Grandes goleadores argentinos: José Francisco Sanfilippo – Parte I

Hoy repasamos vida y obra del “Nene”, un tipo tan letal dentro de la cancha con sus goles, como fuera de ella con su lengua. Uno de los dos jugadores que pudo ser goleador del fútbol argentino en 4 torneos seguidos, fue un verdadero crack más allá del personaje mediático creado luego del retiro.

José Francisco Sanfilippo nació el 4 de mayo de 1935, en la ciudad de Buenos Aires. Su infancia transcurrió en el Bajo Flores, bastante cerca de donde hoy está ubicada la cancha del Club Atlético San Lorenzo de Almagro, ese con el que se identificó desde muy pibe tal como recordó en una entrevista concedida a “El Gráfico” en el año 2015: “Fui hincha del club toda mi vida, porque mi viejo era de San Lorenzo a muerte y me llevaba a la cancha. Íbamos a la tribuna chica del Viejo Gasómetro”.

Según sus propias palabras, en tiempos de hacer los primeros palotes en lo que al fútbol se refiere, se destacaba mucho jugando entre amigos en el barrio. Pero lo cuenta mejor el propio protagonista, con la humildad (?) que siempre lo caracterizó: “Era un abismo de diferencia. Jugaba en la calle con esas pelotas de goma chiquitas, las rayadas, que saltaban como la puta madre y no era fácil dominarlas, ni hablar cuando pusieron el asfalto en el Bajo Flores y el piso era superduro, salía para cualquier lado. Caminaba 200 metros desde mi casa y había 9 canchas, todas ocupadas los sábados y domingos, entonces recorría y veía cuál era el partido más interesante y me metía. Y donde me invitaban iba, hasta los 12 o 13 años fue así”.

Esa interrupción del potrero en la preadolescencia, obedeció ni más ni menos a que Sanfilippo ingresó en las inferiores de San Lorenzo, haciéndolo en la octava división más precisamente. Esa fue su vinculación con el fútbol de AFA y así, a fines de la década del ´40, se empezó a formar uno de los más grandes goleadores argentinos de todas las épocas.

Más allá de las enseñanzas que tuvo por parte de distintos técnicos en las formativas del CASLA, el tipo siempre reconoció gran influencia de su padre como consejero a la hora de jugar al fútbol: Mi viejo, Horacio, fue mi gran maestro. Fue un gran jugador de fútbol que no llegó a ser profesional, entre otras cosas, porque no podía usar botines, no estaba acostumbrado a eso”. Pero también fue muy importante la tarea, ya como jugador del primer equipo, que sobre él desarrolló René Pontoni. Quien fuera uno de los mejores jugadores de la historia sanlorencista, debió retirarse tempranamente a causa de una lesión grave en la rodilla, en tiempos donde los jugadores -por lesiones que ahora en medio año son recuperables- abandonaban el fútbol para siempre: “A René Pontoni lo tuve brevemente como compañero cuando yo arrancaba y después fue técnico mío. Tenía 5 operaciones en la rodilla pero una terrible calidad para dejarte la pelota muerta para que vos definas, era un crack. Él me decía a veces que no siempre definiera yo, que tratara de buscar al compañero mejor ubicado, pero a pesar de eso me ayudó mucho a pulir mis condiciones como goleador”. Y consultado pocos años antes de su muerte (N.deP.: ocurrida en 1983) el notable maestro dijo esto sobre quien fuera su más destacado alumno: “Me acuerdo que yo le insistía mucho al “Nene” con que adentro de la cancha, la cabeza bien fría y a ponerla en los costados del arquero. Esa para mí es la mejor condición de quien se siente goleador”.

San Lorenzo: la bestia goleadora

La hora del debut profesional con la camiseta de sus amores, le llegó a Sanfilippo el 15 de noviembre de 1953, en el marco de la penúltima fecha de un torneo ganado por River y en el que San Lorenzo terminó en el 5º puesto. Esa tarde su equipo ganó 1-0 en Rosario ante Newell´s y si bien el pibe no logró marcar goles, jugó aceptablemente y le dieron la chance de ser titular también en la última jornada. Debutando en el “Gasómetro” de la Avenida La Plata, metió el primer par de goles de su extensa campaña, en la goleada 4-0 sobre Banfield. En el siguiente campeonato, en el que su equipo finalizó en la mitad de la tabla de posiciones, Sanfilippo tuvo un poco más de rodaje y empezó a demostrar sus condiciones: 9 partidos jugó y 4 goles metió en aquel certamen de 1954.

Y acá vale la pena detenerse un momento. Casi desde el comienzo de su carrera, José Francisco pasó a ser el “Nene”, apodo que lo acompañó a lo largo de la misma y aún hoy, con más de ocho décadas vividas. ¿Pero de dónde surgió eso? “Lo de “Nene” me lo puso mi papá, no hay mucho misterio.  Cuando jugaba en las inferiores me gritaba en la tribuna: “¡Dale, nene; corré, nene; pateá, nene!”. Y así quedó. Después cuando llegué a la primera y andaba bien la gente cantaba: “No se vende, el “Nene” no se vende”. Hoy, a mi edad, me siguen diciendo así”.

El “Nene” en 1953

Pero a pesar de ese apodo que podría definirse como naif, hasta tierno si se quiere, ya desde muy joven Sanfilippo mostró que tenía una gran personalidad y siempre trató de hacerse valer y/o respetar. De hecho, el siempre difícil momento de firmar el primer contrato fue una muestra de ello y así lo recordaba hace un par de años: “Siempre fui de mucho carácter, de decir lo que pensaba. Mi papá no me quería acompañar cuando iba a firmar el primer contrato en San Lorenzo, me decía que me iban a pegar una patada en el culo porque era muy pibe, y le insistí para que me acompañara. Me dieron 2500 pesos por ese primer contrato y mi viejo ganaba 1250 y mantenía a una familia. Desde ahí me hice valer y jamás me callé”.

Luego de esas primeras temporadas con escasa participación, para el torneo de 1955 Sanfilippo logró consolidarse en San Lorenzo. En la que fue su primera temporada con gran rodaje como profesional, su equipo nuevamente terminó lejos del campeón, pero él con 15 goles en 29 partidos disputados, comenzó a llamar la atención del ambiente.

Como dato positivo hay que decir que de esa decena y media de tantos, apenas uno fue logrado por medio de la ejecución de un tiro penal. Y en el lado negativo de la balanza, podemos contar que en ese campeonato el juvenil delantero sumó la primera expulsión de su campaña: en la 26º fecha el polémico Carlos Nai Foino le mostró el camino de las duchas (N.deP.: faltaban muchos años para que las tarjetas de color llegaran al fútbol), luego de que el “9” le pegara un puntapié sin pelota a un jugador de Tigre; si bien es cierto que no serían muchas las expulsiones en su carrera, ese primer raje daba una muestra de un temperamento que más temprano que tarde se revelaría difícil para propios y ajenos.

1956 tampoco fue un buen año para el CASLA (que volvió a repetir la 8º posición del torneo anterior) pero ahora ni siquiera para el delantero, quien bajó su producción respecto al año anterior: 10 goles señaló en ese certamen, aunque justo es decirlo, jugó algunos encuentros menos también, 22.

Ese gris panorama cambió rotundamente al año siguiente, ya que en el certamen de 1957 San Lorenzo fue subcampeón detrás de un River que ganaba su último título antes de entrar en una sequía de casi dos décadas; además, Sanfilippo pudo reponerse de su regular temporada anterior y con 19 goles conquistados en 28 cotejos, fue escolta de Roberto Zárate, máximo artillero del campeonato.

Ese torneo fue el inicio de un buen trienio sanlorencista, ya que el cuadro de Boedo en 1958 volvió a estar en el podio (ocupó el 3º puesto) y en 1959 pudo por fin salir campeón, luego de una abstinencia de 13 largos años, en lo que era el primer título para el “Nene”. Claro que para ese éxito del “Ciclón” fue fundamental su aporte goleador, ya que marcó 31 tantos -un par más que los 29 del año anterior-, cifras que le permitieron coronarse como goleador del campeonato argentino en ambas oportunidades.

El San Lorenzo campeón de 1959

Cabe destacar que, siendo ya una de las grandes figuras de un fútbol argentino que se intentaba reponer tras el famoso “Desastre de Suecia”, en el campeón del ´59 Sanfilippo fue capitán y sufrió la segunda expulsión de su carrera: en el duelo de la fecha 24 ante Estudiantes, a los 43 minutos de juego y con su equipo en desventaja, el tipo se agredió con un joven José María Silvero, rocoso zaguero que en la década del ´60 tendría un destacado paso por Boca; por suerte para él, en el complemento sus compañeros lo dieron vuelta y ganaron 4-1, en la que fue una de las tantas victorias logradas en aquel torneo.

Para 1960 San Lorenzo bajó el rendimiento (por primera vez desde el ´56 no ocupó un lugar en el podio, terminando en la 6º colocación), pero ello no ocurrió con un Sanfilippo que año a año parecía aumentar su voracidad: nada menos que 34 goles metió en ese campeonato, por lo que le sobró para coronarse por tercera vez al hilo como máximo goleador del fútbol nacional. Pero lo más llamativo de aquel año es que el conjunto azulgrana logró 71 tantos, por lo que el “Nene” metió prácticamente el 50% de los goles de su equipo, una barbaridad realmente.

Si hablamos del año ´60 y del CASLA, es imposible dejar de hablar de la primera edición de la actual Copa Libertadores, que en aquel entonces era denominada “Copa de Campeones de América”. Muchos saben la historia, esa que cuenta que San Lorenzo llegó hasta semifinales y que luego de empatar ambos partidos con Peñarol, cuando hubo que jugar un desempate la dirigencia en vez de pelear por hacerlo en un terreno neutral, a cambio de una irrisoria suma de dinero aceptó que el tercer encuentro se jugara en el “Centenario”, donde el local ganó ajustadamente y pasó a la final ante Olimpia.

En la Libertadores de 1960

Lo que pocas veces se escuchó o leyó, es la historia contada por este fenomenal delantero, máxima figura de aquel equipo al que la ineptitud de sus directivos lo privó de estar más cerca de la gloria. Acá va el recuerdo de Sanfilippo a 55 años de aquel episodio, con el bonus track de pegarle a casi todas las dirigencias sanlorencistas de la historia: En ese momento me quería matar y los quería matar a ellos. Habíamos empatado los dos partidos y vendieron el desempate por 100.000 pesos, una cosa de locos. Lo hizo un dirigente de la Subcomisión de Fútbol – de apellido Pecoraro – que no entendía nada. ¡Era violinista! “Es una barbaridad lo que están haciendo”, les dije antes de viajar a Uruguay, pero no me dieron bola. Claro, de un lado estaba Washington Cataldi, el presidente de Peñarol, el mejor dirigente que conocí, un mafioso, un dirigente vivo y del otro Pecoraro, que tocaba el violín. Cataldi le dijo a este Pecoraro que no había un partido final contra el Real Madrid en Europa y que no era tan importante la Copa y qué se yo qué artimaña más. La cosa es que nos ganaron con un gol en offside y nos robaron nuevamente. Yo le dije a este dirigente después del partido “usted vendió la Copa América”. Desde ya te digo que esa copa era nuestra, si Peñarol no pudo ganarnos con el equipo que tenía en los dos primeros partidos, en cancha neutral les ganábamos seguro. La cuestión es que perdimos y ellos jugaron contra el Madrid. ¿Vos sabés lo que recaudaron en esos partidos ellos? Por unos 100.000 pesos miserables que le dieron a San Lorenzo. Por eso te repito, la dirigencia de San Lorenzo fue siempre esto. Yo sostengo que San Lorenzo para mí es su hinchada solamente. Pero así es la vida, la dirigencia de nuestro club nunca tuvo capacidad.

Contando nuevamente con su inestimable aporte goleador, en 1961 el CASLA fue subcampeón y volvió a las posiciones de privilegio. Esta vez la batalla por el cetro de máximo artillero argentino fue muy reñida, ganándole la pulseada en forma muy ajustada a un Luis Artime que la rompió toda en el Atlanta sensación de aquel año: el porteño marcó 26 tantos, contra los 25 del nacido en Mendoza y criado en Junín. De esta forma, el tipo por cuarto campeonato consecutivo se coronaba como goleador del fútbol argentino, algo inédito hasta ese momento, una verdadera proeza solamente igualada dos décadas después por un joven de Argentinos Juniors llamado Diego Armando Maradona (goleador del Metropolitano y Nacional 1979 y de los mismos torneos en 1980). 

De aquel año ´61 vale recordar una anécdota con Juan Carlos Lorenzo, uno de los más famosos entrenadores de nuestra historia y a quien el “Nene” tuvo en dos etapas distintas de su carrera, además de haber sido entrenado por él en la selección nacional como ya se detallará: Antes de un partido con Lanús me mandó a marcar a Héctor Guidi porque decía que pateaba bien de media distancia y como yo tenía un buen pique corto se la podía robar. Todos mis compañeros me miraban a ver cómo reaccionaba. “Ah, qué bien, ¿terminó maestro?” arranqué. “Bueno, le digo una cosa: usted está loco. Mientras todo Lanús hace 2 meses que no duerme para ver cómo carajo harán para marcar a Sanfilippo ¿yo me voy a preocupar por marcar al “Nene” Guidi? Usted está loco”. Al final por supuesto que no lo marqué, ganamos 4-2 y metí 3 goles”.

Esa campaña sería su último buen recuerdo con la camiseta azul y roja, al menos en su extensa primera etapa en el club. Sucede que en 1962 no solamente el “Ciclón” tuvo un año espantoso -ubicándose 11º en un torneo de apenas 15 participantes- sino que la miseria ajena lo privó de acumular más gloria. ¿Cómo es eso? A pocas fechas del final del campeonato, nuevamente Sanfilippo y Artime (que ahora estaba en River) pujaban por el honor de ser el máximo goleador en la Argentina. De hecho, en el duelo de la segunda rueda entre los de Boedo y el “Millonario” pasó algo bizarro: el “9” del CASLA dedicó buena parte del encuentro a seguir por toda la cancha a Artime, para evitar que marcara goles y aunque él por tener que defender se privara de hacer los propios: “Es verdad que una vez le hice marca personal a Artime. Si nuestro técnico había puesto en el arco a un pibe de 18 años… en el primer tiempo ya nos ganaban 2-0 con un baile bárbaro y en el segundo todos le daban la pelota a él para que quedara goleador, entonces me dije: “¿A papá mono con banana verde?”. Ja, me puse al lado de él y no la tocó más”. Consultado acerca de si su técnico no lo mandó al área rival en vez de jugar a ser defensor, Sanfilippo recordó lo siguiente con su particular estilo: “¿Qué iba a hacer el técnico? ¿Iba a entrar a sacarme? ¡Si entraba le pegaba una piña en la mandíbula! Así que lo seguí a Artime y no la pudo meter”.

Pero a pesar de sus esfuerzos, al “Nene” desde las mismas entrañas de su club le hicieron una jugarreta que no perdona aunque hayan pasado más de cinco décadas: En las últimas fechas no me dejaron jugar y me privaron de alcanzar mi quinto título de goleador consecutivo. Los dirigentes no pensaron en eso lamentablemente y perdí una oportunidad histórica. Suena raro, hasta inverosímil, que la propia dirigencia del CASLA se haya privado de sus goles en el tramo final del campeonato, más allá de que el club no peleaba por nada. Pero el propio goleador es quien explica el por qué de su ausencia forzosa: “Yo había declarado que el club no tenía organización deportiva, habíamos estado como 7 fechas sin técnico y por eso la dirigencia me sancionó con dos partidos, los dos últimos. Pero la verdadera razón fue que no querían pagarme el premio especial. Antes del campeonato habíamos discutido mi premio, no nos poníamos de acuerdo y les dije: “Vamos a hacerla simple, si salgo goleador me dan los 400 que pido y si no salgo, no me dan nada”. Le llevaba un gol a Artime, me suspendieron y en esos dos partidos que no jugué, Luis metió dos y me pasó. Me di cuenta enseguida por dónde pasaba la cosa”.

El famoso gol de taco a Roma

En ese 1962 que terminó en forma amarga para él, Sanfilippo logró marcar uno de sus goles más antológicos: no sólo porque fue convertido de taco, sino porque no fue un “tacazo” cualquiera. Y encima, su víctima fue nada menos que el gran Antonio Roma, uno de los mejores arqueros de la década del ´60. La tarde del 12 de octubre, cuando su equipo empató 2-2 como local ante Boca, proféticamente el goleador le avisó al “Tano” que lo iba a castigar por partida doble y que uno de los goles lo iba a meter ni bien comenzara el partido, lo que lógicamente desató las burlas de un tipo bastante agrandado como Roma, quien le dijo: “Pero qué vas a hacer, fanfarrón. Si te acercas al área me tiro encima tuyo y te aplasto como una cucaracha”. ¿Cómo terminó la historia? El propio “Nene” rememora al detalle una de sus obras cumbres: “Estábamos en el túnel para salir a jugar, el referee (Roberto) Goicoechea me apuraba y le dije: “Espere que estoy inventando un gol”, mientras (Norberto) Menéndez, (Paulo) Valentim y (Antonio) Roma se reían y me cargaban. “Te voy a hacer dos goles, y uno de arranque”, le retruqué al “Tano”, que era un fanfarrón, buen tipo. Hablé con mis compañeros, quedamos en que salía picando y que el pibe (Elvio) Capdevila me la tiraría bombeada, por detrás de los defensores de ellos pero sin superar la línea del área grande. Eso hizo, pero me quedó la pelota atrás, por lo que la enganché con el taco y la pelota entró por arriba de Roma: 1-0 en la primera jugada. Volví al medio y Valentim y Menéndez todavía estaban en el mismo lugar, no lo podían creer. Y más tarde metí el segundo de penal”.

Los 23 goles logrados en el torneo del ´62, serían los últimos que convirtió en su primera etapa en San Lorenzo. Porque a fines de ese año y casi contra su voluntad, vendieron su pase a uno de los mayores rivales del CASLA, lo cual durante un buen tiempo le valió el repudio de esa gente que durante tantos años lo había idolatrado y gritado sus goles hasta la afonía: A mí me transfirieron sin consultarme. Ganó las elecciones el Dr. Soriva y sin hablarme, me vendió: agarró 30 millones de mangos y la recaudación de dos partidos, mucha guita. Yo no podía hacer demasiado: si el presidente de un lado no me quería y del otro lado me ofrecían el oro y el moro ¿qué iba a hacer? La gente de San Lorenzo no aceptó nunca que me fuera y menos a Boca: era el ídolo mayor, el goleador del equipo”.

De esta manera, con la fenomenal cifra de 193 goles en 230 partidos (no se incluye en esta estadística la única Libertadores que jugó con el club), se cerraba la primera etapa de Sanfilippo en Boedo. De esa enorme cantidad de tantos hay que decir que la inmensa mayoría fueron de jugada (142), lo que demuestra que era un gran definidor no exento de olfato para pescar las pelotas que andaban perdidas por el área menor; el detalle de sus goles se completa con penales (37), cabezazos (13, algo lógico si se recuerda que no es muy alto) y apenas un tiro libre. Respecto a los remates desde los 12 pasos, cabe destacar que si bien lejos estuvo de tener el porcentaje de eficacia de un Ortigoza, los 37 traducidos en gol fueron sobre un total de 47 ejecutados, lo que le da una efectividad del 78 por ciento en ese rubro.

El “Nene” volvería a vestir la camiseta de sus amores, sí, y con una enorme alegría en el ocaso de su carrera, pero eso sería una década más tarde… no nos adelantemos en la historia.

Boca Juniors: gran rendimiento pero abrupto adiós

Pongámonos en contexto. El presidente “Xeneize” -Alberto J. Armando- casi desde el comienzo de su segunda presidencia en 1960 había querido contar con los servicios de Sanfilippo, aunque parecía imposible que el CASLA fuera a reforzar a un rival directo con semejante goleador. Pero un día, ese sueño se hizo realidad. Aprovechando el desgaste de la relación entre los dirigentes de Boedo y el delantero, y a cambio de $ 25.000.000 m/n (una verdadera fortuna en aquella época), en una transferencia récord el pase del artillero fue adquirido por Boca a comienzos de 1963.

A su llegada a Boca

Pese a llegar a un equipo que en diciembre del ´62 había cortado una sequía de 8 años, y que para colmo tenía a un gran “9” como Paulo Valentim, gracias a su talento el “Nene” pudo adaptarse rápidamente al equipo dirigido por José D´Amico. Al principio, formó junto al brasileño lo que en ese entonces se denominaba “doble punta de lanza”, pero luego lo mandaron a jugar un poco más atrás, aunque Sanfilippo jamás tuvo inconvenientes de índole técnico: también allí demostró su calidad, asociándose por ejemplo con Norberto Menéndez para abastecer al único delantero de área. Pese a que José por momentos renegó de esa posición alegando que se perdía lo mejor de él (goles, y razón no le faltaba), sus números con la camiseta auriazul no fueron para nada malos.

Lo mejor de su paso por el CABJ se dio en la Copa Libertadores del ´63, primera vez que los de la ribera jugaban el máximo torneo continental. En esa edición del certamen Sanfilippo anduvo muy bien, logrando 7 goles en los 7 partidos disputados (faltó únicamente a la ida de la semifinal ante Peñarol, por haber sido expulsado en Chile en la revancha de cuartos… en un partido en que metió los 3 goles de su equipo). De hecho, metió los 3 tantos boquenses en la serie final ante el Santos, pero los brasileños comandados por Pelé fueron más que el elenco argentino y ganaron 3-2 en Río de Janeiro y 2-1 en Buenos Aires, reteniendo así el título logrado el año anterior. Cabe destacar que en ese tiempo era tan grande la confianza del “Nene” en sus virtudes, que previo a la primera final le dijo a “Juvenal”, el enviado de “El Gráfico” a Río: Esta noche yo hago dos goles, ahora, cómo sale el partido no lo sé.

Pero así como en el plano internacional le fue excelente, hay que recordar que por el campeonato local jugó 20 partidos convirtiendo “solamente” 7 goles. No era una mala cantidad, un promedio de casi un gol cada 2 encuentros, pero teniendo en cuenta sus antecedentes locales con el CASLA, seguramente el pueblo “Xeneize” esperaba un poco más del delantero, sin perjuicio de recordar que más de una vez lo hicieron jugar retrasado. Sanfi (?) tuvo un arranque inmejorable en su nuevo equipo, toda vez que el 28 de abril -en campo de Atlanta- Boca barrió 4-1 a Argentinos y él a los 12 minutos marcó el primer gol del torneo para los dirigidos por D´Amico.

Pero tras ese furibundo estreno, tuvo una sequía eterna de 13 fechas, en medio de la cual encima lo expulsaron ante… San Lorenzo. Pero ese encuentro tenía una historia previa, que motivó a su vez una reacción extemporánea del “9”, la cual los hinchas de Boedo le facturaron durante muchos años: “Antes del partido, vinieron mis ex compañeros a comer a casa y me comentaron que (Alberto) Mariotti, un muchacho de San Lorenzo, había dicho: “Dejen que a Sanfilippo lo marco yo, le voy a pegar una patada de entrada en la rodilla y no juega más”. El domingo empezó el partido y enseguida el tipo me tiró una patada. Fui a encararlo pero no hice nada, sin embargo el juez me expulsó y cuando me acercaba al túnel se me acercó “Coco” Rossi, un amigo, al que yo había llevado a San Lorenzo. “No hagas más quilombo, Nene, dejá”, me dijo. Le saqué la mano. “Vos sos un hijo de puta, si sos mi amigo, andá y decile al referee que no hice nada”, le pedí, y entonces la gente de San Lorenzo que estaba ahí empezó a insultarme y yo, que era una bola de nervios y no entendía lo que pasaba, cuando estaba metiéndome al vestuario agarré la camiseta y me la besé”. 

La vuelta al gol (local) de Sanfilippo  se dio recién el 20 de octubre -ya sin D´Amico en el banco- cuando marcó todos los tantos en el 3-0 de Boca sobre Gimnasia en La Plata. Pero sin dudas, su más recordado gol fue el de la penúltima fecha del torneo, frente a River en Nuñez, que sirvió para ganar 1-0 y dejarle el título servido a Independiente. Luego de ese partido, Armando pronunció una frase que se haría famosa en el ambiente futbolístico de esos años: “Hoy Boca levantó un pagaré que firmó hace 30 años”, en alusión al campeonato de 1933 en el cual el “Millonario” le ganó en la fecha final al “Xeneize” y le sirvió el campeonato al CASLA.

Pero lamentablemente para él, Sanfilippo era tan excelente goleador como personaje conflictivo en casi todos los lugares donde le tocó actuar. Se sentía superior al resto de sus compañeros y pretendía que todos sus caprichos fueran complacidos. Su divismo y aires de estrella comenzaron a resquebrajar la relación con los restantes integrantes del plantel “Xeneize”, al tiempo que empezó a tener algunos choques con los dirigentes y el cuerpo técnico (“La gente de Boca me adoraba, mi problema es que tuve de técnico a (Adolfo) Pedernera, que me tenía unos celos bárbaros”), lo que le fue relegando en la consideración de todos… menos de los hinchas.

El comienzo del fin para el “9” llegó en el amanecer de 1964. El CT ya era comandado por esa gloria riverplatense llamada Adolfo Pedernera, aunque quien salía a la cancha era su ayudante Aristóbulo Deambrossi. De a poco fueron relegando al gran goleador, pero el episodio final se dio el 28 de marzo, poco antes de que arrancara el torneo. Ese día, el “Xeneize” disputaba un partido frente a San Lorenzo por la Copa “Jorge Newbery” y Deambrossi incluyó al delantero en el banco: según la reglamentación vigente sólo se podía efectuar un cambio y el mismo debía realizarse hasta el minuto 44 del primer tiempo; vencido ese plazo y pese a los pedidos de la hinchada mientras el jugador precalentaba al costado del campo, no le fue dada la orden de ingresar y entonces Sanfilippo -raro en él- estalló: encaró a Deambrossi, primero lo insultó y luego le dio una trompada en la cara. Pero no conforme con eso, acto seguido empezó a insultar y amenazar al viejo Pedernera, quien estaba en los viejos palcos de Brandsen 805. Todo esto ante la mirada azorada de los plateístas, que en esos momentos apoyaron abiertamente al futbolista.

Pero si quieren saber qué dijo el goleador en zona de vestuarios tras ese escándalo, acá se transcriben sus declaraciones de aquella tarde: “Quiero jugar y no me dejan. No hay ningún motivo para que no me incluyan. Simplemente es un capricho de los técnicos. Especialmente del señor Pedernera. Pareciera que en Boca no admite más figuras que él. No es que me considere figura boquense, aspiro a serlo algún día. Pienso que los técnicos no tienen ningún derecho a dejarme sentado en el banco de suplentes, muriéndome de ganas por entrar y haciendo el triste papel de un payaso. Por eso cuando terminó el primer tiempo le dije a Deambrossi: “Lo felicito ¿está contento de no haberme puesto?” y cuando me contestó “nosotros hacemos lo que se nos da la gana” no pude contenerme y le pegué. Después me di vuelta y miré al palco desde donde Pedernera mira los partidos y le grité que saliera a dar la cara, que no siguiera trabajando en las sombras como hace siempre”.18 

Rápido de reflejos como casi siempre, Armando salió a respaldar al técnico y sus colaboradores, a la vez que convocó a la CD del club en forma urgente. En una muy breve reunión se decidió -por unanimidad- separar al conflictivo jugador del plantel y rescindirle el contrato. Cabe destacar que ningún compañero salió en defensa del delantero; de hecho, versiones que corrieron en esa época indicaban que muchos respiraron aliviados ante la ida de Sanfilippo al Uruguay. Y si quedaban dudas respecto al sentir de los jugadores, las mismas fueron disipadas en el siguiente partido que jugó Boca en “La Bombonera”: allí, mientras la hinchada hostigaba e insultaba al técnico, los integrantes del plantel tras saludar en el centro de la cancha, fueron a abrazar uno por uno a Deambrossi… más claro echale agua.

Continuará…

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