Mente de botín

Les decimos “burros”, los puteamos una y otra vez por decidir para el culo frente al arco o encarando a un rival, pero lo cierto es ¿Cuántas veces nos pusimos a “pensar” al jugador? ¿A meternos en la cabeza de un tipo que tiene que resolver el destino de una jugada en milisegundos? Parece que algunos ya lo vienen haciendo y con resultados aparentemente satisfactorios. Neurociencia y fútbol o, mejor dicho, tratando de adivinar por qué Di María no puede meter un centro como la gente en la Selección.

El tipo recibe la pelota en mitad de cancha. Frente a él, opciones: encarar al marcador, buscar una descarga rápida, tirarla larga y tratar de ganar en velocidad, incluso rifarla a la tribuna. Son algunas, pueden ser miles, pero el que tiene la pelota no puede poner “pausa” y elegir. Incluso, como puede que veamos más adelante, puede que no elija nada, que el cuerpo sea el que decida qué hacer en base a experiencias anteriores. Según un estudio realizado por el Instituto Karoliskas de Estocolmo, los jugadores de nuestro futbol se encuentran con una capacidad congnositiva mayor al del humano promedio. Con una manera de jugar muchísimo más veloz que hace años atrás, no sólo basta con tener buenas piernas: También hay que saber pensar y decidir rápido. Si encima lo hacés bien, sos un crack

Uno de los primeros en darle bola a estos aspectos fue Mourinho, aplicando la neurociencia como un elemento más a la hora de entrenar. Porque correr de un conito al otro, patear al arco, esquivar rivales, entrarle con bronca a un compañero lo hace cualquiera, el tema era meterse adentro de la cabeza del jugador para sacar lo mejor de cada uno. Como en todos los aspectos de la vida, hay jugadores que tienen una capacidad mental más amplia que el resto, que saben ver, que saben leer entre líneas antes que los demás. Si a esa habilidad innata se la ejercita y se la potencia, tenés a un tipo que por sí sólo puede hacerse cargo de un equipo y sacarlo adelante, porque también puede llegar a hacer otra cosa: Potenciar al resto.

De este lado del charco, el que innovó en la neurociencia para potenciar jugadores fue Marcelo Gallardo, y para ello contó con la inestimable ayuda de Sandra Rossi, deportóloga y especialista en la materia. Ella trató de potenciar los niveles mentales de los jugadores en lo que respecta a concentración y velocidad de reacción, con ejercicios mecánicos (disparar a arcos diminutos cada vez que una luz se encendía) o mentales (planteamiento de situaciones lógicas de partido), pero también se metió con el cuerpo técnico. Una de las cuestiones que trabajó fue el de aconsejar a Gallardo a explicar el por qué de cada desición a los jugadores.

“_Y por eso, tenés que pensar antes de hacer las cosas…Salir con gatos es así, macho”

En ese sentido, coincide con lo expresado por Estanislao Bachrach “Hay que explicarle al jugador. Yo he visto técnicos que no dicen nada. ”Venga hagamos esto” y eso no sirve para nada, es la muerte motivacional. Hay que explicar, porque cuando el cerebro entiende, lo hace mejor, y no importa si lo repetimos 200 veces, estará bien. Así ellos saben que el ejercicio A, sirve para B y C. Aunque ellos lo sepan, decirlo de otro modo, de manera diferente, que sean ellos los que lo digan, porque la mejor forma de aprender es cuando el otro lo dice, lo repite y lo entiende. ” Una teoría a la que Ramón Díaz y su “jugale, jugale” no se adecuaría del todo. Porque no basta con decirle al 4 que suba y baje por la banda, si a ese pedido le agregamos el por qué, tenemos un tipo que entendiendo para qué hace algo, lo puede hacer mucho mejor.

Porque, convengamos, dependiendo de quién sea ese tipo, las opciones que va a tener van a ser muy distintas. ¿Qué tiene que hacer un defensor cuando le cae la pelota? O se la da a un compañero o la revienta. Puede que, en un caso aislado, busque la descarga con alguno y corra a buscar la devolución, peroson la excepción. ¿Por qué? Porque no es su costumbre, porque su puesto se limita a cubrir el sector del campo de juego que le toca y decidir siempre de acuerdo a lo que se supone tiene que hacer. ¿Por qué asombró el gol de Medero, por ejemplo? Porque era un defensor, porque el defensor se tiene que limitar a recibir la pelota y sacarla lo más lejos posible del área. Esa es la función que le asignaron pero, eso es todo lo que puede hacer? No sabía hacer otra cosa antes?

Tratando de entender por qué a Iker a veces se le da por hacer estas cosas

Lo que decanta en otro tema: Mucho se ha dicho sobre la “muerte de los enganches” por el tipo de vértigo con el que hoy se juega, con un juego en muchos casos sin posiciones fijas. Donde jugadores “flotan” sobre el frente de ataque, en estos casos si lo que se busca es un jugador versátil y adaptable, lo peor que se puede hacer es limitarlo. Y, mucho peor, es limitar esa posibilidad a uno o dos jugadores. Pongamos el caso que más nos duele: el de la Selección. En nuestro caso, durante años se ha apostado al “Dásela a Messi y que frote la lámpara”, pero que pasa si ese día se olvidó el Blem o si se le rompió la franela o si simplemente está demasiado hinchado los huevos como para querer llamar al genio? Que el resto no sabe que hacer. Que no se lo prepara para un Plan B y no hablo solamente de un jugador aulado por la marca, hablo de uno anulado mentalmente, del que se espera una jugada salvadora y que el resto acompañe.

Si tomamos como referencia que el único que puede pensar en la Selección es Messi, estamos al horno. Hace poco, Dybala dijo que era difícil jugar con él, hablando que ambos ocupan la misma posición en la cancha, y eso puede tener algo de razón, aunque también responde a cierta tara mental: Nadie nace para una sola posición, puede tener mayor o menor capacidad para resolver ciertas cuestiones en la cancha, pero lo cierto es que el impedimento quizá no venga de lo que juegue cada uno, sino de la obligación que genera uno en detrimento del otro.

Dybala y Messi segundos antes que choquen al intentar ocupar el mismo espacio adentro de la cancha, tratando de violar la Ley de Impenetrabilidad

Pero hay una clave para que eso suceda: Laburarlo desde el inicio mismo de la carrera del futbolista. Algo de eso hace Javier Bikkesbakker, ahora coordinando a la quinta división de Boca en Pilar. Supo ser consultor del Vasco Olarticoechea en el breve paso de éste por el Sub 23 de la Selección y aplicando la neurociencia en las inferiores de Newell’s y ahora se encarga de los pibes de Boca, básicamente en lo que se refiere a la concentración y a la capacidad de toma de decisiones en situaciones de juego. El cerebro es un músculo y la mayor parte de las decisiones que se toman dentro de un partido no suelen ser concientes, sino que responden a decisiones basadas en conocimientos previos que el cerebro toma casi por impulso. Si se lo va nutriendo de mayor cantidad de opciones, mayores van a ser las posibilidades que tenga el jugador de terminar de la mejor manera una jugada.

Otros que le están dando pelota (y bastante) es la gente de Estudiantes de La Plata, que no solamente lo está implementando sino que hasta armó un Departamento de Neurociencia. En el año 2016 firmaron un convenio con INECO (Instituto de Neurología Cognocitiva, dirigida por Facundo Manes) para potenciar las capacidades intelectuales y deportivas de los chicos de la cantera. En un primer paso, se está trabajando con chicos de las categorías Séptima, Octava y Novena, apostando a un trabajo a largo plazo, con el fin de potenciar a los pibes y que esa nueva forma de pensar sea la regla cuando lleguen a Primera y, mucho más importante, que si no llega no sea un fracaso en su vida. Como dijo Manes en la presentación del proyecto la idea es “ayudar a que aquel chico que no llegue a los primeros planos deportivos tenga otra alternativa en la vida, y pueda sentirse igualmente satisfecho partiendo de la base que el futuro y la educación no son cuestiones antagónicas”. Para ello, dicho departamento funciona como nexo entre los entrenadores y el bachillerato obligatorio para jugadores de Inferiores con que cuenta el club.

“_Todo bien Juanse, pero por qué el contrato está en inglés?”

Veremos si estas pruebas que se están haciendo se vuelven la regla a futuro en un futbol cada vez más competitivo y que va dejando menos cosas al azar. En principio, ayudar a “pensar” al jugador antes que simplemente darle la pelota y que resuelva solo es un avance. Si el jugador ya cuenta con ese conocimiento de base y se lo puede potenciar, se puede lograr una mejora no sólo en el aspecto deportivo sino en el intelectual. Por ahí si se hubiera hecho antes a Brian Sarmiento no se le ocurriría salir a compararse con un alfajor o a Centurión ponerse a dar vuelta autos como si fueran tortugas. Y por ahí, solamente por ahí, a Di María no le tiraría el muslo en cada final. Quien te dice…

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