Grandes fotos de la historia del fútbol, Vol III

Bienvenidos a otra entrega más de esta maravillosa sección que nos permite volver a darle a la fotografía uno de los usos originarios: el recordar.

El hilo conductor para esta “curación” fue el tratar de retratar momentos icónicos de la historia de la selección Argentina. Claro que si hablamos de esto, indudablemente tendremos que tomar como referencia los diferentes mundiales en los que participó la albiceleste. Además, se siguió otro requisito auto-impuesto: el de elegir una instantánea por década. Así, nuestro derrotero comenzará en los sesenta y culminará en los primeros años del nuevo siglo XXI.

Vaya otra aclaración. Esta selección no tiene la pretensión de retratar los momentos más culmines, no persigue la lógica del ranking. Dicho esto, sepan que quedaron afuera decenas de imágenes preseleccionadas, sin una razón más fuerte que la propia subjetividad.

Ahora sí, veamos qué historias nos deparan las 5 imágenes elegidas. Y recuerden que ustedes también pueden seleccionar sus fotos preferidas y contar el por qué la eligieron.

23 de julio de 1966, Estadio Wembley, Londres, Inglaterra.

Esta imagen retrata el prólogo de la irreverencia y también nos indica una costumbre que terminaría ese mismo mundial: la expulsiones sin tarjetas rojas. El árbitro alemán Rudolf Kreitlein echaba, injustamente, al mejor jugador argentino en la semifinal ante el local en el Mundial de Inglaterra, mandándolo a las duchas con el dedo índice, mientras el “rata” hacía el gesto con sus manos de “¿cuánto te pagaron?”.  Intenso idea y vuelta de dio entre el árbitro y el jugador antes de abandonar el campo de juego.

Fue tal la impotencia que sintió Rattín que en vez de irse a las duchas, le dio una vuelta al campo de juego por la pista de atletismo, estrujó el banderín del córner con los colores británicos, se puteó con los plateistas y se sentó en la alfombra roja de la Reina Isabel II ante la reprobación de 90 mil europeos que le gritaron “animal” al jugador y emblema xeneize. Inglaterra terminaría ganando ese partido y una final a pura polémica frente a Alemania para consagrarse por primea y única vez campeón del mundo.

25 de junio de 1978, Estadio Monumental, Buenos Aires, Argentina.

Mundial, Dictadura, ESMA a pasos del Monumental, terror y alegría, bla, bla, bla. ¿Qué más se puede agregar sobre Argentina 1978 que no se haya dicho hasta ahora? Esta imagen y esta historia también son conocidos: la fotografía fue tomada por Ricardo Osvaldo Alfieri, reportero de El Gráfico, y retrata el momento en el que el espectador Victor Dell’Aquila -un muchacho que había perdido sus dos brazos en la niñez a causa de un accidente eléctrico- corrió al encuentro de Fillol y Tarantini, quienes celebraban el campeonato mundial. La timming del profesional es absoluto, el disparo de la cámara logró captar el momento justo en el que las mangas del discapacitado están impulsadas hacia adelante como queriendo abrazar a los dos campeones del mundo.

Según mi punto de vista, una de las fotos más potentes de la historia del deporte -o por lo menos del fútbol-. Es tan fuerte que ni el genial titular de El Gráfico (El abrazo del alma) le puede aportar la belleza poética que tiene por si misma. Para el Mundial de Brasil 2014 la marca Coca-Cola utilizó esta historia para realizar una publicidad.

22 de junio de 1986, Estadio Azteca, Ciudad de México.

Esta imagen nos da la pauta que la duda respecto al gol más polémico del Mundial de México se mantuvo para agigantar el mito. Somos conscientes de que nadie lo negó, pero fue una noche – La noche del Diez – de 2005 en la que el propio Maradona confesó lo que esta fotografía confirmaba. Inició el relato con estas palabras: “Esto que no lo sabía nadie y es primicia para todos los argentinos y para el mundo”… el resto el historia.

Así relató este momento Eduardo Sachieri en “me van a tener que disculpar“:

“Y con semejantes antecedentes de tarde borrascosa, con semejante prólogo de tragedia, va este tipo y se cuelga para siempre del cielo de los nuestros. Porque se planta enfrente de los contrarios y los humilla. Porque los roba. Porque delante de sus ojos los afana. Y aunque sea les devuelve ese afano por el otro, por el más grande, por el infinitamente más enorme y ultrajante. Porque aunque nada cambie allá están ellos, en sus casas y en sus calles, en sus pubs, queriéndose comer las pantallas de pura rabia, de pura impotencia de que el tipo salga corriendo mirando de reojito al árbitro que se compra el paquete y marca el medio.”

Este gol sirvió de prólogo para lo que vendría: la mayor obra de arte que se haya visto jamás en una competencia deportiva.

8 de julio de 1990, en el Estadio Olímpico de Roma, Italia.

A la imagen es el vivo retrato de la impotencia y el dolor. Esas lágrimas funcionan como la sinécdoque perfecta del sentir del pueblo futbolero argentino.  Aquella final no fue como la más reciente, en la última nos quedó un sabor amargo, pero en esta el sentimiento de saber que no nos habían ganado en buena ley hizo que el momento sea mucho más difícil de digerir.  ¿Que el equipo había sido un desastre en todo el campeonato? ¿Que llegamos inmerecidamente a la final? Discutible. Lo real es que estábamos jugando una final y ésta se definió por el error del árbitro Edgardo Codesal, que sancionó un penal inexistente de Sensini sobre Vöeller.

Maradona no siempre nos ha ofrecido finales felices, pero la impotencia de 1982 y la decepción de 1994 no se comparan con la angustia de 1990. La última vez que sentí algo similar a ese sentimiento fue viendo a Batistuta en el 2002. Nunca más.

30 de junio, Estadio Olímpico de Berlín, Alemania.

Esta imagen representa el error de un DT. Claro que con el diario del lunes es fácil hablar, pero hoy sabemos que aquellos cuartos de final los perdimos por los cambios de José Néstor Pékerman. El Messi del 2006 no es el de hoy, es cierto, y Pekerman se guardó el último cambio (ya habían ingresado Franco por Abondanzzieri y Cambiasso por Riquelme) para poner a Cruz cuando el partido aún estaba 1 a 0 a favor de nuestra selección. ¿Cuál era la idea del DT? ganar en altura para neutralizar los ataques aéreos de los alemanes, relegando un “rapidito” como Lionel para dañar de contragolpe.

El resultado es conocido, y el destino quiso que Klose marcara el empate de cabeza y Lehman haya amargado a nuestros pateadores con su machete. Mientras esto ocurría, Messi nos enseñó por primera vez aquella mirada, desde el banco y sin ser protagonista, que lamentablemente repitió en cada paso en falso de nuestra selección.

Anuncios