Pensemos la Superliga Europea

El futuro de Barcelona tras la posible independencia de Cataluña volvió a encender las alarmas de un torneo que cada vez se hace más presente en el colectivo imaginario: una liga internacional con los mejores equipos de Europa. Un post para pensar y debatir.

Hace casi 20 años, Konami entendió todo. La empresa japonesa, ante la imposibildad de brindar todas las ligas europeas de primer nivel en los apenas 128 bits de la hoy primitiva Playstation, presentaba en su Winning Eleven la “Master League”, donde uno armaba su equipo favorito desde la Liga B para luego ascender a la Liga A, donde enfrentaría cada fecha a uno de los grandes de Europa, desde Juventus a Real Madrid.

Aunque es un tanto difícil que los principales presidentes de los clubes europeos se hayan inspirado en esta competencia digital de Konami, el gran fantasma que atraviesa Europa estos días es la creación de la Super Liga Europea: Un torneo anual donde los mejores clubes del continente se midan todos contra todos cada fin de semana.

La idea pisó fuerte por primera vez en 2006, cuando el G-14, ente que nuclea a los equipos más poderosos de Europa, usaron este nuevo torneo como caballo de batalla para imponer condiciones a la UEFA, al ser los principales animadores de la Champions League. Los titanes del Viejo Continente, no conformes con las plazas aseguradas y con los premios recibidos, propusieron crear su propio torneo y rechazar la competencia de fútbol más lucrativa del planeta.

A 11 años de esta amenaza, la Champions League sigue viva y vigente. Si bien la Super Liga podría ser un rival sobre los títulos que otorgan (el mejor de Europa), las competencias en sí no serían contradictorias una con la otra. Los grandes perjudicados, en todo caso, serían las ligas locales, ya que los calendarios serían imposibles de compatibilizar. Sin embargo, esta idea dispara una cuestión interesante: ¿Y si la Super Liga Europea es el paso necesario que necesita el fútbol del Viejo Continente?

Desde hace años, los colosos de Europa siempre que han necesitado inspiración para enriquecerse o capitalizar su éxito han mirado hacia el Oeste. Tras años y años de importar las estrategias de marketing e imagen de las grandes franquicias del deporte norteamericano, ahora le llegó el turno al plano deportivo. Lo que tanto nos extraña de Estados Unidos es lo que atrae a Europa: un torneo con los mismos equipos de siempre. En USA, no importa cuán mal juegue tu equipo, sabes que la temporada que viene seguirá jugando el mismo torneo de siempre, contra los mismos equipos de siempre. En Europa, la pregunta es: ¿Por qué Barcelona, Juventus o Liverpool tienen que clasificarse a la Champions League? ¿Por qué arriesgar perder un club gigante y a su audiencia gigante solo porque tiene un mal año?

Otro factor clave es el de la competitividad. Varios de los colosos de Europa encuentran real competencia cuando juegan internacionalmente. Desde hace tiempo que las Ligas domésticas de las principales potencias han caído monopolios, como el de Bayern Munich en Alemania o Juventus en Italia, u oligopolios como el de Barcelona y Real Madrid en España. La duda abre el juego nuevamente: ¿Es más interesante ver a PSG jugar cada sábado ante Troyes, Evian o Guingamp, o preferirías verlo medirse ante Chelsea, Benfica y Borussia Dortmund? Considerando en el posible efecto negativo que pudiese tener una liga local sin sus clubes más poderosos, ¿Ayuda este presente a las ligas tal y como son?

Aunque su nombre esté cada vez más presente en el imaginario de todo futbolero, La Super Liga Europea es más una idea que un formato. Hay tantos borradores como teóricos de cómo un gran torneo europeo debería ser, así como los clubes participantes o países que deberían tener representantes. Sin embargo, tal vez esta idea tenga una razón de ser.

Con ligas cada vez menos competitivas y un torneo continental cada vez más exitoso y redituable, tal vez una liga europea sea un paso lógico para los grandes de Europa. ¿Es hora de empezar a romper con el paradigma de las ligas locales? Muchas preguntas. Muchas respuestas. Pero una sola certeza: el fútbol europeo está cerca de reformularse.

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