Existir gracias al fútbol

En épocas donde la apertura de mercados es extensa y no nos llama la atención ver a Tevez en China o a Luis Leal en Newell’s, es bueno saber que antes que ellos lleguen o que incluso Gibraltar tenga un seleccionado de fútbol, hubo jugadores que pusieron a su país en boca de todos cuando ni siquiera se sabía bien donde quedaban. Vaya un pequeño homenaje para alguno de ellos.

ADRIANO TOMAS CUSTODIO MENDES (Cabo Verde)

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Curioso caso el del Negro. Nacido en Praia, una ciudad costera de Cabo Verde, llegó al país en 1973 con tan sólo 12 años y se radicó en La Plata, donde ya vivía su hermana mayor. Si bien nació en ésta isla frente a Senegal, técnicamente arribó como portugués, dado que recién en 1975 el país africano obtendría su independencia. Hizo inferiores en Gimnasia y Esgrima de esa ciudad y con edad de Séptima fue dejado libre. Pensó en largar todo, pero lo convencieron para continuar en el archienemigo, Estudiantes. Allí debutó en 1981 y tuvo la dicha de integrar el plantel campeón de Estudiantes del viejo Metro ’82 y el Nacional ’83. Convirtió 13 goles en 45 partidos, nada mal para un jugador que alternaba.

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Custodio Mendes en su primer paso por Temperley

Tras quedar libre del Pincha se fue a pasear su exquisita zurda a Temperley, donde jugó un solo año y le bastó para ser idolo. En su momento incluso hasta lo quiso Boca, pero el pase no prosperó y terminó yendo a jugar al Blooming de Bolivia, donde si bien la rompió toda, en pleno ascenso de su carrera desapareció del radar del mundo del fútbol. “Hice 24 goles en 36 partidos y los únicos que sabían eso eran mis familiares”, cuenta con algo de resignación. Tras un paso por el futbol de Paraguay, volvió al fútbol argentino y tuvo pasos destacados por Colón, San Martín de Tucuman y Chacarita, donde logró el ascenso al Nacional B. Verdadero trotamundos (jugó también en Chile, El Salvador y Honduras), dejó un recuerdo imborrable en el Gasolero, al que volvió con 35 años en épocas de malaria económica para dar una mano. Fue un pionero en “patentar” el cariño por el futbolista africano cuando era toda una rareza verlos en nuestras canchas.

WITTHAYA LAOHAKUL (Tailandia)

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El fútbol asiático tardó añares en conseguir el respeto del fútbol mundial. Ni siquiera aquella resonada victoria de Corea del Norte frente a Italia en 1966 fue suficiente. Por eso, resultaba raro ver a jugadores de oriente en las ligas mas importantes. Ni hablar si uno de esos jugadores provenía de un país donde los deportes nacionales son el Muay Thai y el Sepak Takraw, esa especie de fútbol-voley con piruetas circenses que cautiva a cualquiera que lo mire por primera vez. Witthaya Laohakul llegó al Hertha Berlin en 1979 procedente del Yanmar Diesel (equipo más tarde daría nacimiento al Cerezo Osaka). Iniciado en el Raj Pracha de su país natal, dio el salto a la Bundesliga tras ser elegido dentro del once ideal de la liga japonesa. Sin embargo, quedó demostrado que su nivel no era suficiente para tamaña exigencia. Apenas disputaría tres encuentros con el equipo de la capital alemana, que además terminaría descendiendo. Heng -así era apodado- hizo de la tozudez oriental un arte y a pesar de tener ofertas para retornar a Japón se quedó en Alemania para jugar en el Saarbrucken de la Oberliga Sud, la tercera categoría de aquel país. Allí permaneció tres años e incluso se dio el gusto de salir campeón, otorgándole el ascenso a la 2. Bundesliga. Con la misión cumplida, retornó a Japón donde recogió la cosecha que había dejado y terminó siendo ídolo. Hoy, con 63 años, es vicepresidente de la Federación Tailandesa de Fútbol.

GERARDO MIRANDA CONCEPCION (Mauritania)

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Si usted esperaba un moreno con siete nombres bien acentuados y varias consonantes, se equivocó. Y si esperaba que fuera ignoto… bueno, también se equivocó. Este señor en cuestión fue durante años el lateral derecho del Barcelona, incluso compartiendo equipo con Maradona. Nacido en 1956, por aquel entonces Mauritania era parte de la denominada Africa Occidental Francesa, un territorio acaparado por la voracidad colonial de aquel país europeo que se denominó de tal manera hasta 1958 cuando tras un referendum los territorios constituyentes (Mali, Senegal, Costa de Marfil, Benin, Niger, Burkina Faso y por supuesto Mauritania) votaron a favor de transformarse en repúblicas autónomas, a excepción de Guinea que directamente decidió independizarse. Pues bien, Gerardo había nacido en Nouakchot debido a que sus padres formaban parte del Ejército de Africa que estaba apostado en Marruecos y que tras la independiencia de éstos en abril de 1956 fueron acogidos por las fuerzas francesas que se encontraban en Africa.

Tras el periplo en tierras francesas, la familia se instaló en Gran Canaria. Allí Gerardo se inclinó por el fútbol e hizo todas las inferiores en la Unión Deportiva Las Palmas. Su llegada al primer equipo coincidió con una de las mejores epocas del club en toda su historia, donde contó con verdaderos jugadorazos como Carnevali, Quique Wolff, Brindisi y el Puma Morete. Con el conjunto canario conseguiría llegar a la final de la Copa del Rey en 1978 donde caerían a manos del Barcelona de Johan Cruyff. “Teníamos un buen equipo, claro. Pero no teníamos el aplomo y la experiencia que ellos tenían de sobra. Con 21 años a mi me temblaba todo, salí al túnel de acceso al campo y lo veo a Cruyff fumando mientras charlaba con Neeskens. Ellos estaban acostumbrados a estos partidos, nosotros no”, sentencia. Tras cinco buenas temporadas en la UD, tenía todo arreglado para arribar al Real Madrid, pero el polemiquísimo Josep Lluis Nuñez pusó 13 millones de pesetas más y se lo arrebató de las manos al conjunto de la capital cuando el jugador ya se encontraba en la ciudad para arreglar su contrato.

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Lo grande que será Diego que tiene una foto con un tipo que nació en Mauritania

En el Barcelona fue campeón de todo… bah, de casi todo. Ganó la Recopa, la Copa del Rey en aquel equipo con Maradona y Schuster, la Supercopa y la Liga 84/85 -su mejor año sin dudas- donde incluso marcó tres goles. Le faltó solamente la Copa de Europa, perdida frente al Steaua de Bucarest gracias a la falta de precisión de sus compañeros y a las manos de Helmut Duckadam. Sin embargo, da muestras de su gran hidalguía y sinceridad afirmando que “el día se estaba dando tan mal que de haber tirado un penalty, supongo que también habría fallado”. Tipo correcto tanto fuera como dentro de la cancha (una sola expulsión en quince años de carrera), sufría de alergia al polvo y a la lana. Además de los problemas respiratorios tuvo varios encontronazos con la Federación Española, ya que el control antidoping se había instaurado hacía pocos años y varias veces tuvo que explicar que los medicamentos que consumía no eran para mejorar el rendimiento deportivo sino para -basicamente- vivir. De hecho, este problema de salud fue el que lo alejó del Mundial en México de 1986. Con diez encuentros en La Roja, contaba sin duda para el seleccionador Miguel Muñoz. Sin embargo, Gerardo decidió bajarse. “Le dije al entrenador que con mis problemas empeorarían con la altura de México y que no rendiría al 100%”, confiesa.

Sus años en el Barcelona acabarían de la peor manera, conjuntamente con otros doce compañeros de equipo. Era el jueves 28 de abril de 1988. En las vísperas de un clásico frente al Real Madrid, los constantes cruces con el presidente Nuñez terminaron de explotar. La directiva había ideado una manganeta para que los jugadores no tributen impuestos de más y cobren mas dinero. Los jugadores aceptaron de buena fe creyendo que Hacienda daría el visto bueno, algo que no finalmente no ocurrió. Cuando les empezaron a caer, el plantel pidió que de esa diferencia se hagan cargo sus cráneos, cosa que tanto Nuñez como Joan Gaspart -vice de Nuñez- se negaron rotundamente. Fue así como en el Hotel Hesperia se agolpó casi todo el plantel y dio un comunicado de prensa donde acusaban a Nuñez de querer dividirlos, incumplir los compromisos pactados y provocar un enfrentamiento entre plantel y afición, entre otras cosas. Todo esto en un partido previo frente al eterno rival, al que encima había que hacerle pasillo ya que se había consagrado campeón de Liga la fecha anterior. Una cosa de locos. El domingo fue un pandemonium. Además de agredir a los jugadores apenas arribaron al estadio, los reprobaron bajo una lluvia de silbidos durante todo el partido, aún cuando ganaron 2 a 0. El único que no fue chiflado fue Bernd Schuster, quien sacó a relucir su temperamento y su codicia unos días antes y por detrás de todo el plantel arregló el asunto con Nuñez. Se lo denominó “El Motín de Hesperia” en honor al hotel, que dicho sea de paso era uno de los tantos que poseía Joan Gaspart. Volaron varios, incluídos el entrenador Luis Aragonés y el propio Schuster. Otros, como Alexanko, fueron absueltos gracias al pedido del propio Johan Cruyff, flamante entrenador. Con algunos de esos jugadores y la llegada de otros, el holandés construiría la base para el Dream Team.

Tras lo sucedido, Gerardo no se lo pensó dos veces y se volvió a Las Palmas. No le importó que estuviera en Segunda División ni que no peleara por los puestos de ascenso. Su perfil bajo lo llevó al lugar donde sabía que se sentiría cómodo y feliz. Se retiró a los 33 años y aún conserva la humildad, al punto que muchos de los que lo cruzan en el Estadio Insular cuando va a ver al equipo no lo reconoce. Eso sí, no pierde oportunidad de contar que jugó con Maradona: “Ya verle entrenar era un placer, era una cosa de locos lo que hacía en los entrenamientos”.

RASHID RAKHIMOV (Tayikistán)

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Esa costumbre española de españolizar TODO

No vamos a entrar en los detalles políticos, económicos y sociales de la disolución de la URSS, solo vamos a centrarnos en lo meramente futbolístico y decir: qué pena no poder ver más a todos esos fenómenos juntos. Dasaev (ruso), Zavarov y Protasov (ucranianos) y Aleinikov (bielorruso) -entre otros nombres- cada uno para su lado. Ya nada sería lo mismo, para esa o para las camadas venideras. Pero no todos tuvieron la suerte de ser parte de grandes equipos soviéticos. Es el caso de Rashid Rakhimov, nacido en Dushanbe, la hermosa capital de Tayikistán, llamada Stalinabad hasta 1961 en honor al bueno de Josef. Tras iniciarse en el CSKA Pamir de esa ciudad, Rakhimov pegó el salto al Spartak de Moscú, pero en un año la crisis y el reordenamiento económico lo llevó a otros horizontes de manera casi obligatoria. En el verano europeo de 1992 aparecería en el Valladolid, que por aquel entonces transitaba en Segunda División pero que contaba con unos pibes que andaban bárbaro: OnésimoJosé Luis Caminero y Emilio Amavisca. El equipo anduvo muy bien sobre todo en la segunda parte del torneo, donde Rakhimov fue amo y señor del mediocampo a base de sacrificio y unas cuantas murras bien dadas (así lo ameritan sus tres expulsiones y doce amarillas en 29 partidos). Aún así, y a pesar del buen rendimiento en general, Rakhimov sufría por las noticias que llegaban sobre la guerra civil en su país. Las últimas fechas fueron un suplicio para el conjunto vallisoletano y a punto estuvieron de no ascender directamente, pero una victoria en la última fecha por 2 a 1 frente al Palamós puso las cosas en su lugar. Ese día convertiría dos goles –ambos mediante penales muy pero muy dudosos– otro joven que desandaría largo y tendido el fútbol español: el brasileño Iván Rocha.

Lo cierto es que a final de temporada, y con el ascenso obtenido, Rakhimov tenía todo como para quedarse en el club, pero las cuestiones referidas a su país y su gran dificultad para hablar en español (las crónicas dicen que recién después de tres meses en el equipo dejó de dar indicaciones con señas) hicieron que la directiva decidiese que retorne a su país en pos de estar cerca de sus seres queridos. Lo cierto es que, básicamente, el plan de Rakhimov era recoger a su familia y rajarse para el primer lugar que le abran la puerta. Ese lugar se llamó Austria, quien lo acogió durante casi diez años como profesional, repartiendo su tiempo en el Austria Vienna -donde es idolo- y el SK Ried. Hoy dirige al Ajmat Grozny, equipo que se llamaba Terek Grozny pero que cambió su denominación en homenaje a Ajmat Kadyrov, ex presidente de la República de Chechenia asesinado en un atentado en 2004.

 

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