez. A mitad de la temporada 1961/62 -la cual fue ganada por el “Merengue”- se produjo su salida de la institución, aunque es lógico que se incluya ese torneo en su palmarés, habida cuenta de que disputó algunos partidos de ese campeonato logrado, si bien ya no formaba parte del plantel al momento de finalizar el torneo.

Como dato curioso, y pese a haber jugado en uno de los equipos más poderosos de aquel entonces, hay que decir que Domínguez nunca pudo ganar la Copa del Rey, la que en tiempos del dictador Francisco Franco se denominó pomposamente “Copa del Generalísimo”. En una ocasión el Barsa, en otra el Athletic y en un par de oportunidades el Atlético de Madrid, fueron los culpables de que el argentino durante su estancia madridista no pudiera ganar el trofeo más accesible -al menos en teoría- de todos los que disputó.

River Plate: a la sombra de Amadeo

Tras su muy exitosa etapa europea, Domínguez decidió pegar la vuelta a la Argentina a comienzos de 1962, cuando la temporada allá iba por la mitad pero aquí recién estaba por comenzar. Pero no lo hizo para volver a su antiguo club, sino que fue el “Millonario” quien contrató sus servicios, pensando el presidente Antonio Liberti en que le disputara el puesto a un Amadeo Carrizo que tenía ya 35 años de edad en ese entonces.

Sin embargo, en una muestra de talento y vigencia, en las dos temporadas que el “Flaco” pasó por Nuñez el dueño del arco fue el viejo Carrizo, sin posibilidad de discusión alguna: en el campeonato del ´62 Domínguez apenas pudo jugar 9 encuentros, siendo el primero de ellos la derrota 0-2 en Avellaneda contra Independiente por la 5º fecha, como una muestra de que las cosas no le iban a salir muy bien que digamos con la camiseta de la banda roja. Seguramente su gran alegría de aquel año fue atajar en el triunfo 3-1 contra Boca en la primera rueda, cuando en el “Monumental” el equipo de Néstor “Pipo” Rossi se repuso a una temprana desventaja y obtuvo un gran éxito.

Un clásico con Boca en 1962

Ya en el ´63 la cosa fue aún peor para él, porque de 26 fechas apenas pudo ser titular una vez, en el triunfo 2-1 en La Plata sobre Estudiantes por la 4º fecha. Sus otras 2 participaciones de aquel año se dieron en forma parcial, ya que reemplazó a Amadeo en los entretiempos del 4-0 ante Central en casa (fecha 3) y de la derrota 0-2 nada menos que ante Boca como visitante (fecha 12), clásico en el que ingresó con el equipo ya perdiendo y recibió un gol de penal de Paulo Valentim poco antes del cierre.

Para colmo de males River fue subcampeón en ambos torneos, primero superado por su eterno rival y luego por el CAI. Esa falta de títulos y la muy poca participación que había tenido en 2 años para un arquero de su relieve (de hecho en el ´62 estuvo en el Mundial de Chile) motivó a Domínguez a buscar nuevos aires. Tras su salida, cabe mencionar que la dirigencia “Millonaria” iría en busca de un muy joven Hugo Orlando Gatti para que peleara con Amadeo, pero el guardameta llegado de Atlanta tampoco lograría desbancar al que muchos consideran mejor arquero argentino de la historia.

Vélez Sarsfield: última etapa en Argentina

Cuando dejó Nuñez, el siguiente destino de Domínguez fue el “Fortín”, club ubicado en la zona donde residió durante gran parte de su vida mientras estuvo en la Argentina. Recordemos que Vélez Sarsfield, salvo un breve paso por el ascenso a comienzos de los 40´s, era un histórico de la máxima división argentina; aunque ni por asomo era el club en que se convirtió a partir de la década del ´90, teniendo como mejor actuación hasta su llegada el subcampeonato del ´53.

Rogelio arribó en 1964 a un equipo que venía alternando sus arqueros con demasiada frecuencia en los años anteriores, y por eso no le costó adueñarse del arco en su primera temporada. Pese a que le tocó uno de los peores escenarios posibles para debutar en la fecha inaugural (visita al campeón Independiente, con derrota 1-3 final), el tipo tuvo un buen campeonato y jugó en 21 de los 30 compromisos de su club, que se ubicó en mitad de tabla.

Vélez 1965

¿Los otros 9? Los jugó José Miguel Marín, un pibe que debutó ese año en primera y se terminó de “hornear” bajo el ala del veterano, quien al margen de verlo como un competidor por el puesto, le transmitió muchas enseñanzas en el par de años que compartieron; y detalle no menor, sería el “Gato” Marín el arquero del Vélez campeón del Nacional ´68, único equipo del club en lograr eso hasta 1993.

Ya en el torneo de 1965, en el que el “Fortín” logró un muy celebrado 3º puesto, la cuestión se invirtió: Rogelio atajó en 12 ocasiones y su joven compañero lo duplicó en presencias. El cotejo de la 29º jornada -categórica derrota 1-4 contra Atlanta- fue el último partido del “Flaco” con la “V” azulada pero también significó otra despedida.

Es que Domínguez tendría resto para continuar su carrera durante un lustro, pero ya nunca más jugaría para clubes de la Argentina. Aquel del 21 de noviembre del ´65 en Villa Crespo fue el último partido de los 166 que disputó en los 3 equipos nacionales que defendió (121 en Racing, 12 en River y 33 en Vélez).

Cerro: exilio al Uruguay

Habiendo custodiado los arcos de clubes muy importantes en este país y sobre todo, teniendo en cuenta que pocos años antes había levantado dos actuales UCL con la camiseta del Madrid, puede sonar raro – hasta loco si se quiere – que en 1966 Domínguez haya desembarcado en Uruguay pero no para jugar en algunos de los dos gigantes de ese país, sino para defender los colores de Cerro, el modesto club de las orillas de Montevideo.

Sin embargo, cabe poner las cosas en contexto: desde el comienzo del profesionalismo del otro lado del Río de la Plata, los de camiseta celeste y blanca eran uno de los pocos cuadros que jamás habían descendido; además tenían un presidente con mucho empuje como Luis Tróccoli (el mismo que da nombre hoy al estadio del club) y en gran parte gracias a él, la institución pugnaba en aquella década por ser el “primero de los chicos”, sabiendo que era imposible disputar la supremacía con Nacional y Peñarol: de hecho, en el torneo del ´65 y cuando Domínguez aún estaba en Buenos Aires, Cerro había logrado un meritorio 3º puesto.

Y esa 3º colocación la pudo repetir en 1966 ya con el argentino en el arco, como muestra de que la cosa iba en serio. Cabe agregar que la performance del “Flaco” fue muy buena, a punto tal que duró poco allí porque lo fueron a buscar desde uno de los dos que sí mueve el amperímetro en Uruguay.

Nacional: buen nivel pero mucha frustración

Ya en el Club Nacional de Fútbol el argentino dio desde el inicio muestras de su talento, aunque desafortunadamente no pudo conquistar campeonato alguno: en los torneos uruguayos de 1967 y 1968 debió soportar la consagración de Peñarol, aunque sin dudas lo peor para él y sus compañeros, fue llegar a la final de la Copa Libertadores de 1967 y perderla de manera muy ajustada.

En sus días con Nacional

El largo camino de los uruguayos en ese torneo comenzó el 22 de febrero, con un gran triunfo en Guayaquil 4-1 sobre Emelec. Al “Bolso” lo habían emparejado en el grupo de primera fase con 2 clubes chilenos (Colo Colo y la U. Católica), 2 paraguayos (Cerro Porteño y Guaraní) y 2 ecuatorianos (Barcelona y Emelec). De 7 equipos pasaban a la zona de semifinales los 2 mejores y Nacional, dando muestras de su poderío, ganó el grupo obteniendo 19 de los 24 puntos disputados. En la siguiente fase lo aguardaban el Cruzeiro y nada menos que Peñarol, que sin perjuicio de ser el campeón vigente ya había ganado el torneo en sus primeras ediciones (1960 y 1961).

Habiendo perdido la final del ´64 y viendo que su eterno rival ya tenía 3 trofeos en las vitrinas, la gente del “Bolso” estaba poco menos que obsesionada con la Libertadores. Por eso festejaron mucho haber llegado a una nueva final (Nacional terminó con 5 puntos el grupo, contra 4 de los brasileños y 3 del “Manya”), dejando en el camino al odiado campeón… el gran objetivo estaba a sólo 180 minutos de distancia.

El último obstáculo era nada menos que Racing Club: su primer amor, que también buscaba coronarse por vez primera. Pero el fútbol tiene estas cosas y Domínguez, como gran profesional que era, tendría que brindarse con todo por la institución que le pagaba; y la verdad es que el tipo cumplió. Al cabo de las dos primeras finales, el 15 de agosto en el “Cilindro” de Avellaneda -el viejo patio de su casa- y el 25 de ese mes en el “Centenario”, mantuvo su arco en cero, algo muy destacable teniendo en cuenta el potencial de los dirigidos por Juan José Pizzutti. Pero como sus compañeros no pudieron tampoco meter gol alguno, hubo que ir a jugar un partido desempate, como se estilaba en la copa hasta fines de los 80´s.

El 29 de agosto, en Santiago de Chile, Domínguez nada pudo hacer para evitar en el primer tiempo los goles de Joao Cardoso y Norberto Raffo; el descuento de Viera a falta de 10 minutos dio algo de esperanza a los uruguayos, pero a estos no les dio el tiempo y la nafta para llegar al menos al empate. Con el pitazo final del paraguayo Pérez Osorio, los argentinos desataron el festejo, mientras Nacional sumaba una nueva frustración copera.

Tras irse del “Tricolor” y con 17 temporadas de carrera sobre sus hombros, aún siguió encontrando equipos que querían contar con sus servicios. Pero el “Flaco” no continuó atajando en el Uruguay sino que pasó a hacerlo en Brasil, nada menos.

Flamengo: la última parada

Cuando el Flamengo fue a buscar al ya muy veterano Rogelio para que ocupe su arco, casi no había argentinos desempeñándose en el fútbol brasileño, algo que sí ocurrió por ejemplo en la primera mitad de la década del ´70 con apellidos como Perfumo, Cejas, Andrada y Buttice, por citar sólo los más conocidos. Apenas estaba el “Flaco” Menotti quemando los últimos cartuchos en el Santos y casi al mismo tiempo que el golero, el gran Luis Artime llegó a Palmeiras. Por lo que tranquilamente podía considerarse a Domínguez como un embajador deportivo en el país vecino.

En el equipo más popular de Río de Janeiro el “Flaco” estuvo entre el segundo semestre de 1968 y mediados de 1970, actuando en buen nivel en la mayoría de los 41 partidos en los que le tocó atajar. Dirigido por el brasileño Elba de Padua Lima “Tim” (aquel DT del San Lorenzo campeón invicto en el Metropolitano ´68), lo más destacado del argentino en su nuevo club fue el subcampeonato Carioca del ´69, cuando el equipo terminó ubicado apenas un par de puntos debajo del Fluminense, su gran rival.

A pesar de que en su momento muchos dirigentes lo fustigaron por una expulsión justamente ocurrida en un clásico “Fla-Flu” – incluso llegaron a insinuar que el tipo había ido para atrás – mal recuerdo no debe haber dejado allá: en tal sentido, cabe agregar que en una encuesta realizada en 2006 por la famosa revista Placar, obtuvo muchísimos votos a la hora de elegir al mejor arquero en la larga historia de la entidad.

Y al margen de lo que hizo en la cancha, este tipo -recordado con don de buena gente- para facilitarle la adaptación al nuevo medio recibió durante un tiempo en su casa de Río a Narciso Doval, cuando éste proveniente de España llegó al “Rubronegro” en el ´69. El resto de la historia es conocida: el “Loco” la rompió toda en Brasil y tanto en el Fla como en Flu, llegó a ser un ídolo del carajo, transformándose en uno de los mejores extranjeros ya no de la década del ´70, sino de la historia.

Una vez finalizado su vínculo con el “Mengao”, con casi dos décadas de carrera encima y a punto de cumplir 40 años de edad, ahí sí Domínguez decidió que ya era buen momento para colgar los guantes. El arquero había quedado atrás y daría paso a un buen director técnico, el cual no pudo traducir en títulos lo que sus equipos muchas veces mostraron en el campo de juego.

Selección: los “carasucias” y un mundial

Pero antes de repasar lo que hizo Domínguez de la línea de cal para afuera, es necesario recordar su paso por la selección nacional, a la cual empezó a defender desde muy joven.

De hecho, con sólo 19 años de edad, se consagró en los Juegos Panamericanos de 1951, que se realizaron aquella vez en Buenos Aires. Si bien es verdad que el nivel del certamen era flojito (los otros competidores eran Chile, Paraguay, Venezuela y Costa Rica), el anfitrión hizo los deberes y ganó sus 4 cotejos, con 16 goles a favor y sólo 2 en contra. Antes de debutar en la primera de su club, el muchacho ya tenía una medalla dorada en el bolsillo.

Con la selección en 1957

Por otra parte, su estreno en la selección mayor tuvo lugar en 1955 y su último cotejo lo disputó en 1963. En el medio de ese lapso, se dieron su gran alegría con la celeste y blanca y también su única participación mundialista, la cual le dejó un sabor amargo pese a que él a nivel individual cumplió.

El gran momento de Domínguez con la selección tuvo lugar en 1957, cuando en el Sudamericano jugado en la ciudad de Lima, Argentina se consagró campeón jugando en un brillante nivel. El “Flaco” fue el arquero titular de aquel gran equipo que pasó a la historia como “Los Carasucias”, y disfrutó desde el arco a cracks como Omar Sivori, Antonio Angelillo, Humberto Maschio y Orestes Corbatta (aunque al “Bocha” y al “Loco” los disfrutaba también en su club). Fue tan destacado lo que hizo Rogelio durante ese torneo, que inmediatamente después del mismo compraron su pase desde España.

Con la selección en 1962

La tristeza en cambio tuvo lugar en el Mundial de 1962, al cual fue con gran ilusión luego de ser convocado por Juan Carlos Lorenzo, pese a que en River no era titular. Sin embargo, para ocupar el arco el “Toto” se decantó por Antonio Roma, quien atajó en el 1-0 ante los búlgaros y en el 1-3 sufrido con los ingleses. Domínguez tuvo su oportunidad de jugar en el cierre de la primera fase ante los húngaros y pese a que cumplió con su parte al mantener su arco invicto, el 0-0 final dejó a Argentina afuera de los cuartos de final… así se dieron las cosas la única vez que Domínguez fue llamado a disputar el máximo torneo de selecciones.

Tras el retiro: el entrenador y el analista

Ni bien se retiró de la práctica activa, a Domínguez le empezaron a caer ofertas para ejercer como director técnico. Y su bautismo de fuego fue en un club de los denominados “grandes”, toda vez que en 1971 fue el conductor de San Lorenzo.

Como una muestra de lo que le sucedería a lo largo de su dilatada campaña de la línea de cal para afuera, en el CASLA hizo una muy buena campaña pero no pudo coronar: allí quedó como subcampeón del Nacional ´71, tras perder la final en el Parque de la Independencia ante Rosario Central.

Pese a la buena campaña en Boedo, para el ´72 Domínguez no continuó en el club y se marchó a Chacarita Juniors, donde estuvo solamente una temporada. Allí, con algunos de los jugadores campeones del Metro ´69 que aún estaban en el club, si bien no peleó la punta tampoco pasó sofocón alguno con la permanencia: su equipo terminó en el puesto 8º entre 18 participantes.

Tras su salida de San Martín, nada menos que Alberto J. Armando fue a buscarlo, para que en 1973 lograra con Boca Juniorsel título, luego de las flojas campañas realizadas en el ´71 y el ´72. Cabe destacar que Rogelio permaneció en el club durante 3 años pese a que el equipo no pudo ganar ninguno de los 6 campeonatos que disputó en ese largo período… algo totalmente impensado en estos tiempos de locura e histeria, pero que podía darse en la lejana década del ´70.

Para resumir en pocas palabras su largo paso por el CABJ, podríamos decir que los equipos de Rogelio jugaban (muy) lindo, pero a la hora de la verdad carecían de ese “plus” necesario para ganar la corona. Será siempre recordado por sus equipos que jugaron muy lindo y lograron grandes goleadas entre el ´73 y el ´75 -muchas veces a clásicos rivales, como el 5-2 a River en 1974 o el 6-0 a San Lorenzo en Boedo al año siguiente- pero también por no haber ganado absolutamente nada.

En su etapa en este club supo dirigir por ejemplo a un arquero muy bueno como Rubén Sánchez, a buenos defensores como el “Tano” Pernía, Rogel, Mouzo, Nicolau y el “Conejo” Tarantini, a destacados mediocampistas como el “Chino” Benítez y Marcelo Trobbiani, a un enganche muy talentoso como “Patota” Potente y a grandes delanteros como “Mané” Ponce, García Cambón, Ferrero y Felman, por sólo citar a algunos, pero el título se le negó una y otra vez.

A esta altura, es dable señalar que como entrenador Domínguez era “jugadorista” y confiaba mucho en lo que pudieran generar sus dirigidos en el verde césped; por ello, no se falta a la verdad si se afirma que estaba en las antípodas de técnicos del estilo de Osvaldo Zubeldía;  sus entrenamientos por ejemplo eran simples “picados”, alejados de la batería de jugadas preparadas que el juninense había introducido en el fútbol argentino.

Dejamos a continuación un breve video de un reportaje que le hicieron en una práctica de su etapa en Boca. En el que, al margen de verse las condiciones en que se entrenaban los jugadores en aquellos tiempos, se ve reflejado parte del pensamiento del “Flaco” como DT:

Sin embargo, tanta libertad y tan poco “laburo” más de una vez le valieron críticas, mientras estaba trabajando como DT pero también muchos años después de su muerte.

Al respecto, esto recordó por ejemplo Carlos Veglio en una nota de este año brindada a “El Gráfico”, hablando de un suceso que lo tuvo como protagonista en 1971, año en que Domínguez debutó como entrenador: “En San Lorenzo nos sancionaron a Victorio Cocco y a mí, pero por declaraciones que habían hecho otros. Rogelio Domínguez era el técnico y venía de Europa con no sé qué ideas, entonces los martes no se cambiaba y los miércoles miraba de afuera. Lo estoy viendo como si fuera ahora: sentadito en el mástil del Viejo Gasómetro, con los anteojos y el faso. “Dale un poquito más”, le gritaba al profe. Fuimos capitán y subcapitán, Victorio y yo, a tomar un café y a decirle que los muchachos pretendíamos que estuviera más cerca. Y a los pocos días sale en la revista Goles, pero ahí hablaron otros muchachos con los periodistas y nos suspendieron 6 meses”. Y algo muy parecido declaró a la misma revista José Raúl Iglesias, quien fuera dirigido también por el “Flaco” en CASLA pero durante 1977: “¿El peor técnico que tuve? Los peores… no me gusta. Con todo respeto, me llamó la atención Don Pedro Dellacha, excelente tipo pero que no trabajaba nada. Rogelio Domínguez, lo mismo: se sentaba a tomar café en la platea y miraba la práctica. Yo no lo haría nunca”.

Cuestionado por el desbalance que muchas veces sufría su Boca, a fines de 1974 (tras perder dos nuevos campeonatosluego de arrasadores arranques, a manos de NOB en el Metro y de CASLA en el Nacional), el tipo por ejemplo declaró lo siguiente:Yo creo que en el fútbol no hay mejor defensa que un buen ataque. Por eso, teniendo a hombres como los que dispongo, no puede ordenarles que vayan a defenderse. Si nos preocupamos por el arco de enfrente, es lógico que a veces nos regalemos en defensa”. Y con bastante optimismo, en el mismo reportaje afirmó: “En 1975 nos llevaremos alguno de los dos torneos”.

Pero eso estuvo lejos de suceder: el ´75 fue el año en que River cortó su eterna sequía de 18 años sin salir campeón, haciéndolo encima por partida doble. El equipo de Ángel Labruna se llevó Metropolitano primero y Nacional después, por lo que a fin de año y después de tantas oportunidades perdidas, Domínguez se fue del CABJ y junto a él lo hicieron varios jugadores… con la llegada del “Toto” Lorenzo y varios refuerzos, el club arrasaría a nivel nacional e internacional durante los siguientes años, pero esa es otra historia.

Tras su salida del “Xeneize”, el “Flaco” inmediatamente encontró trabajo: Gimnasia y Esgrima La Plata fue su nuevo destino. Obviamente que en una institución tan modesta salir campeón no era un objetivo posible, pero el muy buen desempeño del “Lobo” en la primera parte del Metropolitano 1976, le abriría nuevamente las puertas de un club grande. Así fue que para 1977 Domínguez volvió a San Lorenzo, pero la cosa sería muy distinta a  lo ocurrido años antes en su primera etapa. En el marco de una crisis institucional que derivaría en la pérdida del “Gasómetro” (1979) y el descenso (1981), poco pudo hacer para evitar que el azulgrana terminara en un gris 14º puesto entre 23 equipos.

Luego de esa mala experiencia en Boedo, un club de tierra adentro fue su siguiente destino: Atlético Tucumán. En tiempos en que Talleres de Córdoba era la punta de lanza de los equipos del interior para tratar de romper la hegemonía porteña y rosarina, el “Decano” comenzó en la segunda mitad de los 70´s a participar con cierta asiduidad de los viejos Nacionales de la máxima categoría.

Así fue que Domínguez manejó los destinos futbolísticos de Atléticoen el Nacional de 1978, con una actuación bastante digna: en un torneo conformado por 4 zonas de 8 participantes cada una, los tucumanos empataron la segunda posición del grupo “B” con Huracán y se quedaron afuera de los cuartos de final solamente por un gol de diferencia al cabo de 14 partidos jugados, postergando a clubes como Boca, Chacarita y Platense, entre otros.

Pero si la vara había quedado alta para el “Decano”, eso no fue óbice para mejorar la campaña en el Nacional 1979. Esta vez con 28 participantes (hubo 4 grupos de 7 equipos), sus dirigidos lograron igualar el primer puesto de la zona “C” con Racing, clasificándose así entre los mejores 8 cuadros del campeonato. En cuartos de final esperaba el sorprendente Instituto, que había evitado el pase a los playoffs de dos grandes como Boca y San Lorenzo, nada menos. Pero tras caer 3-2 en Alta Córdoba, Atlético se impuso con un rotundo 3-0 en San Miguel de Tucumán y se metió entre los 4 que definirían la corona. Solamente en semifinales se detuvo la ilusión tucumana, tras sendas derrotas 2-0 ante un Unión que hizo historia y solamente no fue campeón contra River por la regla de “gol de visitante vale doble”.

Tras su muy buen paso tucumano, el “Flaco” tuvo un frustrante andar por Quilmes (fue uno de los 3 descendidos en el Metro 1980), pero al año siguiente pudo reivindicarse en el Nacional, comandando al Loma Negra que fue la gran sorpresa de aquel campeonato. Efectivamente, los de Olavarría armaron un lindo equipo con el inestimable aporte económico de la Sra. Amalia Lacroze de Fortabat y quedaron ahí nomas de meterse en los cuartos de final en aquel inolvidable 1981: el grupo “B” lo ganó Ferro y el team de Domínguez compartió el segundo puesto nada menos que con el River -a la postre campeón- que dirigía su amigo Di Stéfano y que tenía a Mario Kempes como gran figura, quedando afuera de los cuartos de final solamente por diferencia de gol.

Tras su paso por la “capital del cemento” (que incluyó en 1982 haber dirigido al equipo que le ganó 1-0 el histórico amistoso a la selección de la Unión Soviética), finalmente recaló en su querido Racing Club, justo 25 años después de haberse ido a Europa. Pero no eran buenos tiempos ni económica ni deportivamente para la “Academia”, a punto tal que a fines del año siguiente bajaría a la Primera “B”. El paso de Rogelio fue bastante opaco en el Metropolitano de 1982 (su equipo terminó en el 16º puesto y comprometió el promedio para el año siguiente), mientras que en el Nacional ´83 llegó a meterse entre los mejores 8 sobre 32 participantes, siendo eliminado en cuartos de final por el Estudiantes que terminó logrando el título.

Luego de un par de años sin ejercer la dirección técnica, y una vez con el equipo retornado a la máxima categoría tras un par de años en el ascenso, Domínguez en la temporada 1986/87 tuvo un segundo paso por Racing. Esta vez le fue mucho mejor, consiguiendo un buen 5º puesto en la vuelta al fútbol de elite.

Ese fue su último trabajo como entrenador en la Argentina. A fines de esa década pasó un año en Chile, más precisamente en el Everton de Viña del Mar, y luego (con casi 60 años cumplidos) consideró que el tiempo del entrenador también se había agotado.

Entre los más destacados jugadores que hizo debutar en dos décadas de profesión, pueden citarse los casos de los nombrados Tarantini y Trobbiani, además de un Ramón Ismael Medina Bello a quien le permitió estrenarse durante su segundo ciclo en Avellaneda.

A partir de allí comenzó a dedicarse a la labor de analista deportivo, trabajando para algunos medios de prensa argentinos y siendo consejero del Real Madrid durante un tiempo. Por fuera de las tareas relativas a la prensa, se dedicó a la actividad comercial y además, a fines de la década del ´90 junto al también ex-futbolista Alberto Rendo,  tuvo la chance de manejar el fútbol del Club Atlético San Miguel, que en esa época vivía uno de los mejores momentos de su historia, jugando en el Nacional B.

Arquero que brindaba gran seguridad, fue uno de los primeros en agregarle espectacularidad a sus acciones, en tiempos en los que los ocupantes del puesto aún solían estar bastante atornillados a la raya. Con buena altura y gran porte físico, dominaba el arco y el área sin mayores problemas. Cuando tenía que volar hacia los ángulos superiores lo hacía con plasticidad, lo que lógicamente lo convertía en uno de los favoritos de los fotógrafos.

Tal vez, su único punto flojo eran los penales. Basta decir que solamente en sus años en Racing, le ejecutaron 21 y apenas pudo atajar 2 (de los 19 restantes, 15 fueron gol y 4 desviados). Sin embargo, contó con la dosis necesaria de suerte como para que el que probablemente haya sido el penal más importante de su carrera -aquel de Vavá en la semi de la Copa de Europa 1958/59- no terminara adentro del arco por mérito suyo y no porque el pateador la tiró a cualquier lado.

Lamentablemente, y más allá de lo que quedó escrito o lo que se ha transmitido vía oral, casi no hay registro audiovisual de lo que fue este monstruo, sin perjuicio de que existen algunos videos de las participaciones del Real Madrid en las copas europeas de fines de los 50´s.

Pero uno puede darse a la idea de lo grande que fue este tipo, si estuvo en una de las más famosas conquistas de la selección y llegó a jugar un mundial, habiéndose quedado sin ir al de 1958 porque se encontraba jugando en España (N.deP.: vaya uno a saber qué pasaba si atajaba él y no Carrizo, vaya uno a saber si existía el “Desastre de Suecia”…). ¿No alcanza con eso? Entonces se puede agregar que al margen de los títulos ganados en Argentina y España, fue subcampeón acá – en 4 ocasiones -, con el Real Madrid y también en Uruguay y Brasil, en un claro indicador de que cuando no ganaban el campeonato, sus equipos siempre estaban ahí arriba, en la pelea.

Pero más allá de las frías estadísticas, o de las cosas que pudo lograr, a veces hay otro tipo de reconocimiento que es el que permite tener una dimensión de lo que fue el personaje analizado, sobre todo si no fue contemporáneo nuestro.

En ese sentido, puede recordarse por ejemplo que a poco de empezar a atajar en España, la prensa lo empezó a comparar nada menos que con Ricardo Zamora, uno de los mejores arqueros europeos de todos los tiempos. O puede destacarse también que el periodista francés Jean Philippe Rethacker (crítico de la legendaria “France Football”) lo apodó como “Rogelio el Magnífico”. Asimismo, un tal Helenio Herrera dijo en su libro llamado “Mi vida”, que Domínguez era el mejor arquero que había visto a lo largo de toda su vida. Y por último, puede hacerse referencia a los dichos de un bicampeón mundial como el brasileño Didí, quien alguna vez lo definió como una “muralla humana”.

A causa de un enfisema pulmonar, la vida de Rogelio Antonio Domínguez se apagó el 23 de julio de 2004 en la Ciudad de Buenos Aires. Atrás quedó una carrera muy destacada y el recuerdo de un tipo con códigos, que nunca jodió a nadie. Ubicado sin dudas entre los mejores arqueros que hayan salido de este país, hubiera sido muy injusto no recordar todo lo que el “Flaco” hizo dentro – y por qué no también fuera – de una cancha de fútbol.

Anuncios