Sopravvalutato

En los tiempos que corren de peinados raros, tatuajes en todos lados y botines fluos, todo lo que brilla nos parece oro. Los espejitos de colores son los mismos pero los vemos a través de la caja boba donde una voz nos dice que tal o cual es bueno y la rompe de verdad, pero en cuanto lo vemos con la celeste y blanca todo se desinfla. Hoy veremos como la Lega Calcio pasó a ser una de las más desparejas y poco competitivas del mundo pero nos la siguen vendiendo cruzada.

Tras la eliminación del Mundial de 1966 en manos de Corea del Norte, la Federazione Italiana de Giuoco Calcio dijo “basta”. No fueron suficientes nombres propios como Facchetti, Mazzola y Rivera. Ellos estaban por encima de la media y el resto, por debajo. El fútbol italiano debía volver a potenciar a propios y no ajenos. La decisión fue tajante: prohibición completa para contratar extranjeros, a excepción de aquellos que ya estuvieran nacionalizados. Si eras argentino naturalizado como Pedro Waldemar Manfredini o el gran Omar Sivori, no tenías problema. Pero ya no iba a haber chances que lleguen nombres como Gunnar Nordahl, Kurt Hamrin o el danés Hansen. A partir de 1967 había que jugar con italianos o naturalizados. Se hizo una excepción con aquellos extranjeros que habían sido contratados previamente, pero a partir de allí ni uno nuevo. Al principio la medida pareció tener éxito inmediato, porque la Azzurra se llevó la Eurocopa de 1968 y fue subcampeón del mundo en 1970, añadiendo además algunos títulos a nivel de clubes obtenidos por el Milan o la Juventus. La decisión que había tomado fuerza en su inicio se fue debilitando ante el avance del fútbol como competencia y espectáculo, algo que la FIGC comenzó a ver con malos ojos dada la baja cantidad de público en las canchas.

Para la temporada 80/81 aquella restricción se levantó, permitiendo que los clubes pudieran fichar un extranjero. 11 de los 16 equipos optaron por hacer uso de la nueva regla, llegando a Italia nombres de peso como el de Daniel Bertoni o el enorme Falcao. Dos temporadas mas tarde, e inmediatamente tras la obtención del Mundial de España, la Federación permitió ampliar el cupo a dos extranjeros. Los que llegaban lo hacían porque eran buenos de verdad. No en vano lo hicieron en esa temporada Daniel Alberto Passarella, Ramón Díaz, Boniek, Zmuda y Michel Platini. Pavada de nombres. Aún así, el campeonato seguía siendo competitivo y muy pero muy parejo. Muy sesudamente, y en vistas al Mundial que se venía en 1986, en 1984 se optó por cerrar el mercado por dos años para potenciar a jugadores locales. Los clubes optaron por tirar la casa por la ventana y transformaron al Calcio en una verdadera Liga de las Estrellas: Verona -a la postre campeón esa temporada- trajo a Briegel y a Elkjaer Larsen, Torino a Junior, Inter a Rummenigge, Roma a Toninho Cerezo, Fiorentina a Sócrates, Udinese a Zico y Lazio a Michael Laudrup. Ah si, disculpen, creo que me olvidaba de uno. Napoli contrataba a un tal Diego Armando Maradona. De los 16 equipos que disputaban la Serie A, al menos 10 contaban con un fuoriclasse. La paridad de aquella temporada lo deja bien clarito: Verona campeón sobre la Juventus de Platini y el Avellino de Ramón Díaz salvándose del descenso por un pelito junto a Udinese.

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Dos potencias se saludan

 

La reapertura del mercado en 1987 siguió trayendo nombres como Rudi Völler (Roma) o Thomas Berthold (Verona). Incluso jugadorazos como Claudio Borghi, Enzo Scifo y Toni Polster fracasarían en su llegada al Calcio. El mas beneficiado fue el Milan, que gracias a Silvio Berlusconi y su billetera se hizo de Ruud Gullit y Marco Van Basten. Al año siguiente, con la inclusión de un tercer extranjero el rossonero trajo a Frank Rijkaard y comenzó a forjar un dominio que se extendería a las copas europeas y que en la liga italiana sólo se lo peleaba el Napoli de Diego y Careca. El Inter trajo a Matthaus y a Brehme y Juventus a Zavarov, pero la inclusión del tercer extranjero permitió sobre todo a los clubes mas chicos a incorporar nombres de proyección. Así ocurrió por ejemplo con el uruguayo Rubén Sosa (Lazio) o el propio Claudio Paul Caniggia (Verona).

Desde aquel campeonato que ganó el Verona, llegar a la liga italiana era el objetivo de todo futbolista. Competitividad, pierna fuerte y partidos chivos semana tras semana. De aquí en más podemos nombrar a grandísimos jugadores (algunos quizas no a nivel mundial pero que sí somos conscientes de sus capacidades) que pasaron sin pena ni gloria por el Calcio dado el grado de dificultad que tenía por aquel entonces. A los ya nombrados Borghi, Sócrates o Polster podemos sumar en los años siguientes al grandísimo Ruben Paz, Oscar Dertycia (quien llegó a Italia tras ser goleador del futbol argentino en la temporada 88/89 en Argentinos Juniors), Mario Lacatus, Paulo Silas, Dragan Stojkovic, Diego Latorre, Paul Gascoigne y siguen las firmas. Incluso un animal como Gabriel Omar Batistuta sufrió un descenso con la Fiorentina aún marcando 16 goles en aquella temporada. El fútbol italiano no era para cualquiera.

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Una generación irrepetible

Tras el Caso Bosman y la caída de los cupos extranjeros para los paises de la Unión Europea, la facilidad de comprar figuras para los equipos con mayor poder económico se extendió, abriendo una brecha con respecto a los clubes mas chicos. En Italia se potenciaron equipos como Lazio y Parma, que a base de lavado de dinero contrataron jugadores de altísimo nivel. Si bien se mantenía todavía esa idea por respetar la formación de jugadores italianos, con el paso del tiempo se comenzó a privilegiar el negocio. Aquella brecha comenzó a hacerse gigante entre los grandes y el resto. A éstos últimos les quedaba arreglarsela como podían, trayendo resabios de otras ligas a precios bajos… y asi les iba. Comenzó a hacerse notable la diferencia entre los clubes llenos de figuras y los que completaban la nómina. La preocupación de la falta de formación de jugadores italianos de cara al futuro quedaba en segundo plano debido a la obtención de la Copa del Mundo de 2006, sin entrar en el detalle que nueve de los once titulares del equipo campeón habían sido formados, habían debutado y comenzado a consolidarse previo a la explosión de la Ley Bosman y de la conformación de tamaña diferencia. Habían forjado su nivel en la competitividad.

Dicho esto, no resulta casual que Italia haya quedado afuera de los siguientes dos mundiales en Primera Fase. A medida que escucha uno los nombres que afloran como futuras figuras del fútbol italiano, al poco tiempo se derrumban como si nada. Casos como el de Mario Balotelli es icónico. A pesar de su falta de conducta e inmadurez, las condiciones de Super Mario se notaban en la liga italiana, pero en cuanto cayó en la Premier League -mucho mas pareja y competitiva que el Calcio- quedó en claro las facilidades que le permitían en su país. Entonces bien: si un jugador como Balotelli queda expuesto a pesar de sus condiciones, el resto puede ser bien señalado para entender porqué en una liga como la italiana se destaca y en otras hacen sapo. Si hablamos de competitividad, paridad y dificultad, permitanme entonces hablar de nuestro fútbol. Para facilitarles la cuestión, lo pondremos en números y nombres propios.

 

Numeri, numeri, numeri…

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Tiros (y goles) para todos lados

En nuestro fútbol de todos los días, hemos visto como la paridad ha llevado al descenso (conjuntamente con malas decisiones económicas y deportivas, claro está) a grandes como Independiente y River. Tomemos como ejemplo tanto al conjunto millonario y a Boca, quien a pesar de contar con grandes jugadores mas de una vez ha tenido que parirla con equipos chicos. Sin ir mas lejos, basta recordar el 6 a 1 que le encajó San Martín de San Juan al Xeneize o el 1-5 de Tigre a River en el Monumental. En los últimos 15 años, River perdió 36 partidos como local frente a equipos de los denominados “no grandes”, mientras que Boca cayó en 29 oportunidades. Comparándolo contra la Juventus -campeón del Calcio las últimas seis temporadas- la diferencia es abismal: sólo perdio 17 encuentros ante equipos “no grandes”, siendo que tan sólo dos derrotas se dieron en los últimos seis años nada mas. Ni hablar de ver una goleada como las mencionadas arriba: la última derrota abultada como local se registra en 2011 frente al Parma, donde perdió 4 a 1 en un partido con circunstancias extrañas, como la expulsión de Felipe Melo a los 17′ del primer tiempo y las lesiones de Del Piero y Quagliarella antes de la media hora de partido. Y si vamos a un equipo verdaderamente chico, hay que irse a la temporada 92/93, donde el descendido Pescara le endosó un 5 a 1 en un partido donde la Juve venia de obtener la Copa UEFA. Este dato da cuenta de la gran disparidad que hoy por hoy se genera en el fútbol italiano, donde para detectar aquellos nombres que realmente destacan se tiene que ver los números al detalle y no en el macro, dado que la dificultad para los equipos grandes prácticamente es nula.

Si comparamos a tres grandes goleadores argentinos del fútbol italiano podrán ver de lo que les hablo. Gabriel Batistuta anotó en Serie A 152 goles sólo con la Fiorentina, de los cuales 29 fueron a equipos grandes (11 al Inter, 8 a la Roma, 5 a Juventus y 5 al Milan). Icardi, en cinco años de carrera -cuatro de ellos en un grande como Inter-, marcó 86 tantos pero de esos apenas 11 fueron a los gigantes del Calcio, 9 de ellos jugando para Il Biscione. Gonzalo Higuaín anotó 71 goles en 104 encuentros en tres años con el Napoli en Serie A, una verdadera animalada. Pero de esos, apenas 10 fueron a los grandes. Con el Pipita ni en Juventus mejora la cosa, ya que desde su llegada a la Vecchia Signora no le anotó goles ni al Milan ni al Inter.

La cuestión de los números no se detiene en el rendimiento de los nombres propios sino también de los equipos. Si comparamos la liga italiana con las otras poderosas del continente europeo, podemos ver que los equipos que representan al país en competiciones europeas son casi siempre los mismos. En los últimos 25 años apenas 10 equipos italianos han jugado Champions League contra los 13 de la Bundesliga, que no ha disfrutado de la misma cantidad de cupos que el Calcio y sin embargo ha tenido más participantes. Si nos trasladamos a la Copa UEFA/Europa League, la cosa no cambia: sólo 5 equipos más se suman a la anterior lista (Sassuolo, Livorno, Empoli, Palermo y Genoa), contra los 10 que suma la competición alemana (Bochum, Nürnberg, Mainz, Hannover, Eintracht Frankfurt, Hoffenheim, Koln, Augsburg, Hertha Berlin y Munich 1860). Aún cuando el dominio del Bayer Munich es arrasador, en el resto de la competición se puede ver la paridad que existe. Vaya como caso ejemplar el Wolfsburg, que no estuvo lejos de eliminar al Real Madrid de la Champions League en la temporada 15/16 y en la siguiente salvó la categoría de milagro definiendo una promoción frente al Braunschweig.

 

La vidriera del Calcio

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Esto pasó de verdad

Cuando de trascender se trata, nada mejor que pasar a las grandes marquesinas y estar en boca de todos. Los focos iluminan el centro del escenario y no a los actores secundarios. Dar el salto a las ligas europeas implica una suerte de salvación económica que por estas tierras difícilmente se pueda dar, a excepción que realmente seas un jugador cotizado y de verdadera proyección no sólo a nivel clubes sino también internacional. Pero en el caso de la liga italiana, desde hace unos años esta situación se ha ido modificando gradualmente al punto que el sólo hecho de jugar en el Calcio se ha transformado en un lugar propicio para destacar virtudes en pos de dar el salto hacia un equipo mas grande o incluso a la Selección Nacional. Pero salvo honrosas excepciones, jugar en esta liga y destacar es mas fácil de lo que parece.

Argentina es el país que mayor cantidad de jugadores ha aportado al Calcio en los últimos 25 años, sólo superado por Brasil. Más allá de los consagrados (Zanetti, Batistuta o Crespo, por citar ejemplos), es notoria la cantidad de jugadores que superan los 200 encuentros en el fútbol italiano. Casos como Maxi Lopez o Nicolás Spolli son interesantes de analizar, ya que su paso por el fútbol argentino es recordado por situaciones puntuales (en el caso del ex River, el penal errado en la Semifinal de Libertadores 2004 frente a Boca y en el caso de Spolli, la tremenda patada a Paulo Ferrari en un clásico rosarino) pero no por su excelso y sostenido rendimiento. De hecho, además de estos casos donde los jugadores suman una buena cantidad de partidos en nuestro país y luego en Italia se asientan definitivamente, a la inversa también se puede ver las facilidades que otorga la máxima competición italiana. Los rendimientos de jugadores como Diego Perotti dan la pauta: titular indiscutido, subcapitán de la Roma (tras el retiro de Totti la cinta quedó para Daniele De Rossi) y encargado de ejecutar los penales. Aquí en Boca apenas pudo disfrutar su breve estadía. Si bien sufrió lesiones, cuando estuvo a disposición tampoco dislumbró ni hizo pesar su “experiencia europea” para ganarse un lugar entre los titulares. Hasta hace unos meses atras los medios italianos lo señalaban como posible convocado a la Nazionale dirigida por Giampiero Ventura, que hasta no hace mucho dio lugar a futbolistas mediopelo como Ezequiel Schelotto o Gabriel Paletta, quien incluso jugó el último Mundial de Brasil con un rendimiento más que pobre. La última gran camada que brindó el fútbol italiano fue aquella que, como dijimos anteriormente, se forjó en la competitividad y que mostró el punto cúlmine con la obtención del Mundial de Alemania en 2006. En aquella cita estuvieron dos de los mas grandes jugadores que dio el fútbol italiano en el último tiempo: Francesco Totti y Alessandro Del Piero. La sapiencia de Marcello Lippi lo llevó a colocar como titular al símbolo de la Roma por sobre Pinturicchio, lo que en su momento fue muy cuestionado sobre todo porque Del Piero era “un grandissimo campione”. Obviamente, la comparación era odiosa y despareja: 5 ligas, 1 Champions League, 1 Supercopa Europea y 1 Intercontinental para el de la Juventus frente a apenas 1 liga ganada por Totti. Sólo Lippi lo pudo ver, aún cuando lo dirigió durante muchísimos años a Alex en la Juventus: Del Piero vivió rodeado de grandísimos jugadores en todos los puestos (Zinedine ZidanePippo Inzaghi, Trezeguet, Edgar Davids, Buffon, Zlatan, Pavel Nedved, Ciro Ferrara, Cannavaro, Thuram, Vieira y siguen las firmas), mientras que Totti se las arregló casi solito para colocar a la Roma en los más alto (Cafú, Montella, Samuel, Batistuta, Panucci, Emerson… y paren de contar).

El nivel de la liga italiana en los últimos diez años decayó fuertemente, yendo a la par de una exponencial disparidad entre los equipos. Juventus está a años luz de un pelotón de equipos que se turnan para pelear el campeonato y a su vez, ese pelotón está alejado del resto. De hecho, cuando uno de estos equipos se destaca, inmediatamente aparecen los grandes para sacarle jugadores a golpe de billetera. Y cuando digo “sacarle” me refiero a comprarlos para utilizarlos poco y nada, como sucede actualmente con Federico Bernardeschi, comprado por la Juventus a la Fiorentina. Incluso el equipo de Turín llegó a tantear a Gianluigi Donnarumma, el joven gran arquero del Milan, para contratarlo cuando éste no resolvía su renovación con el club lombardo. El desnivel tanto económico como deportivo es enorme, al punto que la UEFA decidió recortar notablemente el aporte de dinero para el crecimiento del fútbol italiano, señalando que “la galopante disparidad entre los clubes que conforman la Serie A no invita a acompañar su desarrollo, ya que las propias diferencias entre los participantes hace imposible pensar en una liga competitiva”.

 

Despejando dudas

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Cuando llegar al Calcio no era tan fácil como hacer declaraciones

 

Quien haya llegado hasta acá seguramente esté planteandose seriamente que todo esto es un desquicio por parte de quién escribe o bien ya haya puesto las barbas en remojo. Lo cierto es que son demasiadas señales las que se deben ignorar para no ver el pronunciado descenso de la competitividad del Calcio. Por caso, cabe destacar los nombres que triunfaron en la liga italiana antes de la debacle: Simeone, Batistuta, Crespo, Samuel o Verón, jugadores de verdadero peso específico y que realmente trascienden esta situación dado que eran buenos jugadores de verdad y no necesitaban de la resonancia de jugar en una liga europea para hacerlo en la Selección Argentina. Hoy pareciera ser que la sola razón de jugar en el Calcio es motivo suficiente para ponerle un ojo pensando en futuras convocatorias. Lo cierto es que el fútbol italiano esta completamente sobrevalorado. Ya no es aquel del roce, la marca férrea y la dificultad para hacerse un lugar. Ya no es aquel en donde el Flaco Bartelt hacía 15 goles en seis meses en nuestro fútbol y después ni jugaba en la Roma. Por dar cuenta de un ejemplo: en el 1 a 1 frente a Venezuela de la última fecha de Eliminatorias, Mauro Icardi fue absorbido y controlado por Jhon Chancellor, un central de casi 2 metros que juega en el Delfín de Ecuador. “¿Como puede ser, si venía de hacerle dos goles a la Roma?”, se pregunta aquel que ni mira nuestro fútbol y piensa que todo lo que está cruzando el Atlántico es mejor. La respuesta es fácil: su marca personal en aquel partido era Federico Fazio. Sólo observen la distancia con la cual lo marca en el segundo gol.

Nos la siguen vendiendo cruzada. Nos hacen creer que acá, en nuestro fútbol de cada día, no hay nada que sea mejor que allá, que allá están los mejores. El periodismo berreta que se cansa de ensalzar al Papu Gómez no repara en que allá se le dio cabida en Serie A a jugadores como Ignacio Fideleff, Ezequiel Muñoz, Cristian Ansaldi o Emanuel Rivas, que pasaron sin pena ni gloria por nuestro fútbol y se fueron a buscar rumbos menos exigentes. Que incluso jugadores que acá ni siquiera rinden en el Nacional B como Nahuel Valentini, Mario Paglialunga o el mismísimo Fabricio Lenci han tenido su chance de integrar planteles. Y vaya como casos paradigmáticos los de Mariano Izco y Hugo Campagnaro, que no pasaron de la B Metropolitana y en el fútbol italiano han disputado más de 300 encuentros. El Calcio ya dejó de ser aquel en donde cada partido era una batalla, en donde siendo defensor tenías que tener cuidado tanto de George Weah como de Igor Protti, o siendo delantero había que bancarse las patadas de Paolo Montero en la Juventus o las de Marco Materazzi en el Perugia. Miralo por donde quieras, buscale la vuelta que te parezca, pero mientras se sigan convocando a nuestra Selección jugadores del actual fútbol italiano, dificilmente se logre plantarle cara al juego cerrado y de roce que nos proponen nuestros rivales en Eliminatorias. La liga italiana es el máximo exponente, pero las otras ligas no se quedan atras. Aunque eso será para otro momento.

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