Fueron historia: El Equipo Maravilla

Arrancamos con una nueva sección, en la que vamos a referirnos a esos grandes equipos que por alguna razón quedaron en el imaginario colectivo. Hoy será el turno del que, para muchos, fue el primer gran equipo europeo: el Wunderteam austriaco.

A principios del siglo XX Austria era una potencia continental en fútbol, selección en la que brillaba particularmente ese genio que era, en su momento, el mejor jugador del mundo: Matthias Sindelar,El Mozart del fútbol“. Pero había otro nombre atrás de todo ese abanico de talento, quien movía los hilos desde afuera, y que sin él, quizás esta historia no hubiese existido nunca, su nombre: Hugo Meisl.

Meisl nació en lo que en ese momento era el Imperio Austro-Húngaro el 18 de noviembre de 1881. Hijo de una familia de comerciantes judíos, creció en Bohemia (hoy República Checa), en la que su rapidez para aprender el idioma alemán, hizo que sus padres lo enviaran a Viena, donde luego aprendió inglés, francés, italiano y español. En 1895 empezó a jugar en el First Vienna FC, el primer club de fútbol en Austria, donde jugó hasta el 1900. Mientras, llevaba una buena carrera en el mercado bancario, más precisamente en el Länderbank, pero luego dejó ese trabajo para dedicarse a su pasión. Asumió la secretaría general de la Federación Austríaca en 1904 e impulsó su ingreso a la FIFA. Además, se desempeñaba como árbitro, algo que le duró hasta 1912. Ese año, pasaría a entrenar al FK Austria Viena.

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El maestro en el centro de la escena

En diciembre de ese año pasa a dirigir la selección austríaca. El debut fue ante la importante Italia, en Génova, y el equipo de Meisl ganó por 3 a 1. Entre 1914 y 1919 participa de la Primera Guerra Mundial.  En 1919 volvió a la selección, sin dejar su cargo de dirigente, donde fue clave para el fútbol austriaco. En 1924 transforma la Primera División de Austria en la primera liga profesional de Europa. En 1927 crea la Copa Mitropa (entre equipos) y la Copa Internacional de Europa Central (de selecciones).

Ya con varios años en el seleccionado, Meisl armó un equipo de memoria. El fútbol lo entendía de esta manera: “Para jugadores técnicos e inteligentes, no puede haber esquemas fijos. Empezando por el portero, todos deben colaborar en un trabajo constructivo y eficaz. También el portero. Él, como los defensores, los centrocampistas y los delanteros, no puede lanzar la pelota sin una dirección, sin un plan. ¡Construir! Incluso el portero puede ser el inicio de un ataque, pasando el balón con precisión a los compañeros de las líneas más avanzadas. Los once futbolistas de un equipo deben estar en continuo movimiento, para que el adversario no pueda anticipar sus intenciones. El medio izquierdo, con una diagonal a la derecha, puede determinar un vuelco del partido. Siempre en movimiento, y siempre con el objetivo en la portería contraria. También un centrocampista puede avanzar por sorpresa hasta la portería rival, y marcar su gol. Naturalmente, un compañero debe inmediatamente tomar su lugar. Según el momento o la situación del partido, el pase debe ser raso, o alto. Fuerte, o suave. Corto, o largo. No hay que darla siempre al pie del compañero, sino delante de él, al espacio que queda libre, para no detener su avance. Este es, por tanto, mi sistema: ningún sistema. Inteligencia, velocidad y sorpresa son las claves para el éxito”.

Pese a que él declaraba que su sistema era no tener ninguno, la historia dice lo contrario, ya que el entrenador fue el que siguió la línea de la famosa WM, que había creado Herbert Chapman en el Arsenal de la década del ´20, pero que Meisl la haría famosa en todo el mundo. El británico Jimmy Hogan fue según Meisl su mentor, considerado el creador de la llamada “Escuela del Danubio”.

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Hogan enseñando sus trucos

La selección que daría que hablar en la década del ´30 tenía a Rudi Hiden, un portero con gran capacidad aérea, en el arco. Los dos defensores generalmente eran Josef Blum y Roman Schramseis. En el medio los que defendían y atacaban eran Georg Braun y Walter Nausch, quienes compartían esa mitad de cancha con el jugador que unía el centro del campo con la delantera: Leopold Hofmann. Y adelante, los cinco delanteros que llevaban el gol en la sangre: Karl Zischek, Fritz Gschweidl, Anton Schall, Adolf Vogl y el genio de Matthias Sindelar. La presión sin balón, el pase a espacios vacíos para aprovechar todo el largo y ancho de la cancha, la rotación y los juegos a un toque, eran las mayores virtudes del equipo.

Un informe sobre ese equipo, con la opción de traducirlo al español…

Según la historia, el 16 de mayo de 1931 fue el puntapié inicial para el famoso equipo de Hugo Meisl: el Wunderteam Austriaco, el equipo maravilla. Ese día aplastaron a una Escocia que no es el desastre que es ahora sino que era una de las mejores del continente, por 5 a 0. Los goles los marcaron Anton Schall, Karl Zischek (2), Adolf Vogl y Matthias Sindelar. Luego de esa victoria llegaron otros 14 partidos en dos años, con goleadas a los equipos más importantes del momento: 6 a 0 a Alemania en Berlín y 5 a 0 en Viena (frente a los teutones surge por primera vez el apodo de Wunderteam), 8 a 1 a Suiza en Basilea, 8 a 2 a Hungría en Viena, 6 a 0 a Bélgica en Bruselas y 4 a 0 a Francia en París. Italia y Suecia también cayeron ante el poderío austriaco. De esos 15 partidos, Hungría en Budapest y Checoslovaquia en Praga consiguieron sacarle un empate, y el único equipo que pudo derrotarlos, fue Inglaterra, el 7 de diciembre de 1932, por 4 a 3 en Londres, siendo la primera vez que los locales recibian más de un gol en su casa. Según el periódico Daily Mirror, Sindelar, Vogl y Nausch eran los mejores jugadores del mundo… Las estadísticas de esa parte de la historia indican que Austria jugó 15 partidos, ganó 12, empató 2 y sólo perdió 1, con 62 goles a favor y 18 en contra. De esos 62, 19 fueron anotados por Anton Schall, 13 por Matthias Sindelar, 10 por Karl Zischek, 6 por Friedrich Gschweidl y 5 por Adolf Vogl. Tremendo.

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El Wunderteam a punto de salir a escena

En el medio se jugó también la Copa de Europa Central, donde Austria levantó el título en la temporada 1931-32. Empezó con una derrota 2 a 1 ante Italia, venció por el mismo marcador a Checoslovaquia de local, donde también empató sin goles con Hungría. Luego un empate a dos con Hungría, y el mencionado 8 a 1 a Suiza. Mas adelante vendrían triunfos ante Italia y Suiza y el empate ante Checoslovaquia. Con 11 puntos, se consagraría campeón del certamen, dos puntos arriba de Italia, su futuro gran rival. Luego del 4 a 0 a Francia algunos de esos jugadores fueron comprados por equipos de ese país, entre ellos el arquero Hiden y los defensores Blum y Schramseis.

Era 1934 y llegaba el primer Mundial en suelo europeo. Italia, de la mano del fascismo y con el Duce Benito Mussolini como máxima autoridad del país, tenía que ser campeón si o si. El torneo tenía varios candidatos, pero los locales estaban en el segundo pelotón de los mismos. Los 16 equipos arrancaban desde octavos de final. Los locales comenzaron aplastando a los estadounidenses por 7 a 1. Argentina caía con Suecia 3 a 2 y se volvía rápidamente. Lo mismo que Brasil, que sufría un baile de una España que también era candidata y lo vencía por 3 a 1. Cuatro grandes candidatos como Alemania, Suiza, Checoslovaquia y Hungría también pasaban a cuartos, mientras que Austria volvía a vencer a Francia, esta vez 3 a 2 en 120 minutos de juego (los 90 terminaron igualados en uno) con goles de Sindelar, Anton Schall y Josef Bican. Párrafo aparte para el mencionado Bican, máximo goleador histórico de la liga checoslovaca, y según algunos historiadores máximo goleador mundial, por encima de Pelé o Romario en competiciones oficiales. En Cuartos de final Alemania eliminaba a Suecia y Checoslovaquia a Suiza, mientras que España era robada de forma vergonzosa ante Italia. El partido terminó 1 a 1 pero el gol local llegó luego de que un jugador italiano agarre al arquero ante la mirada del árbitro belga, que igualmente convalidó el gol. Con el argentino Luis Monti a la cabeza, los tanos lanzaron una feroz cacería ante los españoles que con siete lesionados, inclusive el arquero Zamora (con dos costillas fracturadas), aguantaron hasta el final de los 120 minutos para jugar un desempate. En dicho partido, dos goles de los españoles fueron anulados, mientras que Giuseppe Meazza marcaba el gol de la clasificación, ante un arquero obstaculizado por un jugador local que estaba claramente adelantado (luego el colegiado suizo René Mercet fue suspendido de por vida por la FIFA y la Federación de su país).

Austria, por su parte, vencía en el clásico a su par de Hungría por 2 a 1 con tantos de Johann Horvath y Karl Zischek. Meisl calificó el partido como “una reyerta, no un partido de fútbol”. Llegaban las semifinales y era el día del gran partido. El equipo austríaco, que de los 31 últimos partidos había ganado 28, con un empate y dos derrotas, se enfrentaba a un local que pensaba ganar de cualquier forma, mientras ellos llegaban con muchas bajas debido a la batalla con los magiares. La lluvia empantanó la cancha para hacer todo mas traumático. La baja de Horvath en el equipo de Meisl, también era clave. Esta vez el árbitro iba a ser el sueco Ivan Eklind, que junto a sus compañeros de terna, no quisieron ver el offside del argentino Enrique Guaita, quien puso el 1 a 0. Austria intentó buscar el empate, pero nuevamente los tanos salieron a pegar como era costumbre, principalmente, al Bailarín de papel (Papierine para ellos), como se lo conocía en esa época a Mathias Sindelar. Y además, el arquero Giampiero Combi atajó más de una decena de remates contrarios. Los tanos terminaban festejando el pase a la final frente a una Checoslovaquia que venció a Alemania por 3 a 1. La gran amistad de Meisl con el técnico italiano Vittorio Pozzo quedó manchada luego del encuentro. En la final, el mensaje que le llegó a Pozzo fue el siguiente: “Señor Pozzo, usted es el único responsable del éxito, pero que Dios lo ayude si llega a fracasar”. El entrenador, a sus jugadores les aseguró: “No me importa cómo, pero hoy deben ganar o destruir al adversario. Si perdemos, todos lo pasaremos muy mal”. Italia venció a los checos en tiempo suplementario, y donde nuevamente el árbitro sueco obvió un claro penal para los checos dando la falta fuera del área. Italia salía campeón del mundo. Mientras que por el tercer puesto, Alemania vencía a una Austria sin Sindelar por 3 a 2, Johann Horvath y Karl Sesta harían los últimos tantos austriacos en ese Mundial. El final del equipo maravilla estaba cerca…

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Austria – Perú en Berlín

En 1936, Alemania, con Adolf Hitler a la cabeza, organizaba los Juegos Olímpicos de Berlín, y el fútbol no iba a ser ajeno a la fiesta. Nuevamente 16 equipos participaron del evento. Italia, campeón mundial, volvió a vencer a los yanquis aunque esta vez solo por 1 a 0. Alemania, por su parte dejaba en el camino a Luxemburgo por 9 a 0. Austria, en cambio superaba a Egipto por 3 a 1. Su próximo rival iba a ser el gran candidato que venía desde Sudámerica. ¿Argentina, Brasil, Uruguay? No, nadie de ellos, sino el Perú de Alejandro Villanueva, Teodoro Fernández, Jorge Alcalde, Adelfo Magallanes y Juan Valdiviezo, entre otras glorias incaicas de antaño. Perú arrancó ganándole a Finlandia por 7 a 3, y en cuartos de final se enfrentaba con Austria. Walter Werginz y Klement Steinmentz en el primer tiempo ponían dos de ventaja para los europeos, pero los peruanos salieron con todo en la segunda etapa e igualaron el marcador gracias a los tantos de Alcalde y Villanueva. En el tiempo extra, Perú anotó 5 tantos, pero le anularon mal 3, igualmente, los tantos de Villanueva y “Lolo“ Fernández dejarían el 4 a 2 para los sudamericanos, que eliminaban a una potencia europea. Pero en el medio, algo raro pasó… Supuestamente los hinchas peruanos invadieron el campo de juego y agredieron a jugadores austriacos. Más adelante, se dijo que esos mismos hinchas habían sido enviado por Joseph Goebbels, el Ministro de Propaganda alemán. Uno de esos hinchas fue asesinado y el árbitro noruego Thoralf Kristiansen había sido amenazado de muerte. Por lo tanto, el COI y la FIFA dieron por anulado (!) el juego. Luego se convocó a una reunión, y los peruanos no llegaron a destino por un desfile alemán que les impidió llegar a horario, aunque hay varias desmentidas sobre tal situación.

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El glorioso Perú

Finalmente, el partido se pospuso para el 10 de agosto y luego para el 11, pero ese mismo día en una reunión extraordinaria del Comité Olímpico Peruano, presidido por Eduardo Dibós, se envió un telegrama al presidente de la delegación peruana en Alemania, Claudio Martínez con la siguiente frase: “Anulación inaceptable. Orden presidente Benavides regresar a Lima urgente“. En Perú, los hinchas locales consideraron que los habían eliminado por cuestiones discriminatorias y lanzaron piedras frente al consulado alemán y se negaron a cargar barcos de bandera alemana en el Callao. Las delegaciones de Perú y de Colombia abandonaron la cita olímpica, mientras que Argentina, Chile, Uruguay y México expresaron su solidaridad con los incaicos. Cuando llegaron al país, fueron recibidos como verdaderos héroes.  En 2014 se hizo una serie que contaba ciertos momentos de ese equipo, llamada Goleadores (si, con Adolf y todo…).Volviendo a nuestros personajes, los austriacos, entonces, siguieron en competencia. El seleccionado alemán fue derrotado por Noruega 2 a 0 y se quedó sin chances de medalla, algo que en parte lo contamos aquí. Polonia e Italia también fueron semifinalistas. Ahí los tanos se deshicieron de los vikingos y los austriacos vencieron 3 a 1 a Polonia… Escenario ideal para una revancha. El 15 de agosto de 1936 se volvieron a enfrentar, y otra vez Italia volvió a vencer a los austriacos, aunque con menos polémica que la vez anterior. El 2 a 1 en tiempo extra le dio la medalla de oro a los tanos, mientras que los amigos austriacos se quedaron con la de plata. Noruega completó el podio sorprendentemente. El 24 de enero de 1937, Hugo Meisl dejaba de dirigir a una Austria que estaba a pasos de convertirse en parte alemana. Dirigió 133 partidos, con 71 victorias, 30 empates y 32 derrotas en 25 años como entrenador nacional. Estaba en su oficina de la Federación cuando un paro cardiorrespiratorio lo sorprendió el 17 de febrero de 1937 a los jóvenes 55 años. Sin dudas, dejó un legado imborrable en un equipo que ya empezaba a ser historia.

Se venía el Mundial de 1938 que se iba a hacer en Francia y Austria, una vez más, sería de la partida. En las eliminatorias, venció a Letonia que venía de eliminar a Lituania, y se convertía en uno de los 16 equipos participantes. Pero no sabían que eso iba a ser solo una triste anécdota. El 12 de marzo de 1938 se produce el llamado Anschluss, la anexión de Austria por parte de Alemania, perdiendo su goce de nación libre. Sabiendo que el fútbol era un deporte por demás popular, Hitler (o su entorno) organizó el último partido de la selección austriaca como equipo independiente enfrentando a Alemania. La consigna era clara: Alemania tenía que ganar para mostrar esa superioridad aria que pretendía el Führer. El domingo 3 de abril fue el día del partido. Mathias Sindelar decidió jugar para Austria, siendo el capitán. Nadie imaginaba que sería su último baile. En el primer tiempo, los austriacos le dieron a los alemanes un peludo de novela. Los pasaban una y otra vez, pero frente al arco, la tiraban afuera, para demostrar que si no hacían goles era porque no querían. En el entretiempo Sindelar y compañía salieron a dejar en claro su postura. El crack anotó el primer gol del equipo. Luego llegó el segundo gol de la recién renombrada Ostmark, marcado por Karl Sesta para el 2 a 0 final En uno de los tantos, Sindelar se despachó con un baile que enardeció a los altos jerarcas nazis. Como consecuencia del partido, varios de los jugadores austriacos fueron convocados para Alemania, mientras que su país se perdía de disputar el Mundial. La historia de Sindelar se tejió en muchos casos de boca en boca y por eso, la historia se ha ido deformando. Algunas versiones sostienen que se negó a jugar para Alemania, aduciendo lesiones y donde, según dicen, un compañero fue su delator. Allí empezó a ser perseguido por los nazis. Otra, según un libro publicado este año cuentan que nunca tuvo problemas con el gobierno alemán.  También que Hitler no estuvo en el partido y Sindelar no hizo el famoso baile. Dudas que quedarán en el tiempo.

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Postura de crack

Llegaba entonces el Mundial de Francia y Alemania contaba con varios jugadores austriacos que habían participado para Austria en la Copa anterior: el arquero Raftl, el defensor Schmaus, el mediocampista Wagner, y el delantero Stroh. Además, otros que no habían participado en esa cita, como el caso de los mediocampistas Mock, Skoumal y los delanteros Hahnemann, Neumer y Pesser. Lo que hacía que 9 de los 22 convocados sean del país anexado. Al equipo alemán le tocó un compromiso complicado como Suiza y terminaron 1 a 1 en los 120 minutos, por lo que tuvieron que ir al partido desempate. Allí los suizos salieron con todo y vencieron a los austro-alemanes por 4 a 2, dejándolos afuera rápidamente. Italia, con Pozzo nuevamente como entrenador, logró el título venciendo a Hungría por 4 a 2 para alegría nuevamente de Mussolini, y donde quedarán en el recuerdo las palabras del arquero vencido, Antal Szabó, quien dijo: “Nunca me había sentido tan feliz por perder. Al menos, encajando cuatro goles, salvé la vida de 11 seres humanos… Me han contado del telegrama de Mussolini: vencer o morir. Y han vencido”.

 

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Homenaje en el Museo de Viena

El Wunderteam ya era historia, sin su entrenador y hasta sin su nación, sólo quedaba el recuerdo del primer gran jugador reconocido en el mundo, Matthias Sindelar. El Mozart del Fútbol siguió jugando en el Austria Viena, hasta que el 23 de enero falleció a causa de la inhalación de monóxido de carbono. Su novia Camila falleció un día después. Para algunos, fue un suicidio por ser perseguidos por los nazis. Para otros, murió como consecuencia de un escape de gas en la chimenea. Al funeral del número 9 asistieron 15.000 personas. El Gobierno intentó organizar un funeral de Estado para congraciarse con la gente pero no pudieron. De manera trágica terminó uno de los primeros grandes equipos de la historia, otro de los tantos campeones sin corona. Las preguntas sobre que hubiese pasado con ese equipo en otro contexto, se mantendrán hasta el fin de los días.

Les dejamos otro pequeño informe sobre el Wunderteam

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